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Sin duda alguna los
encuentros ocurridos en el medio rural entre miembros de nuestra especie y
algún componente de la fauna herpetológica que causan mayor revuelo
(incluidas carreras, gritos, bastonazos y otros comportamientos
peculiares), son los que tienen como protagonista a algún ejemplar del grupo
de los ofidios (culebras y serpientes). En nuestro ámbito mediterráneo en
numerosas ocasiones la bicha responsable será un ejemplar de culebra
de herradura (Hemorrhois hippocrepis).Se trata del ofidio más
antropófilo y que por tanto mas fácilmente podemos encontrar en zonas
habitadas. Debido a sus hábitos rupícolas, frecuenta muros y construcciones
semiderruidas donde consigue alimento y refugio. Incluso en su búsqueda de
pequeños roedores y lagartijas, no dudara en intentar echarle mano a los
canarios y colorines enjaulados que cuelgan de porches y balcones. Se
trata de una culebra de tamaño respetable (puede alcanzar casi 2 metros de
longitud total) que cuenta con una distribución bastante amplia en nuestra
provincia, aunque al igual que el resto de especies de nuestra fauna
herpetológica, se ve afectada por una larga serie de factores negativos que
la hacen cada vez menos frecuente.
Culebra de herradura
(Hemorrhois
hippocrepis)
Por Eduardo
Escoriza, revisado por Luis García-Cardenete y la colaboración de Javier
Benavides, Javier Fuentes, José Luis Esteban, Raúl León, Octavio Jiménez y
José Manuel Gutiérrez (A.H.G).

© Javier
Fuentes
Adulto. Pinos Puente (Granada), mayo 2006.
Ficha
técnica:
Clase: Reptiles
Orden: Escamosos
Familia:
Colúbridos
Género:
Hemorrhois
Especie:
hippocrepis
(Linnaeus, 1758)
Estatus legal:
Tanto en el Catálogo
andaluz de especies amenazadas (Ley 8/2003, de 28 de octubre, de
la flora y la fauna silvestres), como en el Catálogo Nacional de Especies
Amenazadas, aparece incluida en la categoría “Interés especial”,
en la que se recogen aquellas especies que, no estando incluidas en otras
categorías de mayor amenaza de desaparición (extinta, en peligro de
extinción, sensible a la alteración de su hábitat, vulnerable), son
merecedoras de una atención particular en función de su valor científico,
ecológico, cultural, o por su singularidad. El Atlas y Libro Rojo de los
Anfibios y Reptiles de España, editado en 2002, propone su inclusión en la
categoría “Preocupación menor” (LC). Un taxón será considerado como
tal cuando no cumple ninguno de los criterios necesarios para ser incluido
en alguna de las categorías que valoran el riesgo de extinción. En cuanto a
la ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad, aparece incluida
en el ANEXO V que incluye aquellas especies animales y vegetales
de interés comunitario que requieren una protección estricta.

©
Octavio Jiménez
Adulto, laguna del Padul (Granada), junio 2006.
Gran tamaño y diseño
corporal característico
La de herradura, es una
culebra grande, robusta, de cuerpo cilíndrico y alargado que se va
estrechando en su parte final, hasta terminar en una cola larga y de extremo
afilado. La cabeza no es muy grande, y vista desde arriba tiene forma
triangular, diferenciada claramente del resto del cuerpo. Está ligeramente
aplastada permitiéndole de este modo cómodos desplazamientos en ambientes
rocosos, penetrando fácilmente entre las grietas y bajo las piedras. Los
ojos son grandes con pupilas redondas de color oscuro e iris amarillento o
marrón. El hocico redondeado. La dentadura es aglifa, por lo que carece de
canalización interior y no está comunicada con glándulas productoras de
veneno (ver cuadro adjunto).
La parte superior de la
cabeza tiene un diseño muy característico compuesto por una serie de dibujos
oscuros que destacan sobre el fondo que es verdoso o grisáceo. En primer
lugar tenemos una fina línea transversal situada justo detrás de las fosas
nasales. Otra franja algo más ancha y con una pequeña zona central clara,
une ambos ojos. Posterior a esta se sitúa un dibujo en forma de herradura
oscura, que le ha proporcionado su nombre, con la abertura dirigida hacia
atrás. Dentro de la herradura encontramos otra pequeña mancha romboidal, y
justo tras ella ya en la zona del cuello, se inserta la primera de una serie
de manchas ovaladas, en este caso con uno de sus extremos puntiagudo, que
recorren todo el dorso de su cuerpo. Este juego de manchas, ovaladas
lateralmente, ribeteadas de negro y con su interior algo más claro, se
extienden con una pequeña separación entre ellas por todo el dorso hasta
llegar a la cola, donde llegan a unirse formando una banda oscura. Van
acompañadas de otras dos líneas de manchas más pequeñas situadas en ambos
laterales del cuerpo que se disponen alternas a los dibujos principales del
dorso.

