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Ficha técnica:
Clase:
Anfibios
Orden:
Anuros (anfibios sin
cola)
Familia:
Pelobatidos
Género: Pelobates
Especie: cultripes
(Cuvier,
1829)
Estatus legal:
Está catalogado dentro de la ley andaluza de especies amenazadas (Ley
8/2003, de 28 de Octubre, de la flora y la fauna silvestres) con la
categoría “De interés especial”, en la que se recogen aquellas especies que,
no estando incluidas en otras categorías de protección superior (extintas,
en peligro de extinción, sensible a la alteración de su hábitat,
vulnerables), son merecedoras de una atención particular en función de su
valor científico, ecológico, cultural, o por su singularidad.
Descripción:
Al
encontrarnos ante un sapo de espuelas, lo que más nos llama la atención sin
duda son sus enormes y prominentes ojos. Es un sapo grande, de entre 6 y 10
cms. de longitud, y bastante rechoncho, con un hocico ancho, cabeza grande
aunque poco diferenciada del resto del cuerpo. Las pupilas son negras y
están situadas en posición vertical. El color del iris es dorado con manchas
irregulares de color negro. No son perceptibles ni las glándulas parótidas
ni los tímpanos. La cabeza destaca por su desarrollo vertical y por la
compacidad y masividad del cráneo, adaptado para la excavación y el
movimiento en pequeñas galerías.
La
piel de la zona superior de la cabeza es rugosa y esta directamente adherida
al cráneo. En el resto del cuerpo es lisa y brillante, con pequeñas verrugas
redondeadas situadas en los costados. La coloración varía de unos ejemplares
a otros, incluso entre los de una misma población. El color de fondo suele
ser gris pálido con matices algunas veces verdosos o amarillentos, y
presenta manchas irregulares jaspeadas que se unen entre sí formando un
dibujo que se asemeja vagamente a un mapa, verdosas con un ligero tono
azulado. La garganta y el vientre son claros, tienden al color crema con
manchas o puntos parduscos.

Detalle
cabeza y ojo, Caravaca (Murcia), abril 2005.
Las
extremidades son largas, bien adaptadas para el salto. Las patas anteriores,
como en todos los anuros, tienen cuatro dedos, en este caso sin membrana
interdigital, que sí aparece entre los cinco dedos de las posteriores. Lo
más destacado es que en la zona interior de las plantas de las patas
traseras se localizan 2 tubérculos córneos de color negro, a modo de
espolón, que es lo que le da el nombre a la especie y que utiliza para
cavar. Se trata de una característica única entre los anuros de nuestra
península, y típica del género al que pertenece.
Dimorfismo sexual
Las
hembras son más grandes que los machos y tienen un diseño más llamativo. Los
machos pueden presentar una tonalidad más uniforme, bien en la mitad
anterior del cuerpo, bien por todo este. Estos no desarrollan callosidades
nupciales durante la época de celo, aunque si tienen unas glándulas
engrosadas en los antebrazos, mas abultadas durante la etapa reproductora.

Macho
adulto, Caravaca (Murcia), abril 2005.
Larvas: Al
nacer miden un 1 cm. de longitud, su piel es muy traslúcida, de tonos
dorados con brillos metálicos. Esta se va tornando más opaca y oscura
conforme van creciendo y el brillo azul-irisado se va acrecentando. Desde
que son muy pequeñas se caracterizan por tener los ojos muy separados, y por
la presencia de una cresta caudal grande y muy alta, que nace en el centro
de la cabeza. Termina en una punta fina y recuerda de perfil a una hoja de
árbol. La membrana caudal es translúcida. El abdomen, muy abultado, es claro
en su parte inferior, con manchas blancas, contrastando con la zona dorsal y
la parte musculosa de la cola, de color verdoso o pardo. Presenta
características manchitas plateadas en ejemplares medianos grandes. El
espiráculo se sitúa en el lado izquierdo del cuerpo y en la boca poseen un
prominente pico corneo de color negro. Ya al comienzo de la metamorfosis,
momento en el que van apareciendo las extremidades traseras, se hace
visible la presencia del espolón negro. Pueden llegar a alcanzar hasta 15
cms. de longitud, por lo que son los renacuajos más grandes de todos los
anuros de la península. Cuando presentan un tamaño pequeño-mediano (2-4 cms.)
son extremadamente parecidos a los de la ranita meridional (Hyla
meridionalis).

