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Junto a la culebra viperina
que ya tratamos en una ficha anterior, la de collar completa el listado de
culebras de agua que podemos encontrar en nuestra provincia y en la
península. Se trata de uno de los reptiles más escasos en Granada, aunque
posee una distribución muy extensa en el viejo continente. Completamente
inofensiva a pesar de su respetable tamaño, sobrevive ligada a zonas
acuáticas, aunque no se muestra tan dependiente de ellas como su cercano
pariente.
Culebra de collar (Natrix
natrix)
Por Eduardo Escoriza, revisado por Luis García-Cardenete y la
colaboración de Javier Benavides, Javier Fuentes, José Luis Esteban, Raúl
León, Octavio Jiménez y José Manuel Gutierrez (A.H.G).

© Javier
Fuentes
Adulto, detalle. Andújar (Jaén) abril 2004.
Ficha
técnica:
Clase: Reptiles
Orden: Escamosos
Familia:
Colúbridos
Género: Natrix
Especie:
natrix (Linnaeus,
1758)
Estatus legal:
Tanto en el Catálogo andaluz de especies amenazadas (Ley
8/2003, de 28 de octubre, de la flora y la fauna silvestres), como en el
Catálogo Nacional de Especies Amenazadas, aparece incluida en la
categoría de “interés especial”, en la que se recogen aquellas
especies que, no estando incluidas en otras categorías de protección
superior (extinta, en peligro de extinción, sensible a la alteración de su
hábitat, vulnerable), son merecedoras de una atención particular en función
de su valor científico, ecológico, cultural, o por su singularidad.
El Atlas y Libro Rojo de
los Anfibios y Reptiles de España, editado en 2002, la incluye dentro de la
categoría “Preocupación menor” (LC) que recoge aquellas especies, que no
cumplen ninguno de los criterios para ser incluidas en las categorías de
amenaza (Casi amenazada, NT, Vulnerable, VU, En peligro, EN,
o En peligro crítico, CR). En igual categoría se incluye a nivel
mundial según la U.I.C.N (Unión Internacional de Conservación de la
Naturaleza).
En cuanto a la ley 42/2007
del Patrimonio Natural y la Biodiversidad, varias subespecies de culebra de
collar aparecen incluidas en el ANEXO V que incluye aquellas
especies animales y vegetales de interés comunitario que requieren una
protección estricta. No ocurre igual con la subespecie que habita en
nuestro país.

©
Eduardo Escoriza
Juvenil, Sierra de Castril, junio 2007.
Collar característico en la edad juvenil
La culebra de collar es un
ofidio grande y robusto. Su cabeza, ovalada y ensanchada ligeramente en la
parte posterior, es grande y claramente diferenciada del resto del cuerpo.
El hocico es romo. Los ojos, grandes y situados en posición lateral al igual
que los orificios nasales, resultan muy llamativos por la viva coloración
anaranjada o rojiza de su iris. Este carácter es típico de los ejemplares
ibéricos. Las pupilas son negras y como en el resto de colúbridos ibéricos,
redondas. Posee 7 escamas supralabiales atravesadas verticalmente por
franjas de color oscuro en los individuos inmaduros. La 3ª y la 4ª contactan
con el ojo. La escama nasal está dividida. Poseen una escama loreal, una
gran escama preocular, 3 postoculares y 1 temporal.
El elemento más
característico de su diseño y por el que recibe su nombre común, es su
collar. Sin embargo este elemento tan representativo sólo podemos observarlo
en individuos juveniles y subadultos, pues con la edad se va difuminando,
hasta desaparecer por completo en los adultos. Este collar es habitualmente
blanco-amarillento y en ocasiones no rodea completamente el cuello. Adosada
a esa franja, posee otra negra, de grosor variable en su perímetro.

