Ficha técnica:
Clase:
Anfibios
Orden:
Anuros
(anfibios sin cola)
Familia:
Discoglósidos
Género:
Discoglossus
Especie:
jeanneae
(Busack, 1986)
Estatus legal:
En el catálogo andaluz de especies amenazadas (Ley 8/2003, de 28 de
Octubre, de la flora y la fauna silvestres), aparece incluido en la
categoría “De interés especial”, en la que se recogen aquellas
especies que, no estando incluidas en otras categorías de protección
superior (extintas, en peligro de extinción, sensible a la alteración de
su hábitat, vulnerables), son merecedoras de una atención particular en
función de su valor científico, ecológico, cultural, o por su
singularidad.
El Atlas y Libro
Rojo de los Anfibios y Reptiles de España, editado en 2002, la cataloga
dentro de la categoría “Casi amenazada” que recoge aquellas especies,
que no estando dentro de la categoría “Vulnerable”, corren el riesgo de
hacerlo en un futuro más o menos inmediato, por culpa de distintos
factores que afectan negativamente a la supervivencia de sus poblaciones
silvestres.
Fi
Descripción:
El
sapillo pintojo meridional (Discoglossus jeanneae) fue descrito como
nueva especie en el año 1986, y a simple vista es prácticamente imposible
diferenciarlo del sapillo pintojo ibérico (Discoglossus galganoi).
Ambas especies son endemismos de la península ibérica.
Se
trata de un sapo de tamaño mediano/pequeño muy parecido a una rana. Alcanza
una talla máxima de 5 o 6 cm y es característica su cabeza aplastada y la
presencia de un hocico largo y puntiagudo. Los ojos son prominentes aunque
no muy grandes y tienen pupilas redondeadas de color dorado. Los tímpanos
apenas son visibles, lo cual nos permite diferenciarlo fácilmente de la rana
común (Rana perezi) y no tiene glándulas parótidas. Las patas
delanteras, son cortas en proporción al cuerpo y poseen 4 dedos. Presentan 3
tubérculos metatarsianos. Las posteriores son mucho mas largas y esbeltas,
perfectamente adaptadas para el salto. En los machos, las patas traseras
tienen dedos palmeados, cosa que no ocurre ni en las hembras ni en los
juveniles.

Detalle cabeza hembra adulta, Alcalá la Real (Jaén) enero 2004.
La
piel es lisa y posee numerosas verrugas de pequeño tamaño salpicadas por el
dorso. La zona del vientre es completamente lisa. La coloración es muy
variable, aunque podemos distinguir dos modelos distintos de diseño. El
primero consiste en una color de base pardo o crema salpicado de manchas
irregulares de coloración más oscura. El otro modelo, que podemos denominar
“rayado”, tiene la misma coloración de base, pero además de algunas manchas
más oscuras aparecen 3 líneas de color crema o amarillento, que partiendo de
la zona trasera recorren longitudinalmente ambos costados y el dorso para
unirse en la punta del hocico. En ambas formas, suele aparecer una mancha
oscura y alargada a modo de antifaz que se extiende desde la parte posterior
de cada ojo hasta la zona de inserción de las patas delanteras.
No
existen muchas diferencias entre machos y hembras, y además de la presencia
de dedos con un palmeado más extenso entre ellos en las patas traseras, los
machos se caracterizan por ser ligeramente mayores y por la presencia de
callosidades negruzcas en la garganta, vientre y sobre todo dedos delanteros
durante la época de celo.

Ejemplar subadulto con diseño tipo rayado. Linares (Jaén), octubre
2004.
Larvas: Al
nacer miden unos 3 mm de longitud y son completamente negras, por lo que es
muy fácil confundirlas con los renacuajos del sapo común y del sapo
corredor. Conforme van creciendo se vuelven más claros, adquiriendo color
pardo, con un característico dibujo reticulado negro en la cola. La cresta
dorsal no es elevada y la cola termina en punta redondeada. El espiráculo lo
tienen en la zona media del vientre. Al final del desarrollo pueden alcanzar
un tamaño de 2 o 3 cm.

