|
Ficha técnica:
Clase: Anfibios
Orden: Anuros (anfibios sin cola)
Familia: Alytidos
Género: Alytes
Especie: dickhilleni, (Arntzen y García-París, 1995)
Estatus legal: En el catálogo andaluz de especies amenazadas
(Ley8/2003, de 28 de Octubre, de la flora y la fauna silvestres), aparece
incluido en la categoría “De interés especial”, que recoge aquellas
especies, que no estando incluidas en otras categorías de protección
superior (extintas, en peligro de extinción, sensible a la alteración de su
hábitat, vulnerables), son merecedoras de una atención particular en función
de su valor científico, ecológico, cultural, o por su singularidad.

© Javier Fuentes
Hembra adulta, Sierra de
Madrid, Íllora, primavera de 2004.
Descripción:
Iniciamos la serie de fichas sobre anfibios y reptiles de Granada con una
especie que podemos considerar emblemática, no sólo de nuestra provincia
sino también del Parque Natural de la Sierra de Baza (Granada) España. Se
trata del Sapo partero bético, pequeño anfibio poco conocido y
recientemente descrito para la ciencia, que lleva una vida discreta en las
montañas del sistema bético. La Sierra de Baza constituye un enclave de
vital importancia para su conservación.
En
alguno de nuestros paseos por las sierras granadinas en posible que nos
encontremos con una auténtica joya de la rica biodiversidad que atesora la
Península ibérica, el Sapo partero bético.
Se
trata de un pequeño anfibio (de entre 4 y 6cm de longitud), de aspecto
rechoncho, cabeza grande y hocico corto y puntiagudo. Los ojos son grandes
con pupilas verticales oscuras, sobre un fondo de iris de color cobrizo. El
tímpano, redondeado, es claramente visible, situado detrás de los ojos. La
coloración de la piel es variable, aunque es frecuente que el color de fondo
sea grisáceo e incluso blanco sucio, sobre el que aparecen una serie de
manchas irregulares de color verdoso. La zona del vientre suele ser blanca.
Sobre el cuerpo aparecen unas granulaciones no muy grandes y no tiene
verrugas como otros sapos. Una característica que lo diferencia de las otras
2 especies de sapos parteros presentes en la península, (Sapo partero común
y Sapo partero ibérico), es que nunca tiene tubérculos dorsales de color
rojo o anaranjado.
Las diferencias físicas entre machos y hembras son poco apreciables a simple
vista. Generalmente las hembras son más rechonchas y tienen la cabeza y
patas posteriores proporcionalmente más pequeñas que los machos. Lo que sí
tendremos claro es que todos aquellos ejemplares que encontremos con carga
de huevos serán machos.
Larvas. Los renacuajos llegan a alcanzar un tamaño
considerable, hasta 6 o 7 cm., fruto de un desarrollo larvario muy
prolongado. Son muy robustos y se caracterizan por tener el espiráculo
(pequeña abertura por donde expulsan agua procedente de la alimentación y la
respiración) en zona ventral. La cola es larga y
gruesa acabada en punta redondeada. La cresta es baja y nace al final del
dorso. El color es plateado con multitud de manchas de color marrón oscuro.
En la zona posterior de la cabeza, justo donde empieza la cola, suele tener
una mancha oscura en forma de v. De todas formas la identificación de la
especie en base a la coloración de las larvas puede ser muy dificultosa,
pues hemos podido comprobar que ésta varía mucho de unas zonas a otras, e
incluso en la misma zona, dependiendo (creemos) de la exposición a la luz
solar. De hecho hemos encontrado larvas completamente oscuras, en albercas
donde no llegaba la luz directa del sol.

© Javier Fuentes
Individuo juvenil, Sierra
Mágina, Marzo de 2004.
Distribución geográfica:
Hasta hace unos años sólo se conocían 2 especies de sapos parteros. El común
(Alytes obstetricans) distribuido por la mayor parte de Europa
occidental y algunas zonas del Norte de África y el ibérico (Alytes
cisternasii) propio de la zona occidental de nuestra península. En 1980
la sorpresa fue mayúscula cuando se encontraron algunos ejemplares vivos de
una pequeña especie de sapo partero en la zona norte de Mallorca, la cual,
poco antes había sido descrita a través de restos fósiles. Lo llamaron
Sapillo balear (Alytes muletensis).
Pero la lista de sapos parteros no estaba completa y en el año 1995 se
describe la última especie (hasta la fecha). Se trataba del Sapo partero
bético. El inicio de unos trabajos sobre las poblaciones de sapos parteros
en las sierras béticas, llevado a cabo por los científicos del C.S.I.C
(Consejo Superior de Investigaciones Científicas), Mario García-París,
Rafael Márquez y Miguel Tejedo, desembocó en la descripción de la nueva
especie en 1995.
A
raíz de estos estudios se ha determinado que el Sapo partero bético y el
Sapillo balear son cercanos parientes, desde el punto de vista genético.
Nos encontramos por tanto, ante un endemismo bético (no se encuentra fuera
de este sistema montañoso) que se distribuye por una serie de sierras que
van desde el oeste, en las sierras de Tejeda y Almijara, en el límite provincial entre
Granada y Málaga hasta el este, en las Sierras de Alcaraz en Albacete,
Caravaca y Moratalla en Murcia y Gádor en Almería.