© Javier
Benavides
Detalle de la cabeza, Antequera (Málaga), febrero 2004.
El color de fondo del
cuerpo es variable con tonalidades que van del crema al marrón pasando por
grises y amarillentos. El vientre tiene una coloración más viva con bonitos
tonos anaranjados, sobre todo en los laterales, donde también aparecen
pequeñas manchas oscuras. La zona central es de color blanquecino y ausente
de manchas.
Los juveniles poseen el
mismo diseño que los adultos, aunque destaca la presencia de dibujos más
contrastados y coloración general más clara. Conforme van envejeciendo, se
vuelven más oscuros, casi negros, pero nunca pierden los dibujos.
Se han documentado
individuos con hasta 185cm de longitud total, aunque es raro hoy en día
encontrar ejemplares que superen los 150cm.
Las escamas dorsales son
completamente lisas y aparecen en número de 24-29 a mitad del tronco.
Poseen 221-242 escamas ventrales y 97-109 subcaudales. Es característica la
escama preanal dividida.
Todas estas
características permiten diferenciarla claramente de otras culebras de
tamaño similar, como la de escalera (Rhinechis scalaris) y la
bastarda (Malpolon monspessulanus).

© José Luis
Esteban
Diseño del cuerpo, Íllora (Granada), abril 2007.

Dimorfismo sexual
Es poco aparente, por lo
que a simple vista resulta bastante complicado averiguar el sexo de un
ejemplar. De todas formas los machos son de tamaño ligeramente mayor, tienen
la cabeza más ancha y la cola mas larga. Por su parte, las hembras poseen
mayor número de escamas ventrales.

©
Eduardo Escoriza
Hembra adulta, Puerto Lumbreras (Murcia), abril 2008.
Especie típica de los ecosistemas mediterráneos
Hasta hace pocos, su
denominación científica era Coluber hippocrepis, y así aparece
reflejado en la mayor parte de las publicaciones. Sin embargo, recientes
estudios proponen que el género Coluber debe reservarse a ciertas
especies americanas, por lo que se establece que su denominación correcta
sea Hemorrhois hippocrepis. Así lo indica la comisión de taxonomía de
la Asociación Herpetológica Española en documento editado en febrero del año
2005. No se ha descrito la existencia de subespecies en toda su área de
distribución.
Se considera que es una
culebra con claros orígenes africanos, distribuida por gran parte de la
Península Ibérica y la franja costera norteafricana de Marruecos, Argelia y
Túnez. Su presencia en algunas islas mediterráneas como Cerdeña se considera
fruto de introducciones históricas por parte del hombre.
En nuestra península
ocupa los 2 tercios inferiores, siendo más abundante en el cuadrante
suroccidental y la costa mediterránea. Por la zona occidental asciende hasta
los Arribes del Duero, y más al centro no sobrepasa el Sistema Central. Es
poco frecuente en la meseta manchega oriental, haciéndose más abundante
conforme nos acercamos a la costa mediterránea. Llega hasta el piedemonte de
los Pirineos en la provincia de Gerona aunque siempre cerca del mar, y
penetra ligeramente hacia el interior por el valle del Ebro aprovechando la
influencia del Mediterráneo.
Junto con la culebra
bastarda es el único ofidio presente en nuestro país que tiene
espermatogénesis (producción de espermatozoides) primaveral, por lo que
necesita una primavera larga, cálida y un prolongado periodo de actividad
anual, condiciones que no se dan en el norte de la península ni en zonas
altas de montaña.

En Granada es más
abundante conforme nos desplazamos hacia la zona occidental y hacia la
costa. En la mitad oriental es más escasa al igual que ocurre en cotas
superiores a los 1.500msnm.

