Ficha técnica:
Clase:
Anfibios
Orden:
Anuros
(anfibios sin cola)
Familia:
Pelodítidos
Género:
Pelodytes
Especie:
punctatus (Daudin,
1802)
Estatus legal:
Según la ley andaluza de flora y fauna silvestres (Ley 8/2003, de 28 de
Octubre), no se poseen datos suficientes para evaluar su estado de
conservación (“DD”), lo cual no quiere decir que no se encuentre
amenazada. A nivel estatal se la considera una especie “No amenazada,
NA”. Para el caso de nuestra provincia, se puede considerar cierto grado
de amenaza dada su reducida área de distribución.
Ficha técnica:
Clase:
Anfibios
Orden:
Anuros
(anfibios sin cola)
Familia:
Pelodítidos
Género:
Pelodytes
Especie:
ibericus (Sánchez-Herráiz,
Barbadillo, Machordom & Sanchiz, 2000)
Estatus legal:
Está catalogado dentro de la ley andaluza de especies amenazadas (Ley
8/2003, de 28 de Octubre, de la flora y la fauna silvestres) con
la categoría de "Datos Induficientes DD, aunque en este caso su
distribución sí es mucho mayor dentro de la comunidad autónoma. Su
categoría a nivel nacional es la misma. Estamos ante un endemismo
ibérico, y por lo tanto merecedor de cierta atención y de estudios que
permitan definir cuanto antes una categoría adecuada para la especie.
Como hemos comentado
anteriormente ambos sapillos son muy similares, y no fue hasta el año
2000 cuando se describió como nueva especie al sapillo moteado ibérico.
Los diferentes apartados se tratarán de forma conjunta y de modo
comparativo, lo cual permitirá determinar diferencias y similitudes
rápidamente, sin tener que consultar textos separados.
Fi

Macho
adutlo sapillo moteado común, Lorca (Murcia), abril 2005.
Descripción:
Los
sapillos moteados destacan por su escaso tamaño. Son más parecidos a las
ranas que a los sapos típicos, dada su complexión esbelta y alargada, a
pesar de que la piel, algo rugosa por el dorso, parezca más de sapo que de
rana. El sapillo moteado común es algo más grande, alcanza algo más de 45 mm,
mientras que el ibérico no supera los 40 mm. Lo más caracaterístico es la piel
cubierta de pequeñas prominencias, coloreadas de verde, marrón o negro, las
cuales les dan el nombre común y las diferencian de otros anuros. El cuerpo
es aplanado, incluida la cabeza. Las
pupilas son negras y se disponen verticalmente. No son perceptibles ni las
glándulas parótidas ni los tímpanos. De color ocre-terroso, a veces presenta
manchas verdosas en la zona dorsal. La mitad inferior es blancuzco-grisácea,
en algunos ejemplares algo granulosa.

Detalle
de la cabeza del sapillo moteado ibérico, El Burgo (Málaga), diciembre
2003.
Las
extremidades son largas y poco robustas, las posteriores adaptadas para el
salto. En las anteriores, poseen cuatro dedos, por cinco en las
posteriores, que presentan una membrana interdigital reducida.
Ambas especies son muy difíciles de diferenciar. Normalmente esto se hace en
función de la localidad en la que se realiza la observación, aunque aún hay
zonas “conflictivas”, en las que no se conoce con exactitud cuál es la
especie presente, o si cohabitan las dos. El mayor tamaño del primero puede
ayudarnos para ejemplares muy grandes, en otros casos se pueden observar
diferencias en la complexión de ambas especies. El común suele parecer más
alargado y con un hocico más grande y menos agudo que el ibérico.
Dimorfismo sexual
Las
hembras poseen una cabeza y extremidades más pequeñas en proporción al
cuerpo. Los machos, que no poseen sacos vocales aparentes pueden presentar
una tonalidad violácea en la zona gular, además de dos callosidades oscuras
en cada antebrazo, y una en el segundo dedo de cada mano.

Callosidades
en macho sapillo moteado común, Lorca (Murcia), abril 2005.
Larvas:
Suelen presentar tonos
pardo-marrones. Los ojos se sitúan en la parte superior de la cabeza, no en
los laterales. El espiráculo aparece en el lado izquierdo. La zona ventral
es blancuzca. Es característica una hilera de puntos en la mitad superior
del dorso de las dos especies, bien visible en larvas ya de cierto
desarrollo. La cola, casi el doble de larga que el cuerpo, termina en una
punta redondeada, con una cresta que comienza en posición retrasada. Las
larvas de sapillos moteados se distinguen porque las del común pueden
alcanzar casi el doble de tamaño que las de ibérico, y además suelen ser más
oscuras. Antes de concluir la metamorfosis, ya presentan las típicas
verruguitas en la zona dorsal. En esta fase se parecen mucho a los pequeños
sapillos pintojos.

Larva
sapillo moteado común, Lorca (Murcia), mayo 2005.

