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En esta ocasión, la
protagonista de nuestra ficha es una popular representante de la familia de
las lagartijas muy conocida por casi todo el mundo, tanto por su moderada
abundancia como por la facilidad de encontrarla en lugares habitados y
degradados en términos ecológicos, incluso en el mismo centro de nuestras
grandes ciudades. La lagartija ibérica, en muchas ocasiones, ha constituido
el primer contacto con el mundo de los reptiles para muchas personas. Quien
no ha corrido detrás de una de ellas durante la infancia intentando
atraparla antes de que pudiera refugiarse en el muro de la escuela o bajo
cualquier piedra en el descampado cercano a nuestra casa. Aunque en la
mayoría de las ocasiones el reptil conseguía escapar dejándonos con dos
palmos de narices ante un “rabo” que no paraba de retorcerse, muchas de
ellas caían en nuestras manos para su desgracia, pues la mayoría de las
veces acababan sus vidas tras convertirse en las protagonistas de crueles
juegos y experimentos. Aunque sigue siendo abundante, no escapa al declive
generalizado de nuestros anfibios y reptiles, por lo que cada vez es más
escasa, sobre todo en el medio urbano.
LAGARTIJA
IBÉRICA
(Podarcis
hispanica)
Por Eduardo Escoriza, revisado por Luis García-Cardenete y la
colaboración de Javier Benavides, Javier Fuentes, José Luis Esteban, Raúl
León, Octavio Jiménez y José Manuel Gutiérrez (A.H.G)

©
Eduardo Escoriza
Primer plano, Lorca (Murcia), junio 2009.
Ficha
técnica:
Clase: Reptiles
Orden: Escamosos
Familia: Lacértidos
Género:
Podarcis
Especie:
hispanica
(Steindachner, 1870)
Estatus legal:
Tanto en el Catálogo andaluz de especies amenazadas (Ley
8/2003, de 28 de octubre, de la flora y la fauna silvestres), como en el
Catálogo Nacional de Especies Amenazadas (Real Decreto 439/1990),
aparece incluida en la categoría “interés especial”, en la que
se recogen aquellas especies que, no estando incluidas en otras categorías
de protección superior (extinta, en peligro de extinción, sensible a la
alteración de su hábitat, vulnerable), son merecedoras de una atención
particular en función de su valor científico, ecológico, cultural, o por su
singularidad. El Atlas y Libro Rojo de los Anfibios y Reptiles de España,
editado en 2002, la incluye dentro de la categoría “Preocupación menor”
(LC) que recoge aquellas especies, que no cumplen ninguno de los
criterios para ser incluidas en las categorías de amenaza (Casi amenazada,
NT, Vulnerable, VU, En peligro, EN, o En peligro
crítico, CR). El conjunto de sus poblaciones carece de amenazas
significativas. Respecto a la ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la
Biodiversidad, la subespecie atrata, que recientemente
ha sido elevada a especie independiente y que habita en las islas
Columbretes, aparece incluida en el ANEXO V, que recoge aquellas
especies animales y vegetales que requieren una protección estricta.
En
cuanto a las categorías de amenaza de la UICN (Unión Internacional de
Conservación de la Naturaleza), a nivel mundial, esta especia aun no ha sido
catalogada. También aparece incluida en el ANEXO III del Convenio de
Berna.

© José Luis
Esteban
Adulto, Huélago (Granada), abril 2005
Diseño anatómico adaptado a la vida rupícola
El diseño anatómico de la
lagartija ibérica está claramente determinado por sus hábitos rupícolas.
Efectivamente las características principales que llaman la atención cuando
observamos a un ejemplar de cerca; cuerpo robusto aunque de pequeño tamaño y
fácilmente aplastable, diseño husiforme, dedos y cola extremadamente largos;
están enfocadas a garantizarle rápidos movimientos tanto horizontales como
verticales sobre muros y piedras. Igualmente le permiten refugiarse con
facilidad dentro de pequeñas fisuras y grietas o debajo de alguna roca.

