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Paseando por alguno de nuestros últimos arenales costeros, o por el cauce
seco de una rambla, quizás nos sorprendamos al cruzarse en nuestro camino un
pequeño bólido que casi vuela sobre la arena buscando refugio bajo un
arbusto. Es posible que hayamos tenido un encuentro con una de las más
grandes y la más veloz de todas nuestras especies de lagartijas, la
colirroja. Entusiasta de las elevadas temperaturas y de terrenos arenosos y
sueltos, podemos encontrarla en gran parte de nuestra provincia aunque sus
poblaciones son puntuales y fragmentadas. A pesar de lo que su nombre
indica, el color de la cola no es una característica definitoria que siempre
permita diferenciarla de otras especies similares. Hoy en día no se trata de
un reptil amenazado de desaparición, aunque tal vez esta situación cambie en
un futuro próximo, debido a los efectos negativos ocasionados por distintas
actividades humanas.
LAGARTIJA
COLIRROJA
(Acanthodactylus
erythrurus)
Por Eduardo Escoriza y la colaboración de
Luis García-Cardenete, Octavio Jiménez (A.H.G), Antonio García y
Adolfo Ventas.

Juvenil, Sierra de Tejeda (Málaga), octubre 2009.
Ficha
técnica:
Clase:
Reptiles
Orden:
Escamosos
Familia: Lacértidos
Género:
Acanthodactylus
Especie:
erythrurus
(Schinz,
1833)
Estatus legal:
Tanto en el
Catálogo andaluz de especies amenazadas (Ley 8/2003, de 28 de
octubre, de la flora y la fauna silvestres), como en el Catálogo Nacional
de Especies Amenazadas
(Real Decreto 439/1990), aparece incluida en la categoría “De interés
especial”, en la que se recogen aquellas especies que, no estando
incluidas en otras categorías de protección superior (extinta, en peligro de
extinción, sensible a la alteración de su hábitat, vulnerable), son
merecedoras de una atención particular en función de su valor científico,
ecológico, cultural, o por su singularidad.
El
Atlas y Libro Rojo de los Anfibios y Reptiles de España, editado en 2002 y
basándose en los criterios establecidos por la U.I.C.N (Unión Internacional
de Conservación de la Naturaleza y de los Recursos Naturales), la incluye
dentro de la categoría “Preocupación menor” (LC). Un taxón será
considerado como tal cuando no cumple ninguno de los criterios necesarios
para ser incluido en alguna de las categorías que valoran el riesgo de
extinción. A nivel mundial ha sido catalogada por la UICN “Preocupación
menor” (LC), según el catálogo del año 2008.
En
cuanto a la ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad, la
lagartija colirroja no aparece incluida en ninguno de sus anexos.
Cuerpo robusto y larga cola
Cuando observamos a una lagartija colirroja, la primera impresión es la de
un animal de aspecto robusto, dentro de sus limitadas dimensiones, y a la
vez estilizado. Destaca sobre todo la cola, muy larga, así como sus
extremidades, fuertes y bien desarrolladas. Los mayores ejemplares pueden
superar los 20 cms. de longitud total, dos tercios de los cuales
corresponden a la cola y el resto al tronco.
Tiene una cabeza grande y ancha, con forma triangular vista desde arriba. El
hocico es corto, romo, y en su parte posterior hay un surco pronunciado. Los
ojos, de buen tamaño, son ligeramente prominentes y poseen pupilas
circulares de color negro e iris dorado. Una característica morfológica
fundamental que permite diferenciarla del resto de lagartijas presentes en
Granada es que no tiene escama occipital. Por otro lado es destacable la
presencia de 2 grandes escamas supraoculares a cada lado de la cabeza. En su
garganta podemos distinguir un collar en forma de” v “compuesto por escamas
de borde aserrado. También destacan por su gran tamaño los orificios
timpánicos, ovalados y de color oscuro.

Primer plano
con detalle de los ocelos amarillos en macho en celo, Lorca (Murcia), abril
2007.
En cuanto al tronco, en su parte dorsal, está cubierto de escamas dorsales
pequeñas y granulares, mientras que las del vientre son más grandes. Las de
la cola son carenadas. Las extremidades, largas y fuertes, están dotadas de
dedos y uñas igualmente largos, sobre todo las traseras. Los bordes de los
dedos muestran escamas aserradas y expandidas. Esta modificación anatómica
le permite aumentar la superficie de apoyo, al igual que sucede con las
raquetas en la nieve, facilitando sus rápidos desplazamientos en los
terrenos sueltos característicos de las zonas donde habita.
En la parte inferior del muslo los animales de ambos sexos tienen una fila
de puntos, entre 21 y 30, denominados poros femorales. Se trata de
unas escamas modificadas por las cuales secretan una sustancia producida en
las glándulas femorales. La cola, de sección cilíndrica, tiene la base
especialmente ancha y termina en punta fina.

