FICHAS DE FAUNA DE LA PROVINCIA DE GRANADA. (Anfibios y reptiles)

 

  

 

 

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Esta segunda ficha la dedicamos al anfibio más común de la provincia, después de la Rana común. Se trata del Sapo corredor, protagonista principal de una de las leyendas más curiosas que podemos escuchar en nuestras zonas rurales. Quiero aprovechar la ocasión para agradecer  a Manuel Durán Viñas su interés por la conservación de las poblaciones de anfibios de la Sierra de Baza y desearle suerte con el proyecto que al efecto está preparando.

 

Sapo corredor (Bufo calamita)

 

© Por Javier Benavides, Javier Fuentes y Eduardo Escoriza Abril (A.H.G.)

 

Sapo corredor. Lorca (Murcia), Noviembre 2004.

 

 

Ficha técnica:

 

Clase: Anfibios

Orden: Anuros (anfibios sin cola)

Familia: Bufónidos

Género: Bufo

Especie: calamita, (Laurenti, 1768)

Estatus legal: En el catálogo andaluz de especies amenazadas (Ley8/2003, de 28 de Octubre, de la flora y la fauna silvestres), aparece incluido en la categoría “De interés especial”, que recoge aquellas especies, que no estando incluidas en otras categorías de protección superior (extintas, en peligro de extinción, sensible a la alteración de su hábitat, vulnerables), son merecedoras de una atención particular en función de su valor científico, ecológico, cultural, o por su singularidad.

 

 

Descripción:

 

Tras una noche de lluvia primaveral u otoñal, puede   que observemos unas manchas más o menos resecas en el asfalto de cualquiera de las carreteras que recorren nuestra geografía. Si observamos alguna de ellas  con detenimiento es posible que se trate de los restos de uno de  los anfibios más comunes de Granada, el Sapo corredor. Esta desafortunada forma de encontrarlos es de las más habituales, pues llevan una vida predominantemente nocturna y durante el día se esconden bajo piedras o enterrados en el suelo.

 

El corredor es un sapo de tamaño medio-grande (de 7 a 9cm de longitud), de aspecto robusto a la vez que rechoncho, cabeza grande, ancha y hocico corto y redondeado. Los ojos son muy saltones y tienen las pupilas elípticas, en posición horizontal y de color negro. El iris suele ser dorado verdoso o amarillento, con una serie de iridiscencias de color oscuro. El tímpano, situado detrás de los ojos, es redondeado pero no está muy marcado. Nos llama la atención la presencia de 2 bultos alargados y aplastados situados detrás de cada ojo; son las glándulas parótidas. La piel es rugosa y está cubierta de verrugas redondeadas y prominentes.

 

Detalle de la cabeza y ojo. Lorca (Murcia), Noviembre de 2004. 

 

La coloración es muy variable, y podemos decir que cada individuo tiene un diseño particular. El color de fondo varía del marrón-anaranjado al amarillo verdoso, con una serie de puntos pardos o rojizos sobre las verrugas. La piel del vientre es blanca o grisácea salpicada de puntos negros. Una característica que a veces se ha descrito como definitiva para identificarlo, es la presencia de una línea vertebral clara o amarillenta que le recorre toda la espalda desde el hocico hasta la zona anal. Pues bien esta línea no siempre aparece.   Las patas traseras son cortas, por lo que no puede saltar. De aquí es donde le viene el nombre, pues es característica su forma de desplazarse. Da pequeñas carreras de unos pocos pasos, parándose un momento y reanudando de nuevo la marcha.

 

A simple vista es difícil distinguir ambos sexos. Los machos son algo más pequeños y  cuando están en celo desarrollan unas pequeñas callosidades de color negro en los dedos internos de las manos que junto a unos brazos mas largos les  ayudan a realizar el acoplamiento o “amplexo”.  Otra característica propia de la época reproductora es que los machos tienen la garganta de color azulado o morado.

 

La especie con la que sería más fácil confundirlo es el Sapo verde (Bufo viridis), pero este no habita en nuestra provincia.

 

Larvas. Los renacuajos son de los más pequeños de todas nuestras especies de anfibios. No alcanzan más de 2 o 3cm  y se caracterizan por ser de color oscuro, casi negros. El espiráculo está en la parte izquierda. La cola termina en punta redondeada y la cresta que tienen en la parte superior de ésta no aparece elevada. Si nos fijamos un poco más podremos ver una pequeña zona blanca bajo la boca, que nos sirve para diferenciarlos de los de su pariente más cercano, el Sapo común.

 

 

Larva de sapo corredor, Pinos Puente (Granada), Primavera de 2004.

