Ficha técnica:
Clase: Anfibios
Orden: Anuros
(anfibios sin cola)
Familia: Ránidos
Género: Pelophylax
Especie: perezi
(Seoane, 1885)
Estatus legal:
No aparece incluida en el catálogo andaluz de especies
amenazadas (Ley 8/2003, de 28 de Octubre, de la flora y la fauna
silvestres), al estar considerada como “No amenazada”.
El Atlas y libro
rojo de los anfibios y reptiles de España, editado en 2002, la cataloga
como “Preocupación menor”, e indica que no es una especie amenazada,
debido a su extensa área de distribución y gran volumen poblacional.
Fi
Descripción:
Cuando
estamos frente a una rana común, lo que más nos llama la atención es su
aspecto estilizado e hidrodinámico, perfectamente adaptado para el salto y
el buceo. A veces alcanzan longitudes totales superiores a 10 cm., aunque
las tallas más habituales oscilan entre 7 y 8 cm. La cabeza está poco
diferenciada del resto del cuerpo y conforma una especie de triángulo o
punta de flecha con el extremo ligeramente redondeado. Está coronada por
unos ojos prominentes muy cercanos entre sí. Las pupilas, horizontales y
ovaladas, son de color oscuro y están rodeadas por el iris, de color dorado
y salpicado con multitud de pequeños puntos oscuros. No tienen glándulas
parótidas y los tímpanos, redondeados, están muy marcados, siendo claramente
visibles. Tampoco tienen una mancha oscura detrás de los ojos, lo que nos
sirve para diferenciarla del grupo de las ranas pardas (bermeja, ágil,
patilarga y pirenaica), presentes en el centro y norte de nuestro país. Los
machos poseen sacos vocales de color grisáceo en ambos laterales en las
comisuras de la boca.
La
coloración del cuerpo es muy variable, dominando los tonos de fondo verdoso
y pardo. En algunos ejemplares el color puede ser incluso casi negro. La
coloración es más viva en la parte anterior del cuerpo y se va oscureciendo
conforme nos acercamos a la posterior. Es habitual (aunque no siempre
aparece) la presencia de una línea vertebral clara (verde o amarillenta) que
recorre todo el lomo desde la punta del hocico hasta llegar casi hasta el
ano. También destaca la presencia de 2 líneas glandulares ligeramente
elevadas situadas en posición dorsolateral, y que partiendo de cada ojo,
terminan su recorrido en el punto en que se insertan las patas traseras.
Suelen tener un color dorado o pardo.

Detalle de la cabeza. Sur de Sevilla, noviembre 2004. ©
Luis García Cardenete
La
zona ventral es de color blanco sucio y puede estar salpicada de manchas
irregulares de color negro. La piel es prácticamente lisa, aunque tiene
pequeñas glándulas y verrugas distribuidas por todo el cuerpo. Las patas
delanteras son robustas y tienen cuatro largos dedos libres terminados en
punta. Las traseras son muy largas y musculosas, tienen cinco dedos
igualmente largos unidos por una membrana interdigital amplia, que actúan
como verdaderos remos cuando el animal está en el agua.
Dimorfismo sexual: Aparte de su menor tamaño y por poseer sacos vocales, los
machos se caracterizan por tener unas patas anteriores más robustas,
necesarias para el amplexo o apareamiento, y por la presencia en época de
celo de unas callosidades negras en la base y cara interna del primer dedo
de las patas delanteras.

Hembra adulta. Cuevas del Becerro (Málaga),
febrero 2005. ©
Javier Fuentes Martín
Larvas: Son de
gran tamaño y miden entre 6 y 7cms., aunque pueden llegar a alcanzar hasta 9
o 10 cms. La cabeza es grande y globosa, y de su zona posterior parte la
cresta caudal, que no está muy elevada. La cola termina en punta afilada. Su
coloración es muy variable, verde, parda o grisácea, salpicada de puntos y
manchas oscuras repartidas irregularmente. La cola también está moteada por
multitud de pequeños puntos oscuros y en su parte muscular destaca la
presencia de 3 líneas oscuras longitudinales. La zona inferior del cuerpo es
blanquecina. El espiráculo está situado en el costado izquierdo y el ano en
posición derecha. A simple vista es fácil confundirlas con las larvas de
sapo partero.

