|
Ficha técnica:
Clase: Reptiles
Orden: Escamosos
Familia:
Lacértidos
Género: Timon
Especie: lepidus
(Daudin, 1802)
Estatus legal:
No aparece incluido ni en el Catálogo andaluz de especies
amenazadas (Ley 8/2003, de 28 de Octubre, de la flora y la fauna
silvestres), ni en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. En el
Atlas y Libro Rojo de los Anfibios y Reptiles de España, editado en 2002,
está catalogado dentro de la categoría Preocupación menor (LC) que
recoge aquellas especies, que no cumplen ninguno de los criterios para ser
incluidas en las categorías de mayor amenaza de desaparición (Casi
amenazada, NT, Vulnerable, VU, En peligro, EN, o En
peligro crítico, CR). El conjunto de sus poblaciones carece de
amenazas significativas.
No
obstante se propone la inclusión de la subespecie nevadensis, que
habita entre otras, tierras granadinas, dentro de la categoría Casi
amenazada (NT) pues aunque no cumple los criterios para ser considerado
como vulnerable, está próximo a hacerlo de forma inminente o en el futuro.

©
Javier
Fuentes
Primer plano de un juvenil subespecie lepida. Sierra Seca (Granada),
marzo 2006.
Nuestro particular “dragón mediterraneo”.
El
lagarto ocelado es un saurio de gran tamaño y robustez, en el que destaca su
vistosa coloración. Su cabeza es grande, alargada, y posee unas enormes
escamas en la parte superior a modo de escudo. El collar, situado en la zona
de contacto entre la cabeza y el cuerpo, está formado por escamas aserradas.
Los ojos, de pupilas circulares, son de color negro e iris anaranjado
(amarillento en juveniles) y aparecen ligeramente hundidos bajo una ceja
pronunciada que se extiende hasta las proximidades de los orificios nasales.
El hocico es alargado. Las mandíbulas, con una musculatura muy desarrolladas
presentan dientes bien visibles. La lengua es ancha, rojiza-violácea y
bífida. En la parte posterior de la cabeza destacan los orificios
timpánicos, de tamaño considerable, cubiertos por una membrana timpánica de
color negro.
Las
extremidades son robustas, mas largas las posteriores; con tienen cinco
dedos, más largos en los miembros posteriores y con poros femorales muy
desarrollados. Las uñas, de color negro son muy fuertes.
Su
longitud puede llegar a superar los 250 mm del hocico a la cloaca. La cola
representa casi dos tercios de la longitud total, que en algunos machos
adultos supera los 800 mm. Esta es utilizada como apoyo y para equilibrarse
en sus rápidos desplazamientos.
La
coloración del cuerpo es muy llamativa con un fondo verdoso, ocre o
grisáceo, salpicado de escamas pigmentadas de negro, amarillo y azul
formando una especie de mosaico. La coloración es menos vistosa en la zona
del cuello y en la cola. La mayor ornamentación aparece en ambos costados,
donde las escamas se combinan dando lugar a varias hileras longitudinales
(3-4) de ocelos de color azul cobalto. El color de la cola suele ser el
mismo que el resto del cuerpo aunque algo más oscuro, pardusco; con pequeñas
motas negras y sin ocelos.
El
vientre y la garganta son de color blanquecino amarillento y carente de
manchas. Se conocen casos de albinismo.

©
Luis García-Cardenete
Detalle del bonito diseño y los ocelos en un adulto de la subespecie
lepidus. Archidona (Málaga), junio 2007.
El
cuerpo de los juveniles mide 40 y 60 o 70 mm la cola. Tienen una coloración
muy llamativa con abundantes ocelos celestes o de color crema extendidos por
todo el tronco e incluso por la cola y patas. Conforme crecen van
desapareciendo hasta quedar únicamente los situados en los costados.

© Javier
Fuentes Martín
Juvenil de la subespecie lepidus. Castril (Granada), junio 2007.
Machos de mayor tamaño y viva coloración.
El
dimorfismo sexual es aparente sobre todo en la época de celo. Los machos
alcanzan mayores tamaños (hasta 800 o 900 mm, con la cola completa, y más de
medio kilo de peso), y las mandíbulas más poderosas. La cabeza es
desproporcionadamente grande, muy ancha por su base. Las hembras no suelen
superar los 600 mm, tienen el tronco más engrosado, para alojar los huevos y
la coloración es menos vistosa, con un menor número de ocelos. Durante el
celo, la coloración de machos y hembras se intensifica con vivos tonos
verdosos en dorso, patas y cuello, más contrastados en los machos. También
los ocelos se vuelven más marcados y brillantes. Los poros femorales
situados en la base de las patas traseras alcanzan un gran desarrollo
durante este periodo.