© Luis
García Cardenete
Detalle de la cabeza de un juvenil. Sierra de Córdoba, abril 2005.
El cuerpo grueso y largo
posee escamas dorsales muy aquilladas, dispuestas en 19 hileras en su parte
central. El color de la zona dorsal es bastante variable, con tonos que van
del verde claro al gris oscuro, pasando por verde oscuro y pardo-marrón. Se
han citado varios casos de melanismo (completamente negras) y de albinismo
parcial. Los juveniles poseen una serie de pequeños lunares dispuestos
regularmente en varias hileras, sobre todo en los laterales del cuerpo y que
favorecen su camuflaje. Al igual que ocurre con el collar, estas manchas se
difuminan con el paso del tiempo. Los individuos viejos adquieren una
coloración verde oscura y uniforme excepto en la zona ventral.
Esta presenta una
coloración de base más clara que el resto del cuerpo, usualmente glauco,
verdoso o blanco sucio y adornado con un mosaico irregular de manchas
rectangulares negras, a veces ajedrezadas. En los ejemplares juveniles suele
ser más uniforme la coloración oscura, pudiendo ser completamente negro.
Tiene entre 157 y 181 escamas ventrales. La cola es relativamente corta y
gruesa y podemos contar entre 61-77 escamas subcaudales. Suele estar bien
diferenciada del cuerpo, sobre todo en las hembras.
Su dentición es del tipo
aglifa, con numerosos dientes pequeños con forma de sierra que no están
conectados con glándulas secretoras de veneno (ver clasificación de
dentición de ofidios en el cuadro inferior).
Aunque en algunas zonas de
su amplia distribución natural pueden llegar a 200 cm de longitud, en
nuestra península raramente superan los 125 cm.

Dimorfismo sexual
Las hembras son
considerablemente más grandes, pudiendo alcanzar en nuestro país hasta 130
cm. Los machos raramente alcanzan los 100 cm. Estos poseen mayor número de
escamas ventrales y subcaudales y su cola es más larga y gruesa en su base,
pues en ella se alojan los hemipenes (órgano reproductor masculino). No hay
diferencias en cuanto a diseño y coloración entre los ejemplares de ambos
sexos.

©
Javier Fuentes
Hembra adulta. Sierra de Andújar (Jaén), abril 2004.
Amplia distribución
Se trata del reptil con
mayor área de distribución natural en el viejo continente. De norte a sur
sus dominios se extienden desde el sur de Escandinavia hasta el norte de
África, con poblaciones muy escasas en Marruecos, (Rif y Atlas medio) y
puntos concretos de las costas de Argelia y Túnez.
De oeste a este, llega
desde las Islas Británicas y la Península Ibérica hasta la frontera entre
Rusia y China.
En nuestro país su
presencia disminuye de norte a sur, y de oeste a este conforme escasean los
ambientes húmedos y sus presas (anfibios y peces) disminuyen igualmente. En
toda la franja cantábrica y Pirineos, al igual que en el resto de Europa, es
quizás el ofidio más común. Una vez que llegamos a la meseta se vuelve
escasa, siendo puntualmente frecuente en sistemas montañosos (Central,
Sierra Morena). Ocupa toda la fachada mediterránea, disminuyendo igualmente
de norte a sur, hasta llegar a Murcia y Almería donde su presencia es
esporádica. Ausente de las Islas Baleares y Canarias.
En la comunidad andaluza su
abundancia disminuye de oeste a este y las poblaciones más densas se
concentran en Huelva, Cádiz y Sierra Morena.

En Granada es la culebra
más escasa y con menores densidades tras la culebra lisa europea (Coronella
austriaca). Las observaciones son raras, aún en zonas propicias bien
prospectadas y las nuevas citas se producen de tarde en tarde. El mayor
número de estas se da sobre todo en la costa, en Sierra Nevada y las sierras
del poniente (Tejeda, Almijara). En el valle del Genil y la comarca de los
Montes las citas son esporádicas, y parece estar completamente ausente de
las grandes depresiones de Baza y Guadix. Desplazándonos hacia el este
vuelve a aparecer en la Sierra de Baza y las Sierras del Noreste, aunque
igualmente en bajo número.