©
Luis García-Cardenete
Hábitat típico, Sierra Norte (Sevilla) marzo 2008.
Hábitos termófilos y rupícolas
Amante de
las buenas temperaturas, no es muy exigente a la hora de seleccionar su
hábitat. Le gustan los paisajes que presentan vegetación abierta, como
espartizales, matorrales mediterráneos, zonas de cultivo y que tengan
abundantes refugios sobre todo rocosos. También frecuenta las galerías de
ríos y gana altitud en zonas de montaña aprovechando las orientaciones en
solana. Evita las formaciones vegetales densas que no permiten la adecuada
insolación del suelo. Ocupa los pisos bioclimaticos Termo y Mesomediterraneo.
En Sierra Nevada se han encontrado los ejemplares situados a mayor altitud
de toda la península, casi a 2000msnm. En Marruecos llega hasta 2750msnm.
De todos modos es raro encontrar ejemplares por encima de los 1500msnm.

©
Luis García-Cardenete
Hábitat típico, Linares (Jaén) marzo 2008.

Sus hábitos son
predominantemente rupícolas, por lo que es abundante en medios rocosos,
canchales, muros de piedra, construcciones semiderruidas y escombreras. Como
indicábamos anteriormente es el ofidio más antropófilo de todos y es
frecuente encontrarlo en zonas agrícolas, pueblos e incluso la periferia de
grandes ciudades.
En zonas cercanas a la
costa no hiberna, permaneciendo activa la mayor parte del año. Las
poblaciones situadas en el interior y a cierta altitud, se muestran activas
desde el mes de febrero hasta noviembre, reposando escondidas el resto del
año. Para hibernar busca refugio en muros de piedra, troncos de árboles e
incluso madrigueras de mamíferos, pudiéndose encontrar a veces varios
ejemplares juntos. Es posible observarlas activas en pleno invierno durante
jornadas cálidas. En algunas zonas tiene un pequeño reposo estival que
coincide con las jornadas más calurosas del año.
Su actividad es sobre
todo diurna, aunque en verano la amplían hasta el crepúsculo y la noche.

© Octavio
Jiménez
Primer plano, laguna del Padul (Granada) junio 2006.
El periodo de celo se
extiende durante los meses de mayo y junio, periodo en que los machos
muestran una gran actividad, tanto en la búsqueda de hembras como en la
peleas con otros pretendientes. Aproximadamente al mes de consumada la
cópula, la hembra selecciona un lugar adecuado para la puesta de los huevos.
Utilizará un sustrato algo húmedo y correctamente soleado, en un montón de
piedras o bajo un tronco para depositar de 4 a 10 huevos alargados de unos 6
cms. de longitud y consistencia pergaminosa, a veces adheridos entre sí. La
incubación dura 2 meses y las pequeñas culebras con unos 20 cms. de
longitud, nacen en agosto o septiembre.
Extrema agilidad en los lances de caza
Es una culebra muy ágil
que se desplaza con rapidez tanto por el suelo como por las rocas e incluso
los árboles, a los que trepa con facilidad. Su técnica de caza se basa en la
búsqueda activa de presas, entre las que se encuentran principalmente
micromamíferos (ratones, lirones, musarañas), otros reptiles de menor tamaño
(lagartijas, eslizones, salamanquesas) y pájaros (gorriones, golondrinas,
jilgueros). También puede capturar pequeños murciélagos. Al no poseer
veneno, mata a sus presas estrangulándolas con su cuerpo. Los juveniles se
alimentan sobre todo de lagartijas juveniles que nacen cuando ellas y de
invertebrados.
Entre sus enemigos
naturales destacan varias especies de aves rapaces, (águila culebrera,
milanos, cernícalos, búho real), mamíferos carnívoros (zorro, meloncillo), y
otras culebras de mayor tamaño como la bastarda. Puede llegar a vivir hasta
20 años.

© Luis
García-Cardenete
Individuo adulto de gran tamaño, Andujar (Jaén), marzo 2009.
Victima de la persecución humana
El hecho de acercarse
con asiduidad a las zonas humanizadas en su búsqueda de alimento sobre todo
por muros y tejados, conlleva que sea una de las especies de culebra que mas
frecuentemente acaban sus días bajo el zapato o la azada. Efectivamente
innumerables ejemplares mueren cada año a manos de personas invadidas por un
odio irracional. En parte estos comportamientos son producto de la ausencia
de una mínima educación ambiental y de la pervivencia de una serie de
leyendas y falsas creencias propiciadas por nuestra cultura cristiana
occidental, que ha convertido a la serpiente en la causante del “pecado
original”.
Sin embargo se trata de
un animal completamente inofensivo y carente de veneno, que huye con rapidez
ante la mínima señal de peligro. De todas formas tiene un carácter irascible
y cuando se ve amenazada, no duda en defenderse, silbando, lanzando
furibundos ataques y propinando mordiscos a diestro y siniestro. Su
mordedura es completamente inofensiva, y sólo produce ligeras heridas, pues
sus dientes son de pequeño tamaño. Cuando es capturada también produce un
líquido de consistencia oleosa y de olor nauseabundo.
Muchos otros ejemplares
perecen atropellados, cuando se solean en las cada vez más frecuentes
carreteras y pistas forestales que cruzan sus territorios.