© Javier
Fuentes Martín
Macho
adulto en celo, subespecie lepidus. Castril (Granada), mayo 2007.
Una subespecie propia del sureste ibérico.
Tiene
una amplia distribución concentrada mayoritariamente en la península
Ibérica, estando también presente en el sur de Francia y en el noroeste de
Italia. En el norte de África es sustituido por otras especies muy
similares, el lagarto tangerino (Timon tangitanus) y el tunecino (Timon
pater). Ocupa la totalidad de la península, siendo raro en la cornisa
cantábrica, donde sólo aparece en pequeños valles de influencia mediterránea
cercanos al mar. Habita también en distintos islotes del cantábrico y del
mediterráneo.

©
Luis García-Cardenete
Juvenil de lagarto ocelado tunecino, diciembre 2005.

©
Luis García-Cardenete
Lagarto ocelado de Marruecos, Atlas Medio octubre 2005.
En la
actualidad se acepta la existencia de 2 subespecies bien diferenciadas y
otras 2 propias del noroeste ibérico en las que no está muy clara su
diferenciación de la subespecie nominal. Son las siguientes:
Timon lepidus lepidus:
distribuido por la mayor parte de la península ibérica. Incluye también las
poblaciones francesas e italianas. Se trata de lagartos grandes, con cabeza
corta y hocico poco puntiagudo. Coloración de fondo verde muy vivo. 4 filas
de ocelos grandes y numerosos de color azul rodeados de negro en ambos
costados.
Timon lepidus nevadensis:
Presente en el sureste
ibérico, en las provincias de Alicante, Murcia, Almería y cuadrante
suroriental de Granada. Lagartos muy grandes, cabeza puntiaguda, dientes de
mayor tamaño y coloración de fondo pardo-grisácea, a veces verde azulada y
ocre. Tienen menor número de escamas ventrales y mayor numero de escamas
dorsales, poros femorales y escamas del collar. Los ocelos son más pequeños
y se presentan en menor número. Una característica que nos puede ser muy
útil a la hora de diferenciarlos es la ausencia de escamas de color negro en
todo el cuerpo. Los juveniles son verdes y tienen muchos ocelos de color
blanco o amarillento.
Timon lepidus ibericus
y Timon lepidus oteroi: Lagartos de menor tamaño y con algunas
diferencias en cuanto a diseño corporal y comportamiento social. Hasta la
fecha no se ha llegado a un consenso sobre su categoría taxonómica por parte
de la comunidad científica. Presentes en el noroeste ibérico.
Amplia distribución provincial.
En
Granada está ampliamente distribuido aunque sólo abunda localmente. Hasta
hace unos 20-30 años era extraordinariamente abundante en toda la provincia.
Tiene un amplio rango altitudinal y podemos encontrarlo desde cultivos y
matorrales situados a nivel del mar hasta en pedregales y matorrales de
Sierra Nevada donde llega a los 2780 msnm (concretamente un individuo
juvenil encontrado en la loma del Mulhacén) que representa el récord de
altitud de toda su área de distribución natural. También supera los 2000
msnm en la Sierra de Baza.

© Eduardo
Escoriza Abril
Las
sierras del noreste granadino mantienen aún hoy importantes poblaciones de
lagarto ocelado. Sierra Seca, Castril (Granada), mayo 2008.
En
nuestra provincia tenemos la posibilidad de encontrar ejemplares
pertenecientes a las 2 subespecies reconocidas hasta la fecha. En toda la
mitad occidental y sierras del noroeste habita la subespecie lepidus
mientras que en Sierra Nevada, Sierra de Baza, depresiones de Baza y Guadix
y la zona costera oriental podemos encontrar la subespecie nevadensis.
En la actualidad no se conoce con claridad cual es el límite geográfico
entre ambas subespecies, por lo que cualquier dato al respecto que puedan
aportar amablemente los lectores del boletín será de gran ayuda.