© Eduardo
Escoriza
Juvenil, Sierra de Castril (Granada), junio 2008.
Cuatro subespecies reconocidas
Debido a su extensa
distribución y gran variabilidad en cuanto a tamaño y coloración, se han
llegado a proponer hasta 9 subespecies de culebra de collar. Recientemente
se ha propuesto la reducción a 4, dos de ellas insulares presentes en
Córcega y Cerdeña, y otras dos continentales, una oriental y otra
occidental. Las poblaciones ibéricas junto a las del resto de Europa
occidental y del norte de África pertenecen a la subespecie occidental,
Natrix natrix helvetica, caracterizada por tener menor número de escamas
ventrales y subcaudales que la subespecie oriental.
Confusión con especies similares
Los ejemplares juveniles
son fácilmente reconocibles a simple vista gracias al collar que adorna su
nuca. Sin embargo los grandes ejemplares adultos pueden ser confundidos en
principio con la culebra bastarda (Malpolon monspessulanus), por la
robustez de su cuerpo y la coloración verde oscura uniforme. Un análisis
cercano nos permite salir de dudas, gracias a la viva coloración rojiza de
sus ojos, a una cabeza mucho más engrosada, a la ausencia de las placas
supraoculares tan prominentes de la bastarda, y a no presentar la mancha
oscura de la parte anterior (silla de montar) de estas. Asimismo, las
escamas de la bastarda están levemente aquilladas, pero hacia adentro. En lo
que se refiere a su pariente más cercano, la culebra viperina, la posible
confusión debida al hecho compartir hábitats acuáticos, es fácilmente
descartada por las claras diferencias en cuanto a su diseño y coloración. La
de collar nunca presentará el típico zigzag en el lomo de la viperina.

© Raúl León
Adulto. Puertollano (Ciudad Real), mayo 2007.
Hábitos acuáticos menos acentuados que su pariente
Aunque se trata de una
especie de hábitos umbrófilos, se muestra mucho menos dependiente del
líquido elemento que la culebra viperina, y lleva a cabo gran parte de su
actividad fuera del agua. Su nombre en inglés, grass snake (serpiente
de la hierba), delata este hábito. Asimismo, en el extremo norte peninsular
no aparece ligada necesariamente a medios acuáticos, gracias a la elevada
humedad ambiental, por lo que podemos encontrarla en gran variedad de medios
terrestres. Bosques caducifolios, de ribera, pinares… siempre que tengan
buena exposición solar, no sean muy densos y cuenten con abundantes
refugios. También en matorrales, setos, prados de montaña y cultivos. Se ha
citado algún caso de ejemplares que pescaban en charcos intermareales.
En el centro y sur
peninsular, a causa de la menor humedad ambiental, casi siempre la
encontraremos ligada a puntos de agua y con abundante vegetación. Puede ser
un arroyo, acequia, humedal, alberca, riachuelo, balsa de riego, embalse,
etc.
Junto a la víbora hocicuda
es el ofidio que presenta un mayor rango de altitud en nuestro país,
habiéndose encontrado ejemplares tanto a nivel del mar como en torno a 3000
msnm cerca de la laguna de la Caldera en Sierra Nevada. Este hecho nos da
una idea de la enorme tolerancia ambiental y capacidad de adaptación de esta
especie, siempre que cuente con un mínimo de humedad.
En Granada al igual que en
el resto del sur peninsular habita principalmente en zonas de montaña con
ambientes bien conservados, evitando cultivos intensivos, zonas habitadas y
por supuesto aguas contaminadas.

© José Luis
Esteban
Juvenil, Sierra Nevada almeriense, agosto 2007.
Actividad anual
Al igual que pasa con otros
reptiles que tienen distribución extensa en nuestro país, su actividad anual
está claramente influenciada por la altitud, la latitud y las condiciones
ambientales, siendo difícil establecer una regla que sea válida para todas
las poblaciones presentes en la península.
Los meses fríos los pasan
en estado de hibernación, refugiadas en cualquier escondrijo que les proteja
de las inclemencias climáticas. En zonas bajas es posible observar
ejemplares activos en días cálidos del invierno. Una vez entrada la
primavera, fundamentalmente en marzo y abril abandonan sus refugios. Los
machos se muestran especialmente activos, y dedican gran parte de su tiempo
a la localización de hembras receptivas. La actividad se incrementa conforme
avanza el verano, y en los días más calurosos desciende, para retomarla con
fuerza nuevamente en los primeros meses del otoño, con un nuevo periodo de
celo. Su temperatura corporal óptima se sitúa entre 22 y 32 grados.
Su actividad es casi
completamente diurna, con descansos a mitad del día y hábitos crepusculares
en verano.