© Luis
García-Cardenete
Adulto, Sierra de Gredos (Ávila), abril 2007.
Su cabeza no es muy grande,
bastante aplanada y poco diferenciada del resto del cuerpo. El hocico es
afilado y los ojos, ligeramente prominentes, poseen pupilas circulares
negras con iris amarillento. También es característica la presencia de
escama occipital. El cuerpo aparece recubierto por multitud de pequeñas
escamas granulares. Las patas son esbeltas y poseen cinco dedos largos,
sobre todo las posteriores, dotados de uñas igualmente largas. La cola
también es muy larga, y supone casi 2/3 de la longitud total del cuerpo,
generalmente entre 15-18cm.
La coloración de fondo del
dorso es extremadamente variable incluso en ejemplares pertenecientes a una
misma población. Aunque abundan los ejemplares de color pardo, también se
encuentran otros con una bonita coloración verdosa. Es frecuenta la
presencia de pequeñas manchas y ocelos de color negro que en ocasiones
forman bandas longitudinales en los costados .La garganta suele ser
blanquecina o amarillenta, libre de manchas y el vientre es blanco sucio o
grisáceo salpicado de motas negras de pequeño tamaño. La cola posee los
mismos tonos que el resto del cuerpo, excepto en los recién nacidos y
juveniles, que están dotados de un apéndice espectacularmente coloreado de
verde o azul turquesa. Se han documentado casos de ejemplares albinos y
melánicos.

© Luis
García-Cardenete
Juvenil, Jaén, septiembre 2004.
Los machos generalmente
alcanzan mayores tamaños, cabeza más robusta así como patas y cola mas
largas. Esta última tiene una base más ancha, pues aloja en su base los
hemipenes (órgano reproductor masculino). Su colorido es más llamativo sobre
todo en la época de celo en que muestra el dorso verdoso y el vientre
anaranjado o rojizo. Asimismo el dorso presenta un diseño reticulado con
multitud de pequeñas manchas oscuras. Las hembras poseen tonos más apagados
y destacan por la presencia de varias bandas laterales (alternativamente
claras y oscuras) en los costados. Su abdomen también es más ancho.

© Eduardo
Escoriza
Diseño dorsal en hembra adulta, Puerto Lumbreras (Murcia), junio 2009.

©
Raúl León
Diseño dorsal en macho adulto, campos de Hernán Perea (Jaén), mayo 2007.
Ampliamente distribuida.
Su área de distribución
natural abarca el norte de África (Marruecos, Argelia, Túnez), sur de
Francia y la Península Ibérica. En nuestro país es mucho más abundante en la
mitad sur, sobre todo en zonas de media montaña. Está presente en numerosas
islas e islotes costeros cantábricos y mediterráneos. Es muy escasa en la
cornisa Cantábrica y norte de Galicia.

© Luis
García-Cardenete
Adulto, Picos de Europa (Asturias), agosto 2008.
Hasta
hace poco tiempo se aceptaba la existencia de 3 subespecies, que presentaban
diferencias en cuanto a tamaño y diseño corporal. Se trata de Podarcis
hispanica hispanica, con ejemplares de buen tamaño, presente en la
península y el sur de Francia; Podarcis hispanica vaucheri, de
pequeño tamaño, habitante del extremo sur peninsular y norte de África y
Podarcis hispanica atrata, la subespecie de mayor tamaño que solo habita
en las islas Columbretes en la costa de Castellón. Sin embargo recientes
estudios morfológicos, genéticos y ecológicos han determinado la elevación a
especies independientes de las 2 últimas, que pasan a denominarse
Podarcis vaucheri y Podarcis atrata.

© Luis
García-Cardenete
Adulto de Podarcis vaucheri, Parque Natural de los Alcornocales
(Cádiz), junio 2006.
Aun así la determinación
taxonómica no ha concluido, y a Podarcis hispanica, se le considera
más que como una especie, como un grupo parafilético (ver cuadro
adjunto) y no sería raro que en poco tiempo alguna de las formas diferentes
que se reconocen en nuestro pais; “Lusitanica”, “Virescens”, “Liolepis”,
“Galera” y “Sierra Nevada”, puedan dar lugar a otra nueva especie.
Un reciente estudio
genético publicado en Biological Journal of the Linnean Society,
2007, por
CATARINA PINHO, D. JAMES HARRIS y NUNO FERRAND,
establece una distribución provisional de las distintas formas de
Podarcis hispánica en la Península Ibérica. Según el mapa obtenido en
este estudio, en Granada se pueden encontrar hasta 3 entidades diferentes.
Podarcis hispanica
nominal en el oeste, centro y sur.
Podarcis hispanica
tipo Galera en el extremo oriental.
Podarcis hispanica
del tipo 2 en una estrecha franja del norte.

