FICHAS DE AVES DEL PARQUE NATURAL “SIERRA DE BAZA”

 

LA PERDIZ ROJA (Alectoris rufa)

©  Eduardo Nogueras Ocaña

Ejemplar adulto de perdiz roja

 


FICHA TÉCNICA

Orden: Galliformes

Familia: Phasisnidae

Especie: Alectoris rufa

Estatus: especie cinegética, que ha pasado a una situación crítica por su escasez y caza masiva.

Longevidad: pueden vivir hasta 6 años.

Peso: 450 gramos aproximadamente.

Envergadura: con las alas abiertas pueden medir alrededor de 53 cms.

Longitud: 33 cms. aproximadamente.

 

 

DESCRIPCIÓN DE LA ESPECIE

 

Es una gallinácea algo más robusta que una paloma. El pico y las patas son de color rojo (de ahí su nombre) y en la cabeza luce un anillo ocular rojo y una banda de color negro que va desde el cuello hasta la franja ocular. Su garganta es blanca y el pecho azulado. Su plumaje dorsal es de color pardo, presentando unos flancos de colores pardos, negros y grises, que le ayudan a camuflarse por el suelo. Los inmaduros tienen un color más apagado.

 

©  Alfonso Roldán Losada

Imagen de la cabeza donde se puede observar perfectamente el anillo ocular de color rojo.

 

 

Su hábitat  está asociado a zonas de escasa vegetación, zonas de monte bajo de tipo mediterráneo. Suele ubicarse cerca de zonas de cultivo. En la provincia de Granada “Se encuentra en una gran cantidad de biotopos, desde el piso termo al oromediterráneo; solo evita las vegas y algunas formaciones de pinos. No se observa clara diferencia por la orientación de las laderas que habita. Las máximas densidades relativas se alcanzan en el matorral-pastizal del piso mesomediterráneo” (Juan M. Pleguezuelos 1992).

 

La alimentación de la perdiz roja es variada, come hojas, brotes, bayas, semillas e incluso insectos. Es un ave muy bien adaptada a la falta de agua, que aguanta grandes periodos de tiempo sin beber con el solo líquido que le proporciona su alimentación. Con respecto a su alimentación natural, un estudio llevado a cabo por Vizen y Piñero (1977) en el sureste de Portugal y Extremadura indica que las semillas y frutos constituyen la mayor parte de su dieta (60%); raíces (15%), tallos y hojas (22%) completan la materia vegetal ingerida, en tanto la materia animal alcanza sólo el 3%. Lógicamente estas proporciones se modifican a lo largo del año, en función de la disponibilidad natural de alimentos. En pollos, Rueda (1986) determinó que el consumo de invertebrados es muy alto durante la primera semana edad y disminuye rápidamente (80,5; 68,9 y 50,9% para la 1ª, 2ª y 3ª semana, respectivamente), indicando mayores necesidades de proteína en los primeros días de vida.

 

 

©  Eduardo Nogueras Ocaña

Pollo de perdiz acercándose a una charca a beber.

 

 

El nido de la perdiz  esta ubicado generalmente en el suelo, cubierto de hojas y arbustos. La puesta tiene lugar de Abril a Junio y suelen poner de diez a diecisiete huevos. La incubación la realiza la hembra durante tres semanas, siendo los pollos nidífugos, es decir, que abandonarán el nido nada más nacer, pudiendo alimentarse por si mismos, aunque necesitarán la guía y protección de la hembra durante algún tiempo. Suele suceder que una hembra realiza dos puestas, en cuyo caso el macho colabora incubando el otro nido. El perdigón nace cubierto de un plumón de color terroso absolutamente mimético, a las 4 semanas es mudado pudiendo ya volar; las plumas definitivas las alcanzan a los 3 meses. Los machos presentan unos característicos espolones.

 

En la fase no reproductora se agrupan en bandas de 15 a 30 individuos, entre adultos y pollos del año; de 4 a 6 machos solteros o viudos; aunque también puede haber machos solitarios.

 

©  José Ángel Rodríguez

Perdigón o pollo de perdiz de una semana de vida camuflado entre la vegetación intentando mimetizarse, favorecido por el color terroso de su plumaje en esta fase.

 

 

El vuelo de la perdiz es enérgico y rápido, suele permanecer en el suelo, hasta que al más mínimo peligro, sale batiendo las alas fuertemente y sin elevarse mucho del suelo, realizando un desplazamiento de unos cien metros buscado una zona más segura.

 

 

©  Alfonso Roldán Losada

Perdiz roja en vuelo planeando después de batir enérgicamente sus alas.  

 

 

Su reclamo es muy característico. Sólo canta el macho; emitiendo un sonido repetitivo, como un chasquido “chac-chac-chaac” que se repite a intervalos. Al comenzar el invierno, los machos comienzan a emitir su reclamo con bastante frecuencia para atraer a las hembras y para delimitar su territorio.

 

La perdiz  tiene entre otros enemigos naturales a las aves de presa; de ahí que se siempre que puede recurre al camuflaje de su plumaje para evitar ser detectada.

 

©  Eduardo Nogueras Ocaña

Fuera de época de cría las perdices se juntan en pequeños bandos.

