FICHAS DE FAUNA DE LA PROVINCIA DE GRANADA. (Anfibios y reptiles)

 

  

 

 

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Sapo partero bético (Alytes dickhilleni)

 

© Por Eduardo Escoriza Abril, con la colaboración de Luis García Cardenete y de Javier Fuentes (A.H.G.)

 

© Javier Fuentes

Macho adulto con carga de huevos, Sierra de los Guájares, Mayo de 2004.

 

 

Ficha técnica:

 

Clase: Anfibios

Orden: Anuros (anfibios sin cola)

Familia: Alytidos

Género: Alytes

Especie: dickhilleni, (Arntzen y García-París, 1995)

Estatus legal: En el catálogo andaluz de especies amenazadas (Ley8/2003, de 28 de Octubre, de la flora y la fauna silvestres), aparece incluido en la categoría “De interés especial”, que recoge aquellas especies, que no estando incluidas en otras categorías de protección superior (extintas, en peligro de extinción, sensible a la alteración de su hábitat, vulnerables), son merecedoras de una atención particular en función de su valor científico, ecológico, cultural, o por su singularidad.

 

 

© Javier Fuentes

Hembra adulta, Sierra de Madrid, Íllora, primavera de 2004.

 

Descripción:

 

Iniciamos la serie de fichas sobre anfibios y reptiles de Granada con una especie que podemos considerar emblemática, no sólo de nuestra provincia sino también del Parque Natural de la Sierra de Baza (Granada) España. Se trata del Sapo partero bético, pequeño anfibio poco conocido y  recientemente descrito para la ciencia, que lleva una vida discreta en las montañas del sistema bético. La Sierra de Baza constituye un enclave de vital importancia para su conservación.

 

En alguno de nuestros paseos por las sierras granadinas en posible que nos encontremos con una auténtica joya de la rica biodiversidad que atesora la Península ibérica, el Sapo partero bético.

 

Se trata de un pequeño anfibio (de entre 4 y 6cm de longitud), de aspecto rechoncho, cabeza grande y hocico corto y puntiagudo. Los ojos son grandes con pupilas verticales oscuras, sobre un fondo de iris de color cobrizo. El tímpano, redondeado, es claramente visible, situado detrás de los ojos. La coloración de la piel es variable, aunque es frecuente que el color de fondo sea grisáceo e incluso blanco sucio, sobre el que aparecen una serie de manchas irregulares de color verdoso. La zona del vientre suele ser blanca. Sobre el cuerpo aparecen unas granulaciones no muy grandes y no tiene verrugas como otros sapos. Una característica que lo diferencia de las otras 2 especies de sapos parteros presentes en la península, (Sapo partero común y Sapo partero ibérico), es que nunca tiene tubérculos dorsales de color rojo o anaranjado.

 

Las diferencias físicas entre machos y hembras son poco apreciables a simple vista. Generalmente las hembras son más rechonchas y tienen la cabeza y patas posteriores proporcionalmente más pequeñas que los machos. Lo que sí tendremos claro es que todos aquellos ejemplares que encontremos con carga de huevos serán machos. 

 

Larvas. Los renacuajos llegan a alcanzar un tamaño considerable, hasta 6 o 7 cm., fruto de un desarrollo larvario muy prolongado. Son muy robustos y se caracterizan por tener el espiráculo (pequeña abertura por donde expulsan agua procedente de la alimentación y la respiración) en zona ventral. La cola es larga y gruesa acabada en punta redondeada. La cresta es baja y nace al final del dorso. El color es plateado con multitud de manchas de color marrón oscuro. En la zona posterior de la cabeza, justo donde empieza la cola, suele tener una mancha oscura en forma de v. De todas formas la identificación de la especie en base a la coloración de las larvas puede ser muy dificultosa, pues hemos podido comprobar que ésta varía mucho de unas zonas a otras, e incluso en la misma zona, dependiendo (creemos) de la exposición  a la luz solar. De hecho hemos encontrado larvas completamente oscuras, en albercas donde no llegaba la luz directa del sol.