 

 

Larva próxima a finalizar la metamorfosis. Observamos la aparición de las patas delanteras y traseras. Pinos Puente (Granada) Primavera 2004.

 

Distribución geográfica:

 

Tiene una distribución muy amplia, ocupando gran parte de la Europa continental y las Islas Británicas. En España lo encontramos en  la mayor parte del territorio excepto las islas, siendo más escaso en la Cornisa Cantábrica.

 

Su gran ubicuidad le permite colonizar casi todo tipo de hábitats y en Granad aparece casi por todas partes. Las zonas donde aún no ha sido citado, (puntos de la zona Norte y de las montañas del Sureste) tal vez sea por una falta de prospección adecuada. Desde el nivel del mar en la Costa Tropical, pasando por la Vega de Granada y los Altiplanos de Baza y Guadix, colonizando de igual modo las zonas altas de casi todos nuestros sistemas montañosos. En Sierra Nevada alcanza los 2540 m.s.m. en la laguna de la Mula. Este dato registrado por la A.H.G.  constituye hasta la fecha el record de altitud para la especie en Europa.

 

 

Mapa de distribución provincial.

 

 

Ecología de la especie.

 

Ocupa hábitats terrestres muy diversos, incluyendo cultivos, pastizales, bosques y prados de alta montaña. Además podemos encontrarlos en zonas muy áridas, casi semidesérticas, donde nos puede parecer muy extraña la presencia de un anfibio, pues a simple vista no hay puntos de agua (arroyos, lagunas o fuentes) que pueda utilizar para reproducirse. La clave de su éxito radica aquí precisamente; se ha especializado en utilizar depresiones del terreno, rodadas de tractores, albercas casi vacías, canteras y huecos de cimientos de las construcciones, que acumulan agua de forma temporal tras las lluvias. El rasgo común de estos ambientes es la poca profundidad del agua y una temperatura cálida.

 

Pasa la mayor parte de su vida en tierra.  Como casi todos los anfibios es de costumbres nocturnas y durante el día se esconde bajo piedras o en pequeños refugios que él mismo excava. Tiene un periodo de hibernación más o menos prolongado según las condiciones climáticas de cada zona, y durante el verano permanece inactivo durante los picos de más calor. Sólo acude al agua en la época reproductora y su capacidad para nadar y permanecer flotando es limitada, llegando incluso a ahogarse si no tiene la posibilidad de salir cuando cae a una alberca o acequia.

 

Su ciclo biológico está muy influenciado por las condiciones atmosféricas y por la altitud de la zona en que viva. A bajas altitudes  el periodo reproductivo se inicia en pleno invierno, siempre que las lluvias otoñales hayan sido generosas y los lugares elegidos tengan agua suficiente. En la alta montaña, se retrasa hasta bien entrada la primavera e incluso el verano.

 

Los machos primero y después las hembras van llegando a las zonas húmedas donde se congregan y en noches de lluvia principalmente tiene lugar  la actividad sexual. Cada año suelen volver al mismo sitio para reproducirse.  Los machos cantan formando auténticos coros. Para ello inflan los sacos bucales que tienen en la garganta, que alcanzan un gran tamaño y hacen las veces de caja de resonancia. En estas noches lluviosas la actividad es frenética y los galanes intentan agarrar todo lo que tienen cerca, ya sea una hembra, otro macho e incluso un ejemplar de otra especie que comparta con ellos la charca. A veces se forman auténticas montoneras con tres o cuatro sapos que intentan subirse  a la misma hembra y que incluso pueden terminar ahogándola. El abrazo o “amplexo” es axilar y se han observado ejemplares que permanecían más de 10 horas en esa misma posición. La hembra produce un cordón con dos filas de huevos de color negro que puede medir más de 2 metros de longitud y que una vez fecundado, queda situado, enrollado sobre ramitas o plantas en el fondo de la charca. El número de huevos puede superar los 10000 en cada puesta, de los que al cabo de unos pocos días emergen unos diminutos renacuajos. Las madres abandonan la charca tras la puesta y los machos permanecen unos días más a la espera de nuevas compañeras. Las larvas aunque no son muy apetecibles, son depredadas por larvas de libélula, peces, otros anfibios, reptiles y aves.

 

 

Amplexo axilar. Parque Natural de la Sierra de María Los Velez (Almería), Marzo 2002.

 

 

Cordones de puesta, Cerro Muriano (Cordoba).

