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Ficha técnica:
Clase: Anfibios
Orden: Urodelos (anfibios con cola)
Familia: Salamándridos
Género: Pleurodeles
Especie: waltl, (Michaelles, 1830)
Estatus legal: En el catálogo andaluz de especies amenazadas
(Ley8/2003, de 28 de Octubre, de la flora y la fauna silvestres), aparece
incluido en la categoría “De interés especial”, que recoge aquellas
especies, que no estando incluidas en otras categorías de protección
superior (extintas, en peligro de extinción, sensible a la alteración de su
hábitat, vulnerables), son merecedoras de una atención particular en función
de su valor científico, ecológico, cultural, o por su singularidad.
Descripción:
Algunas personas cuando ven un gallipato por primera vez, piensan que se
trata de algún tipo de lagartija, por su aspecto estilizado y la presencia
de cola; y difícilmente lo relacionan con el mundo de los anfibios. Con una
longitud que a veces alcanza los 30 cm desde el morro hasta la cola (incluso
se han descrito ejemplares de 32 cm), nos encontramos ante el anfibio de
mayor longitud de nuestro país y el segundo de toda Europa tras el proteo
(salamandra cavernícola que vive en la zona de los Balcanes). De todas
formas las medidas más habituales están en torno a los 15-20 cm.
La
cabeza es ancha, comprimida y los ojos son pequeños, algo adelantados y
prominentes, de color marrón o grisáceo y con pupilas redondas, negras. No
tienen parpados. El hocico es bastante redondeado. En la garganta tiene un
repliegue cutáneo a modo de collar que recibe el nombre de “pliegue
gular”.
La
piel es rugosa y está cubierta de multitud de pequeños tubérculos terminados
en punta negra. La coloración es marrón, olivácea, aunque depende de las
variables ecológicas (temperatura ambiental o del agua, color del entorno,
luminosidad del momento, actividad del ejemplar, etc.) En la zona dorsal
muestra unas manchas ovaladas y más oscuras que el tono general, que se
hacen más patentes en el vientre, al ser éste más claro. En ambos costados
podemos observar unas hileras de 7 a 11 tubérculos glandulares de color
anaranjado o amarillento, por los que a veces sobresalen los extremos
puntiagudos de las costillas.
La
cola, bastante musculosa, es más larga que la cabeza y el cuerpo juntos, y
está comprimida lateralmente. En su parte superior tiene una cresta que
aparece más desarrollada durante la época del celo. Las extremidades
posteriores tienen 5 dedos y son más largas que las anteriores, que tienen 4
dedos.
Los
machos son más estilizados, tienen la cola y las patas más largas que las
hembras y durante el celo desarrollan unas callosidades nupciales negruzcas
en patas y brazos que facilitan el acoplamiento. Las hembras alcanzan
mayores tamaños, con un tronco más engrosado.
Todas estas características nos permiten distinguir fácilmente al Gallipato
del resto de los anfibios que tenemos en Granada.

Detalle
hembra: Sierra de Madrid, Íllora (Granada), Mayo 2004.
Larvas.
Pueden
confundirse fácilmente con las del tritón pigmeo, aunque alcanzan mayores
tamaños que las de éste. En los periodos iniciales suelen ser translúcidas,
haciéndose más opacas con el tiempo. Tienen los dedos bastante largos y las
branquias muy desarrolladas, semejantes a unos plumeros. La cresta caudal
comienza en el extremo posterior de la cabeza y no tienen al final de la
cola los típicos lunares negros del tritón.

Fase
larvaria: Cardeña (Córdoba), Abril 2004.
Distribución geográfica:
El gallipato es una especie de distribución ibero-magrebí, presente en gran
parte de la península Ibérica y en el norte de Marruecos, habiéndose
constatado leves diferencias genéticas entre las poblaciones situadas a
ambos lados del Estrecho. Por el norte llega hasta las provincias de León,
Burgos, Palencia y hasta Tarragona por el este. Escasea más conforme nos
desplazamos en dirección sureste. En Andalucía aparece en todas las
provincias excepto Almería, siendo mucho más abundante en la mitad
occidental.
En nuestra provincia se extiende desde su límite oeste (Poniente Granadino),
hacia la Vega de Granada, que ocupa en su borde septentrional, encontrando
el límite en el municipio de Pinos Puente. Fuera de esta zona de
distribución más o menos continua existen pequeños núcleos aislados en
Albolote, Colomera, Moclín, Sierra de las Albuñuelas y Güejar Sierra, donde
se localizan las citas más Orientales. Las poblaciones más saludables se
extienden por los municipios de Zafarraya, Loja, Íllora y Alhama de Granada.
Las que estaban presentes en la comarca del Temple y las Turberas de Padul
parece ser que se extinguieron hace dos décadas.

