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En esta ficha conoceremos a una auténtica joya de la fauna granadina. La
lagartija de Valverde (recibe su nombre común en honor a su descubridor,
José Antonio Valverde) es un pequeño lacértido que cuenta con un área de
distribución mundial muy escaso, limitado a algunas sierras del sistema
Bético. Muy exigente a la hora de seleccionar su hábitat, se trata de una
especie de indudable interés faunístico. Su existencia pasó inadvertida para
la ciencia hasta fechas más o menos recientes, convirtiéndose en uno de los
últimos vertebrados descritos en nuestro país, allá por los años 50 del
siglo pasado. Granada cuenta con poblaciones situadas en la Sierra de
Castril, y las proximidades de la Puebla de Don Fadrique, que constituyen el
límite suroriental de toda su área de distribución mundial. Es fundamental
conocer con precisión su distribución actual, así como analizar todos
aquellos factores que puedan poner en peligro su supervivencia.
LAGARTIJA
DE VALVERDE
(Algyroides
marchi)
Por Eduardo Escoriza y la colaboración de
Luís García-Cardenete, Pedro Cánovas y Javier Gállego.

Adulto, Sierra de Cazorla (Jaén), mayo 2006.
Ficha
técnica:
Clase:
Reptiles
Orden:
Escamosos
Familia: Lacértidos
Género:
Algyroides
Especie: marchi Valverde, 1958
Estatus legal:
Tanto
en el Catálogo andaluz de especies amenazadas (Ley 8/2003, de
28 de octubre, de la flora y la fauna silvestres), como en el Catálogo
Nacional de Especies Amenazadas
(Real Decreto 439/1990), aparece incluida en la categoría “De interés
especial”, en la que se recogen aquellas especies que, no estando
incluidas en otras categorías de protección superior (extinta, en peligro de
extinción, sensible a la alteración de su hábitat, vulnerable), son
merecedoras de una atención particular en función de su valor científico,
ecológico, cultural, o por su singularidad.
El Atlas y
Libro Rojo de los Anfibios y Reptiles de España, editado en 2002 y basándose
en los criterios establecidos por la U.I.C.N (Unión Internacional de
Conservación de la Naturaleza y de los Recursos Naturales), la incluye
dentro de la categoría “Vulnerable” (VU). Un taxón será considerado
como tal cuando sin estar en peligro de extinción se enfrenta a un alto
riesgo de desaparición en la naturaleza a medio plazo. La justificación para
esta categorización viene dada por el hecho de tener un área de distribución
inferior a 2000 km² y por poseer poblaciones muy fragmentadas, muchas de
ellas en declive, a causa del deterioro de su hábitat. A nivel mundial ha
sido catalogada por la UICN “En Peligro” (LC), según el catálogo del
año 2008. Se considera en peligro de extinción, porque se encuentra
comprometida su existencia globalmente. Esto se debe tanto a la acción
directa del hombre, los cambios en el
hábitat, el riesgo de hechos fortuitos (como
desastres naturales) y los cambios graduales del
clima. En cuanto a la ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la
Biodiversidad, la lagartija de Valverde aparece incluida en el ANEXO V,
que recoge aquellas especies de animales y vegetales de interés comunitario
que requieren de una protección estricta.
Una lagartija pequeña y esbelta
Se trata de una lagartija de pequeño tamaño que no supera los 5 cm de
longitud sumando la cabeza y el cuerpo. Si incluimos la cola, que supone
casi 2/3 de la longitud total, puede llegar hasta 12-14cm. Su aspecto
general es el de un animal esbelto y ágil, con la cabeza y el cuerpo
aplastados, que le otorgan la rapidez de movimientos y la facilidad para
encontrar refugio en las pequeñas grietas que caracterizan su hábitat
rupícola.

Adulto, Sierra de Castril (Granada), junio 2004.
Su cabeza es grande, desproporcionada con respecto al resto del cuerpo y
recubierta en su parte superior por grandes escamas protectoras. Los ojos
son pequeños, poco prominentes y tienen la pupila de color negro. El hocico
es bastante afilado. En el cuello se aprecia un collar formado por multitud
de escamas pequeñas y apretadas entre sí.
En lo que respecta al cuerpo, es característica la presencia de grandes
escamas dorsales de diseño hexagonal y aquillado, que contrastan con las de
los costados, mucho más pequeñas y granulares. También destaca la presencia
de 2 escamas postanales superpuestas. Las patas son bastante largas y están
dotadas de cinco dedos igualmente largos, sobre todo los situados en las
traseras. El cuerpo presenta continuidad con la cola, muy larga y de sección
cilíndrica, que utilizan a modo de timón durante sus rápidos
desplazamientos.

