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Ficha técnica:
Clase: Anfibios
Orden: Anuros (anfibios sin cola)
Familia: Bufónidos
Género: Bufo
Especie: calamita, (Laurenti, 1768)
Estatus legal: En el catálogo andaluz de especies amenazadas
(Ley8/2003, de 28 de Octubre, de la flora y la fauna silvestres), aparece
incluido en la categoría “De interés especial”, que recoge aquellas
especies, que no estando incluidas en otras categorías de protección
superior (extintas, en peligro de extinción, sensible a la alteración de su
hábitat, vulnerables), son merecedoras de una atención particular en función
de su valor científico, ecológico, cultural, o por su singularidad.
Descripción:
Tras una noche de lluvia primaveral u otoñal, puede que observemos unas
manchas más o menos resecas en el asfalto de cualquiera de las carreteras
que recorren nuestra geografía. Si observamos alguna de ellas con
detenimiento es posible que se trate de los restos de uno de los anfibios
más comunes de Granada, el Sapo corredor. Esta desafortunada forma de
encontrarlos es de las más habituales, pues llevan una vida
predominantemente nocturna y durante el día se esconden bajo piedras o
enterrados en el suelo.
El
corredor es un sapo de tamaño medio-grande (de 7 a 9cm de longitud), de
aspecto robusto a la vez que rechoncho, cabeza grande, ancha y hocico corto
y redondeado. Los ojos son muy saltones y tienen las pupilas elípticas, en
posición horizontal y de color negro. El iris suele ser dorado verdoso o
amarillento, con una serie de iridiscencias de color oscuro. El tímpano,
situado detrás de los ojos, es redondeado pero no está muy marcado. Nos
llama la atención la presencia de 2 bultos alargados y aplastados situados
detrás de cada ojo; son las glándulas parótidas. La piel es rugosa y está
cubierta de verrugas redondeadas y prominentes.

Detalle de la cabeza y ojo.
Lorca (Murcia), Noviembre de 2004.
La
coloración es muy variable, y podemos decir que cada individuo tiene un
diseño particular. El color de fondo varía del marrón-anaranjado al amarillo
verdoso, con una serie de puntos pardos o rojizos sobre las verrugas. La
piel del vientre es blanca o grisácea salpicada de puntos negros. Una
característica que a veces se ha descrito como definitiva para
identificarlo, es la presencia de una línea vertebral clara o amarillenta
que le recorre toda la espalda desde el hocico hasta la zona anal. Pues bien
esta línea no siempre aparece. Las patas traseras son cortas, por lo que
no puede saltar. De aquí es donde le viene el nombre, pues es característica
su forma de desplazarse. Da pequeñas carreras de unos pocos pasos, parándose
un momento y reanudando de nuevo la marcha.
A
simple vista es difícil distinguir ambos sexos. Los machos son algo más
pequeños y cuando están en celo desarrollan unas pequeñas callosidades de
color negro en los dedos internos de las manos que junto a unos brazos mas
largos les ayudan a realizar el acoplamiento o “amplexo”. Otra
característica propia de la época reproductora es que los machos tienen la
garganta de color azulado o morado.
La
especie con la que sería más fácil confundirlo es el Sapo verde (Bufo
viridis), pero este no habita en nuestra provincia.
Larvas.
Los
renacuajos son de los más pequeños de todas nuestras especies de anfibios.
No alcanzan más de 2 o 3cm y se caracterizan por ser de color oscuro, casi
negros. El espiráculo está en la parte izquierda. La cola termina en punta
redondeada y la cresta que tienen en la parte superior de ésta no aparece
elevada. Si nos fijamos un poco más podremos ver una pequeña zona blanca
bajo la boca, que nos sirve para diferenciarlos de los de su pariente más
cercano, el Sapo común.

Larva de sapo corredor,
Pinos Puente (Granada), Primavera de 2004.

Larva
próxima a finalizar la metamorfosis. Observamos la aparición de las patas
delanteras y traseras. Pinos Puente (Granada) Primavera 2004.
Distribución geográfica:
Tiene una distribución muy amplia, ocupando gran parte de la Europa
continental y las Islas Británicas. En España lo encontramos en la mayor
parte del territorio excepto las islas, siendo más escaso en la Cornisa
Cantábrica.
Su gran
ubicuidad le permite colonizar casi todo tipo de hábitats y en Granad
aparece casi por todas partes. Las zonas donde aún no ha sido citado,
(puntos de la zona Norte y de las montañas del Sureste) tal vez sea por una
falta de prospección adecuada. Desde el nivel del mar en la Costa Tropical,
pasando por la Vega de Granada y los Altiplanos de Baza y Guadix,
colonizando de igual modo las zonas altas de casi todos nuestros sistemas
montañosos. En Sierra Nevada alcanza los 2540 m.s.m. en la laguna de la
Mula. Este dato registrado por la A.H.G. constituye hasta la fecha el
record de altitud para la especie en Europa.