Mapa de distribución provincial
En nuestra provincia es muy
abundante, siendo el reptil que presenta mayor rango altitudinal, pues
podemos encontrarla desde el nivel del mar hasta la misma cima del Mulhacén
a 3482msm. También está presente en gran número en las cimas de otros
macizos béticos, Almijara, Tejeda, Loja, Sierra de Baza y Sierra Seca. Es
más escasa en las depresiones de Baza y Guadix por la ausencia de
pedregales, pues los suelos son predominantemente arcillosos.

La reina de los muros y pedregales
Esta pequeña lagartija es
especialista de la vida rupícola, y es fácil encontrarla en cualquier
formación rocosa, ya sea natural o artificial. Al igual que las
salamanquesas, ha sabido aprovechar a la perfección las construcciones
humanas que al fin y al cabo no son más que afloramientos rocosos un tanto
peculiares, y ha colonizado con éxito todo tipo de tapias, muros, paredes y
albarradas. De esta forma es fácil encontrarla en todos y cada uno de
nuestros pueblos incluso en el mismo centro de Granada capital. En zonas
donde no abundan las rocas, también puede vivir directamente en el suelo,
ocupando matorrales bajos y claros de bosque.

© Eduardo
Escoriza
Hábitat, Colomera (Granada), junio 2009.
Estrictamente diurna, en
nuestra provincia está activa la mayor parte del año, pues incluso en pleno
invierno, al tener un tamaño tan reducido, es capaz de obtener el calor
necesario en poco tiempo para activarse en un día soleado. Por este mismo
motivo es especialmente abundante en la media y alta montaña donde alcanza
importantes densidades. Aún así en periodos desapacibles hibernan escondidas
en grietas o debajo de piedras. Su mayor actividad coincide con la primavera
y principios de verano. Por la mañana se solean colocándose sobre piedras
bien expuestas, y cuando alcanzan la temperatura necesaria comienzan a
deambular por las rocas y alrededores en busca de presas. En verano a mitad
del día buscan las sombras para protegerse del calor es excesivo.

© Noé
García
Adulto soleándose sobre una piedra, Lorca (Murcia), marzo 2009.
A finales del invierno los
machos comienzan a defender un pequeño territorio, y muestran una coloración
mas intensa al iniciarse el periodo de celo. Defienden pequeñas porciones
del roquedo y en las luchas que se producen muchas veces pierden la cola.
Una vez conquistada una hembra, la inmovilizan mediante mordiscos en el
cuello o el lomo y se aparean con ella. Las cópulas tienen lugar hasta
finales del mes de abril. La hembra selecciona grietas, huecos bajo piedras
o directamente realizan un pequeño agujero en la tierra donde deposita de 1
a 5 pequeñísimos huevos de consistencia elástica. Dependiendo de su tamaño
puede realizar hasta 3 puestas en una temporada. El periodo de incubación es
de entre 60 y 80 días por lo que a finales de julio y sobre todo en agosto y
septiembre emergen las pequeñas y vistosas lagartijillas. El cuerpo mide
unos 2cm y más de 3cm la cola, que está llamativamente coloreada de azul y
verde. Alcanzan la madurez sexual al año y tienen una longevidad máxima
comprobada de cuatro.

© Luis
García-Cardenete
Pareja de lagartijas
ibéricas en un roquedo, Sierra de Loja (Granada), mayo 2007.
Su alimento lo constituyen
una enorme variedad de pequeños invertebrados que buscan activamente, aunque
en ocasiones cazan al acecho. Dada su extremada agilidad y capacidad para
trepar, capturan sin excesivos problemas multitud hormigas, moscas, pequeños
escarabajos y arañas. Incluso se comportan como caníbales y pueden devorar
puestas y juveniles de su propia especie. También se ha documentado la
captura de juveniles de otros reptiles como salamanquesas con las que
comparte hábitat. Las poblaciones situadas en islas completan su dieta con
materia vegetal.