En
Granada habita la mayor parte de sus sierras, siendo más escaso en zonas de
llanura. Tejeda y Almijara, las comarcas de los Montes Occidentales y
Orientales, Sierra Nevada, Sierra Harana, Sierras de Castril, la Sagra y
Baza son los lugares que mantienen hoy en día poblaciones de este sapillo.
Puede encontrarse desde zonas con poca altitud, unos 300mts en la sierra de
Los Guájares, hasta otras que superan los 2000mts en la Sierra de Baza.
No
es muy exigente en cuanto a las condiciones del medio terrestre, aunque su
existencia se ve condicionada por la presencia de puntos de agua limpios y
permanentes a los que acuden para depositar sus puestas. Lo hemos encontrado
tanto en zonas de cultivo de olivar (comarca de los montes), como en
pinares, encinares y zonas de pastizal de alta montaña.
Ecología de la especie.
El
Sapo partero bético pertenece a una de las familias más antiguas de anfibios
que se conocen, los Discoglósidos. Al igual que los otros integrantes del
género Alytes ha desarrollado un comportamiento reproductor muy peculiar.
La
mayoría de los anfibios de nuestro entorno acuden a reproducirse a zonas
húmedas (charcas, fuentes, arroyos), donde tras la cópula o “amplexus”,
depositan varios miles de huevos. Las larvas que eclosionan son depredadas
en gran número por larvas de insectos, peces, otros anfibios, reptiles,
etc., pero casi siempre sobreviven los suficientes para garantizar el relevo
poblacional.
El
Sapo partero utiliza una estrategia distinta. Generalmente lleva una vida
discreta, principalmente nocturna y pasa el día escondido bajo piedras y en
grietas o enterrado en la tierra. En la época de celo (desde el otoño hasta
la primavera, dependiendo de las precipitaciones y la altitud), los machos
emergen a la superficie y emiten un canto muy característico, una especie de
silbido de flauta muy parecido al reclamo de la más pequeña de nuestras
rapaces nocturnas, el Autillo (Otus scops). Las hembras se acercan a
los machos que tiene un canto más grave (que suelen ser los de mayor
tamaño). Una vez juntos el macho abraza a la hembra y esta comienza a soltar
un cordón formado por unos 40 huevos o más. Entonces el macho fecunda los
huevos, recoge el cordón y se lo enrolla en las patas traseras. Hasta aquí
llegan los cuidados por parte de la hembra. A partir de ahora el macho es el
único responsable del bienestar de su descendencia. El buen padre puede
aparearse con más hembras, y va acumulando más y más huevos, hasta un total,
a veces, de más de 100.

© Javier Fuentes
Huevos de
sapo partero. Sierra de los Guajares, Granada, Mayo 2004.
Desde este momento y hasta la eclosión, pasados unos 30 o 40 días, permanece
escondido en su refugio, para mantener los huevos en buenas condiciones de
humedad. Ocasionalmente puede realizar salidas para alimentarse. Cuando los
renacuajos han madurado lo suficiente dentro (se pueden ver los
ojillos a través de la cáscara), el macho se acerca a una zona acuática y
moviendo las patas traseras deja caer la masa en el agua. Casi de inmediato
los pequeños renacuajos eclosionan y comienzan a nadar y alimentarse.
Esta estrategia le permite al sapo evitar la depredación directa de las
masas de huevos en las zonas acuáticas, y que los renacuajos alcancen un
desarrollo mayor en el momento de la eclosion.

