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Conoceremos en esta ficha a
uno de los reptiles más curiosos de todos los que podemos encontrar en
nuestra provincia. La primera impresión al ver una culebrilla ciega (Blanus
cinereus) seguramente será pensar que no se trata de un reptil, sino más
bien de una lombriz de tierra. Y si alguien insiste indicando que
efectivamente es un reptil, diríamos en tal caso que es una culebra o
serpiente de pequeño tamaño. Segunda equivocación, aunque carezca de
extremidades, sus parientes más cercanos no son las serpientes sino las
lagartijas y eslizones. Ampliamente distribuida por toda la provincia,
aunque difícil de observar a causa de sus hábitos subterráneos, en algunos
lugares está considerado como uno de los animales más peligrosos del campo,
aunque realmente es completamente inofensiva. Tal vez esta creencia tenga
mucho que ver con su relación con una criatura perteneciente a la mitología
griega.
CULEBRILLA
CIEGA
(Blanus
cinereus)
Por Eduardo Escoriza y la colaboración de Javier Benavides, Javier
Fuentes, Luis García-Cardenete. José Luis Esteban, Raúl León y Octavio
Jiménez (A.H.G).

© Luis
García-Cardenete
Adulto, Rosal de la Frontera (Huelva), marzo 2006.
Ficha
técnica:
Clase:
Reptiles
Orden:
Escamosos
Familia:
Anfisbénidos
Género: Blanus
Especie:
cinereus
(Vandelli, 1797)
Estatus legal:
Tanto en el Catálogo andaluz de especies amenazadas (Ley
8/2003, de 28 de octubre, de la flora y la fauna silvestres), como en el
Catálogo Nacional de Especies Amenazadas (Real Decreto 439/1990) aparece
incluida en la categoría “interés especial”, en la que se recogen
aquellas especies que, no estando incluidas en otras categorías de mayor
amenaza de desaparición (extinta, en peligro de extinción, sensible a la
alteración de su hábitat, vulnerable), son merecedoras de una atención
particular en función de su valor científico, ecológico, cultural, o por su
singularidad. El Atlas y Libro Rojo de los Anfibios y Reptiles de España,
editado en 2002, propone su inclusión en la categoría “Preocupación
menor” (LC). Un taxón será considerado como tal cuando no cumple ninguno
de los criterios necesarios para ser incluido en alguna de las categorías
que valoran el riesgo de extinción. Esta misma categoría “Preocupación
menor” (LC), es la que establece la UICN (Unión Internacional
para la Conservación de la Naturaleza) para esta especie a nivel mundial.
También aparece incluida en el ANEXO II del convenio de Berna. En
cuanto a la ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad, no
aparece incluida en ninguno de sus apartados.
Una
refinada tuneladora en miniatura
La culebrilla ciega ha sido
modelada perfectamente para la vida subterránea y la actividad minadora. Su
cuerpo es cilíndrico, alargado y carece de extremidades. La cabeza, pequeña
y con forma ligeramente triangular, presenta un diseño acorazado, macizo,
con grandes escamas cuadradas en la parte superior y una gran placa frontal.
El hocico es redondeado y muy duro. Los ojos se han atrofiado hasta perder
prácticamente su función, y no son más que dos pequeños puntos negros
cubiertos por escamas. Carece de oído externo y sí son visibles los pequeños
orificios nasales. Tanto el olfato como el oído cumplen a la perfección sus
cometidos. La boca es ancha y posee una mandíbula fuerte recubierta por
pequeños dientecillos. Un surco transversal bien visible a corta distancia,
separa la cabeza del resto del cuerpo.

© Octavio
Jiménez
Detalle de la cabeza, Padul (Granada), febrero 2007.
El tronco da la impresión
de ser anillado, pues las escamas que lo cubren, cuadradas y todas de
similar tamaño, se agrupan en filas longitudinales formando bandas que lo
rodean completamente. La cola es corta y termina en punta redondeada. Tiene
un número variable de poros precloacales. Puede alcanzar hasta 25cm. de
longitud total, aunque las medidas más habituales están entre los 15-20cm.
Su coloración es brillante
y uniforme, con tonos que van del rosa al marrón pasando por el violeta, sin
dibujos ni diseño peculiar. El vientre es algo más claro. Algunos ejemplares
muestran albinismo parcial.