Mapa de distribución provincial.
Ecología de la especie.
Es una especie típicamente mediterránea, poco exigente en cuanto a las
características del medio que ocupa, tanto terrestre como acuático. Lo
podemos encontrar en zonas bien conservadas y también en otras bastante
alteradas: lindes de cultivos no intensivos, pinares de repoblación,
quejigales, encinares, adehesados o no, etc.
Su rango de distribución altitudinal en la provincia es de 470-1565m, siendo
esta última la máxima altitud a la que ha sido encontrado hasta la fecha en
toda su área de distribución, concretamente en la Sierra de Loja.

Hembra
adulta: Nava de Cabra, (Córdoba),
Marzo 2001.
El gallipato
lleva una vida principalmente nocturna y terrestre, y durante el día se
oculta bajo piedras, troncos o cavidades subterráneas. En la fase acuática y
en el celo puede ser muy activo durante las horas de luz.
Finalizado el
verano, época en la que permanecen inactivos en sus refugios terrestres, y
con la llegada de las primeras lluvias se dirigen a las zonas húmedas, que
utilizarán para reproducirse. Originariamente usaban charcas naturales y
zonas remansadas de arroyos con poca corriente con o sin vegetación
acuática. La progresiva alteración por parte del hombre de estos hábitats,
les obliga hoy en día a buscar cualquier punto de agua que permita el
desarrollo de las larvas, ya sea alberca, piscina, pozo o abrevadero para el
ganado. Cuando caen en lugares de los que no pueden salir, se vuelven
completamente acuáticos. No son muy exigentes en cuanto a la calidad de las
aguas y soportan un amplio gradiente de temperaturas, desde 0º a más de 20º
C. El agua no debe estar necesariamente limpia y es abundante en zonas de
gran turbidez por sedimentos en suspensión, donde no necesita su deficiente
vista y se alimenta gracias al olfato. Asimismo tolera cierto grado de
contaminación, sobre todo de nitrógeno proveniente del ganado, o incluso
aguas salinas, en las que puede reproducirse sin problemas.
Los machos
suelen llegar primero a los lugares de puesta, y si estos no tienen agua,
porque las precipitaciones hayan sido escasas, permanecen escondidos en las
inmediaciones a la espera de que haya la suficiente. El macho, tras
reconocer a la hembra por su olor, se sitúa debajo de ella sujetándola con
sus brazos y colocándosela a la espalda. En esta posición pueden permanecer
varias horas e incluso días. A continuación suelta un brazo y se voltea,
estimulando a la hembra y depositando en el suelo una serie de pequeñas
bolsas (6 o 7) que contienen los espermatozoides. Estas bolsas se denominan
“espermatóforos”. La hembra los recoge ayudándose con las
patas y los introduce en su oviducto, momento en el cual se separan. Si
existen muchos machos las cópulas pueden ser muy disputadas y en las
trifulcas consiguientes algún macho ajeno puede depositar su propio
espermatóforo cerca de la hembra de algún contrincante.