© Eduardo
Escoriza Abril
Macho
adulto subespecie nevadensis. Sierra de la Almenara, Lorca (Murcia),
abril 2005.
MAPA DE DISTRIBUCIÓN
PROVINCIAL

Poco exigente en la selección del hábitat.
El
ocelado es un lagarto muy generalista. Es una especie típicamente
mediterránea y poco exigente a la hora de seleccionar su hábitat, lo que
explica su éxito y amplia distribución. No obstante prefiere las zonas secas
y es poco amigo de la humedad. Podemos encontrarlo desde arenales y
formaciones arbustivas costeras hasta prados y formaciones de matorral
espinoso o lapiaces propios de la alta montaña mediterránea. Tampoco tiene
preferencia por un tipo de vegetación concreta, aunque como casi todos los
reptiles evita y es poco probable encontrarlo en masas boscosas espesas
donde no puede obtener la necesaria radiación del sol. Es muy abundante en
espartales y tomillares. También es posible encontrarlo en casi todo tipo de
cultivos, sobre todo en los tradicionales de secano, olivar, cereal, vid,
etc. Incluso se acerca a las ciudades y pueblos llegando a ser bastante
común en escombreras, construcciones semiderruídas y solares abandonados. El
elemento del paisaje que más condiciona su presencia son los acúmulos
rocosos, ya sean naturales o sobre todo producto de la actividad humana, en
el caso de muros, majanos y linderos. En estas formaciones encuentra refugio
aunque en su ausencia puede excavar una pequeña madriguera o aprovechar las
realizadas por otros animales como conejos.

©
Luis García-Cardenete
Hábitat típico para el lagarto ocelado. Loja (Granada), junio 2006.
Su
actividad es predominantemente diurna, aunque en pleno verano podemos
encontrarlo activo durante el crepúsculo. Pasa la noche escondido en su
refugio, y cuando comienza a calentar al sol sale de él y se coloca en una
zona despejada para solearse, sobre una piedra, un tronco… Es muy
querencioso con los lugares que utiliza para tomar el sol. Una vez que ha
alcanzado la temperatura óptima, comienza su actividad, sin retirarse en
exceso del refugio al que acude a esconderse rápidamente ante la menor señal
de peligro. Son muy territoriales y defienden sus dominios vitales con
fiereza ante la llegada de algún congénere.
El
periodo anual de actividad depende de la altitud. En zonas bajas y en el
sureste, está activo casi todo el año y tiene dos periodos de reposo, en
pleno invierno y en los días más calurosos del verano. En zonas de media y
alta montaña salen de la hibernación al comenzar la primavera y están
activos hasta mediados del mes de octubre. Durante el verano está activo por
la mañana y por la tarde, refugiándose durante las horas de más calor.
El
celo comienza en el mes de abril, aunque la mayor actividad se da en mayo.
Los machos incrementan su colorido y se vuelven más territoriales aún,
peleando entre ellos por acercarse a las hembras. Las cópulas son muy
violentas, y las hembras sufren mordiscos en la cabeza y el tronco durante
las mismas, llegando en ocasiones a perder la cola.

©
Luis García-Cardenete
Cópula sobre una carretera de lagarto ocelado. Hornachuelos (Córdoba), junio
2006.
©
Luis García-Cardenete
Hembra adulta cargada de huevos (grávida). Vilches (Jaén), junio 2007.
Para
la puesta la hembra excava una pequeña galería en terreno suelto o debajo de
una gran piedra o acúmulo de estas donde la deposita, con un número de
huevos que oscila entre 6 y 20, de forma elíptica y ligeramente gomosos.
Tras un periodo de incubación de 70-100 días, nacen los pequeños lagartos
(durante el mes de septiembre) que miden entre 100 y 120 mm incluyendo la
cola. Las hembras de la subespecie nevadensis pueden efectuar dos
puestas en cada temporada aunque con un número menor de huevos. Los
juveniles alcanzan la madurez sexual a los 4 años y pueden vivir hasta 11.
En cautividad incluso han superado los 20 años.
Dieta poco especializada
Su
dieta es muy variada y buscan activamente su alimento, que incluye todo tipo
de invertebrados (escarabajos, arañas, hormigas, saltamontes, escorpiones,
caracoles) e incluso a veces también pequeños vertebrados (lagartijas,
culebras, pequeños roedores y anfibios). El hecho poco frecuente e
igualmente poco documentado de que pueda capturar gazapos de conejo en sus
madrigueras, o algún huevo o pollo de perdiz, le ha puesto en el punto de
mira de buen número de cazadores, que ven en él un peligro para las
poblaciones de especies cinegéticas y lo persiguen con saña. Esta situación
es completamente exagerada pues muy raramente realizan esas capturas,
limitándose a los invertebrados anteriormente citados, carroña y distintos
vegetales, sobre todo los adultos. Sus hábitos carroñeros le convierten en
víctima de cebos envenenados colocados por gestores de caza o ganaderos.
Aunque beber no le es imprescindible, si tienen la ocasión no dudan en
hacerlo de un charco o en una cuneta.
Un apreciado bocado
Ante
la desaparición del conejo, base de la cadena trófica en los ecosistemas
mediterráneos por la acción de distintas enfermedades y los cambios en el
uso del suelo, el lagarto ha pasado a convertirse en presa principal de
muchos depredadores que basaban su dieta en el lagomorfo. Gran número de
rapaces, entre ellas el águila real, el águila perdicera, el águila calzada,
el águila culebrera... mamíferos como el zorro, el gato montes y la gineta
acechan y capturan lagartos intentando llenar el hueco dejado por el conejo
en sus menús.