Primer plano, Sierra de las Villas (Jaén), septiembre
2005.
Su coloración es muy característica y permite diferenciarla rápidamente y a
simple vista del resto de especies de lagartijas que viven en nuestra
provincia.
Aunque puede haber pequeñas diferencias en cuanto al tono general entre
distintos ejemplares, el diseño habitual responde a los siguientes
caracteres:
Vista desde arriba se observan 3 bandas longitudinales. La central, que
discurre por la parte superior del cuerpo desde el hocico hasta la punta de
la cola, es de color grisáceo o marrón, salpicada por puntos redondeados de
color más oscuro y distribuidos irregularmente. Las franjas laterales,
situadas en ambos costados, poseen un tono notablemente más oscuro, casi
negro con manchas pequeñas de color crema que salpican igualmente las patas,
los dedos y la cola. En esta última a veces son de mayor tamaño, llegando a
unirse las de ambos laterales formando anillos.

Diseño dorsal, ejemplar adulto. Sierra de Segura
(Jaén), mayo 2009.
El vientre es más claro con tonos que van desde el blanco, al amarillo e
incluso a veces verde brillante. La parte inferior de la cola también es de
color claro.
Los juveniles tienen un diseño similar al de los adultos, aunque no suelen
tener manchas en el dorso y sus costados son más oscuros.
La diferenciación con especies de tamaño similar con las que ocasionalmente
puede compartir hábitat, como la lagartija ibérica (Podarcis hispanica)
es sencilla. Aparte de la coloración anteriormente descrita, nos basta con
observar la gran diferencia de tamaño que hay entre las escamas del dorso y
las de los laterales.
Dimorfismo sexual
Aunque los machos tienen la cabeza más grande y robusta, las diferencias
entre ambos géneros, como suele ser habitual en otras lagartijas, son más
evidentes durante la época de celo. La coloración de estos alcanza tonos más
intensos, sobre todo en el vientre, adquiriendo una coloración
amarillo-verdosa muy bonita. En el dorso suelen tener mayor punteado en la
zona central y los costados son notablemente más oscuros. También pueden
aparecer tonos azules en el collar.

Coloración del vientre en un macho en celo. Sierra de
Castril (Granada), junio 2004.
Endemismo del sistema Bético Oriental (Prebético)
El descubrimiento de esta nueva lagartija por parte del profesor José
Antonio Valverde, supuso una gran sorpresa en medios científicos a mediados
del siglo pasado. La descripción de nuevas especies de fauna está a la orden
del día, pero la mayoría de ellas pertenecen a grupos zoológicos inferiores,
sobre todo invertebrados. Hasta entonces, esta pequeña lagartija había
pasado desapercibida para la ciencia, gracias en parte a su restringida
distribución y sus discretos hábitos.
Extiende sus dominios por un pequeño grupo de sierras del macizo Prebético.
Las de Segura, Alcaraz, Cazorla, Las Villas y Castril contienen el núcleo
principal de esta especie, apareciendo otras poblaciones de menor entidad y
aparentemente aisladas del resto en la sierra del Saúco en Albacete y en la
Puebla de Don Fadrique (Granada). Solamente 3 provincias españolas tienen la
suerte de contar con ejemplares de tan valioso reptil, Jaén, Granada y
Albacete. Existe la posibilidad de que también ocupe territorio murciano,
sobre todo en la cabecera de los ríos Segura y Taibilla, que se sitúan cerca
de poblaciones ya citadas hasta la fecha en provincias vecinas.
El límite norte de su área de distribución lo encontramos en la sierra de
San Pedro (Albacete), que contiene también las poblaciones más orientales.
El límite sur lo constituyen la sierra de Castril y el Pico Lobos en las
proximidades de la Puebla de Don Fadrique.