Detalle de una pata trasera, Lorca (Murcia),
octubre
2009.
El diseño corporal varía de unas poblaciones a otras, incluso entre
individuos de la misma zona. De todas formas podemos establecer un “modelo”
general que con distintas modificaciones según la edad y el sexo, es válido
en la mayoría de los casos.
En la zona dorsal sobre un fondo de color pardo, grisáceo o incluso negro,
destacan una serie de líneas longitudinales de color crema o blanco que
partiendo de la parte posterior de la cabeza recorren todo el lomo hasta
llegar a la cola en la que se unen difuminándose. En los espacios entre
líneas surge una serie de manchas irregulares de color oscuro, casi negro,
que en algunos ejemplares se unen formando bandas transversales. En la cola
se reducen a 2 líneas laterales de color oscuro, mientras que el resto del
apéndice mantiene el tono de fondo general.
Ambos laterales del tronco y la cola son bastante claros y el vientre, de
color crema o casi blanco, no tiene dibujos ni manchas. El color de fondo
del tronco se derrama recubriendo las zonas superiores de las patas, que
asimismo están adornadas con ocelos difuminados y claros.

Diseño del vientre, ejemplar juvenil, Lorca (Murcia),
octubre 2009.
Los juveniles tienen un colorido más contrastado y llamativo. Siete líneas
longitudinales oscuras recorren su lomo, alternándose con seis de color
mucho más claro, blanco, marfil o incluso amarillo. En las patas destacan
llamativos ocelos blancos o amarillos. Los jóvenes sí hacen gala de su
nombre, pues sus colas están vistosamente coloreadas de rojo intenso, al
igual que la zona posterior de las patas traseras.

Juvenil, El Ejido (Almería), julio 2005.
Hembras de cola roja
Las diferencias entre ambos sexos son evidentes sobre todo durante la época
de celo. Los machos son de mayor tamaño y tienen la cola más larga y
exageradamente ensanchada en su base. Durante el periodo reproductor lucen
vistosos ocelos de color amarillo intenso en los costados y laterales de la
cabeza. Las hembras también pueden tenerlos aunque de color más apagado. Los
poros femorales son más grandes en los machos. En las hembras en celo la
característica más destacable sin duda es la pigmentación roja intensa o
anaranjada de la base de la cola y los muslos traseros. Los machos adultos
carecen de coloración roja en la cola.

Macho adulto
en periodo de celo, Lorca (Murcia), mayo 2007.

Hembra adulta, Sierra de la Carrasquilla, Lorca
(Murcia), junio 2005.
Especies similares
Diferenciar a la lagartija colirroja de otras especies de tamaño similar
como puede ser la lagartija colilarga (Psammodromus algirus), con la
que comparte hábitat, no es complicado. La mayoría de las veces la
reconoceremos por el estilo (cabeza y cola levantadas) y gran velocidad de
sus carreras, como si volaran sobre la arena. Si se trata de un individuo
juvenil o una hembra en celo no quedará duda; el rojo de su cola es
inconfundible. Sin embargo ante un macho la tarea puede ser más complicada,
aunque un examen cercano nos sacará de dudas, gracias a la ausencia de
escama occipital y la presencia de grandes escamas supraoculares.
Exclusiva de la península Ibérica y el norte de África
La colirroja es una lagartija con claros orígenes norteafricanos, zona
geográfica donde existen numerosas especies de su género, Acanthodactylus.
Se trata del único representante de este género en Europa. Su distribución
se restringe a la península Ibérica donde aparece la subespecie
erythrurus y al norte de África, concretamente Marruecos y Argelia
donde está presente la subespecie belli.
En nuestra península falta completamente en el extremo norte, sin que
hasta la fecha existan citas en Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco o
en la cordillera pirenaica. Se distribuye fundamentalmente por zonas
costeras y en grandes depresiones interiores. Por la vertiente mediterránea
asciende hasta Gerona, aunque las citas de esta provincia son antiguas y no
han sido confirmadas recientemente. Penetrando por el valle del Ebro llega
hasta La Rioja. Ocupa amplias extensiones del centro peninsular, y las
mayores densidades se dan en los extremos sureste y suroeste.

Hábitat, Doñana, (Huelva), mayo 2008.
En Granada su distribución está condicionada a la existencia de terrenos
adecuados. Abunda en la costa y en sierras dolomíticas prelitorales. También
es abundante en las depresiones de Baza y Guadix, beneficiada por los
sustratos arcillosos, margosos y yesíferos característicos de estas
comarcas.