Larva. Pinos Puente (Granada),
agosto 2005.
©
Javier Fuentes Martín
Distribución geográfica:
Se
distribuye por toda la Península Ibérica, sur de Francia, Baleares y
Canarias. En Granada es el anfibio más abundante y extendido, y sólo se ve
limitado por la altitud.
En el
grupo de las ranas verdes europeas, donde se incluye nuestra rana común, se
produce un curioso proceso de hibridación entre sí. En nuestro país se han
descrito casos de hibridación entre Rana perezi y Rana ridibunda,
que probablemente se han extendido desde Francia. Los híbridos resultantes
no son fértiles, pero si estos se cruzan con ejemplares de las especies que
podemos denominar “madres”, los descendientes vuelven a ser fértiles, dando
lugar a un complejo denominado “hibridogenético”. A los ejemplares
resultantes de este proceso se les denomina” rana híbrida de Graf”, y a
simple vista son indistinguibles de las ranas comunes. Recientes estudios
genéticos han demostrado que estos ejemplares se van extendiendo poco a poco
por la península, con el consiguiente deterioro genético de nuestras ranas.

Mapa
de distribución provincial.
Ecología de la especie:
La
rana común es el anfibio más fácil de observar en nuestro entorno, pues
muestra una actividad mucho más diurna que el resto de las especies de
nuestra provincia. Es una especie muy adaptable y poco exigente a la hora de
seleccionar el hábitat. Cualquier masa de agua, temporal o permanente, es
susceptible de acoger una población de ranas. Es el anfibio más abundante en
los ríos, arroyos, lagunas, albercas e incluso modernas estructuras de
almacenamiento de agua utilizadas en la agricultura intensiva. Con respecto
a la calidad del agua, tampoco es muy exigente y puede soportar importantes
grados de contaminación orgánica y salinidad. En Granada la podemos
encontrar casi en cualquier sitio que mantenga agua más o menos de forma
permanente. Su distribución sólo se ve algo limitada por la altitud,
empezando a ser rara a partir de los 1500 m de altura y mostrándose mucho
más abundante en la costa y las vegas provinciales. La máxima cota a la que
ha sido encontrada en toda su área de distribución natural, son 2400 m en
Sierra Nevada.

Charca típica habitada por la rana común, Maro (Málaga), junio 2004. ©
José Luis Esteban Sánchez
.
También es el anfibio más ligado al agua de todos, alejándose pocos metros
del líquido elemento en cuyas cercanías lleva a cabo todo su ciclo vital.
Por tanto su presencia no está influida por la calidad de los hábitats
terrestres, por lo que podemos encontrarla en ambientes muy degradados,
incluyendo el interior de pueblos y ciudades. Su capacidad de colonización
es espectacular, y durante la noche pueden emprender largos recorridos en
busca de nuevos puntos de agua.
Se
muestran activas durante la mayor parte del año, aunque dependiendo de la
altitud y la temperatura de la zona en que se encuentren, pueden hibernar en
la estación fría durante un periodo más o menos prolongado. Para ello suelen
esconderse bajo piedras, troncos y cavidades en las cercanías del agua e
incluso pueden permanecer semienterradas en el fondo de la charca o
riachuelo. En periodos de sequía en el que el agua es escasa e incluso llega
a desaparecer, también tienen la capacidad de estivar, enterrándose
igualmente en el barro o bajo piedras, a la espera de que las lluvias llenen
de nuevo su charca.