Larva
sapillo moteado ibérico, Pinos Puente (Granada), abril 2004.
Distribución geográfica:
La
distribución de los sapillos moteados es bien conocida a nivel de conjunto.
El común se distribuye en Francia, Italia y la Península ibérica en el
centro y este. El ibérico es un endemismo de la península ibérica, que hasta
ahora ha sido citado en Portugal, Andalucía y Extremadura.
El
problema viene determinado en la asignación de localidades a una especie o a
otra en zonas susceptibles de confusión, dada la cercanía de ambas especies
en casos en que se han realizado estudios genéticos, o bien debido a la
falta de esos análisis que determinen cuál es la especie presente. Esto se
complica aún más si tenemos en cuenta que existen algunas localidades donde
cohabitan ambos taxones, como se ha demostrado en Iznatoraf (Jaén).
En
Granada esta situación parece poco probable, al encontrarse las respectivas
áreas separadas por una amplia franja de terreno no ocupada por ninguna.
Así, el sapillo moteado ibérico ocupa todo el oeste y centro de la
provincia, mientras que el común sólo aparece en las sierras del extremo
nororiental y sus bordes o piedemonte (Huéscar y Puebla de Don Fadrique). La
franja de terreno que se extiende entre el Marquesado y la Depresión de Baza
no está ocupada por ninguna de las dos especies, por lo que a priori, según
el lugar donde hallemos a los sapillos, podremos saber a qué especie
pertenecen.

Mapa
de distribución provincial.
Ecología de la especie.
Aunque aparecen en un variado tipo de hábitats, los sapillos moteados suelen
elegir las zonas despejadas, incluidas las agrícolas. Así aparece en zonas
de monte con escasa cobertura, en lapiaces calizos, en zonas de cultivos de
secano, etc. El común alcanza 1.990mts. de altitud en Sierra Seca, y el
ibérico se distribuye desde el nivel del mar hasta 1.450mts. en las sierras
de Huetor y Parapanda. No se trata de anfibios exigentes con la humedad, ya
que aparecen tanto en sierras con un alto grado de humedad y
precipitaciones, como en depresiones donde estas son mucho menores. Para
reproducirse son igualmente austeros: en cualquier cuneta encharcada, en
roderas de pistas encharcadas o incluso solares inundados en las afueras de
algunos pueblos se encuentran a gusto sus larvas. Utilizan también charcas
de mayor tamaño, más querenciosas para otras especies de anfibios.
El
sapillo moteado común acostumbra también a reproducirse en albercas de
cierta profundidad, algo poco o nada habitual en el sapillo moteado ibérico.
Si bien puede faltar, es muy común que elijan las láminas de agua con algo
de vegetación herbácea semiinundada en las orillas, o cardos corredores
secos y desplazados hasta aquellas, ya que los machos suelen apoyarse en
estos elementos a la hora de cantar para atraer a las hembras. Esto vale
sobre todo para el moteado ibérico, que siempre canta con la cabeza por
encima de la superficie, en posición casi vertical, y apoyado en alguna
ramita. El moteado común puede emitir su canto desde debajo del agua. Los
reclamos, aunque muy parecidos, muestran diferencias. De hecho, este fue uno
de los aspectos que hizo pensar en la posibilidad de que hubiera más de una
especie de sapillo moteado.

Charca temporal usada por el sapillo moteado común para reproducirse, Fuente
del Soto (Jaén), marzo 2005.
Son
nocturnos, aunque durante el celo comienzan a cantar al atardecer y, en días
nublados pueden hacerlo durante toda la jornada. Son, junto con el sapo de
espuelas los anuros más discretos, cuyos adultos sólo se suelen localizar
durante la estación reproductora. Suelen permanecer casi todo el tiempo en
galerías o bajo rocas u otros objetos.
Para reproducirse, son de los anfibios más madrugadores y menos frioleros, y
se les puede escuchar durante noviembre, diciembre y enero, en las noches
que no hiela. El sapillo moteado ibérico suele adelantarse al común en
territorio granadino, ya que la zona donde habita el segundo es más
continental y de ciclos más tardíos. Si octubre es lluvioso, emergen los
primeros machos. La actividad decrece algo con la bajada de las
temperaturas, para volver a aumentar en febrero-marzo, cuando cría el mayor
volumen de sapillos. El amplexus es inguinal, durante el cual las hembras
depositan pequeños paquetes de huevos adheridos a alguna ramita o piedra. El
desarrollo larvario es muy variable, en función de la disponibilidad de
alimento, pero sobre todo del régimen térmico del lugar donde se desarrollen
las larvas (entre 2 y 4 meses normalmente).

Amplexus inguinal en sapillo moteado ibérico, El Jobo, (Málaga), febrero
2003.