© José
Manuel Gutiérrez
Ejemplar juvenil atropellado, Guadahortuna (Granada), agosto 2007.
Si bien muchos
ejemplares son matados directamente, el principal problema al que se
enfrentan es la destrucción de su hábitat y la homogeneización de los
paisajes rurales. Entre las causas principales de su declive encontramos:
-
La desaparición de setos y muros tradicionales.
-
La intensificación de la agricultura tradicional de secano, con el
consiguiente incremento de tratamientos fitosanitarios.
-
Los cambios del uso del suelo relacionados con la construcción de
infraestructuras y el crecimiento urbano.
-
La proliferación de gatos y perros asilvestrados en las proximidades de
los núcleos urbanos.
La importancia de la
educación ambiental. La “Señora de Motril”.
Las poblaciones
granadinas gozan aún de buena salud, aunque hay que prestar especial
atención a aquellas que se sitúan en el borde de su área de distribución, en
el cuadrante nororiental. Son necesarias una serie de actuaciones que
impidan su más que probable declive a medio y largo plazo. Sin duda la
principal de ellas sería el establecimiento de un programa de educación
ambiental y divulgativo, que contribuya a mejorar la imagen que nuestra
sociedad tiene sobre esta y otras especies de culebras y serpientes,
desterrando de este modo la mala imagen y las falsas leyendas que
desgraciadamente acompañan su existencia en nuestro entorno.
Ya tenemos cerca la
época estival y seguramente se repetirán episodios como el que recorrió,
como una auténtica “serpiente de verano” los medios de comunicación
nacionales el pasado verano de 2008. La aparición de una o varias culebras
de herradura en el tejado de una barriada de la localidad de Motril, desató
una serie de acontecimientos dignos de una película de Berlanga y la España
más profunda. Manifestaciones, colocación de barricadas, intervención de los
bomberos al más puro estilo “Nacional Geographic” intentando capturar las
culebras con conejos enjaulados… Incluso el levantamiento completo de los
tejados y posterior fumigación, porque supuestamente en ellos anidaba “La
Señora” acompañada de cientos de sus congéneres. El acontecimiento se saldó
con la aparición de una culebra muerta en un barranco cercano, y con
abundante “carnaza” para los medios de comunicación que a cada minuto
ofrecían “información actualizada y contrastada” sobre el progreso de los
acontecimientos.

© Eduardo
Escoriza
Primer plano, Lorca (Murcia), septiembre 2008.
Proponemos una serie de
medidas que sin duda favorecerán a esta y otras muchas especies de nuestros
ricos, aunque gravemente amenazados ecosistemas mediterráneos.
1.
Conservación de los setos y muros de piedra tradicionales.
2.
Promoción de la agricultura y ganadería tradicional.
3.
Educación ambiental en los colegios sobre la fauna herpetológica.
4.
Control de gatos y perros asilvestrados.
5.
Proyecto de control de las poblaciones de jabalí en toda la
provincia, usando métodos selectivos de captura.
6.
Tratamiento forestal de las repoblaciones de coníferas llevadas a
cabo en el siglo pasado y que pueblan gran parte de nuestra provincia,
favoreciendo la creación de un paisaje en mosaico que proteja a nuestros
montes de los incendios.
La culebra de herradura en la Sierra de Baza
Se trata de una especie poco común en los
terrenos del Parque Natural. Aún así no es raro encontrar ejemplares en las
ruinas de antiguos cortijos y en pedregales, sobre todo en zonas bajas.
Asciende a zonas superiores a los 1.500msnm, en laderas pedregosas y con
escasa vegetación. También cerca de cursos de agua. Sin duda al igual que el
resto de especies de reptiles del parque, se vería beneficiada de todos
aquellos trabajos forestales que permitan un clareo de los densos pinares
procedentes de las repoblaciones de los años 50 a 70 del pasado siglo,
favoreciendo de este modo de un paisaje en mosaico que igualmente protegería
la sierra de posibles incendios monstruosos. Se agradecen citas de la
especie tanto del parque natural como del resto del territorio oriental
granadino.

©
Raúl León
Adulto, Vereda de la
Estrella, Sierra Nevada (Granada), mayo 2008. |