FICHAS DE FAUNA DE LA PROVINCIA DE GRANADA. (Anfibios y reptiles)

 

  

 

 

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En la presentación de la serie de fichas sobre anfibios de Granada, hace ya unos meses, tomamos como imagen emblemática a una salamandra, y no era por casualidad. Se trataba de un ejemplar de la subespecie longirostris, que hasta hace unos 15 años todavía habitaba la zona occidental de nuestra provincia. Actualmente se da por extinguida. Por fortuna todavía podemos encontrar a la otra subespecie, la morenica en las sierras de noreste provincial. Esperemos que esta lamentable circunstancia no vuelva a repetirse con ninguna otra de nuestras especies de anfibios. La salamandra es un anfibio grande y llamativo, rodeado de varias leyendas negras, que no ayudan mucho a su conservación, como más adelante veremos.

 

 

Salamandra común (Salamandra salamandra)

  

Por José Luís Esteban Sánchez, Javier Fuentes Martín y Eduardo Escoriza Abril (AHG)

 

 

Salamandra de la subespecie morenica,  Sierra de la Sagra (Granada), enero 2005.

 

 

 

Ficha técnica:

 

Clase:      Anfibios

Orden:     Urodelos (anfibios con cola)

Familia:   Salamándridos

Género:   Salamandra

Especie:   salamandra (Linnaeus, 1758)

Cuenta con varias subespecies en su ámbito geográfico europeo (hasta 16 según diferentes autores). En la península ibérica se reconocían hasta nueve subespecies, aunque tras recientes estudios genéticos, han quedado reducidas a 5 grupos monofiléticos. Estos son:

-S. s. bejarae /almanzoris, distribuidas por el interior peninsular y la Sierra de Gredos.

-S. s. fastuosa / bernardezi, distribuidas por el tercio norte peninsular.

-S. s. gallaica / terrestris, en Galicia y Extremadura la primera y la segunda en Cataluña.

-S. s. morenica / crespoi,  sur de Portugal y Sierra Morena.

-S. s. longirostris, al sur del Guadalquivir.

 

Estatus legal: En la comunidad andaluza contamos con dos de estas subespecies;  S.s. morenica, catalogada en el libro rojo de los vertebrados andaluces como casi amenazada, y S.s. longirostris incluida en una categoría de amenaza mayor, vulnerable.

 

 

 

Salamandra de la subespecie longirostris, Parque Natural de los Alcornocales (Cádiz), noviembre 2004.

 

 

Descripción:

 

La salamandra es un urodelo de talla mediana a grande, con un tamaño que en la península Ibérica puede superar los 250 milímetros de longitud total. La cabeza es robusta con grandes glándulas parótidas, en las que son visibles una serie de poros glandulares, situadas detrás de unos ojos prominentes con pupilas marrones y redondas. El  cuerpo es de sección cilíndrica, de piel lisa con surcos en los costados y poros glandulares que se dividen a ambos lados del cuerpo llegando hasta el principio de la cola. El dibujo de la piel es muy variable aunque suele tener una base negra salpicada de manchas amarillas que pueden variar en forma y tamaña según la subespecie. Estas manchas suelen ser arriñonadas en las subespecies meridionales. En las que habitan más al norte el amarillo en la piel es más abundante, con franjas continuas desde los ojos hasta la cola. Esta es  también  de  sección cilíndrica o un poco comprimida. La patas son cortas con cuatro dedos en las manos anteriores y cinco en las traseras.  El vientre es oscuro con manchas claras, amarillentas.

 

Existen casos de  pigmentación anómala como pueden ser  albinismo, y melanismo. Asimismo se han documentado varios casos de neotenia.

 

 

 Albinismo en larva de salamandra morenica, Sierra de Castril, (Granada), 1999.

 

 

El dimorfismo sexual no es muy acusado aunque los machos son más estilizados y tienen la cola más larga. En la época nupcial presentan la zona cloacal abultada. Las hembras son por lo general más robustas, con patas algo mas cortas y un mayor peso en condiciones normales.

