Ficha técnica:
Clase:
Anfibios
Orden:
Anuros
(anfibios sin cola)
Familia:
Bufónidos
Género:
Bufo
Especie:
bufo
(Linnaeus, 1758)
Estatus legal:
No aparece incluida en el catálogo andaluz de especies
amenazadas (Ley 8/2003, de 28 de Octubre, de la flora y la fauna
silvestres), al estar considerada como “No amenazada”.
El
Atlas y Libro Rojo de los Anfibios y Reptiles de España, editado en
2002, lo cataloga como “Preocupación menor”, e indica igualmente que a
pesar de su regresión generalizada en algunas zonas de nuestro país, no
es una especie amenazada, debido a su extensa área de distribución,
elevado número de individuos y no tratarse de una especie endémica
española. No obstante, para la subespecie gredosicola propone su
inclusión en la categoría “Vulnerable” debido a su restringida área de
distribución.
Fi
Descripción:
Nos
encontramos ante un sapo de gran tamaño, con longitudes medias en los machos
que oscilan entre 60 y 85mm., y de 70 a 120 mm. en las hembras, aunque en
ocasiones pueden observarse tallas que superan los 200 mm. en estas últimas.
Los ejemplares meridionales tienen un tamaño algo mayor.
Su
aspecto general es el de un animal robusto, con una cabeza no muy grande en
relación al tamaño del cuerpo, algo aplastada, ancha y con un desarrollado
arco supraciliar o ceja. El hocico es corto y redondeado. Las glándulas
parótidas son alargadas, muy desarrolladas, y los tímpanos, de la mitad de
tamaño que las pupilas, son poco visibles. La pupila es horizontal, y el
iris de un color rojizo, característica esta suficiente para diferenciarlo
de otros anuros parecidos como el sapo corredor (Bufo calamita).

Detalle cabeza hembra adulta. Sierra de la Carrasquilla, Lorca (Murcia),
marzo 2005.
Su
piel es rugosa con abundantes verrugas distribuidas por todo el cuerpo. En
la subespecie spinosus están muy desarrolladas y pueden mostrarse muy
coriáceas dando la impresión en algunos casos de espinas. El diseño de la
piel es muy variable, aunque dominan los tonos de fondo marrón o rojizo,
salpicados de manchas irregulares más claras de color crema o amarillento.
Dependiendo de las regiones pueden ser desde casi completamente negros a
otros diseños pálidos, incluso verdosos. El vientre es blanquecino salpicado
de manchas oscuras.
Las
patas anteriores son cortas con cuatro dedos y dos tubérculos en las palmas.
Las posteriores son más largas y tienen cinco dedos con membranas
interdigitales poco desarrolladas. Habitualmente se desplaza andando, aunque
tiene capacidad para el salto, una de las características que nos sirven
para diferenciarlo del sapo corredor. No
existen muchas diferencias entre machos y hembras, y además de la presencia
de dedos con un palmeado más extenso entre ellos en las patas traseras, los
machos se caracterizan por ser ligeramente mayores y por la presencia de
callosidades negruzcas en la garganta, vientre y sobre todo dedos delanteros
durante la época de celo.

Postura típica en movimiento, Sierra de la Carrasquilla, Lorca (Murcia),
marzo 2005.
Dimorfismo sexual:
Las hembras tienen una talla muy superior a los machos, cosa
que podemos apreciar claramente en la época de celo al encontrarnos con una
pareja en amplexus o apareamiento. Las patas delanteras de los machos son
mas largas y durante el celo muestran unas callosidades oscuras en los tres
primeros dedos de las manos y un tubérculo carpiano que le permiten agarrar
fuertemente a la hembra durante el apareamiento.