 

 

© Javier Fuentes

Individuo juvenil, Sierra Mágina, Marzo de 2004.

 

 

Distribución geográfica:

 

Hasta hace unos años sólo se conocían 2 especies de sapos parteros. El común (Alytes obstetricans) distribuido por la mayor parte de Europa occidental y algunas zonas del Norte de África y el ibérico (Alytes cisternasii) propio de la zona occidental de nuestra península. En 1980 la sorpresa fue mayúscula cuando se encontraron algunos ejemplares vivos de una pequeña especie de sapo partero en la zona norte de Mallorca, la cual, poco antes había sido descrita a través de restos fósiles. Lo llamaron Sapillo balear (Alytes muletensis).

 

Pero la lista de sapos parteros no estaba completa y en el año 1995 se describe la última especie (hasta la fecha). Se trataba del Sapo partero bético. El inicio de unos trabajos sobre las poblaciones de sapos parteros en las sierras béticas, llevado a cabo por los científicos del C.S.I.C (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), Mario García-París, Rafael Márquez y Miguel Tejedo, desembocó en la descripción de la nueva especie en 1995.

 

A raíz de estos estudios se ha determinado que el Sapo partero bético y el Sapillo balear son cercanos parientes, desde el punto de vista genético.

 

Nos encontramos por tanto, ante  un endemismo bético (no se  encuentra fuera de este sistema montañoso) que se distribuye por una serie de sierras que van desde el oeste, en las sierras de Tejeda y Almijara, en el límite provincial entre Granada y Málaga hasta el este, en las Sierras de Alcaraz en Albacete, Caravaca y Moratalla en Murcia y Gádor en Almería.

 

 

 

 

En Granada habita  la mayor parte de sus sierras, siendo más escaso en zonas de llanura. Tejeda y Almijara, las comarcas de los Montes Occidentales y Orientales, Sierra Nevada, Sierra Harana, Sierras de Castril, la Sagra y Baza son los lugares que mantienen hoy en día poblaciones de este sapillo. Puede encontrarse desde zonas con  poca altitud, unos 300mts en la sierra de Los Guájares, hasta otras que superan los 2000mts en la Sierra de Baza.

 

No es muy exigente en cuanto a las condiciones del medio terrestre, aunque su existencia se ve condicionada por la presencia de puntos de agua limpios y  permanentes a los que acuden para depositar sus puestas. Lo hemos encontrado tanto en zonas de cultivo de olivar (comarca de los montes), como  en pinares, encinares y zonas de pastizal de alta montaña.

 

 

Ecología de la especie.

 

El Sapo partero bético pertenece a una de las familias más antiguas de anfibios que se conocen, los Discoglósidos. Al igual que los otros integrantes del género Alytes ha desarrollado un comportamiento reproductor muy peculiar.

 

La mayoría de los anfibios de nuestro entorno acuden a reproducirse a zonas húmedas (charcas, fuentes, arroyos), donde tras la cópula o “amplexus”, depositan varios miles de huevos. Las larvas que eclosionan son depredadas en gran número por larvas de insectos, peces, otros anfibios, reptiles, etc., pero casi siempre sobreviven los suficientes para garantizar el relevo poblacional.

 

El Sapo partero utiliza una estrategia distinta. Generalmente lleva una vida discreta, principalmente nocturna y pasa el día escondido bajo piedras y en grietas o enterrado en la tierra. En la época de celo (desde el otoño hasta la primavera, dependiendo de las precipitaciones y la altitud), los machos emergen a la superficie y emiten un canto muy característico, una especie de silbido de flauta muy parecido al reclamo de la más pequeña de nuestras rapaces nocturnas, el Autillo (Otus scops). Las hembras se acercan a  los  machos que tiene un canto más grave (que suelen ser los de mayor tamaño). Una vez juntos el macho abraza a la hembra y esta comienza a soltar un cordón formado por unos 40 huevos o más. Entonces el macho fecunda los huevos, recoge el cordón y se lo enrolla en las patas traseras. Hasta aquí llegan los cuidados por parte de la hembra. A partir de ahora el macho es el único responsable del bienestar de su descendencia. El buen padre puede aparearse con más hembras, y va acumulando más y más huevos, hasta un total, a veces, de más de 100.