 

El desarrollo de los renacuajos es muy rápido pues tienen que terminar la metamorfosis antes de que se seque la pequeña charca o cuneta donde suelen nacer. En uno o dos meses se convierten en pequeños sapillos de 1 cm. Las larvas hasta entonces se han alimentado de materia vegetal y animal y para acelerar su crecimiento se sitúan apelotonadas en los bordes de la charca, donde la profundidad es menor y la temperatura por tanto mayor. Si el año es escaso en lluvias, pueden producirse auténticas catástrofes y los renacuajos a medio desarrollar agonizan y mueren en el barro por la  falta del líquido elemento. En épocas de sequía como la padecida en Granada durante la primera mitad de la década de los 90, era difícil localizar juveniles, aunque la longevidad relativamente larga de los adultos (unos 10 años), les permite sobrevivir hasta la llegada de un nuevo periodo húmedo.

 

Concentración de larvas en la orilla de una charca. Lorca (Murcia) Abril 2004.

 

 

Mortandad de larvas por desecación precoz de la charca. Nava de Cabra (Cordoba) Marzo 2003.

 

 

El tamaño de los sapillos tras la metamorfosis depende de la densidad de renacuajos y de la disponibilidad de alimento. Cuanto mayor sean al salir del agua más posibilidades de sobrevivir tendrán. Durante unos días  pululan alrededor de la charca incluso a pleno día alimentándose de mosquitos y otros pequeños invertebrados. Poco a poco van dispersándose en todas direcciones escondiéndose en grietas, agujeros en el barro, bajo las piedras, etc. Ya tienen todas las características de los adultos pero con colores más rotundos siendo destacables el tono anaranjado de las verrugas y la línea vertebral clara.

 

Ejemplar recién metamorfoseado, Pinos Puente (Granada) Primavera 2004.

 

 

Alcanzan la madurez sexual a los 2 o 3 años. Se alimentan de pequeños invertebrados (lombrices, arañas, hormigas, escarabajos, etc.), a los que capturan mediante un rápido lanzamiento de su pegajosa lengua. El movimiento de las presas es el que desencadena el disparo de la lengua, por lo que sólo comen animalillos que estén vivos y se muevan.

 

Cuando se ve amenazado por algún depredador (entre los que se encuentran rapaces nocturnas como el cárabo o la lechuza, mamíferos como el tejón, la rata y el erizo, y sobre todo las culebras de agua) adopta una curiosa postura defensiva. Toma aire y se infla considerablemente, estirando también las patas traseras. De esta forma alcanza un mayor tamaño dificultando su ingestión por parte del depredador. No obstante el principal mecanismo de defensa se encuentra en su piel. Numerosas glándulas serosas, y sobre todo las glándulas parótidas segregan un líquido blanco y pegajoso que es tóxico e irrita las mucosas del animal que intenta comérselo. Esta  circunstancia debemos tenerla en cuenta si alguna vez cogemos un sapo. Es muy importante lavarnos las manos tras haberlo manipulado, y no tocarnos los ojos o la boca.

 

Juvenil, Almuñecar (Granada), Septiembre 2004.

 

Estado de conservación, problemática:

 

Aunque su distribución y abundancia en toda la provincia aún es considerable, el Sapo corredor no escapa a las amenazas que afectan al medio natural granadino en general. La desecación de zonas húmedas, a veces por destrucción directa o como consecuencia de la sobreexplotación de acuíferos provoca la desaparición de poblaciones completas. Asimismo la creciente intensificación de la agricultura, con el consiguiente incremento del uso de productos fitosanitarios les afecta negativamente, pues la lluvia arrastra residuos tóxicos que acaban en las zonas encharcadas y lagunas. También sufren envenenamiento por el consumo de invertebrados contaminados con insecticidas.

 

El incremento de las zonas urbanas y las  infraestructuras de transporte (carreteras, pistas forestales) provocan la destrucción de hábitats terrestres y el atropello de cientos de sapos, sobre todo en la época reproductora que es cuando más se mueven en busca de zonas de puesta. Las carreteras que pasan cerca de charcas se convierten en auténticos puntos negros donde mueren atropellados tanto adultos que acuden a poner como los juveniles que han finalizado la metamorfosis.

 

 

Sapo recientemente atropellado, La Rabita (Jaén), Octubre 2003.

 

El abandono de fuentes, albercas, charcas tradicionales para el ganado y su sustitución por modernos embalses de cemento y plástico, con paredes elevadas, es también un peligro importante, pues los adultos que caen en ellas, aunque puedan llevar a cabo las puestas en ellos, en el caso de los mas accesibles, luego no pueden salir y mueren ahogados, al igual que los pequeños sapillos que intentan abandonar el medio acuático.

 

En nuestra provincia hemos detectado que las poblaciones costeras, antaño muy abundantes, han perdido puntos de reproducción, ya que las urbanizaciones han crecido desproporcionadamente y han retrocedido los cultivos tradicionales de subtropicales que mantenían un grado de humedad alto.