© Eduardo Escoriza
Larva donde se puede apreciar la característica
mancha oscura en forma de v, en la parte posterior de la cabeza. Arroyo de
Baúl (Sierra de Baza). Agosto de 2002.
El
desarrollo acuático de las larvas suele ser largo, y depende de la
abundancia de comida y de la temperatura del agua. En zonas situadas a gran
altitud, en que la primavera se retrasa y el agua está más fría, las machos
depositan las masas de huevos al final de la primavera o incluso en pleno
verano, por lo que a las larvas no les da tiempo a terminar la metamorfosis
y permanecen en el agua hasta la primavera o verano siguientes, alcanzando
tamaños muy considerables. En zonas bajas el desarrollo es más rápido y al
final del verano o principios del otoño pueden encontrarse pequeños sapillos
recién metamorfoseados (unos 2cm de longitud). Las larvas que han pasado el
invierno en el agua, al alcanzar mayor tamaño, dan lugar a juveniles de
mayor tamaño que las otras, lo cual también es una ventaja para la vida
terrestre de los nuevos sapillos.
Las larvas se nutren con toda la materia orgánica, tanto animal como vegetal
que puedan encontrar en el agua. Tanto los juveniles como los adultos se
alimentan de multitud de pequeños animalillos invertebrados, lombrices,
arañas, insectos, etc.
Entre sus enemigos naturales se encuentran mamíferos como el erizo, el
jabalí o los mustélidos (nutria, turón, comadreja). También aves rapaces
nocturnas (lechuza, mochuelo...). Distintas especies de insectos acuáticos y
larvas de libélula también se alimentan de renacuajos. Los principales depredadores son las culebras de agua, tanto
la viperina (Natrix maura) como la de collar (Natrix natrix).
Hemos podido comprobar como la viperina, mucho más abundante que la de
collar, puede devorar todas las larvas que encuentra en pequeñas albercas,
como ha ocurrido en un pequeño estanque en Colomera. Pensamos que la
abundancia de la culebra puede ser un factor limitante de la población de
sapos parteros, lo que podría explicar en parte el acantonamiento de estos a
las zonas de sierra, pues a mayor altitud, menos común es el ofidio. Este
mismo hecho se da en el caso del Sapillo balear, al que sólo se puede
encontrar ya en barrancos inaccesibles donde no llega la culebra viperina.
Estado de conservación, problemática:
La
necesidad de zonas con agua limpia y bien oxigenada, necesaria para el
correcto desarrollo larvario, es lo que determina la mayoría de los
problemas que amenazan la supervivencia de nuestro sapillo.
La
totalidad del área de distribución se localiza en el cuadrante suoriental de
la península, caracterizado por su escasez de precipitaciones y
disponibilidad de agua en superficie.
En
un principio, los sapos aprovecharían los nacimientos, fuentes y pequeños
arroyos que aparecían dispersos por las sierras para reproducirse. El
hombre, desde que comenzó a habitar estas mismas sierras, también usó las
fuentes y nacimientos, construyendo gran cantidad de albercas, estanques,
acequias y aljibes, modificando la morfología de arroyos y fuentes. En
principio no hubo problema, e incluso los sapillos se vieron beneficiados
por la proliferación de estos depósitos (que en esencia no eran otra cosa
que los pequeños remansos de los arroyos que habían utilizado hasta
entonces, pero de una mayor entidad).
A
partir de los años cincuenta el campo español comienza a despoblarse.
Multitud de cortijos quedan abandonados, y con ellos toda la infraestructura
secular del uso del agua que los acompañaba. Las fuentes y arroyos son
canalizados para cubrir las demandas de agua de las poblaciones situadas al
pié de las sierras. Va desapareciendo la ganadería extensiva y una vez que
no hay ovejas ni cabras, los pilones y tornajos que les servían como
abrevaderos, son abandonados y pierden su función.
La
agricultura se intensifica, se abren pozos que disminuyen el nivel freático,
los arroyos se contaminan con materia orgánica y con los productos
residuales de los tratamientos fitosanitarios de las plantaciones.

© Eduardo Escoriza
La imagen muestra un
ejemplar juvenil de sapo partero bético, recogido en una alberca de
Benalúa de las Villas, en agosto de 2002. Presenta un deformidad, al
tener 6 patas. La causa puede ser el agua contaminada de la alberca, que
es utilizada por lo tractores que llevan a cabo tratamientos
fitosanitarios en el olivar intensivo donde se encuentra.
Y
aquí es donde comienzan los problemas para el Sapo partero. En aquellas
sierras más secas, donde dependen de las estructuras construidas por el
hombre para recoger agua (aljibes y albercas), por la ausencia de arroyos
con aguas permanentes, la situación hoy en día es muy delicada. Las
poblaciones de las sierras de la comarca de los Montes (Parapanda, Morrón,
Zegrí), las de las Sierras de Almijara, Baza, Seca) se encuentran hoy en día
gravemente amenazadas de desaparición, y dependen de las pocas fuentes y
albercas que todavía no se han secado o no han sido modificadas para su uso
humano o para la agricultura intensiva. Tenemos por tanto una serie de
pequeñas poblaciones aisladas entre sí, y que año tras año van perdiendo sus
puntos de reproducción. La situación en otras sierras más húmedas como las
de Castril o la Sagra, es menos alarmante, pues la presencia de pequeños
cursos de agua permanentes y con aguas limpias garantiza la reproducción año
tras año. En estos casos la especie no depende tanto de fuentes y
abrevaderos.