Mapa de distribución provincial.
Ecología de la especie.
Ocupa hábitats terrestres muy diversos, incluyendo cultivos, pastizales,
bosques y prados de alta montaña. Además podemos encontrarlos en zonas muy
áridas, casi semidesérticas, donde nos puede parecer muy extraña la
presencia de un anfibio, pues a simple vista no hay puntos de agua (arroyos,
lagunas o fuentes) que pueda utilizar para reproducirse. La clave de su
éxito radica aquí precisamente; se ha especializado en utilizar depresiones
del terreno, rodadas de tractores, albercas casi vacías, canteras y huecos
de cimientos de las construcciones, que acumulan agua de forma temporal tras
las lluvias. El rasgo común de estos ambientes es la poca profundidad del
agua y una temperatura cálida.
Pasa la mayor parte de su vida en tierra. Como casi todos los anfibios es
de costumbres nocturnas y durante el día se esconde bajo piedras o en
pequeños refugios que él mismo excava. Tiene un periodo de hibernación más o
menos prolongado según las condiciones climáticas de cada zona, y durante el
verano permanece inactivo durante los picos de más calor. Sólo acude al agua
en la época reproductora y su capacidad para nadar y permanecer flotando es
limitada, llegando incluso a ahogarse si no tiene la posibilidad de salir
cuando cae a una alberca o acequia.
Su
ciclo biológico está muy influenciado por las condiciones atmosféricas y por
la altitud de la zona en que viva. A bajas altitudes el periodo
reproductivo se inicia en pleno invierno, siempre que las lluvias otoñales
hayan sido generosas y los lugares elegidos tengan agua suficiente. En la
alta montaña, se retrasa hasta bien entrada la primavera e incluso el
verano.
Los machos primero y después las hembras van llegando a las zonas húmedas
donde se congregan y en noches de lluvia principalmente tiene lugar la
actividad sexual. Cada año suelen volver al mismo sitio para reproducirse.
Los machos cantan formando auténticos coros. Para ello inflan los sacos
bucales que tienen en la garganta, que alcanzan un gran tamaño y hacen las
veces de caja de resonancia. En estas noches lluviosas la actividad es
frenética y los galanes intentan agarrar todo lo que tienen cerca, ya sea
una hembra, otro macho e incluso un ejemplar de otra especie que comparta
con ellos la charca. A veces se forman auténticas montoneras con tres o
cuatro sapos que intentan subirse a la misma hembra y que incluso pueden
terminar ahogándola. El abrazo o “amplexo” es axilar y se han observado
ejemplares que permanecían más de 10 horas en esa misma posición. La hembra
produce un cordón con dos filas de huevos de color negro que puede medir más
de 2 metros de longitud y que una vez fecundado, queda situado, enrollado
sobre ramitas o plantas en el fondo de la charca. El número de huevos puede
superar los 10000 en cada puesta, de los que al cabo de unos pocos días
emergen unos diminutos renacuajos. Las madres abandonan la charca tras la
puesta y los machos permanecen unos días más a la espera de nuevas
compañeras. Las larvas aunque no son muy apetecibles, son depredadas por
larvas de libélula, peces, otros anfibios, reptiles y aves.

Amplexo axilar. Parque Natural
de la Sierra de María Los Velez (Almería), Marzo 2002.

Cordones de
puesta, Cerro Muriano (Cordoba).
El
desarrollo de los renacuajos es muy rápido pues tienen que terminar la
metamorfosis antes de que se seque la pequeña charca o cuneta donde suelen
nacer. En uno o dos meses se convierten en pequeños sapillos de 1 cm. Las
larvas hasta entonces se han alimentado de materia vegetal y animal y para
acelerar su crecimiento se sitúan apelotonadas en los bordes de la charca,
donde la profundidad es menor y la temperatura por tanto mayor. Si el año es
escaso en lluvias, pueden producirse auténticas catástrofes y los renacuajos
a medio desarrollar agonizan y mueren en el barro por la falta del líquido
elemento. En épocas de sequía como la padecida en Granada durante la primera
mitad de la década de los 90, era difícil localizar juveniles, aunque la
longevidad relativamente larga de los adultos (unos 10 años), les permite
sobrevivir hasta la llegada de un nuevo periodo húmedo.