Larva, Colomera (Granada), marzo 2000.
Distribución geográfica:
El
sapillo pintojo meridional es un endemismo de nuestro país, y aunque en el
momento de su descripción como nueva especie a mediados de los años 80 del
siglo pasado, se indicaba que su área de distribución se limitaba al sur del
río Guadalquivir, hoy en día se sabe que el área ocupada es mucho más
amplia. Se distribuye por la mitad oriental peninsular, con poblaciones más
densas en la zona sur. Asciende por Levante y el Sistema Ibérico hasta
alcanzar las estribaciones de la Cordillera Cantábrica y Pirineos
Occidentales, sin llegar a la costa ni a Francia. Exceptuando las
poblaciones andaluzas, el resto aparecen muy dispersas y aisladas entre sí,
sobre todo las de Levante y Aragón. Hoy en día no están claros los limites
de distribución del sapillo pintojo meridional (Discoglossus jeanneae)
y del sapillo pintojo ibérico (Discoglossus galganoi), existiendo
alguna localidad en la que conviven ambos taxones. La asignación de cada
cita a una u otra especie es un poco aventurada, a la espera de que los
estudios genéticos correspondientes establezcan de una forma clara la línea
de separación entre ambas.
En
Andalucía ocupa todas las provincias excepto Huelva, siendo más escaso en la
mitad oriental de Granada y la provincia de Almería.
En
Granada muestra una distribución amplia con importantes poblaciones en la
mitad occidental. No aparece en las depresiones de Baza y Guadix, ni en la
costa oriental, y vuelve a estar presente en el extremo nororiental, en las
Sierras de Castril, Seca y Sagra. Miembros de la A.H.G y de la Asociación
Proyecto Sierra de Baza, localizamos en el año 2003 una pequeña población
situada en la Sierra de Baza, donde hasta entonces no había sido citada. Es
posible que aparezcan nuevos núcleos en esta zona, que tendrían continuidad
con los recientemente detectados en la Sierra de los Filabres, ya en Almería
(comunicación personal de Emilio González Miras).

Mapa
de distribución provincial.
Ecología de la especie.
No
son muy exigentes en la selección de hábitats, aunque prefieren los espacios
abiertos, y los podemos encontrar en ambientes muy variados, desde cultivos
de secano (olivares, almendros y cereales), pasando por dehesas, y bosque
mediterraneo no muy denso hasta pastizales de alta montaña. Eso si, casi
siempre cerca de pequeños cursos de agua, arroyos, charcas, fuentes, etc.
Aparecen desde el nivel del mar hasta los 2000 m, altitud máxima a la que ha
sido citado en Sierra Nevada y Sierra de Baza. El máximo registro
corresponde a un ejemplar localizado por nosotros a 2050 m en Nigüelas.
Al
contrario que el resto de sapos de nuestra provincia, es una especie muy
acuática en estado adulto, y no duda en ocultarse bajo la vegetación
sumergida tras un rápido salto en caso de amenaza. Su actividad es
predominantemente nocturna y crepuscular, aunque podemos observarlos en
horas diurnas durante jornadas nubladas.
Permanecen activos la mayor parte del año, aunque tanto las poblaciones
stuadas a gran altitud, como las que habitan en medios bastante áridos,
pueden tener un descanso invernal y estival respectivamente. Durante el día
permanecen ocultos bajo piedras, troncos o vegetación densa. Los individuos
recién metamorfoseados y juveniles son más diurnos, y por eso es muy fácil
confundirlos con una rana cuando saltan delante de nosotros al borde de un
arroyo o charca.

Hembra adulta, Alcalá la Real (Jaén) enero 2004.
El
periodo reproductor comienza a finales del invierno, en los meses de febrero
y marzo. En zonas altas se retrasa uno o dos meses. Para reproducirse
seleccionan medios acuáticos muy temporales, al igual que el sapo corredor (Bufo
calamita) y los sapillos moteados (Pelodytes sp.). Cualquier
rodera inundada, cuneta encharcada, arroyo de pequeña entidad, e incluso
charcos situados al pié de las fuentes y en canteras abandonas son buenas
para ellos. También pueden utilizar, aunque en menor medida, albercas y
charcas ganaderas.
Una
vez que los ejemplares de ambos sexos han llegado al agua, se producen los
amplexos, en este caso inguinales. Generalmente tienen lugar bajo el agua,
sobre todo en orillas encharcadas y con poca profundidad. Los machos, que no
tienen sacos vocales, emiten una serie de sonidos bajos, una especie de
rugidos graves, que solo son audibles si nos encontramos muy cerca del
ejemplar que los emite. La duración del acoplamiento es corta, y cada hembra
puede aparearse con varios machos a lo largo de las jornadas que permanece
en la zona reproductora. Tras finalizar el apareamiento con cada macho,
deposita un grupo de huevos de 30 a 50 sin formar cordones, en el fondo de
la charca o arroyo. El desarrollo del embrión dentro del huevo dura entre 5
y 10 días, y tras nacer, las pequeñas larvas se dispersan por la charca. Se
alimentan de toda la materia orgánica que pueden encontrar, tanto de origen
vegetal como animal. Junto con el sapo corredor, tienen el desarrollo
larvario más corto de todos los anfibios de nuestro entorno. Aproximadamente
en un mes o mes y medio, dependiendo de la temperatura del agua y la
disponibilidad de alimento, las larvas finalizan su desarrollo y los
pequeños sapillos de apenas 1 cm de longitud, abandonan en agua y se
dispersan por la vegetación circundante. Permanecen bastante tiempo en las
inmediaciones del agua, cazando pequeños invertebrados, siendo fácil
observarlos a plena luz del día. Conforme van creciendo amplían su dieta que
incluye lombrices, caracoles, arácnidos e insectos. Incluso pueden devorar
individuos juveniles de su especie y de otros anfibios. Entre sus enemigos
naturales se incluyen peces, culebras acuáticas y larvas de libélula durante
el periodo larvario. En estado adulto pueden ser capturados por aves
acuáticas, rapaces nocturnas, culebras y pequeños y medianos mamíferos
carnívoros, como turones, ginetas y tejones. Su principal mecanismo de
defensa es la huida, ayudados por una piel abundantemente cubierta de
mucosidad y por su excelente capacidad para saltar.
La
madurez sexual la alcanzan a los 3 años y pueden vivir hasta 10 o más.