 

Existen leves diferencias que nos permiten distinguir a las 2 subespecies presentes en Andalucía. La longirostris es de mayor tamaño y tiene el hocico más alargado y puntiagudo. Las manchas de su piel siempre son amarillas. La morenica  es ligeramente más pequeña, con el hocico más corto y  puede tener manchas rojizas, sobre todo en las glándulas parótidas.

 

 

 

Detalle salamandra longirostris, Parque Natural de los Alcornocales (Cádiz), noviembre 2004.

 

 

 

Detalle salamandra morenica , Sierra de Andújar (Jaén), marzo  2004.

 

 

La característica morfología de la salamandra hace que sea muy difícil confundirla con otros urodelos ibéricos.

 

Larvas: En el momento de nacer, las larvas de salamandra tienen una longitud total de entre 24mm y 36mm, rango este muy variable según las condiciones geográficas y ambientales. La cabeza  es ancha y de gran tamaño con penachos branquiales rosados, variables en tamaño según la oxigenación del agua donde habiten.  Los ojos son grandes y bien definidos con los que detectan movimiento a mas de 50 cm. El cuerpo esta lateralmente algo aplanado y es un poco mas largo que la cola .Esta se presenta  comprimida  y  tiene  una cresta dorsal que nace  hacia la mitad del tronco. El final de la cola suele ser redondeado. En el dibujo de la piel se observan manchas que discurren paralelas al cuerpo de un color verde oliváceo sobre un verde amarillento mas pálido. En el comienzo de las patas presentan manchas claras de color amarillo apagado que se hacen más visibles en estados avanzados del desarrollo. Las patas son robustas, no muy largas y tienen cuatro dedos en las manos anteriores y cinco en las posteriores. En el momento que completan la metamorfosis y abandonan el agua, miden entre 60mm y 65mm, dándose casos de tallas mayores. Así ocurre por ejemplo, cuando  las larvas no pueden salir del interior de un pozo donde haya descendido mucho el nivel freático. En estos casos pueden alcanzar tallas de hasta 95mm y resulta sorprendente ver estos ejemplares tan grandes conservar las branquias completamente desarrolladas.

 

 

Larva de la subespecie longirostris, Sierra del Jobo (Málaga), marzo 2004.

 

 

Distribución geográfica:

 

Posee una amplia distribución que abarca en Europa desde Portugal hasta el norte de Alemania, los países balcánicos, Grecia, Turquía, extendiéndose también por Asia menor en Iraq y el oeste de Irán. En nuestro país se extiende por  todo el litoral cantábrico, Galicia, norte de Castilla y León, Pirineos y gran parte de Cataluña. Conforme bajamos hacia el sur las poblaciones se hacen mas montanas en el interior peninsular estando mejor representada en la mitad occidental. La encontramos en el Sistema central, Extremadura, Montes de Toledo, Sierra Morena y montañas litorales y prelitorales de Cádiz y Málaga, llegando aquí de nuevo al nivel del mar. En el sureste encontramos poblaciones en Jaén, Albacete, Granada y Murcia.

 

En nuestra provincia, como hemos comentado anteriormente existían dos subespecies diferentes: S.s. morénica y S.s. longirostris.

 

La primera de ellas, actualmente está poco extendida, limitada a la zona noreste, sierras de Castril, Seca, Guillimona y Sagra y forman parte de un importante núcleo que también se extiende por las vecinas sierras de Cazorla, Segura, Alcaraz y Noroeste murciano.

La longirostris, que es un endemismo del Sistema Bético suroccidental, abarcaba en principio el oeste de Sierra Nevada, y las sierras béticas más occidentales de la provincia (Tejeda, Gorda, Gibalto y de Alhama).También existen referencias de su presencia en la Sierra de Huetor. La asignación de las citas de Sierra Nevada a esta subespecie, es supuesta, al no existir conservado ningún ejemplar colectado en la zona, aunque sería lo más lógico, dada su mayor cercanía a las Sierras de Tejeda y Almijara. La última observación de un ejemplar en territorio granadino de la que tenemos constancia, data de 1989 (comunicación personal de Juan Pablo González de la Vega). Como últimos lugares donde fue citada, tenemos los Cahorros de Monachil, turberas del Padul, Zafarraya y la Venta de la Correa en Loja.