 

Por sus características biológicas están menos expuestos que otros de nuestros anfibios, al peligro que suponen las especies exóticas como el cangrejo americano y las carpas, que requieren ambientes acuáticos más estables.

 

A todos estos factores que en definitiva lo que producen es una fragmentación de las poblaciones, se une la destrucción directa de ejemplares por parte del hombre, al ser considerados como animales “venenosos y repugnantes”.

 

 

Propuestas de conservación

 

Sería necesario incrementar la valoración que la sociedad tiene sobre los sapos mediante campañas de concienciación, y la protección de algunos enclaves (charcas, albercas) donde se reproducen. Una vez localizados los puntos negros donde se producen mayor número de atropellos (parte del trabajo ya lo tenemos hecho en la A.H.G.) sería conveniente señalizarlos adecuadamente y acondicionar pasos subterráneos que permitan el paso sin peligro de la carretera. Estas iniciativas ya se han llevado a cabo en otras zonas de España y sobre todo de Europa.

 

Debería haber un mayor control de las extracciones subterráneas de agua, especialmente hoy en día cuando la mayoría de los cultivos de olivar que tradicionalmente han sido de secano, están pasando a ser de regadío. Hemos constatado la desecación de dos lagunas importantes por estas causa, concretamente en Colomera e Iznalloz, sitios de importancia faunística  únicos en la Provincia. También en la vecina Jaén tenemos constancia de la desecación de por lo menos dos turberas en menos de 3 años, concretamente en la comarca de Alcalá La Real. La Administración muestra poco interés por este tipo de  hábitats, que no por pequeños en extensión son menos ricos e importantes, desde el punto de vista de conservación de la biodiversidad.

 

 

El Sapo corredor en la Sierra de Baza

 

Las poblaciones de Sapo corredor en el Parque Natural actualmente son ciertamente boyantes, y podemos decir que es el anfibio más abundante, por delante incluso de la Rana común. Podemos encontrarlo tanto en las zonas bajas, en cultivos de cereal y olivar, como en las más altas, a más de 2000mts por ejemplo en el Puerto de las Palomas. Como puntos de reproducción aprovecha los charcos que se forman al pié de fuentes y albercas, algunas charcas de fondo de tierra utilizadas para dar agua  al ganado, e incluso las cunetas de las pistas forestales inundadas tras las lluvias. Los prados encharcados situados en la zona Oriental del Parque donde nacen los arroyos Balax, Uclías y Moras, a casi 2000mts constituyen un lugar muy importante para su reproducción. En esos terrenos pantanosos podemos observar a principios del verano muchos ejemplares de sapo corredor en plena actividad reproductora. No suele  encontrarse  ni en albercas ni en arroyos, pues prefiere medios acuáticos más temporales.

 

Punto de cría del sapo corredor situado en un cortafuegos. Sierra de Baza 2004.

 

 

Para que las poblaciones del sapo en el Parque se mantengan, e incluso aumenten, proponemos el mantenimiento de las charcas tradicionales utilizadas para que abreve el ganado, e incluso la creación de nuevas zonas  que acumulen agua en época de lluvia. Como ejemplo se puede tomar la que aparece en la foto siguiente, situada en el camino que va desde el Refugio del Cascajar hasta las Casas de Don Diego, donde  el pasado mes de Agosto, en compañía de Manuel Durán Viñas (integrante de la Asociación Proyecto Sierra de Baza, y en el curso de los trabajos previos a la presentación del proyecto de conservación de las poblaciones de anfibios del parque) encontramos multitud de pequeños sapillos que habían finalizado con éxito la metamorfosis.

 

 

Abrevadero para ganado con fondo de tierra, Sierra de Baza (Granada), Julio 2004.

 

 

Las “Lluvias de sapos”.

 

Este curioso fenómeno es conocido en muchas de nuestras zonas rurales, precisamente en lugares donde suele abundar el Sapo corredor. Al parecer en determinadas ocasiones pueden  llover sapos del cielo. Tan curiosa leyenda tiene una explicación bien sencilla, y es que la lluvia de agua no viene acompañada de sapos que caen del cielo, sino que estos, al percibir la proximidad de un aguacero y sobre todo durante este, abandonan masivamente los refugios subterráneos donde se ocultan, bien para alimentarse o sobre todo y en determinadas ocasiones muy puntuales del año para buscar una charca donde reproducirse. Esta coincidencia entre lluvia y aparición súbita de multitud de sapos es lo que llevó a pensar que caían del cielo.

 

 

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