FICHAS DE FAUNA DE LA PROVINCIA DE GRANADA. (Anfibios y reptiles)

 

  

 

 

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Nos encontramos, sin duda, ante el más popular representante del grupo de los anfibios, hasta tal punto que la mayoría de las personas denominan cualquier anuro con el apelativo de rana. También es la especie más abundante y extendida de nuestro país. Al contrario que otros anfibios y reptiles, las ranas han sido mejor valoradas por nuestra sociedad a lo largo de los siglos hasta tal punto que en algunas zonas han pasado a formar parte de la cultura gastronómica. También han constituido para la mayoría de la gente el primer contacto, sobre todo en la niñez, con el mundo de los anfibios. ¿Quién no ha capturado y jugado con ranas cuando crío, o no las ha descuartizado en las clases prácticas de biología? Afortunadamente para las ranas estas prácticas un tanto macabras han desaparecido de los planes de estudio. En definitiva, la rana común es una especie emblemática que no se enfrenta a graves problemas de conservación, al ser muy adaptable y poco exigente. Constituye un recurso económico en algunas zonas e igualmente es un instrumento educativo de primer orden, en el intento de contrarrestar las falsas leyendas atribuidas al conjunto de nuestros anfibios y reptiles.

 

Rana común

(Pelophylax perezi)

 

Por Eduardo Escoriza Abril, Luis García Cardenete, José Luis Esteban y Javier Fuentes Martín (AHG)

 

Juvenil. El Burgo (Málaga), febrero 2005. © Javier Fuentes Martín

 


 

Ficha técnica:

 

Clase: Anfibios

Orden: Anuros (anfibios sin cola)

Familia: Ránidos

Género: Pelophylax

Especie: perezi (Seoane, 1885)

Estatus legal: No aparece incluida en el catálogo andaluz de especies amenazadas (Ley 8/2003, de 28 de Octubre, de la flora y la fauna silvestres), al estar considerada como “No amenazada”.

 

El Atlas y libro rojo de los anfibios y reptiles de España, editado en 2002, la cataloga como “Preocupación menor”, e indica que no es una especie amenazada, debido a su extensa área de distribución y gran volumen poblacional.

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Descripción:

 

Cuando estamos frente a una rana común, lo que más nos llama la atención es su aspecto estilizado e hidrodinámico, perfectamente adaptado para el salto y el buceo. A veces alcanzan longitudes totales superiores a 10 cm., aunque las tallas más habituales oscilan entre 7 y 8 cm. La cabeza está poco diferenciada del resto del cuerpo y conforma una especie de triángulo o punta de flecha con el extremo ligeramente redondeado. Está coronada por unos ojos prominentes muy cercanos entre sí. Las pupilas, horizontales y ovaladas, son de color oscuro y están rodeadas por el iris, de color dorado y salpicado con multitud de pequeños puntos oscuros. No tienen glándulas parótidas y los tímpanos, redondeados, están muy marcados, siendo claramente visibles. Tampoco tienen una mancha oscura detrás de los ojos, lo que nos sirve para diferenciarla del grupo de las ranas pardas (bermeja, ágil, patilarga y pirenaica), presentes en el centro y norte de nuestro país. Los machos poseen sacos vocales de color grisáceo en ambos laterales en las comisuras de la boca.

 

La coloración del cuerpo es muy variable, dominando los tonos de fondo verdoso y pardo. En algunos ejemplares el color puede ser incluso casi negro. La coloración es más viva en la parte anterior del cuerpo y se va oscureciendo conforme nos acercamos a la posterior. Es habitual (aunque no siempre aparece) la presencia de una línea vertebral clara (verde o amarillenta) que recorre todo el lomo desde la punta del hocico hasta llegar casi hasta el ano. También destaca la presencia de 2 líneas glandulares ligeramente elevadas situadas en posición dorsolateral, y que partiendo de cada ojo, terminan su recorrido en el punto en que se insertan las patas traseras. Suelen tener un color dorado o pardo.

 

 

 

Detalle de la cabeza. Sur de Sevilla, noviembre 2004. © Luis García Cardenete

 

 

La zona ventral es de color blanco sucio y puede estar salpicada de manchas irregulares de color negro. La piel es prácticamente lisa, aunque tiene pequeñas glándulas y verrugas distribuidas por todo el cuerpo. Las patas delanteras son robustas y tienen cuatro largos dedos libres terminados en punta. Las traseras son muy largas y musculosas, tienen cinco dedos igualmente largos unidos por una membrana interdigital amplia, que actúan como verdaderos remos cuando el animal está en el agua.