Ejemplar recién metamorfoseado, Nava de Cabra (Córdoba), marzo 2003.
Estado de conservación,
problemática:
Al
igual que ocurre con la mayoría de anfibios presentes en nuestra provincia,
el sapillo pintojo no escapa al proceso de lenta pero continua disminución
de sus poblaciones. Se está produciendo una fragmentación de las mismas,
quedando una serie de pequeños núcleos incomunicados entre sí, y con
continuos fenómenos de extinción local. Las poblaciones más saludables, son
las localizadas en la mitad occidental de la provincia, que no dependen
tanto para reproducirse de albercas o fuentes tradicionales, y utilizan
cualquier pequeña zanja, acequia o arroyo incluso situado en ambientes cada
vez más hostiles. Así está ocurriendo con la mayoría de las zonas de olivar,
al haberse reconvertido en explotaciones intensivas y fuertemente
intervenidas. Aun así la mayor pluviosidad de esta parte de la provincia
permite su reproducción en sitios casi insospechados donde se acumula el
agua de lluvia durante un mínimo de tiempo. Las poblaciones situadas en la
mitad oriental de la provincia son más dependientes de albercas
tradicionales, por lo que se encuentran más amenazadas, ante el pésimo
estado de conservación de la mayoría de ellas.
Otros factores que inciden sobre la supervivencia del sapillo, son la
destrucción de pequeñas zonas marginales y setos situados entre terrenos de
cultivo. Hoy en día, gracias a la modernización de la maquinaria agrícola,
estos son eliminados con gran facilidad, con lo que desaparece el lugar de
refugio de multitud de pequeños animales, que habían quedado acantonados en
estos microhábitats. Desde aquí queremos hacer un llamamiento, para
conservar los setos y muros de piedra que se utilizaban para separar las
fincas, por el enorme valor que tienen para conservar la biodiversidad,
sobre todo en lugares fuertemente alterados por la agricultura. Igualmente
el incremento del uso de pesticidas y herbicidas, contamina los pequeños
arroyos y lagunas, haciendo cada vez más difícil la vida de las ricas
comunidades animales y vegetales propias de estos medios. Un ejemplo de ello
lo tenemos estos días en el Poniente Granadino: si se ha prohibido el
consumo humano del agua proveniente del embalse de Iznájar, uno de los
mayores del país, por su alta concentración de pesticidas provenientes del
olivar, cómo se encontrarán los pequeños cauces que drenan las comarcas
olivareras…
Y
para completar el listado de amenazas, no podemos olvidar la
sobreexplotación de los acuíferos, y más en un año como el presente, de
fuerte sequía. La proliferación de sondeos y pozos, produce un descenso del
nivel freático con graves consecuencias para las fuentes y charcas
naturales.