 

© Javier Fuentes

Huevos de sapo partero. Sierra de los Guajares, Granada, Mayo 2004. 

 

Desde este momento y hasta la eclosión, pasados unos 30 o 40 días, permanece escondido en su refugio, para mantener los huevos en buenas condiciones de humedad. Ocasionalmente puede realizar salidas para alimentarse. Cuando los renacuajos han madurado lo suficiente dentro (se pueden ver los ojillos a través de la cáscara), el macho se acerca a una zona acuática y moviendo las patas traseras deja caer la masa  en el agua. Casi de inmediato los pequeños renacuajos eclosionan y comienzan a nadar y alimentarse.

 

Esta estrategia le permite al sapo evitar la depredación directa de las masas de huevos en las zonas acuáticas, y que los renacuajos alcancen un desarrollo mayor en el momento de  la eclosion.

 

 

© Eduardo Escoriza

Larva donde se puede apreciar la característica mancha oscura en forma de v, en la parte posterior de la cabeza. Arroyo de Baúl (Sierra de Baza). Agosto de 2002. 

 

 

El desarrollo acuático de las larvas suele ser largo, y depende de la abundancia de comida y de la temperatura del agua. En zonas situadas a gran altitud, en que la primavera se retrasa y el agua está más fría, las machos depositan las masas de huevos al final de la primavera o incluso en pleno verano, por lo que  a las larvas no les da tiempo a terminar la metamorfosis y permanecen en el agua hasta la primavera o verano siguientes, alcanzando tamaños muy considerables. En zonas bajas el desarrollo es más rápido y al final del verano o principios del otoño pueden encontrarse pequeños sapillos recién metamorfoseados (unos 2cm de longitud). Las larvas que han pasado el invierno en el agua, al alcanzar mayor tamaño, dan lugar a juveniles de mayor tamaño que las otras, lo cual también es una ventaja para la vida terrestre de los nuevos sapillos.

 

Las larvas se nutren con toda la materia orgánica, tanto animal como vegetal que puedan encontrar en el agua. Tanto los juveniles como los adultos se alimentan de multitud de pequeños animalillos invertebrados, lombrices, arañas, insectos, etc.

 

Entre sus enemigos naturales se encuentran mamíferos como el erizo, el jabalí o los mustélidos (nutria, turón, comadreja). También aves rapaces nocturnas (lechuza, mochuelo...). Distintas especies de insectos acuáticos y larvas de libélula también se alimentan de renacuajos. Los principales depredadores son las culebras de agua, tanto la viperina (Natrix maura) como la de collar (Natrix natrix). Hemos podido comprobar como la viperina, mucho más abundante que la de collar, puede devorar todas las larvas que encuentra en pequeñas albercas, como ha ocurrido en un pequeño estanque en Colomera. Pensamos que la abundancia de la culebra puede ser un factor limitante de la población de sapos parteros, lo que podría explicar en parte el acantonamiento de estos a las zonas de sierra, pues a mayor altitud, menos común es el ofidio. Este mismo hecho se da en el caso del Sapillo balear, al que sólo se puede encontrar ya en barrancos inaccesibles donde no llega la culebra viperina.

 

Estado de conservación, problemática:

 

La necesidad de zonas con agua limpia y bien oxigenada, necesaria para el correcto desarrollo larvario, es lo que determina la mayoría de los problemas que amenazan la supervivencia de nuestro sapillo.