Mapa de
distribución provincial
Exigente selección de hábitat
Nuestra protagonista es especialmente termófila (amante de las buenas
temperaturas) y muy selectiva a la hora de seleccionar su hábitat. Prefiere
terrenos con poca pendiente, despejados aunque con cierta cobertura de
matorral y vegetación baja, con elevada insolación y sobre todo con suelos
de sustrato blando. Podemos encontrarla a nivel del mar en arenales costeros
y desembocaduras de ramblas, saladares, y más al interior en terrenos
margosos y arcillosos. Cuando los suelos son adecuados asciende por encima
de los 1500msnm, llegando hasta 1750msnm en el extremo occidental de Sierra
Nevada, gracias a la existencia de terrenos dolomíticos, al igual que en la
sierra de Tejeda donde alcanza 1640msnm. Estos registros son los situados a
mayor altitud de toda su área de distribución peninsular. De todos modos es
más abundante, y por tanto más fácil de localizar, por debajo de los
500msnm. No es muy exigente en cuanto al tipo de vegetación, aunque la
mayoría de los terrenos citados con anterioridad se caracterizan por poseer
formaciones vegetales de bajo porte y con poca cobertura del terreno.
Tomillares, espartizales, pastizales, bordes y claros de pinar y encinar
pueden acoger poblaciones de esta lagartija. No suele estar presente en
cultivos de secano y mucho menos en los de regadío. En áreas agrícolas se
limita a ocupar bordes de caminos y terrenos incultos.

Hábitat,
Rambla de Nogalte (Almería), octubre 2009.
 
Una vida constantemente pendiente del sol
Las lagartijas, al igual que otros reptiles, no tienen capacidad de producir
calor endógeno, por lo que dependen de la temperatura ambiental para llevar
a cabo sus funciones vitales. Esta circunstancia se acentúa en el caso de la
lagartija colirroja, convirtiéndola quizás en la especie de reptil más
dependiente de las altas temperaturas de todas las que habitan en nuestra
provincia. En la zona costera permanecen activas la mayor parte del año, con
cortos periodos de reposo coincidentes con las jornadas más frías. En el
interior pasan una temporada variable de hibernación, dependiendo de la
altitud, refugiadas en las pequeñas huras que ellas mismas excavan al pié de
los matorrales. Este periodo se extiende desde octubre a marzo.

Juvenil en la Rambla de Nogalte (Almería), octubre
2009.
Una vez finalizado el invierno comienzan su actividad. Gracias a que sus
huras no son muy profundas y están orientadas hacia el sur, pueden calentar
su cuerpo pegándolo al sustrato, sin necesidad de abandonar el refugio,
evitando tener que permanecer expuestas en una zona despejada para conseguir
el calor necesario con los riesgos que ello conlleva. Su actividad es
completamente diurna. A lo largo de la jornada y en función de sus
necesidades de calor, alternan periodos al sol y otros en la sombra.

Ejemplar soleándose sobre un pequeño palo, Rambla de
Vilerda, Puerto Lumbreras (Murcia), octubre 2009.
En pleno verano la actividad se divide en 2 periodos de mañana y tarde,
descansando a mitad del día a causa de las elevadas temperaturas. En verano
y otoño la actividad es más continua. Su postura para tomar el sol es
característica, con la cabeza y la cola levantadas. Los juveniles, al tener
una coloración mas oscura, adquieren el calor corporal con mayor rapidez por
lo que pueden estar activos durante periodos más prolongados. Durante la
noche se refugian en las huras (10-12cm de profundidad) que ellas mismas
excavan.
Agitada actividad sexual
En el mes de marzo se inicia el periodo reproductor. Los machos se vuelven
muy territoriales y establecen luchas entre sí, en sus intentos por
conseguir alguna hembra. Durante la cópula inmovilizan a sus parejas
mediante un mordisco en el vientre o la cola.