Charca de Parrica, puede observarse la caseta del motor que extrae el agua
directamente del vaso de la laguna, marzo 2003.
Aprovechando la presente ficha queremos dar a conocer un lugar de nuestra
provincia que podemos catalogar como auténtico paraíso para los
anfibios. Se trata de la charca de Parrica, situada en la zona del campo de
Zafarraya y donde hasta la fecha, han sido citadas once de las doce especies
de anfibios presentes en Granada. Tal importancia ha sido reconocida a nivel
científico y es considerada como área de especial importancia para la
herpetofauna española. Una visita nocturna en época primaveral y
lluviosa a este sitio se convierte en una experiencia difícil de repetir,
al asistir al verdadero espectáculo que supone la presencia de cientos de
ejemplares de distintas especies en plena tarea reproductora, entre ellos
nuestro protagonista, el sapillo pintojo meridional, observándose un número
de adultos simultáneamente que ya apenas se puede ver en otros lugares. Pues
bien, la supervivencia de este enclave no está asegurada, pues una potente
bomba extrae el agua directamente de un pozo situado en el vaso de la
charca. Incluso está proyectada una explotación minera que casi llega hasta
su borde. Gracias a ciertas gestiones, parece que su futuro es más
halagüeño. Actualmente, la Universidad de Granada lleva a cabo un
interesante proyecto, en colaboración con los propietarios, para limitar los
efectos de la extracción de agua y de la cantera. Desde aquí deseamos suerte
en su trabajo a Maribel Bénitez, que lleva el peso de los trabajos de
muestreo y relaciones con los propietarios.

Juvenil, El Burgo (Málaga), noviembre 2004.
Propuestas de
conservación
·
Promoción
de la agricultura tradicional de secano. Limitar el uso, en lo posible, de
pesticidas y herbicidas. Conservación de setos, pequeñas zonas marginales y
muros de piedra.
·
Realización de un mapa actualizado de distribución de la especie en Granada.
Proteger y restaurar adecuadamente las albercas y charcas que sirven como
puntos de cría, especialmente las que sustentan a las poblaciones más
orientales. A tal efecto podría establecerse una especie de red de “microreservas”.
·
Campaña de
información sobre la especie y su problemática de conservación,
especialmente en los colegios.

Ejemplar subadulto perteneciente a la única población descubierta hasta la
fecha en el Parque Natural de la Sierra de Baza, Cortijo de los Herreras,
Sierra de Baza (Granada), agosto 2004.
El sapillo pintojo
meridional en la Sierra de Baza
Como hemos indicado en el apartado de distribución, hasta la fecha solo
hemos localizado una pequeña población en la Sierra de Baza y su área de
influencia. Puede obtenerse más información sobre este descubrimiento en el
Boletín digital del mes de octubre de 2003. Depende para su reproducción de
una alberca antigua ligada a una pequeña fuente, situada en las cercanías
del Puerto de las Palomas. El estado de conservación de la misma es pésimo,
con grandes grietas, por lo que solo es capaz de mantener unos pequeños
charcos en su fondo, el cual está cubierto de sedimentos y vegetación.
Creemos que los sapillos pintojos pueden llevar a cabo todo su ciclo vital
dentro de la alberca, y es poco probable que puedan salir, al tener las
paredes completamente verticales. Se da la circunstancia de que también se
reproduce en ella el sapillo partero bético (Alytes dickhilleni). La
presencia de ambas especies convierte a este lugar en uno de los más
importantes para la conservación de los anfibios en el ámbito del Parque
Natural de la Sierra de Baza. Por tanto, desde este boletín, queremos hacer
un llamamiento a los responsables de la gestión del Parque, para que se
restaure la alberca, e incluso se construya alguna pequeña charca de poca
profundidad en sus cercanías, para garantizar la supervivencia de ambas
especies. Hay que indicar también que este punto representa, junto con otro
citado en Sierra Nevada, el record de altitud para la especie en toda su
área de distribución, concretamente algo más de 2000 metros
.

Alberca que sirve como punto de reproducción a la población descubierta en
la Sierra de Baza. Se puede observar su lamentable estado de conservación.
Cortijo de los Herreras, Sierra de Baza (Granada), agosto 2004.
Esta pequeña población se encuentra completamente aislada de los 2 grandes
núcleos provinciales, el de la zona occidental/Vega de Granada y el del
noreste, por lo que es vital su conservación. Pensamos que es posible su
presencia en otras zonas del Parque que mantienen óptimas condiciones. Por
lo tanto animamos a todos los visitantes a que estén atentos en sus
recorridos por la sierra. Cualquier cita de esta y otras especies de
anfibios es muy útil para poder conocer con detalle la distribución y
estado de conservación de tan interesantes animales.

Pequeña fuente que alimenta a la alberca de la fotografía anterior. Aunque
su caudal es escaso, sería suficiente para alimentar a la alberca una vez
restaurada y a alguna charca que podría habilitarse en sus inmediaciones.
Cortijo de los Herreras, Sierra de Baza (Granada), agosto 2004.
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