Puesta de moteado ibérico adherida a una ramita sumergida, Fuente del Soto
(Jaén), marzo 2005.
Una
vez fuera del agua se alimentan de artrópodos, babosas y lombrices, de un
tamaño adecuado a su escasa talla, que capturan de forma activa.
Sus
mecanismos de defensa son, bien la huida a saltos o sumergiéndose si se
encuentra en el agua, bien adoptando una postura característica, en la que
arquea el dorso, y segrega una mucosa levemente tóxica por la piel.
Al
ser una especie poco longeva y dependiente para la reproducción de lugares
con agua bastante irregulares y temporales, existen grandes fluctuaciones en
sus poblaciones. Así, tras varios años de intensa reproducción en diferentes
comarcas granadinas, este año el sapillo moteado ibérico apenas se ha
reproducido, y si lo ha hecho, pocas larvas han concluido su desarrollo.
Esto posiblemente se refleje en la abundancia de sus poblaciones en años
venideros.

Larva
de sapillo moteado común a punto de finalizar la metamorfosis, Lorca
(Murcia), mayo 2005.

Juvenil de sapillo moteado ibérico recién metamorfoseado, Pinos Puente
(Granada), abril 2003.
Estado de conservación, problemática:
Los sapillos moteados
sufren amenazas similares a las de otros anfibios:
-
Desecación de
charcas.
-
Sustitución de
charcas por balsas de fondo sintético poco adecuadas.
-
Contaminación del
agua por productos agroquímicos, detergentes, vertidos…
-
Progresiva
acidificación de sus hábitats.
-
Fuerte modificación
de algunos de sus hábitats, destruyendo el ecosistema o simplificándolo.
Es primordial en el caso
de ambas especies realizar estudios que determinen la distribución de cada
una, su ecología y su abundancia, ya que si no se conoce siquiera su grado
de amenaza pocas medidas legales al respecto se pueden poner en marcha de
cara a su conservación.

Juveniles
de sapillo moteado común liberados de una alberca con muy poca agua donde
corrían el riesgo de morir deshidratados al no poder salir de ella, Águilas
(Murcia), mayo 2004.
Propuestas de conservación
Las actuaciones de
conservación son similares a las propuestas para el resto de especies que
hemos tratado ya a lo largo de los últimos meses:
1.
Conservación de los lugares de reproducción. En este caso es una
tarea complicada, sobre todo en el caso del sapillo moteado ibérico, pues
utiliza medios acuáticos muy temporales. De todas formas debe evitarse la
roturación y desecación de zanjas y zonas marginales que se encharcan tras
las lluvias. En el caso del común, hay que conservar en buen estado las
albercas tradicionales que utilizan para poner los huevos.
2.
Establecimiento de nuevos puntos de reproducción. Partiendo de las
charcas actualmente ocupadas, sería necesario establecer otras nuevas, que
permitan la progresiva colonización por parte de los sapos, con vistas a
conseguir a medio-largo plazo, una conexión entre las distintas poblaciones
presentes en la provincia. Estas actuaciones no serían muy costosas, y
consistirían en excavar charcas de tierra con paredes de pendiente suave en
zonas deprimidas del terreno, que permitan el acumulo del agua de la lluvia.
También podrían acondicionarse charcas en los socavones de canteras
abandonadas.
3.
Control de las nuevas estructuras asociadas al uso del agua. Los
modernos embalses para riego suponen una grave amenaza para esta y otras
muchas especies, pues suponen una trampa mortal, al no poder escapar una
vez que han caído dentro. Sería necesario establecer vallados de protección,
con malla espesa que impida el paso de pequeños animales, e incluso en otros
casos, establecer mecanismos que permitan el escape de los animales, por lo
que incluso estos nuevos puntos de agua servirían como lugares de
reproducción.
4.
Fomento de la ganadería extensiva tradicional y de la agricultura de
secano. Las estructuras construidas para acumular agua asociadas a estas dos
actividades (abrevaderos, fuentes, albercas) han permitido la existencia de
nuestros anfibios en medios semiáridos y cársticos. Es preciso mantenerlos
en buen estado y no sustituirlos por otros sistemas incompatibles con las
formas de vida que a lo largo de los siglos se han adaptado a vivir en
ellos.
5.
Realizar detallados estudios sobre la distribución de ambas especies
en la provincia, prospectando adecuadamente aquellos territorios, sobre todo
en la zona centro-oriental donde todavía no han sido citadas.

Macho
de sapillo moteado ibérico, Pinos Puente (Granada), diciembre 2003.
Los sapillos moteados en
la Sierra de Baza.
En
la Sierra de baza y su entorno están ausentes, pero si se hallara alguna
población ésta tendría un importante valor biogeográfico. A priori, la
Sierra de Baza cuenta con un hábitat potencial bastante adecuado para el
sapillo moteado, sobre todo el común, por la similitud de estos lugares con
los de la cercana Sierra de la Sagra, por ejemplo. Animamos a todos los
visitantes de la Sierra de Baza y comarcas adyacentes, a que estén atentos
en sus excursiones, por la alta posibilidad de que la especie se encuentre
en la zona, circunstancia que hasta ahora no ha podido confirmarse.
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