©
Javier Benavides
Ejemplar con una polilla recién capturada, Jun (Granada), agosto 2007.
“La cola o la vida”
La lagartija ibérica tiene
multitud de enemigos naturales. Cualquier depredador con un tamaño superior
al suyo intentará atraparla. Grandes arañas y escorpiones, lagartos y
lagartijas de mayor tamaño, culebras, mamíferos como la comadreja, gato
montes, zorro y aves como la urraca, alcaudones, cernícalos, mochuelo,
lechuza.... y un largo etc, acecharan la roca donde se refugia la lagartija.
Pero no será tarea fácil la
de su captura, pues junto a su pasmosa agilidad para trepar y la rapidez de
sus movimientos, ha desarrollado un mecanismo único de defensa pasiva que
comparte con otras especies de reptiles y anfibios. Se trata de la ”autotomía
caudal”. Bajo esta científica denominación se oculta un fenómeno
conocido por la mayoría de la gente. Se trata ni más ni menos que de la
capacidad que tienen para desprender un trozo de su cola a voluntad cuando
son atrapadas. Esta auto-amputación provoca la distracción del depredador
que se ensaña en el apéndice mientras este no para de moverse
compulsivamente permitiendo escapar a su antiguo poseedor. Tan llamativos
son sus movimientos que la cultura popular los ha adoptado y no es raro
escuchar expresiones como “te mueves más que un rabo de lagartija”.
Este mecanismo de defensa está especialmente desarrollado en los individuos
recién nacidos y juveniles, que poseen colas muy largas y ricamente
coloreadas de azul o verde. Precisamente tienen la función, entre otras, de
atraer la atención de los posibles depredadores hacia ellas.
La presencia de la cola es
fundamental para la lagartija pues le sirve como timón y punto de apoyo para
conservar el equilibrio en sus ágiles desplazamientos y es una zona de
reserva de grasas. Por tanto una vez perdida comienza a regenerarla, aunque
ya no alcanzará el mismo tamaño y desarrollo que la original.

© Luis
García-Cardenete
Adulto con la cola
intacta, Andévalo (Huelva), agosto 2004.
Pocos problemas de supervivencia.
Las poblaciones granadinas
de lagartija ibérica no se encuentran amenazadas, dada su amplia
distribución, abundancia y capacidad para colonizar hábitats alterados y
urbanizados. Aun así la situación parece que empieza a cambiar y su futuro
puede verse amenazado por la desaparición de muros y setos tradicionales, el
uso excesivo de fitosanitarios, la intensificación de la agricultura
tradicional y la proliferación de depredadores introducidos, sobre todo
gatos domésticos y asilvestrados. Se conocen varios casos de declive en
incluso extinción de algunas poblaciones a escala local por estas causas.

©
Raúl León
Hábitat típico, Sierra
de Poyatas, Extremadura, agosto 2004.
La importancia de la educación ambiental en la escuela
Como indicábamos al inicio
de la ficha, la lagartija ibérica forma y ha formado parte de los juegos de
multitud de niños en nuestros pueblos y ciudades que descargaban sobre ellas
el instinto cazador que todos llevamos dentro. Sería conveniente reconducir
estas actitudes para por lo menos evitar que los ejemplares capturados
sucumban cruelmente como ocurre en la mayoría de ocasiones. Al ser una
especie muy común y abundante constituye un recurso excepcional para
introducir a nuestros jóvenes en el mundo de los reptiles, bajo unos
criterios de conocimiento y respeto que redunde en beneficio del resto de
nuestra denostada aunque excepcional fauna de anfibios y reptiles. Este
objetivo podría alcanzarse mediante campañas educativas en los centros de
enseñanza, dirigidas tanto a los alumnos como al profesorado.
Otras
medidas que favorecerían su futuro y el de otras muchas especies:
·
Conservación
y recuperación de los muros y setos tradicionales como elementos
integradores del paisaje típico mediterráneo.
·
Conservación
de la agricultura tradicional, limitando el uso de fitosanitarios.
·
Control de
gatos asilvestrados, que causan estragos tanto en nuestros reptiles como en
pequeñas y medianas especies. A tal efecto seria conveniente concienciar a
los poseedores de gatos domésticos de la inoportunidad de permitir que sus
mascotas deambulen fuera de los hogares.
La lagartija ibérica en la Sierra de Baza
Al igual que en el resto de la provincia,
la lagartija ibérica es muy abundante en la Sierra de Baza, siendo quizás el
reptil con mayores efectivos de todos los presentes en el Parque Natural.
Podemos encontrarla desde las zonas bajas junto a la autovía hasta las más
elevadas cumbres, siendo especialmente abundante en las zonas altas.
Coloniza sin problema todo tipo de roquedos y como no, ha sabido aprovechado
las construcciones humanas, muchas de ellas desgraciadamente en estado
ruinoso, que aparecen dispersas por el territorio.
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