Mapa de
distribución provincial.
Las poblaciones granadinas fueron descubiertas recientemente. A principios
de los años 90 se localizan los primeros ejemplares en la sierra de Castril,
en el valle del río del mismo nombre. Posteriormente se descubre otra
pequeña población completamente aislada, que como hemos comentado
anteriormente, se sitúa en las proximidades de la Puebla de Don Fadrique. En
más que probable la existencia de otras en territorio granadino.
Precisamente en recientes prospecciones que hemos llevado a cabo, hemos
encontrado una situada en suelo manchego en el vértice donde confluyen las
provincias de Granada, Jaén y Albacete, a escasos metros del límite con
Granada. Por ello es posible que próximamente se localicen poblaciones en el
amplio sector de la sierra de Guillimona.

Hábitat, Sierra de Guillimona, (Granada), noviembre
2007.
Muy exigente en la selección del hábitat.
Efectivamente la lagartija de Valverde es muy exigente a la hora de
seleccionar su hábitat. Ocupa los pisos meso, supra y oromediterráneo entre
los 700 y 1.700 mnsm, encontrando su óptimo entre los 1.000 y 1.500. Sus
requerimientos y por tanto, el hábitat que elige, poco se parece al del
resto de lagartijas que podemos encontrar en Granada. Su “casa” ideal (es
muy raro encontrarla en zonas que no cumplan las condiciones siguientes)
estaría situada en el fondo de un valle por el que discurre un río o arroyo
de pequeñas o medianas dimensiones, abundante cobertura vegetal (no
necesariamente forestal), orientación en umbría y que cuente con la
presencia de grandes rocas situadas a escasos metros del agua.

Hábitat típico, Sierra del Pozo (Jaén), mayo 2009.
Como vemos poco se parece al sitio que escogería una lagartija colilarga (Psammodromus
algirus) o una lagartija cenicienta (Psammodromus hispánicus),
que ante todo buscan zonas abiertas y bien expuestas a la insolación. La de
Valverde se ha especializado de tal modo, a estos microambientes húmedos que
rara vez encontraremos otra especie de lacértido que la acompañe.
Tal especialización conlleva que sus poblaciones no se distribuyan de modo
uniforme, sino que lo hacen en forma de pequeñas manchas situadas en los
valles de ríos y arroyos, muchas veces aisladas entre sí. Aunque es una
especie rara, en determinadas zonas favorables puede alcanzar densidades
altísimas de hasta más de 200 ejemplares por hectárea, aunque este hecho es
poco frecuente.
Gracias a sus hábitos rupícolas, ha podido aprovechar algunas de las
infraestructuras construidas por el hombre en sus dominios (muros de
puentes, pistas forestales y diques) tal y como podemos comprobar fácilmente
en la Sierra de Castril.

Muro colonizado por lagartija de Valverde, Sierra de
Cazorla (Jaén), mayo 2006.

Muro de presa
colonizado por lagartija de Valverde, Sierra de las Villas (Jaén),
septiembre 2005.
Hábitos discretos y corto periodo de actividad anual
Su pequeño tamaño (se trata del lacértido más pequeño de todos los presentes
en la Península Ibérica) le permite obtener el calor necesario para
mantenerse activa con exposiciones muy reducidas al sol. De este modo
consigue sobrevivir en un hábitat en apariencia tan poco apropiado para un
reptil, caracterizado por bajas temperaturas, alta humedad y escasa
insolación.

Ejemplar
soleándose sobre una piedra, Tinjarra, Yeste (Albacete), julio 2008.
Exclusivamente diurna, selecciona aquellas zonas del roquedo que reciben los
rayos del sol, permaneciendo expuesta hasta que alcanza la temperatura
necesaria para iniciar su actividad. Su área de campeo la constituyen
habitualmente grandes rocas, bajando raramente al suelo. Sus desplazamientos
son rapidísimos y le permiten tanto capturar a sus presas (invertebrados,
principalmente arañas) como ocultarse en cualquier pequeña grieta ante el
menor signo de peligro.