© Javier
Fuentes
Juvenil, La Aliseda (Jaén), septiembre 2007.
Puestas comunales
Finalizado el invierno,
varios machos pueden cortejar a una misma hembra, formando una especie de
bolas de serpientes. No luchan entre ellos y suele llevarse el gato al agua
el de mayor tamaño. Los apareamientos se producen sobre todo en primavera,
aunque también en otoño, en un segundo periodo de celo que no va seguido de
puestas.
Las hembras suelen pasar
largos periodos soleándose para acelerar el desarrollo de los huevos, aunque
generalmente escondidas entre vegetación baja. Las puestas se producen en el
mes de junio. Seleccionan para ello acúmulos de vegetación húmeda en
descomposición, leña podrida, turberas, aprovechando el calor que se
desprende. También debajo de piedras o madrigueras de roedores. La cuantía
de las puestas depende del tamaño de la hembra, variando entre 10 y 50
huevos blancos alargados y de consistencia pergaminosa. Varias hembras
pueden elegir el mismo lugar para desovar. Los huevos recién puestos cuentan
con embriones que ya han iniciado su desarrollo, lo que muestra su
adaptación a climas fríos, donde la incubación puede ser muy lenta. Los
nacimientos se suceden tras 40-60 días dependiendo de la temperatura
ambiental y las pequeñas culebrillas se ayudan de un pequeño diente para
romper la cáscara a finales de agosto y principios de septiembre. Al nacer
miden unos 15cm, mostrándose muy activas y completamente independientes.
El crecimiento es más
rápido en los primeros años, mudan 2 veces al año, y luego se ralentiza.
Pueden vivir hasta 20 años. Las hembras alcanzan la madurez sexual a los 4
años cuando miden 60cm y los machos a los 3 años, con 40 cm. Las hembras se
reproducen todos los años.

© Javier
Fuentes
Juvenil, La Aliseda, septiembre 2007.
Una dieta muy especializada
La
culebra de collar se ha especializado en la captura de anfibios, sobre todo
anuros (ranas y sapos) que pueden suponer el 90 por ciento de su dieta. Las
capturas se producen sobre todo en tierra firme o aguas superficiales, ya
que aunque muy ágil tanto en agua como en tierra es peor buceadora que la
culebra viperina. Utiliza la vista y los quimiorreceptores situados en su
lengua para localizar a sus presas a las que busca activamente. Otras presas
ocasionales son micromamíferos, aves y peces. Los juveniles capturan
numerosas larvas de anfibios e invertebrados acuáticos.
Son
destacables las luchas que entablan las hembras adultas con grandes
ejemplares de sapo común. El sapo intenta escapar de las fauces de la
culebra hinchando su cuerpo con aire hasta casi doblar su tamaño, mientras
que la culebra desencaja su mandíbula hasta extremos insospechados para
poder engullirlo.

© Ferrán
Aguilar
Adulto intentando tragar una trucha.
Depredadores
Como ya hemos comentado
anteriormente, la culebra de collar es completamente inofensiva y no dispone
de veneno. Sus mecanismos defensivos son principalmente pasivos. Confían en
su camuflaje y rapidez de huída. En caso de verse acorraladas, embisten con
la cabeza y bufan sin llegar siquiera a morder, limitándose a golpear con el
hocico. Si son capturadas segregan un líquido nauseabundo por las glándulas
anales y regurgitan el alimento a medio digerir. Otro mecanismo curioso es
que se hacen las muertas, quedando con el vientre hacia arriba y con la boca
entreabierta y la lengua fuera, caída.
Entre sus depredadores
naturales se cuentan mustélidos como el tejón, el turón y la nutria; otros
mamíferos carnívoros como la gineta, el zorro, los gatos asilvestrados.
Entre las rapaces a la mayor especialista en capturar ofidios, el águila
culebrera. También milanos, alimoche, águila real, etc. También otras
especies de culebras, sobre todo la bastarda. Los juveniles tienen mayor
número de depredadores por su pequeño tamaño.
Amenazas para su supervivencia
Aunque a nivel nacional no
se trata de una culebra especialmente amenazada gracias a su amplia
distribución y la buena densidad de sus poblaciones septentrionales, las
poblaciones granadinas al igual que las del resto del sureste ibérico, se
encuentran seriamente amenazadas. Si bien nunca debe haber sido una sido una
especie muy común por estas latitudes, dados sus requerimientos ambientales,
es cierto que una serie de factores relacionados con la actividad humana
pueden hacerla desaparecer, como ya ha ocurrido en algunos lugares
concretos.
El principal problema al
que se enfrentan es la destrucción del hábitat, sobre todo la alteración de
medios acuático en zonas de montaña.
Como el resto de culebras
también sufre en sus carnes la mala fama que tienen en nuestra sociedad y
muchos ejemplares son destruidos directamente.
Otras terminan sus días
bajo las ruedas de vehículos, atropelladas por su costumbre de solearse
sobre el asfalto o la grava de las pistas forestales.