 

Dimorfismo sexual: Aparte de su menor tamaño y por poseer sacos vocales, los machos se caracterizan por tener unas patas anteriores más robustas, necesarias para el amplexo o apareamiento, y por la presencia en época de celo de unas callosidades negras en la base y cara interna del primer dedo de las patas delanteras.

 

 

 

Hembra adulta. Cuevas del Becerro (Málaga), febrero 2005. © Javier Fuentes Martín

 

 

Larvas: Son de gran tamaño y miden entre 6 y 7cms., aunque pueden llegar a alcanzar hasta 9 o 10 cms. La cabeza es grande y globosa, y de su zona posterior parte la cresta caudal, que no está muy elevada. La cola termina en punta afilada. Su coloración es muy variable, verde, parda o grisácea, salpicada de puntos y manchas oscuras repartidas irregularmente. La cola también está moteada por multitud de pequeños puntos oscuros y en su parte muscular destaca la presencia de 3 líneas oscuras longitudinales. La zona inferior del cuerpo es blanquecina. El espiráculo está situado en el costado izquierdo y el ano en posición derecha. A simple vista es fácil confundirlas con las larvas de sapo partero.

 

 

 

 

Larva. Pinos Puente (Granada), agosto 2005. © Javier Fuentes Martín

 

 

Distribución geográfica:

 

Se distribuye por toda la Península Ibérica, sur de Francia, Baleares y Canarias. En Granada es el anfibio más abundante y extendido, y sólo se ve limitado por la altitud.

 

En el grupo de las ranas verdes europeas, donde se incluye nuestra rana común, se produce un curioso proceso de hibridación entre sí. En nuestro país se han descrito casos de hibridación entre Rana perezi y Rana ridibunda, que probablemente se han extendido desde Francia. Los híbridos resultantes no son fértiles, pero si estos se cruzan con ejemplares de las especies que podemos denominar “madres”, los descendientes vuelven a ser fértiles, dando lugar a un complejo denominado “hibridogenético”. A los ejemplares resultantes de este proceso se les denomina” rana híbrida de Graf”, y a simple vista son indistinguibles de las ranas comunes. Recientes estudios genéticos han demostrado que estos ejemplares se van extendiendo poco a poco por la península, con el consiguiente deterioro genético de nuestras ranas.

 

 

 

Mapa de distribución provincial.

 

 

Ecología de la especie: 

 

La rana común es el anfibio más fácil de observar en nuestro entorno, pues muestra una actividad mucho más diurna que el resto de las especies de nuestra provincia. Es una especie muy adaptable y poco exigente a la hora de seleccionar el hábitat. Cualquier masa de agua, temporal o permanente, es susceptible de acoger una población de ranas. Es el anfibio más abundante en los ríos, arroyos, lagunas, albercas e incluso modernas estructuras de almacenamiento de agua utilizadas en la agricultura intensiva. Con respecto a la calidad del agua, tampoco es muy exigente y puede soportar importantes grados de contaminación orgánica y salinidad. En Granada la podemos encontrar casi en cualquier sitio que mantenga agua más o menos de forma permanente. Su distribución sólo se ve algo limitada por la altitud, empezando a ser rara a partir de los 1500 m de altura y mostrándose mucho más abundante en la costa y las vegas provinciales. La máxima cota a la que ha sido encontrada en toda su área de distribución natural, son 2400 m en Sierra Nevada.

 

 

 

Charca típica habitada por la rana común, Maro (Málaga), junio 2004. © José Luis Esteban Sánchez

 

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También es el anfibio más ligado al agua de todos, alejándose pocos metros del líquido elemento en cuyas cercanías lleva a cabo todo su ciclo vital. Por tanto su presencia no está influida por la calidad de los hábitats terrestres, por lo que podemos encontrarla en ambientes muy degradados, incluyendo el interior de pueblos y ciudades. Su capacidad de colonización es espectacular, y durante la noche pueden emprender largos recorridos en busca de nuevos puntos de agua.