Larva,
Cardeña (Cordoba), abril 2004.
Distribución geográfica:
El
sapo de espuelas se distribuye por la península ibérica y el sur de Francia.
No aparece ni en la cordillera Cantábrica ni en los Pirineos, y es más
escaso en el sureste peninsular. Debido a su exigencia a la hora de
seleccionar el hábitat no se distribuye de modo continuo, sino en
poblaciones aisladas, a veces decenas o cientos de kilómetros. Recientemente
ha sido localizado por primera vez en la provincia de Almería, concretamente
en el municipio de Vélez-Blanco, por parte de Emilio González Miras, en el
marco del proyecto de conservación de anfibios que lleva a cabo la
Delegación Provincial de la Consejería de Medio Ambiente en dicha provincia.
Esta población, junto con las presentes en la zona occidental de Murcia
(Lorca y Caravaca, también recientemente descubiertas) y todas las de
Granada, constituyen el límite de distribución suroriental de la especie,
siendo las más amenazadas, sobre todo por situarse en medios bastante áridos
y con pocos puntos de reproducción conocidos. Concretamente en Granada,
aparece en Sierra Gorda (Loja), Llanos de Zafarraya, La Alcaicería (Alhama
de Granada) depresiones de Guadix, Granada y Baza y en puntos muy concretos
y aislados de los Montes Orientales y del norte de la provincia.

Mapa de distribución provincial.
Ecología de la especie.
Selecciona hábitats abiertos y despejados, (dehesas, cultivos de secano,
bordes de bosque), estando muy condicionado por la naturaleza del sustrato,
que suele se arenoso o por lo menos suficientemente blando y profundo, para
poder cavar los refugios en que se esconde. La máxima altitud que alcanza en
Granada son 1480 m en Cueva Horadada, sierra de Loja.
Son
nocturnos y permanecen casi todo el tiempo en agujeros y huecos entre las
piedras, así como en galerías que el mismo animal excava con las espuelas.
Esta costumbre es compartida por sus parientes cercanos de Marruecos y
Europa central y oriental.
Con la llegada de las lluvias otoñales y primaverales y con tiempo templado,
comienza el periodo reproductor. Seleccionan charcas temporales, pero con
suficiente volumen de agua que permita su largo desarrollo larvario (entre 2
y 4 meses). Estas suelen ser charcas tradicionales para abrevar al ganado
(navajos), pantanetas de riego, lagunas naturales y canteras abandonadas. Al
igual que el gallipato, con el que muchas veces comparten charca, no son muy
exigentes en cuanto a la calidad de las aguas en que se reproducen. Estas
suelen estar muy turbias. Una vez que abandonan sus refugios, se dirigen a
los puntos de cría, primero llegan los machos e inician su reclamo con un
canto de tonos graves que emiten bajo el agua. Las hembras no tardan en
aparecer iniciándose las cópulas, consistentes en un amplexo inguinal.
Conforme la hembra desprende los huevos, son fecundados por el macho, y van
depositándose en el fondo de la charca generalmente y también en plantas
fijadas al sustrato. El amplexo puede durar más de 3 días. Las puestas se
presentan en cordones de un metro de longitud aproximada y llegan a contener
hasta 3500 huevos, de tonalidad clara en la parte inferior y oscura en la
superior. Los huevos, dentro del cordón, se disponen aleatoriamente, aunque
a lo ancho puede haber 4 o 5, y no dos como en el caso de los sapos
verdaderos (género Bufo).

Charca
utilizada por el sapo de espuelas para reproducirse, Sierra de Loja
(Granada)
Después de aproximadamente una semana, dependiendo de la temperatura,
eclosionan los renacuajos y comienzan un desarrollo contrarreloj pues en 3
o 4 meses deben haber finalizado su metamorfosis, antes de que las charcas,
casi siempre temporales, se queden sin agua. A veces se producen mortandades
masivas por esta causa. Son muy voraces y devoran materia vegetal, carroña y
detritus, incluyendo los cadáveres de sus propios congéneres. Cuando las
larvas completan el desarrollo miden unos 20-35 mm, siendo los anuros más
grandes de los presentes en la península, al momento de emerger.

Detalle del
tamaño de una larva próxima a finalizar la metamorfosis, Andujar (Jaén),
mayo 2004.
Una
vez fuera del agua se alimentan de artrópodos, babosas y lombrices, que
capturan activamente al menor movimiento. Ellos a su vez son presa de gran
variedad de aves acuáticas y de pequeñas rapaces diurnas o nocturnas. Las
culebras acuáticas y pequeños mamíferos carnívoros también forman parte de
sus depredadores. Las larvas no se libran tampoco y son consumidas por otros
anfibios (gallipatos, tritones), galápagos, culebras viperinas y de collar,
larvas de insectos acuáticos, garzas, cigüeñas, etc.
Sus
mecanismos de defensa son pasivos, y se limitan a hincharse y elevarse sobre
el suelo cuando están amenazados y a emitir una especie de maullido muy
sonoro cuando son capturados.
Poseen una elevada longevidad, hasta 10 años o más, que les permite
sobrevivir a los prolongados periodos de sequía.
En
zonas de Castilla y Levante hay años caracterizados por la abundancia de
sapos, contrastando con otros en que no llegan a reproducirse, debido a las
alteraciones climáticas que impone nuestro clima mediterráneo. En latitudes
más norteñas, donde la presencia de agua es más continua, no se produce este
desequilibrio de unos años a otros. Es una especie muy bien adaptada a estos
ciclos irregulares.