© Luis
García-Cardenete
Detalle del surco transversal y el cuerpo anillado. Rosal de la Frontera
(Huelva), marzo 2006.
A simple vista es fácil
diferenciarla del resto de reptiles con los que comparte hábitat y aunque
tiene gran parecido superficial con las lombrices de tierra, podemos
reconocerla sin problemas gracias a la presencia de escamas, cuerpo anillado
y ojos.
No existe dimorfismo sexual
aparente, aunque los machos tienen la cabeza un poco más grande que las
hembras.
La
anfisbena mitológica de los griegos
El hecho de que a simple
vista sea fácil confundir la cabeza con la cola por tener ambas la misma
forma, y que puedan desplazarse tanto hacia delante como hacia atrás,
determina el nombre de la familia a la que pertenece la culebrilla ciega,
anfisbénidos.
Anfisbena
en griego significa “que va
en dos direcciones” y así se denomina a una criatura mitológica
perteneciente a esa cultura. Se trataba de una serpiente comedora de
hormigas (también la llamaban reina de las hormigas) que tenía dos cabezas,
una en cada extremo del cuerpo y los ojos nublados .Esta serpiente bicéfala
había nacido de la sangre que goteó de la cabeza de la gorgona
Medusa, después de que Perseo, hijo de Zeus, la cortara.
Según la mitología, la
mordedura de ambas cabezas era muy venenosa y podía desplazarse a gran
velocidad en ambas direcciones. También tenía la posibilidad de rodar,
uniendo ambos extremos del cuerpo formando un aro, y su sangre era caliente,
al contrario que la del resto de serpientes.
Se le atribuían poderes
curativos en artritis y resfriados y como amuleto daba buena suerte a las
embarazadas. También era capaz de regenerar el cuerpo entero si se cortaba
por la mitad.
Endemismo de la Península ibérica
Hasta hace poco tiempo se
consideraba que el género Blanus solo incluía una especie cuya
distribución abarcaba la península Ibérica y Marruecos. A finales de los
años 80, en base a diferencias genéticas importantes halladas en diversos
estudios, se determinó su separación en 3 especies distintas. Blanus
tingitanus y Blanus mettetali, exclusivas de Marruecos y
Blanus cinereus, endémica de nuestra península. A simple vista las tres
especies son muy parecidas.
Nuestra culebrilla se
distribuye ampliamente por los dos tercios meridionales de la península. No
aparece ni en Asturias, Cantabria, País Vasco, Navarra ni en gran parte de
Cataluña. Tampoco sobrepasa al río Ebro por el norte. Las citas más
septentrionales corresponden a Orense, Zamora, Valladolid, Burgos, Zaragoza
y Tarragona.
No
existen variaciones geográficas ni subespecies aunque se han observado
diferencias en la disposición de los poros precloacales.
En
Granada es común, más abundante en la mitad occidental y escasa en las
depresiones de Baza y Guadix, pues los suelos arcillosos e impermeables no
favorecen su actividad cavadora. Podemos encontrarla en toda la provincia,
tanto en comarcas llanas como en la mayoría de sistemas montañosos.

© Luis
García-Cardenete
Hábitat, Sierra de Loja (Granada), abril 2007.

Mapa de distribución provincial.
Amplia variedad de hábitats
Se trata
de una especie termófila (adaptada a soportar altas temperaturas)
típica integrante de los ecosistemas mediterráneos. Habita formaciones
vegetales muy variadas. Encinares, pinares, matorral mediterráneo,
pastizales, cultivos. No rehuye las cercanías de pueblos y ciudades, donde
podemos encontrarla en escombreras, edificaciones ruinosas e incluso en
parques y jardines.

© Raúl León
Hábitat. Puertollano (Ciudad Real), abril 2009.
Aunque no sea muy exigente
para seleccionar su hábitat, prefiere las zonas de vegetación poco densa,
los claros y bordes de bosque, que tengan abundantes refugios rocosos y algo
de humedad. Los suelos preferidos son aquellos fácilmente excavables,
profundos, arenosos y con abundante mantillo. No puede habitar los suelos
arcillosos e impermeables, ni terrenos encharcados, pues al ser muy
compactos y duros no pueden excavar sus galerías.
Ocupa los pisos
bioclimáticos termo, meso y supramediterráneo, desde el nivel del mar hasta
más de 2.000msnm., aunque es más frecuente por debajo de los 1.000msnm.
Precisamente en Granada se han localizado los ejemplares situados a mayor
altitud de toda su área de distribución natural, concretamente a 2.430 msnm
en la vertiente norte de Sierra Nevada. Es probable que en la vertiente sur
se supere esta cota, pues es relativamente abundante por encima de los
2.000msnm en laderas bien expuestas y con abundantes piedras. En el resto de
la provincia también supera los 1.500msnm, por ejemplo en la Sierra de Loja,
Sierras del Noreste y Sierra de Baza.