 

En las sierras más occidentales, aún se puede encontrar, pero ya en territorio malagueño, a escasos 9 km. del límite entre ambas provincias.

 

Aunque de vez en cuando nos llegan algunas referencias sobre su presencia en diferentes municipios granadinos, no hemos podido confirmar ninguna de ellas, por lo que la probabilidad de que se haya extinguido es altísima.

 

 

Mapa de distribución provincial.

 

 

Ecología de la especie.

 

Su actividad es predominantemente nocturna, aunque en climas húmedos se les puede observar incluso de día, durante jornadas lluviosas y de temperaturas suaves. Sus poblaciones en la inmensa mayoría de los lugares se han visto relegadas a zonas montañosas que conservan arroyos prístinos y zonas boscosas bien conservadas. Es más frecuente en bosques de fronda al conservar estos una mayor humedad ambiental. Generalmente ocupan zonas de orientación umbría y con una pluviosidad superior a 700 litros de lluvia anuales. Son criaturas muy sedentarias, y tienen un  dominio vital  de entre 10 y 150 metros. Algunos individuos pueden pasar largas temporadas bajo la misma piedra o tronco.

 

 

Macho adulto de la subespecie longirostris, Sierra de las Nieves (Málaga).

 

 

La actividad de las salamandras varía en función de la región en  que habite. En el norte de España, se muestran activas desde principios de otoño a principios de invierno, reactivándose de nuevo en primavera, hasta comienzos de verano. En el sur su periodo de mayor actividad se centra en los meses de noviembre y febrero coincidiendo con la época de mayor pluviosidad. Su temperatura ideal es en torno a los 14º y la altitud mas frecuentada por la especie esta en torno a los 1000m de altitud, dato este variable según la región geográfica. En la cornisa cantábrica es mas frecuente en zonas costeras  mientras que es rara por debajo de los 200m en la zona sur. Alcanza hasta 2500m en el sistema central.

 

La máxima altitud citada para la subespecie longirostris son 1750m en la Sierra de las Nieves (Málaga) y 1750m para la morenica cerca del nacimiento del río Guadalquivir en Cazorla (Jaén).

 

La época de apareamiento se reparte en dos épocas; mediados de otoño y finales de invierno o primavera. Los acoplamientos tienen lugar en tierra. Cuando el macho localiza una hembra, corre hasta ella acosándola y subiéndose a su espalda. En esta posición consigue inmovilizarla. A continuación se sitúa debajo de ella y  con un ligero frote de su lomo consigue embelesarla. Ambos comienzan a realizar movimientos laterales de la cabeza y el macho contorsiona su cuerpo y cola. Tras permanecer unidos durante unos minutos, el macho deposita un espermatóforo de unos 10mm de longitud en el suelo. Entonces coloca a la hembra en la posición adecuada para que lo absorba a través de su cloaca. Posteriormente se separan. Las hembras tienen la capacidad de retener en su interior el esperma el tiempo necesario hasta que las condiciones ambientales sean propicias para que tenga lugar la ovulación. Por tanto, el periodo de gestación puede ser muy largo, hasta 8 o más meses.

 

Las salamandras, a diferencia del  resto de nuestros anfibios, no ponen sus huevos en el agua. Son “ovoviviparas”, es decir, los huevos se desarrollan dentro del útero materno y posteriormente paren larvas que sí depositan en el agua.

 

 

 

Hembra de longirostris, tras el parto de una larva en un pequeño regato, Parque Natural de los Alcornocales, (Cádiz), febrero 2005.