Juvenil a
punto de finalizar la metamorfosis, Cardeña (Córdoba), abril 2004
Estado de conservación,
problemática:
Sus
problemas son los mismos que los del resto de nuestros anfibios:
-
Desecación de
charcas.
-
Atropellos en
periodo reproductor.
-
Sustitución de
charcas para ganado por modernos contenedores altos donde no pueden
entrar; o balsas de fondo sintético de las que no pueden salir.
-
Contaminación de
charcas por productos fitosanitarios.
-
Introducción de
depredadores alóctonos (cangrejo americano, carpas, galápagos
americanos).
Las
condiciones climáticas son un factor crucial para esta especie, ya que la
pronta evaporación de las charcas provoca la muerte de miles de larvas y
esto, unido a algún periodo de sequía puede dar lugar a varios años sin que
exista reproducción efectiva. Si a esto añadimos, que durante estos periodos
secos muchos terrenos potencialmente encharcables son transformados y
puestos en cultivo, llegamos a la situación actual, caracterizada por la
lenta e inexorable desaparición de la mayoría de las poblaciones presentes
en territorio granadino.
Hoy
en día nuestras poblaciones son muy puntuales y están aisladas entre sí, sin
que exista intercambio genético. Las poblaciones más estables son las
presentes en Sierra Gorda, Zafarraya y depresión de Guadix. Las más
amenazadas son las de la comarca del Temple y la presente en la laguna de
Arenales en Albolote.

Juvenil,
Cardeña (Córdoba), mayo 2004.
Propuestas de
conservación
Las
actuaciones de conservación del sapo de espuelas deben ir dirigidas a:
1.
Conservación de las charcas reproductoras. Se trata de pequeños oasis
situados en amplios territorios caracterizados por la ausencia de agua, y
son vitales para la reproducción de nuestras especies de anfibios. Es
necesario realizar un inventario de estas charcas, analizando su estado
actual y las amenazas que se ciernen sobre ellas, garantizando su futuro
independientemente de que estén situadas en terrenos privados o públicos,
pues no tiene sentido proteger una especie sobre el papel, si no se protege
el medio sobre el que se desarrolla.
2.
Establecimiento de nuevos puntos de reproducción. Partiendo de las
charcas actualmente ocupadas, sería necesario establecer otras nuevas, que
permitan la progresiva colonización por parte de los sapos, con vistas a
conseguir a medio-largo plazo, una conexión entre las distintas poblaciones
presentes en la provincia. Estas actuaciones no serían muy costosas, y
consistirían en excavar charcas de tierra con paredes de pendiente suave en
zonas deprimidas del terreno, que permitan el acumulo del agua de la lluvia.
También podrían acondicionarse charcas en los socavones de canteras
abandonadas.
3.
Control de las nuevas estructuras asociadas al uso del agua. Los
modernos embalses para riego suponen una grave amenaza para esta y otras
muchas especies, pues suponen una trampa mortal, al no poder escapar una
vez que han caído dentro. Sería necesario establecer vallados de protección,
con malla espesa que impida el paso de pequeños animales, e incluso en otros
casos, establecer mecanismos que permitan el escape de los animales, por lo
que incluso estos nuevos puntos de agua servirían como lugares de
reproducción.
4.
Fomento de la ganadería extensiva tradicional y de la agricultura de
secano. Las estructuras construidas para acumular agua asociadas a estas dos
actividades (abrevaderos, fuentes, albercas) han permitido la existencia de
nuestros anfibios en medios semiáridos y cársticos. Es preciso mantenerlos
en buen estado y no sustituirlos por otros sistemas incompatibles con las
formas de vida que a lo largo de los siglos se han adaptado a vivir en
ellos.

Vista
frontal, Sierra de Loja (Granada), marzo 2004.
El sapo de espuelas en
la Sierra de Baza.
La
presencia de este sapo en el Parque Natural de la Sierra de Baza, se limita
a las zonas bajas de la parte más occidental, en el punto de contacto con la
depresión de Guadix. Existen citas sobre su reproducción en Charches y
Alcudia de Guadix, aunque se desconoce el estado actual de estas
poblaciones. Agradeceríamos cualquier información sobre su presencia en
estas y otras zonas de las comarcas del Norte de Granada.
Sería necesario muestrear los amplios territorios del Parque Natural, sobre
todo en zonas bajas, que pudieran poseer poblaciones de la especie
desconocidas hasta la fecha, y llevar a cabo el listado de actuaciones de
conservación anteriormente enumerado en todo el territorio del parque, con
el consiguiente beneficio para esta y otras valiosas especies presentes en
él.

Uno de los escasos puntos que utiliza el sapo
de espuelas para reproducirse en Granada, Sierra de Loja.
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