© Luis
García-Cardenete
Hábitat, Sierra de Segura (Jaén), junio 2007.

Una
vida estrictamente subterránea
Su actividad es
predominantemente diurna, aunque en verano la amplían hasta después del
anochecer. Entre noviembre y febrero, siempre en función de la altitud,
latitud y orientación de cada población concreta, hibernan en galerías que
ellas mismas excavan o directamente debajo de las piedras. El periodo en que
se encuentra más activas coincide con el final de la primavera y comienzos
del verano.
Su dominio vital se sitúa a
pocos centímetros de la superficie, 15-20, que es donde encuentran mayor
número de presas, pueden cavar fácilmente y aprovechan eficazmente el calor
del terreno circundante.
A primera hora de la mañana
podemos localizarlas bajo las piedras inactivas y con el cuerpo aún frío.
Permanecen bajo ellas aprovechando el calor que irradian, hasta que alcanzan
los 22 grados de temperatura corporal que necesitan para moverse con
fluidez. Llega el momento de desplazarse por sus galerías. A lo largo de la
jornada, vuelven a colocarse bajo alguna piedra para termorregularse. El
grosor de las rocas seleccionadas, depende tanto de la época del año como de
la hora del día. A este sistema de captación de calor se le denomina
tigmotermia (absorción de calor por contacto directo con un
objeto más caliente que el propio cuerpo). El sistema más habitual de
captación de calor en reptiles es la heliotermia (absorción
del calor directamente de los rayos del sol).También obtienen calor gracias
a los movimientos subterráneos. Para desplazarse pliegan la piel de su
cuerpo como si se tratara de un acordeón.
Es raro observarlas en
superficie, aunque es más probable tras la lluvia al inundarse sus galerías.

© Javier
Benavides
Ejemplar hallado en la superficie tras una lluvia abundante, Sierra Elvira
(Granada), abril 2006.
Descendencia poco numerosa
El periodo reproductor se
extiende de marzo a junio, y las copulas tienen lugar durante los meses de
abril y mayo. Ambos géneros segregan feromonas (hormonas de atracción
sexual) por los poros precloacales. Utilizando el órgano vemoronasal pueden
reconocer gracias a ellas, el sexo de otro ejemplar. Se trata de una
estructura sensorial situada bajo la cámara nasal, especializado en la
recepción de estímulos químicos. Los estímulos externos son transportados
mediante la lengua hacia atrás. Este es el motivo, por el que tanto la
culebrilla ciega como otros reptiles, sobre todo las serpientes y culebras,
saquen continuamente la lengua de la boca.
Cuando una pareja se
encuentra, entrelazan sus colas y consuman la cópula. Pasado un tiempo la
hembra deposita uno o dos huevos alargados (2,5cm) de consistencia gomosa y
muy grandes en relación a su tamaño corporal. Los abandona bajo una piedra,
tronco o enterrados a poca profundidad. Se incuban gracias al calor del
terreno circundante durante 70-80 días. Las pequeñas culebrillas miden al
nacer 8-9cm y son perfectas réplicas en miniatura de los adultos.