 

En cuanto al estatus de la perdiz roja en España voy a citar textualmente un artículo elaborado por D. Manuel Lachica, 
científico titular del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) perteneciente a la Unidad de Nutrición Animal 
de la Estación Experimental del Zaidín en Granada y en el que dice lo siguiente:
 

“Es la especie cinegética por excelencia y este hecho la ha colocado en una situación muy preocupante, por lo que parece oportuno hacer una breve referencia a esta situación. Su importancia ecológica y cinegética en España y específicamente en Andalucía, es enorme. Sin embargo, la especie se encuentra en situación crítica debido a su escasez tanto en número como en pureza genética, a causa de repoblaciones descontroladas. Aunque la legislación regula la ordenación zootécnico-sanitaria de las granjas cinegéticas y prohíbe la suelta de especies otras que perdiz roja, dicha suelta se produce, lo que conduce a hibridaciones, con pérdida del carácter salvaje de la perdiz autóctona. La eficiencia reproductiva de la perdiz roja (nº de pollos viables/hembra reproductora y año) es inferior a la observada en genotipos importados. Esto, junto con su menor eficiencia productiva ha incentivado su cruce con la perdiz griega en las granjas cinegéticas. El resultado es que la suelta de estos híbridos supone un riesgo para las poblaciones de perdiz roja autóctona. Lamentablemente, el espectacular aumento del turismo de caza está conduciendo a una situación alarmante. Según el Anuario de Estadística del MAPA en el año 2003 se cobraron 3.062.395 perdices, de las cuales 576.616 corresponden a Andalucía, con un valor imputable a las piezas de 6,39 euros/pieza, al que habría que adicionar el correspondiente a ingresos percibidos por la utilización cinegética de las tierras. En la mencionada estadística, el número de licencias de caza ascendía a 1.157.969 de las cuales 211.022 correspondieron a Andalucía. Estimaciones de Lucio (1998) sobre el número total de parejas reproductoras de perdiz roja en libertad en España sitúan éste entre 1,8 y 3,6 millones. Una simple división nos puede dar una clara idea de la situación. En la actualidad, la única manera, no ya de incrementar sino de mantener el censo, es la cría en cautividad. Si bien, esta práctica puede ocultar algunos peligros para la conservación de ciertas características naturales de las especies o de las poblaciones (Carranza y col., 2003). Un buen ejemplo de ello, como ya hemos mencionado, es el peligro de hibridación con otras especies de perdiz con mayor precocidad o producción de huevos, estando prohibida la suelta tanto de especies que puedan hibridar con la perdiz roja como de cualquiera de sus híbridos (BOE nº 224, 19/9/1989, Real Decreto 1118/189; Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación). La situación queda perfectamente descrita por el título del trabajo publicado por Carranza y col. (2003): “Game species: extinction hidden by census numbers (Especies cinegéticas: la extinción escondida por el censo)”. Actualmente la especie es criada intensivamente en granjas cinegéticas. Más de 4 millones de individuos se liberan anualmente para repoblar zonas con baja densidad de ejemplares o en las que ya ha desaparecido (Rodríguez y col., 2006)”.

 

Referencias bibliográficas:

 

  • Carranza, J. y col., 2003. Animal Biodiversity and Conservation. 26: 81-84.

·         Lucio, A.J., 1998. Perdiz roja. In: F.J. Purroy (ed.) Atlas de las aves de España. Barcelona: Lynx.

  • Rodríguez, P. y col., 2006. Eur. J. Wildl. Res. 52: 277-281.

·         Rueda, M.J., 1986. Estudio del régimen alimentario de los pollos de perdiz roja durante los primeros 21 días de vida. Tesis doctoral Univ. Comp. Madrid.

·         Sarría, J. y Cruz, J.M., 2000. Su majestad la perdiz roja. Mira Editores, S.A.

·         Vizen y Piñero, 1977. Citado por Gorrachategui (1996).

 

 

LA PERDIZ ROJA EN LA SIERRA DE BAZA

 

 

©  Eduardo Nogueras Ocaña

La perdiz roja suele permanecer la mayoría del tiempo caminando por el suelo en busca de alimento.

 

La  Perdiz Roja está presente en la Sierra de Baza. Es una especie bastante frecuente, que suele verse  en su zona basal, pudiendo también ser observada en zonas de cultivo y zonas de monte bajo. En la Sierra de Baza ha tenido y sigue teniendo gran trascendencia como especie cinegética, lo cual hace que su distribución esté asociada a los cotos de caza que existen dentro del Parque Natural. De todos modos es posible contemplar a esta especie durante todo el año, ya que es sedentaria.

 

En la Guía para conocer y visitar el Parque Natural Sierra de Baza se puede leer un articulo firmado por D. Andrés Torres González, muy completo, sobre la caza en la Sierra de Baza  del cual cito textualmente: “ La perdiz roja es la reina de todas las especies cinegéticas de caza menor. La población de perdices que en tiempos pasados albergó la Sierra, actualmente es un mero recuerdo nostálgico de entonces…”, parece ser que las causas de esta disminución se deben en gran parte a la alteración del hábitat de esta especie, debido a la transformación del paisaje, por las masivas reforestaciones monoespecíficas de pinos.

 

CONTENIDOS INTERIORES SOBRE LA PERDIZ EN LA SIERRA DE BAZA

LA CAZA DE LA PERDIZ CON RECLAMO.  Por José Valdivieso Sánchez.. Relato en el que se contienen unos interesantes apuntes históricos sobre esta modalidad de caza, las características de su práctica y su ejercicio  en la Sierra de Baza, como actividad tradicional que cuenta con mucha afición.

  

Texto: Eduardo Nogueras Ocaña

 

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