FICHAS DE AVES DEL PARQUE NATURAL “SIERRA DE BAZA”

 

EL MIRLO CAPIBLANCO

(Turdus torquatus y T. T. sub. Alpestris)

 

© Andrés Miguel Domínguez

Ejemplar macho adulto de Mirlo capiblanco.

 

FICHA TÉCNICA

Orden: Passeriformes

Familia: Turdidae

Especie: Turdus torquatus y T.T. sub alpestris

Estatus: especie catalogada de interés especial.

Longevidad: pueden vivir hasta nueve años.

Peso: 120 grs., aproximadamente.

Envergadura: con las alas abiertas pueden medir alrededor de 40 cms.

Longitud: 24 cms. aproximadamente.

 

 

DESCRIPCIÓN DE LA ESPECIE

 

En la Península Ibérica se dan cita las dos especies de mirlo capiblanco (Turdus torquatus y Turdus torquatus subespecie alpestris),  la subespecie Turdus t. alpestris es más sureña y llega aquí a comienzos del invierno, permaneciendo hasta la llegada de la primavera, mientras que la especie nominal, está asentada en el norte de la Península, donde llega a criar. La diferenciación de una y otra especie es fácil apreciarla por la forma que tiene su plumaje, ya que el T.t. alpestris, el fotografiado en estas imágenes, tiene el plumaje con un característico  dibujo, en forma de tejado, como las tejas que cubren las cubiertas de las casas, siendo más liso y uniforme el plumaje de la especie nominal.

                          

Lo primero que llama la atención de esta ave es su pecho de color blanco, que contrasta con los tonos oscuros del resto de su plumaje. Su cola es larga y negra y las alas poseen una forma más alargada y estrecha que el mirlo común, como adaptación para poder llevar a cabo grandes migraciones. Su cabeza es negra y sus patas son de color gris claro, sus dedos están provistos de afiladas garras. Su pico es largo y está adaptado para poder atrapar insectos y alimentarse de frutos silvestres. La hembra es de tonos más apagados, su banda pectoral es algo más oscura que la del macho.

 

 

© Andrés Miguel Domínguez

Hembra de Mirlo capiblanco, que a diferencia del macho tiene el plumaje más apagado.

 

 

El hábitat característico de esta especie es la montaña, parajes de bosques abiertos, donde predominan las coníferas, debido a que la altura a la que se desenvuelven es considerable.

  

 

© Eduardo Nogueras Ocaña

En la Sierra de Baza, bajo los calares, donde los pinos silvestres hacen su aparición, se encuentra el entorno ideal de los Mirlos capiblancos.

 

 

 

En el mes de abril, el Mirlo capiblanco comienza su periodo de cría, el nido es una taza de barro, llena de ramitas, hierba que es construido por ambos congéneres. La puesta será de cuatro a cinco huevos que son incubados principalmente por la hembra. A los quince días nacen los poyos que serán alimentados durante dos semanas antes de abandonar el nido.

 

El Mirlo capiblanco se alimenta principalmente de insectos, gusanos semillas y bayas. Buscan en su recorrido por la sierra rocas prominentes y pequeños arbustos donde posarse y detectar el alimento.

 

Su vuelo es más fuerte y directo que el del mirlo común, se desplaza con rapidez en busca de alimento por los páramos y zonas de alta montaña. Mientras que su canto es un “Toc-toc-toc” fuerte, duro y rítmico, aunque resulta ser bastante melódico.

 

 

EL MIRLO CAPIBLANCO EN LA SIERRA DE BAZA

 

© Eduardo Nogueras Ocaña

  

El mirlo capiblanco está presente en la Sierra de Baza, donde hace acto de presencia al comenzar el otoño y se mantiene hasta el final del invierno, cuando se dirige a sus cuarteles de cría en el norte de Europa. Su presencia está ligada a zonas de pinares de alta montaña, donde abundan los roquedos y donde es posible ver a pequeños bandos vagando en busca de alimento.

 

Texto: Eduardo Nogueras Ocaña

 

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