© Eduardo
Escoriza
Ejemplar de Colomera (Granada), julio 2008.
Alimentación variada y de pequeño tamaño
Su dieta es muy variada, e
incluye gran número de invertebrados de pequeño tamaño que localiza
activamente en sus galerías y bajo las piedras gracias a su excelente olfato
y oído. Insectos y sus larvas, arañas, cochinillas, lombrices, escarabajos y
sobre todo hormigas. Es capaz de reconocer especies venenosas de hormigas
por su olor. Su territorio de caza preferido es bajo piedras, donde muchos
de estos animalillos se refugian buscando protección y humedad.
Numerosos predadores
Cuenta
con un gran número de enemigos naturales que pueden capturarla en sus
ocasionales salidas a la superficie o más habitualmente en sus refugios
subterráneos. Lagarto ocelado, víbora hocicuda, culebras bastarda y de
herradura. También aves rapaces como el milano real, el mochuelo, el
cernícalo y mamíferos como el meloncillo, la garduña y el zorro. La culebra
de cogulla se ha especializado en su captura y gran parte de su dieta está
formada por culebrillas. Hoy en día su principal depredador sin duda es el
jabalí, que prolifera por todas partes. En sus correrías nocturnas levanta
multitud de piedras y hoza levantando las capas superficiales del suelo. Así
consigue capturar muchas culebrillas.
Su estrategia defensiva es
variada. En primer lugar intentará huir buscando una galería subterránea. Si
se ve acorralada se enrolla sobre sí misma o sobre un palito o resto
vegetal, intentado aumentar su volumen evitando de este modo su ingestión,
por ejemplo por parte de alguna culebra. También pueden desprender
voluntariamente la cola. Este mecanismo de defensa pasiva que comparte con
otras especies de anfibios y reptiles capacidad se denomina ”autotomía
caudal””. Bajo esta científica denominación se oculta un fenómeno
conocido por la mayoría de la gente. Se trata ni más ni menos que de la
capacidad que tienen para desprender un trozo de su cola a voluntad cuando
son atrapadas. Esta auto-amputación provoca la distracción del depredador
que se ensaña en el apéndice mientras este no para de moverse
compulsivamente permitiendo escapar a su antiguo poseedor. Al contrario que
ocurre con otras especies, la culebrilla ciega no tiene la capacidad de
regenerar el trozo de apéndice perdido.

©
Eduardo Escoriza
Ejemplar enrollado en los restos de vegetación, como mecanismo defensivo.
Colomera (Granada), julio 2008.
Si
la víbora oyera y el can viera...
Como indicábamos al inicio
de la ficha, en algunas comarcas granadinas la culebrilla ciega, a la que
llaman can, está considerado como uno de los animales más venenosos y
peligrosos. Así queda reflejado en un refrán que todavía podemos escuchar en
nuestros pueblos. “Si la víbora oyera y el can viera, no habría persona
que al campo saliera”. Si se te ocurre mostrar un ejemplar en público,
la gente corre escandalizada.
Este refrán al igual que
muchas otras tradiciones que incuben a reptiles y anfibios, no hace honor a
la realidad, pues si bien acierta al indicar que es un animal casi
completamente ciego, se equivoca completamente al equipararlo en
peligrosidad con la víbora.
La culebrilla ciega es un
animal completamente inofensivo. Si es capturada se enrosca llegando a
formar un nudo y es bastante agresiva e intenta morder, aunque poco daño
puede hacer con un tamaño tan pequeño y sin tener veneno.

© Raúl León
Ejemplar del Padul (Granada), abril 2005.
No
amenazada de desaparición
Debido a sus hábitos
subterráneos no es una especie que se vea muy afectada por la actividad
humana, por lo que actualmente no se considerada una especie amenazada. De
todos modos, muchas de sus poblaciones se ven afectadas por los procesos de
cambio de uso del suelo asociados al incremento de las áreas urbanas y las
infraestructuras de transporte. También sufre la contaminación del suelo por
pesticidas y herbicidas. Muchos ejemplares sucumben bajo el azadón o la bota
por parte de personas que las encuentran durante las labores agrícolas a
causa de su inmerecida mala fama.
No se conoce con precisión
ni su distribución exacta ni el estado de sus poblaciones por la dificultad
para localizar ejemplares.
Propuestas de conservación
Sería interesante la
realización de programas de educación ambiental, que permitan divulgar la
vida de tan curioso animal y desterrar de este modo las falsas creencias que
se tiene sobre ella. Así se evitaría la muerte de muchos ejemplares. También
es necesaria la realización de muestreos que permitan establecer con mayor
exactitud tanto su distribución como el estado de las poblaciones.

©
Eduardo Escoriza
Ejemplar de Puebla de Don Fadrique (Granada), junio 2009.
La culebrilla ciega en la Sierra de Baza
Aunque menos frecuente que en otras
comarcas granadinas, la culebrilla ciega está presente en el Parque Natural
de la Sierra de Baza, tanto en zonas bajas como en la media y alta montaña.
No se conoce ni su distribución exacta ni su abundancia. Seguramente en el
pasado se vio negativamente afectada, al igual que otras especies de
reptiles, por las masivas repoblaciones de coníferas, que sustituyeron al
matorral mediterráneo en regeneración. Agradecemos la notificación de citas
por parte de los lectores del boletín.
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