Macho
con los sacos vocales hinchados. Sierra de Chanzas, Montefrío (Granada),
marzo 2005.
©
José Luis Esteban Sánchez
De
todos nuestros anfibios, la rana es la que comienza más tarde su periodo
reproductor. Bien entrada la primavera, a finales de marzo y principios de
abril (dependiendo de la altitud), y cuando en las charcas ya pululan
cientos de renacuajos de sapos y tritones, las ranas comienzan a aparearse.
Los machos hinchan sus sacos vocales mientras flotan en la superficie del
agua o posados en las orillas, intentando atraer a alguna hembra. Los coros
se suceden durante semanas o meses, y dan comienzo los amplexos axilares,
generalmente durante la noche. Las hembras depositan masas gelatinosas de
buen tamaño que pueden contener de 1000 a 7000 huevos que miden 1 o 2 mm.
Seleccionan sobre todo medios acuáticos permanentes, pues el desarrollo de
los renacuajos es relativamente largo. Las puestas se enrollan sobre plantas
o cualquier objeto que se encuentre en el agua, o reposan directamente sobre
el fondo. Las hembras pueden hacer 2 o 3 puestas durante la primavera y el
verano.

Huevos
embrionados, Pinos Puente (Granada), mayo 2005.
© Javier Fuentes Martín
Los
pequeños renacuajos eclosionan a los 7 u 8 días, permaneciendo 2 o 3 más
inactivos alimentándose del saco vitelino. Posteriormente se dispersan por
la charca, alimentándose de detritus y plantas acuáticas que roen poco a
poco. Su desarrollo está influenciado por distintos factores, aunque el más
importante es la densidad de renacuajos. Cuantos más hay, menos alimento
tienen a su disposición, por lo que se desarrollan menos, alcanzando un
tamaño inferior al terminar la metamorfosis. Si el agua disminuye en la
charca, también aceleran su crecimiento con el mismo resultado. En
condiciones óptimas, el desarrollo completo dura 2 o 3 meses, llegando a
medir 6 cms. antes de convertirse en pequeñas ranitas durante los meses de
julio y agosto. Es frecuente encontrar larvas que pasan el invierno en el
agua y que terminan su ciclo en la primavera siguiente, alcanzando tamaños
mucho mayores, hasta casi 10 cms. Tienen multitud de depredadores, culebras,
insectos acuáticos, galápagos, peces, aves acuáticas...

Ranita recién metamorfoseada. Pinos Puente (Granada), agosto 2005.
© Javier Fuentes Martín
Las
pequeñas ranitas se alimentan de insectos, moluscos, lombrices, y conforme
van creciendo consumen presas de mayor tamaño. Se han documentado casos de
captura incluso de pequeños reptiles, mamíferos e incluso aves. También son
caníbales. Generalmente las ranas cazan al acecho, situadas en los bordes
del agua y saltando sobre sus presas, aunque también pueden buscar
activamente su alimento en tierra. Alcanzan la madurez sexual a los 2 o 3
años y pueden vivir hasta 6 o 7. Sus principales depredadores son las
culebras de agua, aves acuáticas (garzas) y mamíferos (turón y nutria).
Cuando son capturadas emiten un chillido agudo. Su principal mecanismo de
defensa es la huida, gracias a sus espectaculares saltos y rápida natación,
pueden ocultarse escapando con gran facilidad. A veces adoptan posturas
defensivas como los sapos, levantado las patas traseras, agachando la cabeza
e hinchándose de aire.

