FICHAS DE AVES DEL PARQUE NATURAL “SIERRA DE BAZA”

 

LA CURRUCA CARRASQUEÑA

(Sylvia cantillans)

 

© Juan Cubero

Ejemplar adulto de Curruca carrasqueña.

 

FICHA TÉCNICA

Orden: Passeriformes

Familia: Sylviidae

Especie: Sylvia cantillans

Estatus: especie catalogada de interés especial.

Longevidad: pueden vivir hasta cinco años.

Peso: 11 grs., aproximadamente.

Envergadura: con las alas abiertas pueden medir alrededor de 17 cms.

Longitud: 13 cms. aproximadamente.

 

 

DESCRIPCIÓN DE LA ESPECIE

 

© José Ángel Rodríguez

Macho adulto de Curruca carrasqueña.

La Curruca carrasqueña es un ave de pequeño tamaño que llama en seguida la atención por el color de su anillo ocular que es de color rojo y la bigotera blanca que adorna su rostro. El resto de la cabeza es de color gris con una bigotera de color blanco que contrasta con su vientre rosado. Sus alas y cola son de color gris azulado. Las hembras tienen una garganta de color blanco y las patas de color amarillo. Mientras que los machos tienen unos colores más vivos y llamativos, particularmente en el pecho y garganta.

 

 

 

© Eduardo Nogueras

Hembra de curruca carrasqueña en unas zarzas, donde suele posarse.

 

 

El hábitat característico de esta especie son los bosques abiertos de encinas, eriales y zarzales cerca de las corrientes de agua, la que es fundamental en la biología de esta ave.

 

La Curruca carrasqueña llega a la Península Ibérica hacia el mes de febrero, momento en el que comienzan los rituales de apareamiento y la consiguiente ubicación del nido en setos, zarzales y espinos donde queda protegido de los depredadores. Se trata de una taza de pequeño tamaño realizada a base de raíces, hojas y tallos secos, tapizada de musgo y situado a poca altura del suelo. Ya en el mes de abril se produce la primera nidada donde la hembra suele poner de tres a cuatro huevos. Antes del mes de junio es posible que tenga lugar una segunda nidada. Los poyos son alimentados por ambos congéneres y estarán listos para volar a las casi dos semanas. 

 

 

© Juan Cubero

Hembra de Curruca carrasqueña cerca de un manantial de agua, lugar donde acude a beber en verano y a limpiar su plumaje.

 

  

La alimentación de esta especie se basa en insectos y arañas principalmente.

 

El vuelo de ondulante, realiza un batir de alas fuerte que no se alarga en el tiempo, posándose rápidamente a cobijo entre las ramas.

 

El canto es un reclamo agudo y seco, acompañado por un gorjeo musical.

 

 

© José Ángel Rodríguez

Curruca carrasqueña en la que se aprecia la longitud de la cola, principal detalle anatómico para diferenciarla de la Curruca rabilarga.

 

La especie es fácil de confundir con la Curruca rabilarga (Sylvia undata) al presentar cierta similitudes de plumaje y  con la que también coincide en hábitats, pero se diferencian una y otra en que la carrasqueña tiene la cola más corta que la rabilarga.

 

 

LA CURRUCA CARRASQUEÑA EN LA SIERRA DE BAZA

 

© Eduardo Nogueras

Hembra de Curruca carrasqueña fotografiada en la Sierra de Baza.

 

La Curruca carrasqueña es un ave nidificante estival, que está presente en la Sierra de Baza, tras su llegada de los cuarteles africanos hacia el mes de febrero, toma su territorio y comienza su ciclo reproductivo en los encinares y zonas abiertas de la sierra hasta el mes de septiembre. Se trata de una especie común y relativamente abundante, que debido a su costumbre de posarse en arbustos frondosos y espinosos, no es fácil de detectar, siendo los lugares donde se aproxima a beber agua o asearse de forma habitual, los mejores para su observación y avistamiento.

 

 

Texto: Eduardo Nogueras Ocaña

 

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