© Eduardo
Escoriza Abril
Lagarto adulto en actitud
defensiva. Campos de Hernán Perea, Santiago-Pontones (Jaén), mayo
2008.
Su
principal mecanismo de defensa ante un peligro es la evasión. Prácticamente
“vuela” a ras del suelo, intentando introducirse en su refugio. También es
capaz de trepar, y no es raro que ascienda a una encina, pino u olivo en su
huída, hasta las ramas más altas. Si de este modo no evita el peligro y se
encuentra acorralado, no duda en cambiar drásticamente su defensa que pasa a
ser bastante más activa. Adopta una característica posición defensiva,
elevando la cabeza y la parte anterior del cuerpo a la vez que abre la boca
y emite amenazantes resoplidos. En esta posición sigue atentamente los
movimientos de su agresor, y en caso de que este supere la distancia mínima
de seguridad, se abalanza intentando morder. En caso de conseguirlo, dirige
todas las fuerzas de su cuerpo a la mandíbula que se cierra como una tenaza,
siendo muy difícil que suelte la presa. De todas formas hay que recalcar que
estamos hablando de un animal completamente inofensivo y nadie puede
sentirse amenazado por uno de ellos, pues como hemos indicado anteriormente
lo primero que hace es huir rápidamente ante la menor señal de peligro.
También tiene la posibilidad de soltar la cola a voluntad (autotomía) en
caso de ser agarrado por la misma, siendo posteriormente regenerada.
Declive generalizado.
Aunque
hoy en día es aún una especie ampliamente distribuida y no podemos decir que
esté amenazada, lo cierto es que esta circunstancia tal vez no tarde mucho
en producirse. Una larga serie de factores están actuando en esa línea,
dificultando cada día la supervivencia de una especie tan atractiva e
importante para el funcionamiento de los ecosistemas mediterráneos.
Destrucción y pérdida de calidad de su hábitat:
Sobre todo debido a los
cambios de uso del suelo que está sufriendo el campo español en los últimos
años.
-
Intensificación de la
agricultura tradicional de secano. Nuestros olivares, viñedos y cultivos de cereal se han
convertido en ambientes hostiles para la vida silvestre. Muchos lagartos
encontraban refugio en los huecos de añosos olivos o en los muros de
piedra que separaban las fincas. Hoy en día su presencia es casi
vestigial en estos ambientes, por la utilización intensiva de
pesticidas, herbicidas y por el laboreo intensivo que impide el
crecimiento de plantas y la presencia de insectos. También están
desapareciendo los muros, setos y linderos tradicionales, en aras de
facilitar la mecanización de las labores agrícolas. La reciente
construcción de enormes balsas para riego con fondo de plástico, sobre
todo en la zona norte de la provincia, también supone un problema, pues
muchos lagartos caen en ellas buscando el agua y se ahogan.
-
Incremento de la
urbanización y de las infraestructuras de transporte. Las ciudades y pueblos van engullendo terrenos
marginales que se situaban en sus alrededores y que mantenían
importantes poblaciones de lagartos. Un claro ejemplo lo tenemos en la
ciudad de Granada, sobre todo en la zona norte donde hasta hace unos 10
años era fácil encontrar lagartos en muchos solares e incluso en los
terrenos del ferial de Almanjáyar. La construcción de nuevas carreteras
y el asfaltado de caminos y pistas forestales aumentan el riesgo de
atropello, por el incremento de la velocidad en esos tramos. Muchos
lagartos mueren bajo las ruedas por su costumbre de utilizar el asfalto
como estupenda “playa” para solearse.