 

Se muestran activas durante la mayor parte del año, aunque dependiendo de la altitud y la temperatura de la zona en que se encuentren, pueden hibernar en la estación fría durante un periodo más o menos prolongado. Para ello suelen esconderse bajo piedras, troncos y cavidades en las cercanías del agua e incluso pueden permanecer semienterradas en el fondo de la charca o riachuelo. En periodos de sequía en el que el agua es escasa e incluso llega a desaparecer, también tienen la capacidad de estivar, enterrándose igualmente en el barro o bajo piedras, a la espera de que las lluvias llenen de nuevo su charca.

 

 

Macho con los sacos vocales hinchados. Sierra de Chanzas, Montefrío (Granada), marzo 2005.

 © José Luis Esteban Sánchez

 

De todos nuestros anfibios, la rana es la que comienza más tarde su periodo reproductor. Bien entrada la primavera, a finales de marzo y principios de abril (dependiendo de la altitud), y cuando en las charcas ya pululan cientos de renacuajos de sapos y tritones, las ranas comienzan a aparearse. Los machos hinchan sus sacos vocales mientras flotan en la superficie del agua o posados en las orillas, intentando atraer a alguna hembra. Los coros se suceden durante semanas o meses, y dan comienzo los amplexos axilares, generalmente durante la noche. Las hembras depositan masas gelatinosas de buen tamaño que pueden contener de 1000 a 7000 huevos que miden 1 o 2 mm. Seleccionan sobre todo medios acuáticos permanentes, pues el desarrollo de los renacuajos es relativamente largo. Las puestas se enrollan sobre plantas o cualquier objeto que se encuentre en el agua, o reposan directamente sobre el fondo. Las hembras pueden hacer 2 o 3 puestas durante la primavera y el verano.

 

 

 

Huevos embrionados, Pinos Puente (Granada), mayo 2005. © Javier Fuentes Martín

 

Los pequeños renacuajos eclosionan a los 7 u 8 días, permaneciendo 2 o 3 más inactivos alimentándose del saco vitelino. Posteriormente se dispersan por la charca, alimentándose de detritus y plantas acuáticas que roen poco a poco. Su desarrollo está influenciado por distintos factores, aunque el más importante es la densidad de renacuajos. Cuantos más hay, menos alimento tienen a su disposición, por lo que se desarrollan menos, alcanzando un tamaño inferior al terminar la metamorfosis. Si el agua disminuye en la charca, también aceleran su crecimiento con el mismo resultado. En condiciones óptimas, el desarrollo completo dura 2 o 3 meses, llegando a medir 6 cms. antes de convertirse en pequeñas ranitas durante los meses de julio y agosto. Es frecuente encontrar larvas que pasan el invierno en el agua y que terminan su ciclo en la primavera siguiente, alcanzando tamaños mucho mayores, hasta casi 10 cms. Tienen multitud de depredadores, culebras, insectos acuáticos, galápagos, peces, aves acuáticas...

 

 

 

Ranita recién metamorfoseada. Pinos Puente (Granada), agosto 2005. © Javier Fuentes Martín

 

 

Las pequeñas ranitas se alimentan de insectos, moluscos, lombrices, y conforme van creciendo consumen presas de mayor tamaño. Se han documentado casos de captura incluso de pequeños reptiles, mamíferos e incluso aves. También son caníbales. Generalmente las ranas cazan al acecho, situadas en los bordes del agua y saltando sobre sus presas, aunque también pueden buscar activamente su alimento en tierra. Alcanzan la madurez sexual a los 2 o 3 años y pueden vivir hasta 6 o 7. Sus principales depredadores son las culebras de agua, aves acuáticas (garzas) y mamíferos (turón y  nutria).  Cuando son capturadas emiten un chillido agudo. Su principal mecanismo de defensa es la huida, gracias a sus espectaculares saltos y rápida natación, pueden ocultarse escapando con gran facilidad. A veces adoptan posturas defensivas como los sapos, levantado las patas traseras, agachando la cabeza e hinchándose de aire.

 

 

 

Rana devorando un pececillo. Aiguamolls de l’Empordà, (Girona).