Concentración de larvas en la
orilla de una charca. Lorca (Murcia) Abril 2004.

Mortandad de
larvas por desecación precoz de la charca. Nava de Cabra (Cordoba) Marzo
2003.
El
tamaño de los sapillos tras la metamorfosis depende de la densidad de
renacuajos y de la disponibilidad de alimento. Cuanto mayor sean al salir
del agua más posibilidades de sobrevivir tendrán. Durante unos días pululan
alrededor de la charca incluso a pleno día alimentándose de mosquitos y
otros pequeños invertebrados. Poco a poco van dispersándose en todas
direcciones escondiéndose en grietas, agujeros en el barro, bajo las
piedras, etc. Ya tienen todas las características de los adultos pero con
colores más rotundos siendo destacables el tono anaranjado de las verrugas y
la línea vertebral clara.

Ejemplar recién metamorfoseado,
Pinos Puente (Granada) Primavera 2004.
Alcanzan la madurez sexual a los 2 o 3 años. Se alimentan de pequeños
invertebrados (lombrices, arañas, hormigas, escarabajos, etc.), a los que
capturan mediante un rápido lanzamiento de su pegajosa lengua. El movimiento
de las presas es el que desencadena el disparo de la lengua, por lo que sólo
comen animalillos que estén vivos y se muevan.
Cuando se ve amenazado por algún depredador (entre los que se encuentran
rapaces nocturnas como el cárabo o la lechuza, mamíferos como el tejón, la
rata y el erizo, y sobre todo las culebras de agua) adopta una curiosa
postura defensiva. Toma aire y se infla considerablemente, estirando también
las patas traseras. De esta forma alcanza un mayor tamaño dificultando su
ingestión por parte del depredador. No obstante el principal mecanismo de
defensa se encuentra en su piel. Numerosas glándulas serosas, y sobre todo
las glándulas parótidas segregan un líquido blanco y pegajoso que es tóxico
e irrita las mucosas del animal que intenta comérselo. Esta circunstancia
debemos tenerla en cuenta si alguna vez cogemos un sapo. Es muy importante
lavarnos las manos tras haberlo manipulado, y no tocarnos los ojos o la
boca.

Juvenil,
Almuñecar (Granada), Septiembre 2004.
Estado de conservación, problemática:
Aunque su distribución y abundancia en toda la provincia aún es
considerable, el Sapo corredor no escapa a las amenazas que afectan al medio
natural granadino en general. La desecación de zonas húmedas, a veces por
destrucción directa o como consecuencia de la sobreexplotación de acuíferos
provoca la desaparición de poblaciones completas. Asimismo la creciente
intensificación de la agricultura, con el consiguiente incremento del uso de
productos fitosanitarios les afecta negativamente, pues la lluvia arrastra
residuos tóxicos que acaban en las zonas encharcadas y lagunas. También
sufren envenenamiento por el consumo de invertebrados contaminados con
insecticidas.
El
incremento de las zonas urbanas y las infraestructuras de transporte
(carreteras, pistas forestales) provocan la destrucción de hábitats
terrestres y el atropello de cientos de sapos, sobre todo en la época
reproductora que es cuando más se mueven en busca de zonas de puesta. Las
carreteras que pasan cerca de charcas se convierten en auténticos puntos
negros donde mueren atropellados tanto adultos que acuden a poner como los
juveniles que han finalizado la metamorfosis.