Ejemplar
devorando un invertebrado recién capturado, Sierra del Pozo (Jaén), mayo
2009.
Su periodo de actividad abarca gran parte de la primavera y el verano,
dependiendo en gran medida de las condiciones ambientales, que pueden
cambiar mucho de una temporada a otra.
El celo comienza a finales de marzo y principios de abril. Nada más salir de
la hibernación, los machos persiguen a las hembras por el roquedo y una vez
que alcanzan alguna, la inmovilizan con un mordisco en el costado para
consumar la cópula. Las puestas constan de pocos huevos, raramente más de 3
y las sitúan en grietas o bajo piedras. La incubación dura unos 2 meses, por
lo que en agosto y septiembre es posible localizar a los pequeños juveniles
del año, que no superan los 5cm de longitud incluida la cola. Durante el mes
de octubre, cuando los días se hacen más cortos y fríos, las lagartijas se
retiran a sus refugios de hibernación, generalmente grietas o huecos bajo
las piedras.
Debido a su pequeño tamaño tiene un elevado número de depredadores
potenciales, entre los que se incluyen culebras, pequeños y medianos
carnívoros como el turón, la comadreja, la gineta, y como no, al jabalí,
verdadero azote hoy en día de nuestras poblaciones de anfibios y reptiles, a
causa de su proliferación desmedida.

Ejemplar de
la Sierra de Cazorla (Jaén), mayo 2006.
Su principal mecanismo defensivo es la rápida huida hacia una grieta que le
sirva de refugio. Si son capturadas, ponen en marcha un sofisticado
mecanismo de defensa pasiva que comparten con otras especies de anfibios y
reptiles denominado ”autotomía caudal”. Bajo esta
científica denominación se oculta un fenómeno conocido por la mayoría de la
gente. Se trata ni más ni menos que de la capacidad que tienen para
desprender un trozo de su cola cuando son atrapadas. Esta auto-amputación
provoca la distracción del depredador que se ensaña en el apéndice mientras
este no para de moverse compulsivamente permitiendo escapar a su antiguo
poseedor. Posteriormente la cola es regenerada, aunque ya no alcanzará la
longitud de la original.

Ejemplar
soleándose sobre una rejilla, Sierra de las Villas (Jaén), septiembre 2005.
Peligros para su supervivencia
El hecho de vivir en zonas alejadas de núcleos habitados, en mitad de la
sierra podría hacernos pensar que no se ve gravemente afectada por las
actividades humanas. Pero no es así, desgraciadamente, muchas de las labores
que se llevan a cabo en el ámbito forestal pueden perjudicarla. Entre ellas
tenemos:
·
La apertura de nuevas pistas y el asfaltado de las mismas con el
consiguiente incremento del tráfico rodado.
·
Las talas de árboles, sobre todo de vegetación ribereña.
·
La construcción de diques y embalses. El entubamiento de acequias
tradicionales.
·
Los incendios y las canteras.
·
El coleccionismo. Al tratarse de una especie rara y endémica de nuestro
país, muchos ejemplares terminan en las colecciones herpetológicas de
individuos sin escrúpulos, siendo una especie muy cotizada en el mercado
negro de animales.
·
El incremento de las áreas urbanas y las urbanizaciones.
·
La proliferación del jabalí.
La importancia de las poblaciones granadinas
Se trata del lacértido más escaso de todos los que podemos encontrar en
Granada, que constituye el límite suroriental de su área de distribución,
con poblaciones de pequeño tamaño y por tanto muy vulnerables ante cualquier
catástrofe, por ejemplo un incendio. Es preciso conocer con exactitud su
situación poblacional y evitar aquellas actuaciones que puedan amenazar
su futuro, tal y como sucedió con la construcción del embalse del
Portillo, en el río Castril, que anego varios kilómetros de valioso hábitat.
También es fundamental la elaboración de un programa de educación ambiental
dirigido tanto a los habitantes del entorno como de los visitantes del
parque natural, para que conozcan tan valiosa especie y colaboren en su
conservación. A nivel faunístico, se trata sin duda del elemento más valioso
del parque natural de la Sierra de Castril.

Ejemplar de
la Sierra de Segura (Albacete), septiembre 2005.
La lagartija de valverde en la Sierra de Baza
La Sierra de Baza se encuentra fuera de los límites de distribución natural
de esta especie. Las poblaciones más cercanas son las que se localizan en la
Sierra de Castril.
Agradecemos la
comunicación de citas de esta singular especie por parte de los lectores del
boletín.
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