Hembra adulta de excepcional tamaño, Sierra de Andujar, (Jaén), mayo 2004.
Larvas: Muy
pequeñas, alcanzan un tamaño máximo de hasta 35mm. Son de color negro, y a
simple vista es fácil confundirlas con las del sapo corredor. Si nos fijamos
con detenimiento podemos observar que suelen presentan motas iridiscentes
doradas y no tienen puntos blancos en la boca, lo que nos sirve para
diferenciarlas de las del corredor. El espiráculo se encuentra en el lado
izquierdo y dirigido hacia atrás. El ano ocupa una posición media al
comienzo de la aleta caudal, encontrándose ésta poco desarrollada y
terminada en punta redondeada. Otro aspecto que nos puede servir para
diferenciar las larvas de ambas especies, es el medio acuático en que las
encontremos pues el sapo común no suele utilizar charcas temporales para
depositar sus huevos.
Distribución geográfica:
Ocupa
una amplia extensión, que abarcaría la zona paleártica, extendiéndose por
toda Europa hasta el círculo Polar Ártico por el norte y hasta Asia y Japón
por el este, aunque en estas zonas no está muy claro si se trata de la misma
especie u otra diferente. También aparece en el noroeste de África.
En
España continental se encuentra en todas las provincias, y tradicionalmente
se han contabilizado tres subespecies:
-Bufo
bufo bufo; en el tercio norte occidental.
-Bufo
bufo gredisicola; endemismo de la sierra de Gredos.
-Bufo
bufo spinosus; que ocuparía el resto de las regiones y alcanza el
mayor tamaño de todos. Actualmente no está muy clara su separación en 3
subespecies, pues las diferencias genéticas existentes entre ellas no son
muy significativas y se considera más bien que son sólo diferentes razas
geográficas.
En
Granada tiene un área de distribución muy amplia. Sus principales
poblaciones se encuentran en Sierra Nevada, siendo también frecuente en
otros sistemas montañosos, Tejeda, Almijara, Baza y sierras del noreste
provincial. Cada vez es mas raro encontrarlo en los valles y zonas bajas
como la Vega de Granada, la cuenca del Guadiana Menor, el límite con
Almería y ciertas zonas de la comarca de los Montes, donde sufre una severa
regresión.

Mapa
de distribución provincial.
Ecología de la especie:
Se
trata de una especie muy versátil, poco exigente a la hora de seleccionar el
hábitat, por lo que podemos encontrarla en bosques, terrenos de labor, alta
montaña y todos aquellos lugares que dispongan de aguas con corrientes
lentas o aguas calmas de una profundidad por encima de los 50 cm.
que necesita para reproducirse. Incluso está presente
en lugares en principio aparentemente poco aptos por su aridez y elevadas
temperaturas, como las depresiones de Guadix, Baza y el extremo suroriental
de la provincia. Su distribución no parece estar influida por la altitud, ya
que se encuentra desde el nivel del mar hasta las zonas más altas de
montaña. En Sierra Nevada asciende hasta los 2600 m en la Loma del Mulhacén.
Son
animales predominantemente crepusculares y nocturnos, si bien en tiempo
lluvioso y con temperatura suave se les puede encontrar a plena luz del
día. En ocasiones es posible observarlos en condiciones ambientales tan
secas que ningún otro anfibio aceptaría salir de su refugio. Esto ocurre
cuando tiene necesidad de humedecer su cuerpo en algún arroyo o masa de agua
cercano. Durante el día permanecen ocultos bajo piedras, hojarasca o
troncos. Dadas las extremas condiciones climáticas de Granada, el sapo común
suele estivar durante la época más calurosa del año, y también hiberna,
sobre todo en hábitats situados a gran altitud. Busca para ello lugares con
cierta humedad, como tocones, majanos, grutas o madrigueras. Tienen una
actividad muy terrestre y se les puede encontrar bastante alejados del agua,
a la que sólo acuden para reproducirse o para hidratarse.

Pareja en amplexo axilar, cordillera Subbetica Cordobesa, marzo 2005.
A
mediados del invierno o bien entrada la primavera, dependiendo de la
altitud, los sapos entran en celo. Esto ocurre cuando la temperatura media
se sitúa en torno a los 12ºC (con temperaturas por debajo de 5ºC no salen de
sus refugios). Son muy fieles con los puntos de agua que utilizan para
reproducirse y cada año realizan auténticas migraciones, desde sus
territorios de campeo hasta ellos. En nuestra provincia prefieren las
charcas profundas, albercas de riego, también abrevaderos de ganado si estos
no están muy nitrificados, y arroyos de aguas tranquilas y limpias. En menor
medida pueden utilizar también charcas temporales, o depósitos de riego
situados a ras de suelo. Los machos son los primeros en llegar y esperan en
el agua a las hembras, que acuden unos días después. No tienen saco bucal, y
el canto de reclamo es apagado, algo metálico. El número de machos es más
elevado que el de hembras, por lo que se producen auténticas batallas
campales para conseguir subirse encima de una de ellas. El amplexo es axilar
y resulta curioso observar en ocasiones a varios machos abrazados a una
misma hembra, a ejemplares de otras especies, individuos muertos o incluso a
objetos inertes. Este fragor produce a veces la muerte de la hembra por
ahogamiento o asfixia. Los machos permanecen más tiempo en las charcas, a la
espera de aparearse con varias hembras. Estas no permanecen más que el
tiempo necesario para aparearse y poner los huevos. La puesta es la mas
numerosa entre nuestros anuros (algunos autores han contabilizado por
encima de los 12.000 huevos). Los cordones de puesta miden varios metros de
longitud, y tienen varias filas de huevos de color negro. Conforme la hembra
los va depositando en el agua, el macho los fecunda y son enrollados sobre
las plantas y ramas sumergidas o directamente en el lecho.
mamíferos
carnívoros, como turones, ginetas y tejones. Su principal mecanismo de
defensa es la huida, ayudados por una piel abundantemente cubierta de
mucosidad y por su excelente capacidad para saltar.