© Eduardo Escoriza
Hábitat del sapo partero en
la Sierra de Baza, Arroyo de Baúl. Agosto de 2002.
Al
importante problema que supone la pérdida de puntos aptos para la
reproducción, se une la introducción de especies foráneas en las albercas y
arroyos, principalmente carpas y cangrejos americanos. Estos animales
depredan principalmente las larvas, por lo que a corto plazo producen la
extinción local en la zona donde se encuentran, pues no permiten el relevo
generacional. Especialmente extendido y grave es el caso de la introducción
de peces, pues mucha gente lo hace de forma inconsciente y sin saberlo
perjudican tanto al Sapo partero como a otras especies de anfibios.
Conocemos multitud de casos, incluso en zonas protegidas como parques
naturales. Hemos comprobado como la retirada de los peces, supone una
colonización rápida, y en poco tiempo comienzan a verse de nuevo larvas,
siempre y cuando no se hayan extinguido los adultos en la zona de actuación.
En una alberca de Colomera se retiraron hasta en 3 ocasiones las carpas
comunes que un particular había depositado en una alberca donde criaban los
sapos. Tras hablar con el propietario y explicarle la situación hemos
conseguido que no suelte más peces y que los sapos vuelvan a criar.
Propuestas de conservación
Generalmente los anfibios y reptiles no suelen ser destinatarios de estudios
y proyectos de conservación, que parecen estar reservados a especies más
llamativas de mamíferos y aves. Parece que con nuestro protagonista las
cosas empiezan a cambiar, y precisamente esta especie ha sido una de las
primeras en beneficiarse de diferentes actuaciones que pretenden garantizar
su conservación. Queremos destacar el trabajo realizado por la Junta de
Andalucía y dirigido por Emilio González Miras en la Sierra de los Filabres
y Gádor (Almería). Se han localizado todos los puntos de cría del Sapillo
partero y se han rehabilitado y construido nuevas albercas y abrevaderos,
que ya están siendo utilizadas para reproducirse.
En
la Sierra de Baza, a propuesta de la Asociación Herpetológica Granadina (A.H.G.)
y con la colaboración de la Asociación Proyecto Sierra de Baza, hemos
conseguido que la administración del Parque restaure una serie de
abrevaderos de uso ganadero que presentaban un aspecto lamentable, con el
consiguiente riesgo de extinción de las pequeñas poblaciones que los
utilizaban para criar.
Creemos que estas iniciativas deben extenderse a todo el área de
distribución provincial, haciendo especial hincapié en aquellas sierras más
secas. El inventario de los puntos de cría está casi realizado al cien por
cien. Sólo hace falta un poco de voluntad política para la creación de una
serie de micro reservas, que incluya distintas albercas y abrevaderos en
cada una de las sierras donde se distribuyen los sapos.
También sería necesaria una campaña de divulgación sobre la especie y su
problemática, que incluyera recomendaciones para evitar la introducción de
peces y cangrejos en las albercas y fuentes.
Pensamos que con una serie de actuaciones bien diseñadas y dirigidas y con
muy poco dinero es posible conseguir que este pequeño fósil viviente siga
viviendo entre nosotros. Aún estamos a tiempo.
El sapo partero en la Sierra de
Baza
El
Parque Natural de la Sierra de Baza, representa un enclave de vital
importancia para la conservación y estudio del Sapo partero bético. Junto
con la Sierra de los Filabres, que es su continuación natural en la Sierra
de Almería, constituye una isla en mitad de un área extensa semiárida y con
poco agua. Hasta la fecha hemos localizado un total de 9 puntos de cría,
todos ellos en la zona caliza, occidental. La zona silícea no ha sido
muestreada adecuadamente, por lo que no es descartable su presencia.
Ocho de los puntos son albercas y abrevaderos de ganado asociados a fuentes,
y sólo uno, es un arroyo, el de Baúl. Al igual que en el resto de la
provincia estos puntos están amenazados por abandono y falta de
mantenimiento. También hemos encontrado peces introducidos, concretamente
carpas en una alberca del Cascajar y en otra en la Fraguara.
Las poblaciones de la Sierra de Baza son muy interesantes desde el punto de
vista ecológico, pues incluyen algunas de las situadas a mayor altitud de
toda su área de distribución. Además al situarse todas dentro del área
protegida con la figura de Parque Natural, consideramos justificada una
mayor atención por parte de la administración. Asimismo podrían servir como
ejemplo en proyectos de conservación de especies amenazadas, a grupos de
visitantes al Parque Natural.
Aunque esta primavera han sido restaurados, en parte, aquellos abrevaderos
más deteriorados situados en la zona de los Prados del Rey, creemos
necesario que estas actuaciones se extiendan a otros puntos también
amenazados, y que se retiren las carpas de las albercas anteriormente
citadas.
Consideramos necesaria también la señalización de alguna de estas albercas
con un panel que represente la curiosa vida de este sapillo, para que puedan
conocerla todos los que visitan el parque.
|