Foto amablemente cedida por © Antoni Lucena

 

 

Estado de conservación, problemática:

 

La rana común es el anfibio menos amenazado de todos los presentes en nuestra provincia. Incluso en los últimos años se ha visto favorecida por la proliferación de nuevas balsas utilizadas para los regadíos intensivos, que ha colonizado con rapidez. Estas nuevas estructuras actúan como trampas para el resto de anfibios que tienen una fase terrestre prolongada, pues una vez que caen en ellas no pueden salir y mueren ahogadas. La rana es mucho más adaptable, y dadas sus condiciones físicas tiene mayor facilidad para entrar y salir de ellas.

 

Pero todo no iba a ser perfecto, y se da la circunstancia de que muchas poblaciones tradicionales están desapareciendo como consecuencia de tres factores principales:

 

Contaminación del agua: Aunque es una especie ciertamente tolerante con la contaminación orgánica, no es capaz de soportar los elevados niveles de contaminantes químicos procedentes de la agricultura, sobre todo pesticidas y herbicidas. En zonas donde tradicionalmente pululaban las ranas, como la vega de Granada, cada día es más raro observar sus saltos y acrobacias.

 

Destrucción del hábitat: Paralelamente al incremento de nuevos puntos de agua artificiales que han beneficiado sin duda a la rana, estamos asistiendo a un proceso acelerado de destrucción de hábitats acuáticos tradicionales, donde podíamos encontrar tanto a la rana como al resto de anfibios de nuestra provincia. Desecación de charcas tradicionales, intubación de arroyos, destrucción de vegetación ribereña, sobreexplotación de acuíferos, y un largo etc.

 

Introducción de especies alóctonas: Podemos indicar que la coexistencia de peces y anfibios es poco beneficiosa para estos últimos. Nuestros ríos y arroyos acogían hasta la fecha especies de peces como el barbo gitano (Barbus sclateri)  de carácter herbívoro y detritívoro que no afectaba en nada a la rana. La fiebre introductora de especies objeto de pesca deportiva, como el black bass, el lucio, la carpa y muchas otras, hace que cada día sea más raro encontrar una humilde rana en cualquiera de nuestros ríos y pantanos, a no ser en pequeños charcos periféricos donde los peces no llegan. Al igual que con los  peces ha ocurrido con los cangrejos y los galápagos. Nuestras especies autóctonas también están siendo sustituidas por especies americanas.

 

Y un dato que quizás poca gente se haya parado a pensar, es que la proliferación de aves acuáticas como las garzas, favorecidas por los cada vez más numerosos pantanos superpoblados de peces y piscifactorías, suponen un grave peligro para la estabilidad de las poblaciones de anfibios. Creemos que este es un aspecto poco estudiado y que puede tener unos efectos poco deseados.

 

 

 

Rana asomando entre la vegetación acuática. Almonaster (Huelva), marzo 2005. © Luis García Cardenete

 

Propuestas de conservación

 

Como para el resto de anfibios sugerimos las siguientes propuestas:

-Protección de ríos y charcas.

-Restauración de lugares de puestas deteriorados.

-Sanciones eficaces a las introducciones de peces o de cangrejos alóctonos.

-Señalización en las propias charcas de que está prohibido soltar peces, cangrejos o galápagos.

-Estudio y seguimientos de las poblaciones.

-Establecimiento de un nuevo reglamento en la construcción de aljibes o contenedores de riego en zonas agrícolas, que impida que estas construcciones se conviertan en trampas mortales para la fauna.

-Persecución de pozos y extracciones ilegales de agua.

-Apoyo a grupos de estudio y conservación de anfibios por parte de las diferentes administraciones para una buena puesta en marcha de las anteriores propuestas.

-Establecimiento de programas de educación ambiental sobre esta y otras especies. La rana es un instrumento ideal, por su abundancia y buena valoración social, para introducir a nuestros hijos en el fascinante mundo de los anfibios y reptiles.              

 

 

 

Habitat típico de la rana común, Loja (Granada), mayo 2004. © Luis García Cardenete

    

La rana común en la Sierra de Baza

 

La rana es abundante en las zonas bajas del Parque Natural. A partir de los 1.000 metros se hace más rara aunque hemos llegado a localizarla a 1.800 metros en el refugio del Cascajar. Agradecemos el envío de citas de rana en la zona de Baza, para completar el mapa de distribución provincial.

 

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Macho adulto, Sierra de Loja (Granada), marzo 2004.  © Javier Fuentes Martín

 

 

 

 

 

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