 

La totalidad del área de distribución se localiza en el cuadrante suoriental de la península, caracterizado por su escasez de precipitaciones y disponibilidad de agua en superficie.

 

En un principio, los sapos aprovecharían los nacimientos, fuentes y pequeños arroyos que aparecían dispersos por las sierras para reproducirse. El hombre, desde que comenzó a habitar estas mismas sierras, también usó las fuentes y nacimientos, construyendo gran cantidad de albercas, estanques, acequias y aljibes, modificando la morfología de arroyos y fuentes. En principio no hubo problema, e incluso los sapillos se vieron beneficiados por la proliferación de estos depósitos  (que en esencia no eran otra cosa que los pequeños remansos de los arroyos que habían utilizado hasta entonces, pero de una mayor entidad).

 

A partir de los años cincuenta el campo español comienza a despoblarse. Multitud de cortijos quedan abandonados, y con ellos toda la infraestructura secular del uso del agua que los acompañaba. Las fuentes y arroyos son canalizados para cubrir las demandas de agua de las poblaciones situadas al pié de las sierras. Va desapareciendo la ganadería extensiva y una vez que no hay  ovejas ni cabras, los pilones y tornajos que les servían como abrevaderos, son abandonados y pierden su función.

 

La agricultura se intensifica, se abren pozos que disminuyen el nivel freático, los arroyos se contaminan con materia orgánica y con los productos residuales de los tratamientos fitosanitarios de las plantaciones.

 

 

© Eduardo Escoriza

La imagen muestra un ejemplar juvenil de sapo partero bético, recogido en una alberca de Benalúa de las Villas, en agosto de 2002. Presenta un deformidad, al tener 6 patas. La causa puede ser el agua contaminada de la alberca, que es utilizada por lo tractores que llevan a cabo tratamientos fitosanitarios en el olivar intensivo donde se encuentra.

 

 

Y aquí es donde comienzan los problemas para el Sapo partero. En aquellas sierras más secas, donde dependen de las estructuras construidas por el hombre para recoger agua (aljibes y albercas), por la ausencia de arroyos con aguas permanentes, la situación hoy en día es muy delicada. Las poblaciones de las sierras de la comarca de los Montes (Parapanda, Morrón, Zegrí), las de las Sierras de Almijara, Baza, Seca) se encuentran hoy en día gravemente amenazadas de desaparición, y dependen de las pocas fuentes y albercas que todavía no se han secado o no han sido modificadas para su uso humano o para la agricultura intensiva. Tenemos por tanto una serie de pequeñas poblaciones aisladas entre sí, y que año tras año van perdiendo sus puntos de reproducción. La situación en otras sierras más húmedas como las de Castril o la Sagra, es menos alarmante, pues la presencia de pequeños cursos de agua permanentes y con aguas limpias garantiza la reproducción año tras año. En estos casos la especie no depende tanto de fuentes y abrevaderos.

 

© Eduardo Escoriza

Hábitat del sapo partero en la Sierra de Baza, Arroyo de Baúl. Agosto de 2002.

 

 

Al importante problema que supone la pérdida de puntos aptos para la reproducción, se une la introducción de especies foráneas en las albercas y arroyos, principalmente carpas y cangrejos americanos. Estos animales depredan principalmente las larvas, por lo que a corto plazo producen la extinción local en la zona donde se encuentran, pues no permiten el relevo generacional. Especialmente extendido y grave es el caso de la introducción de peces, pues mucha gente lo hace de forma inconsciente y sin saberlo perjudican tanto al Sapo partero como a otras especies de anfibios.  Conocemos multitud de casos, incluso en zonas protegidas como parques naturales.  Hemos comprobado como la retirada de los peces, supone una colonización rápida, y en poco tiempo comienzan a verse de nuevo larvas, siempre y cuando no se hayan extinguido los adultos en la zona de actuación. En una alberca de Colomera se retiraron hasta en 3 ocasiones las carpas comunes que un particular había depositado en una alberca donde criaban los sapos. Tras hablar con el propietario y explicarle la situación hemos conseguido que no suelte más peces y que los sapos vuelvan a criar.