Callosidades
nupciales macho. Sierra de Loja (Granada), Enero 2004.
Tras uno o dos días la hembra comienza a poner
los huevos, unos 150 las más jóvenes y más de 1300 las mayores. Al contactar
con el agua se hinchan y alcanzan un centímetro de diámetro, siendo
depositados en grupos o sueltos sobre las plantas u objetos del fondo de la
charca. Al cabo de los días las charcas alcanzan una alta concentración de
huevos que flotan sobre la superficie o cubren todos los objetos presentes
en ellas, ramas, cardos caídos al agua e incluso basuras depositadas por
algún desaprensivo. Pasadas dos semanas aparecen las pequeñas larvas, de
apenas 1 cm. de longitud. Cuando son pequeñas se alimentan de plancton y
conforme van creciendo se van haciendo cada vez más voraces, capturando
invertebrados e incluso larvas de su misma especie o de otros anfibios. Su
desarrollo depende de las condiciones físicas ambientales y meteorológicas
del lugar, aunque por lo general pierden las branquias a los 4 meses, cuando
miden hasta 7 u 8 cm. de longitud.
Los pequeños gallipatos abandonan el agua
coincidiendo con las primeras lluvias otoñales, y van dispersándose por los
alrededores de las charcas. En años húmedos pueden producirse auténticas
explosiones demográficas. Esta situación se produjo en el año 1996 en una
charca del municipio de Íllora. La cercanía de una carretera supuso la
muerte de miles de subadultos que comenzaban su etapa terrestre. La madurez
sexual la alcanzan a partir del año y medio y pueden vivir más de 20 años en
cautividad.

Metamórfico:
Sierra de Loja (Granada), Marzo 2004.
Se alimentan de pequeños invertebrados
(lombrices, arañas, hormigas, escarabajos, etc.) a los que localizan
mediante el olfato y por sus movimientos. Al igual que las larvas, los
adultos son muy voraces, y se da el caso a veces de que intentan comerse el
cebo colocado en los anzuelos, con el consiguiente disgusto del pescador
afectado.
Sus principales enemigos naturales son las
culebras de agua y algunas aves acuáticas como las garzas. Los peces
introducidos (carpas, lucios) y el cangrejo americano, atacan principalmente
a las puestas y a las larvas.

Cangrejo
rojo americano: Pantano de Puentes, Lorca (Murcia), Octubre 2004. Su
introducción ha supuesto nefastas consecuencias para nuestra fauna
autóctona.
Cuando se ve amenazado adopta una conducta
defensiva, arqueando el cuerpo. También produce sustancias tóxicas a través
de las glándulas de la piel, y lo más llamativo es que a voluntad, puede
atravesar su piel con los extremos puntiagudos de sus costillas, provocando
un doloroso pinchazo a aquel que intenta comérselo. Para el hombre es
completamente inofensivo, y las únicas precauciones que debemos tomar si
cogemos uno, es lavarnos posteriormente con abundante agua y jabón, no
tocarnos la boca o los ojos y sobre todo tener cuidado de no pincharnos con
sus punzantes costillas.