Observando una cópula, Sierra de la Torrecilla, Lorca
(Murcia), abril 2007.
Entre los meses de mayo a julio la hembra buscará un lugar fácil de excavar
y algo húmedo para depositar de 1 a 6 huevos elípticos y de consistencia
gomosa. Puede ser debajo de una piedra o en un agujero que ella misma
excava. En zonas costeras puede hacer 2 puestas separadas por un intervalo
de varios días. La incubación dura 2 meses por lo que a finales de agosto y
sobre todo durante el mes de septiembre ven la luz las pequeñas colirrojas.
Miden 9 cms. de longitud, de los que casi 6 son de vistosa cola de intenso
color rojo. Alcanzarán la madurez sexual al año y medio de vida.
Menú variado
Su alimentación se basa en pequeños y medianos artrópodos. Escarabajos,
caracoles, saltamontes, arañas, chinches y hormigas son capturados de modo
activo. Incluso son capaces de cazar individuos juveniles de su propia
especie y de otras lagartijas. En menor proporción pueden ingerir materia
vegetal, concretamente hojas y pétalos de flores de distintos arbustos.
La cola como elemento defensivo
El catálogo de depredadores potenciales de la lagartija colirroja es muy
elevado, e incluye a otros reptiles de mayor tamaño (lagarto ocelado, varias
especies de culebras), mamíferos carnívoros de mediano tamaño (zorro,
meloncillo, gineta) y aves (alcaudones, cernícalos, mochuelos). De todas
formas no lo tienen nada fácil para capturarla, pues se trata sin duda, de
la más escurridiza y difícil de atrapar de todas nuestras lagartijas. Las
culebras de cogulla (Macropotodon brevis) y coronela meridional (Coronella
girondica) son seguramente sus depredadores más especializados. La
actividad de estos ofidios es fundamentalmente nocturna y capturan a las
lagartijas cuando estas reposan en sus galerías durante la noche.

Abubilla (Upupa epops), con una lagartija
colirroja recién capturada en el pico.
Su principal estrategia defensiva la constituye el perfecto camuflaje que le
otorga su diseño corporal y sobre todo la rapidez de su huída. A la menor
señal de peligro, inician una carrera vertiginosa intentando llegar a su
refugio situado entre los arbustos.

Ejemplar perfectamente camuflado en su ambiente
natural, Rambla de Nogalte, Puerto Lumbreras (Murcia), octubre 2009.
La cola de los individuos juveniles actúa como un reclamo, gracias a su gran
longitud y viva coloración, atrayendo hacia sí los ataques. Pueden
desprenderse de ella a voluntad. Este mecanismo de defensa pasiva que
comparten con otras especies de anfibios y reptiles se denomina ”autotomía
caudal”. Bajo esta científica denominación se oculta un
fenómeno conocido por la mayoría de la gente. Se trata ni más ni menos que
de la capacidad que tienen para desprender un trozo de su cola cuando son
atrapadas. Esta auto-amputación provoca la distracción del depredador que se
ensaña en el apéndice mientras este no para de moverse compulsivamente
permitiendo escapar a su antiguo poseedor. Posteriormente la cola es
regenerada, aunque ya no alcanzará la longitud de la original.

Ejemplar juvenil con la cola parcialmente regenerada,
Lorca (Murcia), octubre 2009.
No amenazada, aunque tal vez por poco tiempo
El hecho de poseer una amplia distribución y de no ser considerada a día de
hoy una especie amenazada, no significa que la situación de nuestras
poblaciones de lagartija colirroja sea boyante. A la desenfrenada
destrucción de la mayor parte de nuestra franja costera, por culpa de los
cultivos intensivos de invernadero y sobre todo por el incremento de las
zonas urbanizadas, se une la reciente transformación de valiosos ecosistemas
semiáridos de las comarcas de Baza y Guadix. Enormes extensiones de
espartizales y saladares están siendo reconvertidos en cultivos de regadío,
haciendo desaparecer con ellos importantes poblaciones de lagartija
colirroja. Igualmente otras actividades fomentadas por la administración y
que en principio podrían parecer beneficiosas para el medio ambiente, como
es el programa de reforestación de tierras agrícolas abandonadas, se ha
convertido en otra grave amenaza. Valiosas formaciones de matorral han sido
roturadas y plantadas de pinos, con el consiguiente perjuicio para multitud
de especies de fauna y flora únicas y perfectamente adaptadas a las duras
condiciones climáticas de esos territorios.

Hábitat bien
conservado, Doñana (Huelva), junio 2009.
A nivel nacional la situación es similar sobre todo a causa de la
destrucción y desaparición de arenales costeros, y el establecimiento de
faraónicos programas de regadío en zonas áridas del interior. Las
poblaciones situadas más al norte son las más amenazadas, pues se encuentran
en el borde de su área potencial de distribución natural.
La lagartija cOLIRROJA en la Sierra de Baza
Se trata de una especie común en el territorio del Parque Natural de la
Sierra de Baza. Ocupa principalmente espartizales, retamares, encinares y
pinares aclarados en las zonas más bajas que contactan con los terrenos
arcillosos y yesíferos de la depresión de Baza. También podemos encontrarla
en el cauce seco de ramblas. Esta especie seguramente se ha visto gravemente
afectada por la perdida de enormes extensiones de hábitat potencial, por
culpa de las masivas repoblaciones con distintas especies de pinos
efectuadas en los años 50.
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