©
Luis García-Cardenete
Ejemplar atropellado. Andújar (Jaén), junio 2004.
-
Abandono de la
ganadería extensiva y de las labores forestales. Grandes extensiones de nuestros montes están
sufriendo un excesivo desarrollo de matorral denso, sobre todo después
de los incendios. Estas formaciones vegetales no permiten la
supervivencia del lagarto y otras especies de reptiles o mamíferos.
Igual podemos decir de enormes extensiones que han sido roturadas y
posteriormente plantadas con pinos en gran parte de la provincia.
Destrucción y persecución directa por parte del hombre
-
Mala fama y falsas
creencias.
La animadversión que la sociedad muestra con nuestras especies de
anfibios y reptiles, se acentúa en el caso del lagarto, sobre todo a
causa de su gran tamaño. Muchos cazadores, agricultores o simplemente
habitantes del medio rural o visitantes de fin de semana, la emprenden a
golpes e intentan acabar con todos aquellos lagartos que se cruzan en su
camino, a veces simplemente por el hecho de haber escuchado que son
capaces de comer conejos y perdices. Aun hoy en algunas zonas, y a pesar
de estar protegido, se le cuelga, una vez muerto, de árboles y
alambradas, al parecer a modo de advertencia para otras “alimañas”.
-
Utilización como
alimento.
Aunque en casos muy concretos el lagarto puede ser consumido con fines
terapéuticos en nuestra provincia, este hecho se produce eventualmente
en Portugal y Extremadura, donde su carne está considerada una
exquisitez. También se utiliza su piel para confeccionar adornos, aunque
afortunadamente de forma esporádica y artesanal. Observamos también con
preocupación algunas iniciativas encaminadas a sacar cierto
“rendimiento” a los lagartos. Se trata de la cría intensiva de lagarto
ocelado en cautividad, con el objetivo al parecer de obtener ejemplares
suficientes para introducirlos en el mercado de animales de compañía,
aunque también se hacen referencias a sus excelencias como manjar
culinario. También parece que parte de los ejemplares obtenidos
servirían para programas de reintroducción en el medio natural. Si
bien todas las iniciativas encaminadas a valorizar el ámbito rural son
respetables, en este caso debería actuarse con mucha prudencia, pues la
generalización del lagarto ocelado como mascota en nuestro país (como
sustituto de iguanas y otras especies exóticas), supondría un grave
riesgo para las poblaciones silvestres, que podrían verse contaminadas
por las sueltas y escapes de ejemplares cautivos. Este hecho tiene
enormes riesgos, sobre todo teniendo en cuenta que contamos con al menos
2 subespecies.
-
Proliferación de
depredadores domésticos.
Gatos y perros asilvestrados
Propuestas de conservación.
La
situación del lagarto ocelado es cada día más preocupante en nuestra
provincia. En muchas zonas donde hace 10 o 15 años era una especie
abundante, hoy en día es casi una anécdota dar con uno de ellos. Muchas
zonas de la Vega, Montes Orientales y Occidentales, Poniente granadino y
Costa están quedándose sin lagartos por las causas indicadas en el apartado
anterior. Hoy en día la especie sigue siendo algo abundante en zonas de
sierra, sobre todo en Sierra Nevada y las Sierras del Noreste, así como en
los espartales de las comarcas de Baza y Guadix. Aun estamos a tiempo de
parar el declive generalizado que sufren sus poblaciones, entre otras con
las siguientes medidas.
·
Conservación
y recuperación de los muros y setos tradicionales como elementos integrantes
del paisaje típico mediterráneo.
·
Conservación
de la agricultura tradicional, limitando el uso de fitosanitarios.
·
Control de
gatos asilvestrados, que causan estragos tanto entre nuestros reptiles como
entre otras pequeñas y medianas especies de aves y mamíferos. A tal efecto
seria conveniente concienciar a los poseedores de gatos domésticos de lo
inadecuado de que sus mascotas deambulen fuera de los hogares. Asimismo se
debe prohibir dar de comer a gatos y perros callejeros habitualmente en el
mismo lugar, como hace mucha gente alegando que les dan pena. Con ello lo
único que hacen es alargar su “agonía” y fomentar sus poblaciones.
·
Educación
ambiental en la escuela sobre esta y otras especies de reptiles y anfibios.

©
Eduardo Escoriza Abril
Habitat del lagarto ocelado en la Sierra de Baza, Barranco de la Fonfría,
Baza (Granada) abril 2006.
El lagarto ocelado en la Sierra de Baza.
Está presente en todo el territorio del
parque natural, tanto en zonas bajas donde habita matorrales y cultivos de
secano, como en las zonas más altas. Hemos localizado ejemplares en el
Puerto de las Palomas, a casi 2.000 msnm. Prefiere zonas abiertas con
abundantes piedras, evitando los densos pinares que cubren gran parte de la
sierra. Los ejemplares localizados por nosotros hasta la fecha pertenecen a
la subespecie nevadensis, aunque no descartamos la presencia de
individuos de la subespecie lepidus en la zona más occidental del
parque. Por fortuna no parece enfrentarse a grandes problemas de
conservación en este espacio natural, donde goza de un buen estado de sus
poblaciones.

©
Andrés García-Granados
Hembra adulta subespecie nevadensis, Barranco de Relumbre, Sierra de
Baza (Granada), abril 2005.
|
|