 

 

Las subespecies presentes en Andalucía, paren entre 20 y 70 larvas, dependiendo del tamaño de la hembra. Una de las peculiaridades en esta especie es el canibalismo intrauterino o “adelfofagia”. Consiste en que las larvas pueden devorarse unas a otras dentro del útero materno, por lo que nacen menos ejemplares pero de mayor tamaño y a veces incluso habiendo finalizado completamente la metamorfosis. Esta circunstancia no se da en ninguna de las subespecies presentes en Andalucía. Es más propia de las pertenecientes al complejo bernardezi / fastuosa, que se distribuyen por la cordillera Cantábrica y Pirineos.

 

Para depositar las larvas seleccionan arroyos limpios y no muy caudalosos. En ausencia de estos, también utilizan albercas, fuentecillas y abrevaderos para ganado. Una estructura tradicionalmente muy utilizada en la zona norte de nuestra provincia, son los denominados “tornajos”. Son un tipo de abrevadero para ganado, que se construye vaciando varios troncos de pino, y que generalmente se disponen consecutivamente, uno tras otro, aprovechando la pendiente del terreno.

 

La duración del desarrollo  acuático de las larvas es muy variable, y depende de distintos factores, fundamentalmente del tamaño que tenían al nacer, de la temperatura del agua, y de la disponibilidad de alimento. En nuestra provincia comienzan a observarse las primeras en los arroyos en el mes de Octubre, y suelen finalizar la metamorfosis una vez mediada la primavera, en los meses de Abril y Mayo.

 

Son muy voraces y localizan activamente dafneas, tricópteros, plecópteros, dípteros, etc., siendo incluso caníbales y llegando a consumir a otros congéneres casi de su mismo tamaño. A su vez ellas pueden ser devoradas por larvas de libélulas, ditiscos, escorpiones acuáticos, culebras y otros anfibios.

 

 

Detalle branquias en larva, Sierra del Jobo (Málaga), marzo 2004.

 

 

La alimentación de las salamandras adultas se compone de ciempiés, escolopendras, cochinillas de la humedad, babosas, caracoles, termitas y hormigas, dípteros, arañas, pequeños coleópteros y sus larvas y otros invertebrados. Alcanzan la madurez sexual a los 2 o 3 años y pueden vivir hasta 15 o 20.

 

Tanto los  ejemplares juveniles como los adultos liberan a través de las glándulas parótidas y por los poros glandulares una sustancia lechosa que contiene una toxina llamada salamandrina. Posee  efectos neurotóxicos y es un buen repelente contra muchos depredadores. En ocasiones excepcionales  incluso pueden lanzar esta sustancia a distancias realmente grandes. El llamativo dibujo de su piel, es también un elemento disuasorio frente a sus enemigos, ya que la asociación de algunos colores en la naturaleza (aposematosis) indica señal de peligro. En ocasiones adoptan una postura defensiva arqueando el cuerpo y exhibiendo sus colores y glándulas parótidas. Aún así tiene enemigos naturales como las víboras, culebras de collar, algunas aves y mamíferos como el turón o el jabalí.

 

Para el hombre, tanto adultos como larvas son  completamente inofensivos. Únicamente hay que tener la precaución de lavarse las manos y no tocarse los ojos o la boca tras haber manipulado a un ejemplar para evitar posibles irritaciones en las mucosas.

 

 

Estado de conservación, problemática:

 

Es  curioso que hasta hace pocos años la salamandra estaba catalogada como “no amenazada” en nuestro país. Desde hace 2 o 3 décadas asistimos a fuertes retrocesos poblacionales en multitud de lugares que contaban con su presencia tradicional. Incluso han desaparecido completamente de vastos territorios como zonas del sistema Ibérico, sin que estén muy claras las causas. Las salamandras granadinas no han conseguido escapar de este fenómeno de  retroceso generalizado.

 

La subespecie morenica  tiene en Granada su límite de distribución suroriental, por lo que se encuentra bajo la amenaza del efecto borde, más si cabe al situarse en macizos montañosos que constituyen auténticas islas de humedad en un entorno especialmente árido. Aunque sus poblaciones son puntuales, aún parece encontrarse en un relativo buen estado de conservación, sobre todo las que se sitúan en las Sierras de Castril, Seca, Guillimona y Sagra. Las más amenazadas son las situadas en las proximidades de la Puebla de Don Fadrique, que dependen para su reproducción de albercas y abrevaderos que se encuentran en un lamentable estado de conservación.