Huevos de sapo común, Sierra Nevada (Granada), junio 2004.
© Javier Fuentes Martín
La
eclosión de las larvas se produce a los 5-15 días, dependiendo de la
temperatura del agua. Los pequeños renacuajos, de unos 4mm, se dispersan por
la charca y suelen situarse en las orillas cerca de la superficie, con el
fin de acelerar su desarrollo al estar estas zonas mas expuestas a la
radiación solar. Son detritívoras y se alimentan de algas, materia vegetal
sumergida, detritus, fitoplacton, etc. Tanto las larvas como los huevos
contienen varias toxinas, por lo que no son poco apetecibles para sus
depredadores. Aun así ditiscos, larvas de libélulas, escorpiones acuáticos,
peces, gallipatos y larvas de salamandra dan buena cuenta de ellas. El
desarrollo larvario dura de 2 a 4 meses, en función de la temperatura del
agua y la disponibilidad de alimento. Al finalizar la metamorfosis los
pequeños sapillos de apenas 1,5 cms. de longitud, abandonan el agua y
permanecen en los alrededores de la charca alimentándose de pequeños
invertebrados. En años óptimos los juveniles tapizan el suelo que rodea a
las charcas de puesta, escondidos entre la vegetación y bajo las piedras. La
insolación y los depredadores diezmarán a estos pequeños sapitos.

Juvenil.
© Javier Fuentes Martín
Durante el primer año de vida tienen un crecimiento muy rápido, llegando al
tercer año al estado adulto, y pudiendo vivir más de diez años, hasta
treinta en ejemplares cautivos. Conforme van creciendo van ampliando su
espectro alimentario, que incluye multitud de invertebrados e incluso otros
anfibios, pequeños reptiles, mamíferos y aves. Entre sus enemigos se
encuentran las culebras viperina y de collar, las víboras, rapaces nocturnas
y diurnas y diversos mustélidos. Destacar también que una especie de mosca (Bufolucilia
bufonivora) deposita sus huevos sobre el cuerpo de los sapos,
posteriormente las larvas se introducen en el cuerpo y literalmente los
devoran vivos, hasta causarles su muerte. Las toxinas presentes en la piel
son potentes y algunos mamíferos que intentan comérselos pueden sufrir
graves secuelas. La nutria y otros mustélidos se cuidan mucho de despellejar
al sapo antes de su ingestión. Aparte de la toxicidad de la piel, y de la
secreción venenosa de color amarillento que segregan por las glándulas
parótidas, poseen otro mecanismo de defensa muy curioso, que consiste en
hincharse de aire, levantar las patas traseras y agachar la cabeza,
consiguiendo de este modo un notable aumento de volumen y dificultando su
ingestión, sobre todo por parte de las culebras.

Postura típica defensiva, Sierra de la Almijara (Granada), octubre 2003.

Sapo
parcialmente despellejado, probablemente por algún mustélido, que consigue
de este modo evitar las toxinas presentes en la piel, Sierra de la
Torrecilla, Lorca (Murcia), octubre 2002.
Estado de conservación,
problemática:
Como
ocurre con el resto de anfibios granadinos, este tenaz animalillo se
encuentra en continua regresión, sobre todo en las zonas más secas de la
provincia, por la transformación y destrucción de los escasos puntos
acuáticos que tradicionalmente utilizaba para reproducirse. Igualmente, la
progresiva intensificación de la agricultura, supone un grave problema, por
la destrucción de hábitats, la contaminación con pesticidas y la
sobreexplotación de arroyos y acuíferos. Los atropellos que sufren cuando se
desplazan a sus lugares de reproducción, la contaminación de arroyos y la
introducción de fauna alóctona incompatible, completan el listado de
amenazas directamente causadas por el hombre. Otros factores recientemente
detectados, son las mortandades de larvas debida a unas radiaciones solares
excesivas, al disminuir la capa de ozono y las infecciones producidas por un
hongo, que produce mortandades masivas. Para los interesados en conocer un
poco más sobre esta grave enfermedad que está afectado a multitud de
especies de anfibios a nivel mundial, les recomendamos que visiten la página
Web
www.sosanfibios.org.