Rana
devorando un pececillo. Aiguamolls de l’Empordà, (Girona).
Foto
amablemente cedida por ©
Antoni Lucena
Estado de conservación,
problemática:
La
rana común es el anfibio menos amenazado de todos los presentes en nuestra
provincia. Incluso en los últimos años se ha visto favorecida por la
proliferación de nuevas balsas utilizadas para los regadíos intensivos, que
ha colonizado con rapidez. Estas nuevas estructuras actúan como trampas para
el resto de anfibios que tienen una fase terrestre prolongada, pues una vez
que caen en ellas no pueden salir y mueren ahogadas. La rana es mucho más
adaptable, y dadas sus condiciones físicas tiene mayor facilidad para entrar
y salir de ellas.
Pero
todo no iba a ser perfecto, y se da la circunstancia de que muchas
poblaciones tradicionales están desapareciendo como consecuencia de tres
factores principales:
Contaminación del agua:
Aunque es una especie ciertamente tolerante con la contaminación orgánica,
no es capaz de soportar los elevados niveles de contaminantes químicos
procedentes de la agricultura, sobre todo pesticidas y herbicidas. En zonas
donde tradicionalmente pululaban las ranas, como la vega de Granada, cada
día es más raro observar sus saltos y acrobacias.
Destrucción del hábitat:
Paralelamente al incremento de nuevos puntos de agua artificiales que han
beneficiado sin duda a la rana, estamos asistiendo a un proceso acelerado de
destrucción de hábitats acuáticos tradicionales, donde podíamos encontrar
tanto a la rana como al resto de anfibios de nuestra provincia. Desecación
de charcas tradicionales, intubación de arroyos, destrucción de vegetación
ribereña, sobreexplotación de acuíferos, y un largo etc.
Introducción de especies alóctonas:
Podemos indicar que la coexistencia de peces y anfibios es poco beneficiosa
para estos últimos. Nuestros ríos y arroyos acogían hasta la fecha especies
de peces como el barbo gitano (Barbus sclateri) de carácter
herbívoro y detritívoro que no afectaba en nada a la rana. La fiebre
introductora de especies objeto de pesca deportiva, como el black bass, el
lucio, la carpa y muchas otras, hace que cada día sea más raro encontrar una
humilde rana en cualquiera de nuestros ríos y pantanos, a no ser en pequeños
charcos periféricos donde los peces no llegan. Al igual que con los peces
ha ocurrido con los cangrejos y los galápagos. Nuestras especies autóctonas
también están siendo sustituidas por especies americanas.
Y un
dato que quizás poca gente se haya parado a pensar, es que la proliferación
de aves acuáticas como las garzas, favorecidas por los cada vez más
numerosos pantanos superpoblados de peces y piscifactorías, suponen un grave
peligro para la estabilidad de las poblaciones de anfibios. Creemos que este
es un aspecto poco estudiado y que puede tener unos efectos poco deseados.

Rana
asomando entre la vegetación acuática. Almonaster (Huelva), marzo 2005. ©
Luis García Cardenete
Propuestas de conservación
Como
para el resto de anfibios sugerimos las siguientes propuestas:
-Protección de ríos y charcas.
-Restauración de lugares de puestas deteriorados.
-Sanciones eficaces a las introducciones de peces o de cangrejos alóctonos.
-Señalización en las propias charcas de que está prohibido soltar peces,
cangrejos o galápagos.
-Estudio y seguimientos de las poblaciones.
-Establecimiento de un nuevo reglamento en la construcción de aljibes o
contenedores de riego en zonas agrícolas, que impida que estas
construcciones se conviertan en trampas mortales para la fauna.
-Persecución de pozos y extracciones ilegales de agua.
-Apoyo
a grupos de estudio y conservación de anfibios por parte de las diferentes
administraciones para una buena puesta en marcha de las anteriores
propuestas.
-Establecimiento de programas de educación ambiental sobre esta y otras
especies. La rana es un instrumento ideal, por su abundancia y buena
valoración social, para introducir a nuestros hijos en el fascinante mundo
de los anfibios y reptiles.

Habitat típico de la rana común, Loja (Granada), mayo 2004. ©
Luis García Cardenete
La rana común en la Sierra de Baza
La
rana es abundante en las zonas bajas del Parque Natural. A partir de los
1.000 metros se hace más rara aunque hemos llegado a localizarla a 1.800
metros en el refugio del Cascajar. Agradecemos el envío de citas de rana en
la zona de Baza, para completar el mapa de distribución provincial.
.

Macho
adulto, Sierra de Loja (Granada), marzo 2004.
©
Javier Fuentes Martín
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