 

Las principales amenazas que se ciernen sobre esta subespecie son el incremento de la aridez, el abandono constatado de la mayoría de las estructuras artificiales que utilizan para reproducirse (albercas, pilones, fuentes y “tornajos” de madera), y la proliferación del jabalí, que deteriora sus puntos de reproducción, y aunque no está confirmado, es muy probable que deprede directamente sobre juveniles y adultos. Otros factores negativos son la destrucción directa por parte del hombre, a causa de su mala fama, el atropello en carreteras y caminos, la contaminación de los arroyos y el incremento del número de incendios en toda la zona, causado sobre todo por la errónea política reforestadora a base de coníferas iniciada durante la década de los 50 del siglo pasado.

 

 

Abrevadero tradicional para el ganado utilizado por las salamandras como punto de cría, Sierra de Castril, Octubre 2002.

 

 

Sería necesario un mejor muestreo de todo este extremo montañoso provincial, que permitiría conocer  con más detalle el estado de conservación de las poblaciones aquí presentes.

La situación de la subespecie longirostris podemos decir que es desesperada, y casi sin retorno. A pesar de las intensas prospecciones llevadas a cabo tanto por la Asociación Herpetológica Granadina, como por otros grupos, no se ha podido confirmar su permanencia en enclaves donde  previamente había sido citada, sobre todo la falda norte de Sierra Tejeda, el campo de Zafarraya y otros macizos menores como Los Alazores. Como la detección de la presencia de la especie es relativamente fácil durante la época larvaria, nos tememos que se haya extinguido completamente, más si cabe al comprobar que se puede localizar con suma facilidad en el área limítrofe malagueña.

 

Las causas determinantes de esta posible desaparición no están muy claras, pues aun existen en la zona arroyos en óptimas condiciones para la especie (incluso en algunos casos mejores que en sitios donde aun vive en la vecina Málaga) Asimismo las prácticas agrícolas y ganaderas, poco intensivas excepto en el campo de Zafarraya, no han variado en la última década de un modo determinante.

 

Los factores que quizás hayan resultado más decisivos, son los periodos de sequía de los años 80 y mitad de los 90, y la explosión demográfica del jabalí. Tampoco es descartable una súbita desaparición a causa de la aparición de alguna enfermedad infecciosa.

Lo más probable es que la interacción de todos estos elementos haya ido mermando poco a poco los efectivos de la especie, en una zona que no es del todo propicia para ella al situarse en su borde oriental de distribución. Si a esto unimos una posible degeneración genética a causa de la endogamia, tenemos el coctel explosivo que ha desembocada en su más que probable extinción.

 

 

Salamandra adulta liberada de una arqueta de donde no podía salir, Sierra de Cazorla (Jaén), Marzo 2005.

 

 

Propuestas de conservación

 

Sería necesario realizar un seguimiento continuo de las poblaciones conocidas para determinar su dinámica, así como una intensificación de los muestreos para detectar posibles poblaciones, sobre todo en el área de distribución histórica de la subespecie longirostris. A pesar del alto grado de conocimiento que ya se posee al respecto, ha ocurrido en más de una ocasión que se han encontrado poblaciones en zonas que en principio no parecían adecuadas.

 

Las medidas de conservación deben ir principalmente encaminadas al mantenimiento de los puntos de reproducción, que hoy en día se enfrentan a numerosas amenazas, muchas de ellas desencadenadas por simple desconocimiento, como la introducción de peces y cangrejos americanos, de consecuencias catastróficas para los anfibios en general. También habría que erradicar la mala costumbre de arrojar en ellos los envases de los productos químicos utilizados en agricultura, electrodomésticos viejos y muchos otros residuos. Ya tienen bastante estos medios con soportar la contaminación procedente de las escorrentías superficiales o subterráneas, al situarse por lo general junto a campos de cultivo o al ser abrevaderos para el ganado. También sería deseable una mayor vigilancia sobre la explotación de los acuíferos y las actividades que inciden directamente sobre estos medios de reproducción: roturaciones, canalizaciones, entubamientos, desecaciones, aterramientos, etc.