Sapo
recientemente atropellado, La Rabita (Jaén), Octubre 2003.
El
abandono de fuentes, albercas, charcas tradicionales para el ganado y su
sustitución por modernos embalses de cemento y plástico, con paredes
elevadas, es también un peligro importante, pues los adultos que caen en
ellas, aunque puedan llevar a cabo las puestas en ellos, en el caso de los
mas accesibles, luego no pueden salir y mueren ahogados, al igual que los
pequeños sapillos que intentan abandonar el medio acuático.
En
nuestra provincia hemos detectado que las poblaciones costeras, antaño muy
abundantes, han perdido puntos de reproducción, ya que las urbanizaciones
han crecido desproporcionadamente y han retrocedido los cultivos
tradicionales de subtropicales que mantenían un grado de humedad alto.
Por sus características biológicas están menos expuestos que otros de
nuestros anfibios, al peligro que suponen las especies exóticas como el
cangrejo americano y las carpas, que requieren ambientes acuáticos más
estables.
A
todos estos factores que en definitiva lo que producen es una fragmentación
de las poblaciones, se une la destrucción directa de ejemplares por parte
del hombre, al ser considerados como animales “venenosos y repugnantes”.
Propuestas de conservación
Sería necesario incrementar la valoración que la sociedad tiene sobre los
sapos mediante campañas de concienciación, y la protección de algunos
enclaves (charcas, albercas) donde se reproducen. Una vez localizados los
puntos negros donde se producen mayor número de atropellos (parte del
trabajo ya lo tenemos hecho en la A.H.G.) sería conveniente señalizarlos
adecuadamente y acondicionar pasos subterráneos que permitan el paso sin
peligro de la carretera. Estas iniciativas ya se han llevado a cabo en otras
zonas de España y sobre todo de Europa.
Debería haber un mayor control de las extracciones subterráneas de agua,
especialmente hoy en día cuando la mayoría de los cultivos de olivar que
tradicionalmente han sido de secano, están pasando a ser de regadío. Hemos
constatado la desecación de dos lagunas importantes por estas causa,
concretamente en Colomera e Iznalloz, sitios de importancia faunística
únicos en la Provincia. También en la vecina Jaén tenemos constancia de la
desecación de por lo menos dos turberas en menos de 3 años, concretamente en
la comarca de Alcalá La Real. La Administración muestra poco interés por
este tipo de hábitats, que no por pequeños en extensión son menos ricos e
importantes, desde el punto de vista de conservación de la biodiversidad.
El Sapo corredor en la Sierra de Baza
Las poblaciones de Sapo corredor en el Parque Natural actualmente son
ciertamente boyantes, y podemos decir que es el anfibio más abundante, por
delante incluso de la Rana común. Podemos encontrarlo tanto en las zonas
bajas, en cultivos de cereal y olivar, como en las más altas, a más de
2000mts por ejemplo en el Puerto de las Palomas. Como puntos de reproducción
aprovecha los charcos que se forman al pié de fuentes y albercas, algunas
charcas de fondo de tierra utilizadas para dar agua al ganado, e incluso
las cunetas de las pistas forestales inundadas tras las lluvias. Los prados
encharcados situados en la zona Oriental del Parque donde nacen los arroyos
Balax, Uclías y Moras, a casi 2000mts constituyen un lugar muy importante
para su reproducción. En esos terrenos pantanosos podemos observar a
principios del verano muchos ejemplares de sapo corredor en plena actividad
reproductora. No suele encontrarse ni en albercas ni en arroyos, pues
prefiere medios acuáticos más temporales.

Punto de cría del sapo corredor
situado en un cortafuegos. Sierra de Baza 2004.
Para que las poblaciones del sapo en el Parque se mantengan, e incluso
aumenten, proponemos el mantenimiento de las charcas tradicionales
utilizadas para que abreve el ganado, e incluso la creación de nuevas zonas
que acumulen agua en época de lluvia. Como ejemplo se puede tomar la que
aparece en la foto siguiente, situada en el camino que va desde el Refugio
del Cascajar hasta las Casas de Don Diego, donde el pasado mes de Agosto,
en compañía de Manuel Durán Viñas (integrante de la Asociación Proyecto
Sierra de Baza, y en el curso de los trabajos previos a la presentación del
proyecto de conservación de las poblaciones de anfibios del parque)
encontramos multitud de pequeños sapillos que habían finalizado con éxito la
metamorfosis.

Abrevadero
para ganado con fondo de tierra, Sierra de Baza (Granada), Julio 2004.
Las “Lluvias de sapos”.
Este curioso fenómeno es conocido en muchas de nuestras zonas rurales,
precisamente en lugares donde suele abundar el Sapo corredor. Al parecer en
determinadas ocasiones pueden llover sapos del cielo. Tan curiosa leyenda
tiene una explicación bien sencilla, y es que la lluvia de agua no viene
acompañada de sapos que caen del cielo, sino que estos, al percibir la
proximidad de un aguacero y sobre todo durante este, abandonan masivamente
los refugios subterráneos donde se ocultan, bien para alimentarse o sobre
todo y en determinadas ocasiones muy puntuales del año para buscar una
charca donde reproducirse. Esta coincidencia entre lluvia y aparición súbita
de multitud de sapos es lo que llevó a pensar que caían del cielo.
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