Sapo
adulto atropellado, La Rábita (Jaén), octubre 2003.
Si a
todos los factores anteriores añadimos el que en nuestra opinión es el mayor
problema, que es la mala fama y la falta de información que tiene la
población sobre esta y otras especies de anfibios y reptiles, nos
encontramos ante un futuro poco halagüeño para la especie.
El
sapo común representa un elemento más de los ricos ecosistemas que aún nos
rodean, y es una pena, que a causa de una serie de leyendas sin fundamento,
y una “incultura” occidental que se ceba sobre la mayoría de nuestras
especies de anfibios y reptiles, muchos ejemplares mueran bajo la bota o el
azadón. Debemos intentar entre todos, cambiar la imagen negativa que
acompaña a esta especie. El conocimiento de la naturaleza y sus elementos es
la base fundamental para su conservación. Si alguna vez tenemos la suerte de
tropezarnos con un sapo, el único problema que puede causarnos, es un olor
un tanto desagradable a ajos que nos queda en las manos si lo cogemos.
Debemos lavarlas con agua abundante y no tocarnos los ojos, la boca u otras
mucosas. Ni el sapo nos escupe, ni nos quedamos calvos, ni nada de eso.
Simplemente lleva a cabo su existencia sin molestar a nadie, y cargando a
sus espaldas el sanbenito de magia, demonismo y brujería que a su pesar, le
hemos colocado.

Punto
de cría en la Sierra de las Chanzas (Granada).
Propuestas de
conservación:
Desde
nuestra asociación sugerimos una serie de medidas de conservación similares
a las propuestas para otros anfibios;
-Creación de microreservas.
-Restauración de lugares de puestas deteriorados.
-Sanciones eficaces a las introducciones de peces o de cangrejos alóctonos.
-Estudio y seguimientos de las poblaciones.
-Creación de nuevos puntos de cría cercanos a los ya desaparecidos.
-Instalación de barreras en las cunetas de las carreteras y pasos para
anfibios en aquellos puntos negros donde se producen gran número de
atropellos.
-Establecimiento de un nuevo reglamento en la construcción de aljibes o
contenedores de riego en zonas agrícolas, que impida que estas
construcciones se conviertan en trampas mortales para la fauna.
-Persecución de pozos y extracciones ilegales de agua.
-Apoyo
a grupos de estudio y conservación de anfibios por parte de las diferentes
administraciones para una buena puesta en marcha de las anteriores
propuestas.
-Establecimiento de programas de educación ambiental sobre esta y otras
especies, con el objetivo de contrarrestar las falsas leyendas y mitos
relacionados con los sapos.

Punto
de cría en la Sierra de las Chanzas (Granada).
El sapo común en la Sierra de Baza:
Se
trata de una especie bien distribuida por el Parque Natural, siendo más
común en las zonas altas de la mitad oriental. Utiliza para reproducirse los
diversos arroyos que recorren el parque, así como los prados encharcados,
situados a gran altitud en la zona limítrofe con la provincia de Almería.
Las poblaciones situadas al pie de la sierra, y las de las vegas de Baza y
Caniles, si han sufrido un gran retroceso en los últimos años. Se trata de
ejemplares muy interesantes, pues a lo largo de los siglos se han adaptado a
unas condiciones poco propicias para los anfibios, dada la elevada aridez de
la zona, por lo que su desaparición supone una grave perdida. Sería
necesario intensificar los muestreos para determinar con mayor precisión la
distribución de la especie en toda la zona norte de Granada. Al igual que
con el resto de especies, animamos a los lectores del boletín a que nos
comuniquen datos de presencia del sapo común en las comarcas de Baza, Guadix
y Huéscar.
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Macho
adulto, Sierra de Tejeda (Granada), marzo 2004.
©
Javier Fuentes Martín
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