 

 

Propuestas de conservación

 

Generalmente los anfibios y reptiles no suelen ser destinatarios de estudios y proyectos de conservación, que parecen estar reservados a especies más llamativas de mamíferos y aves. Parece que con nuestro protagonista las cosas empiezan a cambiar, y precisamente esta especie ha sido una de las primeras en beneficiarse de diferentes actuaciones que pretenden garantizar su conservación. Queremos destacar el trabajo realizado por la Junta de Andalucía y dirigido por Emilio González Miras en la Sierra de los Filabres y Gádor (Almería). Se han localizado todos los puntos de cría del Sapillo partero y se han rehabilitado y construido nuevas albercas y abrevaderos, que ya están siendo utilizadas para reproducirse.

 

En la Sierra de Baza, a propuesta de la Asociación Herpetológica Granadina (A.H.G.) y con la colaboración de la Asociación Proyecto Sierra de Baza, hemos conseguido que la administración del Parque restaure una serie de abrevaderos de uso ganadero que presentaban un aspecto lamentable, con el consiguiente riesgo de extinción de las pequeñas poblaciones que los utilizaban para criar.

 

Creemos que estas iniciativas deben extenderse a todo el área de distribución provincial, haciendo especial hincapié en aquellas sierras más secas. El inventario de los puntos de cría está casi realizado al cien por cien. Sólo hace falta un poco de voluntad política para la creación de una serie de micro reservas, que incluya distintas albercas y abrevaderos en cada una de las sierras donde se distribuyen los sapos.

 

También sería necesaria una campaña de divulgación sobre la especie y su problemática, que incluyera recomendaciones para evitar la introducción de peces y cangrejos en las albercas y fuentes.

 

 Pensamos que con una serie de actuaciones bien diseñadas y dirigidas y con muy poco dinero es posible conseguir que este pequeño fósil viviente siga viviendo entre nosotros. Aún estamos a tiempo.

 

El sapo partero en la Sierra de Baza

El Parque Natural de la Sierra de Baza, representa un enclave de vital importancia para la conservación y estudio del Sapo partero bético. Junto con la Sierra de los Filabres, que es su continuación natural en la Sierra de Almería, constituye una isla en mitad de un área extensa semiárida y con poco agua. Hasta la fecha hemos localizado un total de 9 puntos de cría, todos ellos en la zona caliza, occidental. La zona silícea no ha sido muestreada adecuadamente, por lo que no es descartable su presencia.

 

Ocho de los puntos son albercas y abrevaderos de ganado asociados a fuentes, y sólo uno, es un arroyo, el de Baúl. Al igual que en el resto de la provincia estos puntos están amenazados por abandono y falta de mantenimiento. También hemos encontrado peces introducidos, concretamente carpas en una alberca del Cascajar y en otra en la Fraguara.

 

Las poblaciones de la Sierra de Baza son muy interesantes desde el punto de vista ecológico, pues incluyen algunas de las situadas a mayor altitud de toda su área de distribución. Además al situarse todas dentro del área protegida con la figura de Parque Natural, consideramos justificada una mayor atención por parte de la administración. Asimismo podrían servir como ejemplo en proyectos de conservación de especies amenazadas, a grupos de visitantes al Parque Natural.

 

 Aunque esta primavera han sido restaurados, en parte, aquellos abrevaderos más deteriorados situados en la zona de los Prados del Rey, creemos necesario que estas actuaciones se extiendan a otros puntos también amenazados, y que se retiren las carpas de las albercas anteriormente citadas.

 

Consideramos necesaria también la señalización de alguna de estas albercas con un panel que represente la curiosa vida de este sapillo, para que puedan conocerla todos los que visitan el parque.

 

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