 

Estas zonas, generalmente de poca extensión, necesitan urgentemente una protección sobre el papel y sobre el terreno, que encaja muy bien con el modelo, ya puesto en marcha para endemismos vegetales, de las microreservas.

 

Desde nuestra asociación proponemos sencillas medidas, tales como la creación de nuevos puntos de cría, que pueden ser albercas estancas a nivel del suelo, abrevaderos con fácil entrada y salida para anfibios( el mejor ejemplo es el tradicional tornajo de madera), y la creación de pozas en arroyos con mucha pendiente o que sequen prematuramente.

 

En Granada hemos tenido ya la desgracia de perder, casi con toda seguridad, a la subespecie longirostris. No queremos que pase lo mismo con la morenica  y desde aquí hacemos un llamamiento general, y sobre todo a las administraciones competentes en materia medioambiental, para que pongan los medios que tengan a su alcance, en este caso concreto poco costosos y de fácil aplicación, para que este enigmático animal continúe su tranquila existencia en nuestros bosques y montañas.

 

 

Juvenil recién metamorfoseado, Sierra Morena (Córdoba), marzo 1998.

 

 

El “tiro-suspiro” y otras leyendas sobre la salamandra.

 

La salamandra ha sido considerada como un animal mítico y rodeado de múltiples leyendas. La civilización cristiana, la ha  considerado, igual que a la mayoría de anfibios y reptiles, como un animal inmundo y cercano al diablo. Durante la Edad Media, casi siempre iba unida a pócimas y artificios de magos y brujas. Todo este “currículum”, no la ha favorecido en nada, pues en el ámbito rural, cuando alguien se encontraba con una de ellas, directamente la pisaba o aplastaba con una piedra. Desgraciadamente, hoy en día, la situación sigue siendo la misma, y muchas salamandras adultas son aplastadas cada año, simplemente por miedo y desconocimiento. Incluso en muchos de los pueblos de la zona norte de Granada, y también en provincias limítrofes, se oye hablar del “tiro” (apelativo con el que se la conoce popularmente), como uno de los animales más venenosos, al mismo nivel o más que la víbora. Hay quien dice “si te pica el tiro no duras un suspiro” y casi todo el mundo conoce al primo de alguien o a un vecino de un tal fulanito, que se quedó dormido en el campo y casi pasa a mejor vida porque el “tiro”, a base de lengüetazos había llegado a “hacer sangre”.

 

Si bien todas estas leyendas forman parte de nuestro acervo popular y no conviene perderlas, es necesario cambiar el “chip”, y aunque a nuestras personas mayores costará bastante trabajo convencerlos de ello, por lo menos que las nuevas generaciones valoren a la salamandra y al resto de nuestros anfibios y reptiles, como lo que son en realidad: máximos exponentes de la rica biodiversidad que por suerte, caracteriza a nuestra querida Granada. Esperamos que la presente ficha ayude a conseguirlo.

 

 

Adulto de salamandra morenica , Sierra de Andujar (Jaén), marzo 2004.

 

 

La salamandra en la Sierra de Baza.

 

La Sierra de Baza, por sus características de isla bioclimática en el centro de un amplio territorio caracterizado por su extrema aridez, y su situación intermedia entre las poblaciones de salamandras longirostris y morénica, a priori podría considerarse como una hipotética zona de contacto entre ambas subespecies. Pero no existen citas antiguas confirmadas ni testimonios de lugareños que hagan pensar al menos en su antigua presencia. Hoy en día las poblaciones más cercanas son las de las Sierras de Castril, Seca y la Sagra.

 

Animamos a los lectores del boletín, como en el resto de las fichas, a que se pongan en contacto con nosotros si tienen alguna referencia sobre la salamandra, tanto en la Sierra de Baza, como en el resto de la Provincia.

 

 

 

 

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