Garcilla
cangrejera con un Gallipato en el pico. Sevilla. Foto amablemente cedida por Juan B. Russo.
Estado de conservación, problemática:
El
hombre desde tiempos inmemoriales ha drenado las zonas húmedas y ha
modificado el hábitat del gallipato. En compensación y sin saberlo a veces
también lo ha beneficiado, pues al construir albercas, pozos, abrevaderos y
charcas para el ganado, ha incrementado los lugares aptos para su
reproducción y ha permitido la colonización de nuevas zonas. Pero los
recientes cambios de uso del suelo a los que asistimos, con la consiguiente
intensificación de la agricultura y la ganadería, el incremento de las zonas
urbanizadas y las infraestructuras de transporte a ellas asociadas, nos han
conducido a la situación actual, que casi podemos calificar como
catastrófica para el gallipato y otros anfibios de nuestra provincia.
Las
albercas de riego que antes estaban a ras del suelo subsisten secas y
agrietadas y son sustituidas por depósitos metálicos elevados o son
cubiertas completamente para evitar que el agua se evapore o se ensucie,
eliminando la posibilidad de que puedan ser utilizadas como punto de
reproducción. Los pozos tradicionales también son sustituidos por modernos
sondeos completamente cerrados, los abrevaderos del ganado hoy en día son
bañeras viejas o recipientes metálicos. Los cultivos de secano de toda la
vida (olivar y almendro) se están convirtiendo a pasos agigantados en
regadíos, consumiendo ingentes cantidades de aguas subterráneas que
anteriormente surtían a lagunas y fuentes, la mayoría de las cuales han
terminado por secarse. Además el agua extraída de los acuíferos se almacena
en modernas balsas de fondo sintético y sección trapezoidal que actúan como
una verdadera trampa para muchos vertebrados, como bien conocen los lectores
de esta revista.
El
uso de maquinaria pesada cada vez es más frecuente, y los pequeños humedales
que habían sobrevivido al paso del tiempo, son fácil y rápidamente
eliminados y transformados en terrenos de cultivo. La contaminación de las
aguas va a más; productos fitosanitarios, hidrocarburos, materia orgánica,
acabando cada año con las nuevas hornadas de larvas, que son el futuro de la
especie.
Las
carreteras, cada vez más transitadas y el asfaltado de caminos que no poseen
medidas correctoras para la fauna provocan mortandades no soportables para
algunas poblaciones. Existen varios puntos negros en el Poniente Granadino,
donde en otoño pueden perecer cientos de ejemplares adultos en una sola
noche cuando se dirigen a los puntos de freza. Destaca negativamente sobre
todo una carretera situada en el término municipal de Íllora.
La
introducción de especies de fauna foránea (cangrejos, peces, galápagos), por
diferentes motivos; pesca deportiva, acuariofilia o como un simple adorno en
multitud de zonas húmedas, también constituye un grave problema. Así,
recientemente la suelta de carpas rojas en una laguna de Zafarraya, ha
supuesto la desaparición de una de las comunidades más diversas de anfibios
de toda la provincia. Los periodos de sequía que desfavorecen a los
anfibios, en ocasiones pueden ser un remedio para acabar con estos
depredadores potenciales, al secarse las charcas donde han sido soltados,
permitiendo la recolonización por parte de sus antiguos moradores cuando
acabe el periodo de sequía, en caso de que no se hayan extinguido.
Si
bien es cierto que su presencia es ahora mejor tolerada que antaño, todavía
se producen casos de eliminación directa de ejemplares por parte del hombre,
fruto del desconocimiento y de la supuesta repugnancia que acompaña a estos
animales.

Laguna
afectada por la introducción de carpas: Zafarraya (Granada), Octubre 2002.
Sería necesaria eliminarlas para permitir la recolonización por parte de los
anfibios.
Propuestas de conservación
· Realizar
campañas de concienciación ambiental sobre la especie y los problemas de
supervivencia que tiene, trabajando principalmente con la población juvenil
de las zonas donde aún sobrevive.
· Detectar
aquellos puntos negros en carreteras y caminos, señalizándolos y construir
pasos subterráneos adecuados.
· Proteger
adecuadamente las charcas que sirven como puntos de cría, especialmente las
que sustentan a las escasas poblaciones más orientales, completamente
aisladas del área de distribución principal. A tal efecto podría
establecerse una especie de red de “microreservas”.
En relación con este último punto, queremos
llamar la atención sobre la grave situación en que se encuentra una de estas
zonas, concretamente la laguna de Arenales, en el término municipal de
Albolote. Este pequeño humedal es el resto de una gran extensión que
permanecía permanentemente inundada, hace no más de 40 años. Pues bien, hoy
en día asistimos a su agonía, sin que nadie haga nada por remediarlo. La
excesiva extracción de agua del acuífero que la sostiene, tras la
construcción de la prisión provincial y la puesta en regadío de la enorme
extensión de olivar que la rodea, conlleva el hecho de que permanezca
completamente seca. Se da el caso que durante el año pasado, considerado
como bastante húmedo, sólo tuvo una pequeña lámina de agua a partir del mes
de mayo, y durante poco tiempo, por lo que no pudieron completar su ciclo
reproductivo las distintas especies de anfibios que la utilizan, entre ellas
el gallipato, el tritón pigmeo y el sapo de espuelas.

Laguna de
Arenales: Albolote (Granada), Mayo 2004. Hoy en día permanece completamente
seca.
El Gallipato en la Sierra de Baza
Aunque existen algunas referencias sobre la presencia del Gallipato en la
Sierra de Baza, esta no ha podido ser confirmada recientemente. Desde aquí
animamos a los lectores de la revista, a que nos comuniquen si tienen algún
dato sobre su presencia en las comarcas de Baza, Guadix o Huéscar.
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