© Eduardo
Escoriza
Hábitat típico. Sierra de Castril, junio 2007.
Propuestas de conservación
Se basan principalmente en
el mantenimiento de las condiciones ecológicas adecuadas de nuestra red
hidrográfica y de zonas húmedas, así como en la educación ambiental
necesaria para desterrar la mala fama que las serpientes tienen en nuestra
sociedad occidental.
1.
Depuración adecuada de las aguas residuales que se vierten a los cauces,
tanto las de origen urbano, fundamentalmente con alto contenido orgánico,
como las de origen industrial.
2.
Control de las extracciones ilegales de aguas subterráneas y superficiales.
3.
Recuperación del dominio público hidráulico. Impedir la ocupación ilegal de
las riberas y zonas de inundación de los ríos.
4.
Restauración del ciclo anual del agua en los cauces afectados por la
construcción de embalses. No basta tan sólo con el cumplimiento de los
“caudales ecológicos”, que casi nunca se respetan, sino de establecer un
régimen de caudales que imite, en lo posible las condiciones existentes
antes de la construcción del embalse.
5.
Campaña educativa sobre el importante papel que cumplen las culebras
acuáticas en los ecosistemas húmedos mediterráneos.
6.
Control y limitación del
uso de pesticidas en la agricultura, sobre todo en el olivar por su gran
extensión.
7.
Mantenimiento de unas
buenas poblaciones de anfibios: a grandes rasgos, su distribución en el
sureste coincide con una gran presencia de estos, sobre todo sapo común, y
sapo partero bético.

© José Luis
Esteban
Hábitat bien conservado, Sierra Nevada almeriense, agosto 2007.
Saetón de ojos de perdiz
En
algunas zonas de Sierra Morena circula la leyenda de la presencia de un
extraño y letal animal, “el saetón”. Según cuentan se trata de una
serpiente gigante, ligera y veloz que apostada en los árboles, salta sobre
los animales con tanta fuerza que se clava en ellos y los atraviesa como si
fuera una saeta causándoles la muerte instantánea. Su cabeza es
descomunalmente grande y tiene la capacidad de volar. También es capaz de
hipnotizar con su mirada penetrante.
Como
ocurre con tantos otros animales mitológicos, nunca se ha encontrado ninguna
y la leyenda se ha forjado a lo largo de los años a partir de la exageración
de la conducta de animales comunes en la zona, en este caso las serpientes.
A la culebra de collar se le conoce como “saetón de ojos de perdiz”, por sus
llamativos ojos rojizos o anaranjados, y por supuesto que se trata de una
especie completamente inofensiva e incapaz de llevar a cabo las “fechorías”
que se le atribuyen a los saetones.

© Luis
García Cardenete
Característicos ojos rojizos en un ejemplar juvenil, Sierra de Baza
(Granada), agosto 2007.
La culebra de collar en la Sierra de Baza
Es sumamente rara en todo el
territorio del Parque Natural de la Sierra de Baza, al igual que ocurre en
toda la mitad oriental granadina, aunque no se han realizado estudios
concretos sobre esta especie. Dada la gran extensión del parque, la
presencia de hábitats óptimos, y la abundancia de sapo común y partero
bético, somos optimistas sobre su futuro en este espacio protegido.
Recientemente localizamos un ejemplar juvenil en las inmediaciones del
refugio del Cascajar asociada a un abrevadero tradicional para el ganado,
siendo esta la última referencia que tenemos sobre ella en la zona. Como en
otras observaciones, coincidía con larvas y juveniles de
Alytes dickhilleni.
A este respecto, es sumamente importante y se
agradece la aportación de información sobre esta especie a todos los
lectores de la Revista de la Sierra de Baza.

©
Luis García-Cardenete
Hábitat. Sierra de Baza,
agosto 2007.
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