CABRA MONTÉS (Capra pyrenaica)

 

Macho de cabra montés en su entorno natural. © José Ángel Rodríguez


FICHA TÉCNICA

Orden: Artiodactilos S.O. Rumiantes
Familia: Bobidae
Género: Capra
Especie: Capra pyrenaica
Subespecies presentes: Capra pyrenaica victoriae y Capra pyrenaica hispanica
Subespecies extinguidas: Capra pyrenaica pyrenaica (bucardo) y Capra pyrenaica lusitanica
Longitud del cuerpo: 100-145 cm.
Longitud de la cola: 12-15 cm.
Alzada a la cruz: 70-90 cm.
Peso: Los machos entre 80 y 120 kgs., las hembras entre 40 y 75 kgs.

 

DESCRIPCIÓN DE LA ESPECIE

La cabra montes es una especie muy antigua, estimándose que en el Plioceno (hace 7 millones de años), los caprínidos de Asia central llegaron a Europa y fue hacia la glaciación Riss cuando aparece la forma ibérica del género Capra ya diferenciada de la ibex del centro de Europa  (González, 1982).

La cabra montes ha sido una especie que se ha cazado desde los albores de los tiempos primitivos, como lo atestiguan las numerosas escenas de caza de cabras que representan pinturas rupestres. En la cueva de Pair-non-Pair (Francia) se ha encontrado el grabado rupestre más antiguo. Durante los períodos fríos del Pleistoceno, las montesas habitaban en los valles y zonas más cálidas, de modo que abundaban en los valles bajos de toda Europa central y meridional. Posteriormente y por la presión humana en su caza, se refugió en las cumbres más altas e inaccesibles, donde quedaron acantonados los últimos ejemplares de esta especie. Durante la Edad Media, los escasos ejemplares que aun existían en sitios muy apartados de la presencia humana, solo eran cazados por nobles y señores feudales, que eran los únicos que tenían este derecho; existiendo leyes durísimas para el que se atreviese a matar una cabra montés, sin que no obstante ello se pudiera evitar su caza, hasta ponerse en peligro la especie, por dos razones fundamentales: una el preciado trofeo que representaba la cuerna de este animal, que siempre ha sido codiciado por los cazadores y otra, el mundo de supersticiones y magia que ha rodeado la especie a la que se le atribuían una serie de propiedades mágicas, así la sangre y los cálculos estomacales (bezoares) se creía constituían remedios infalibles contra muchos males, aun cuando lo más solicitado era el corazón, sobretodo cierta osificación de los cartílagos, de los que se decía tenían poderes curativos (A. Berger y J.Schmid, 1958).     

La primera medida de protección de la especie en España, fue la creación en 1905, por el rey Alfonso XIII, del Refugio Real de Caza de la Sierra de Gredos, salvando una reducidísima población de animales, siendo especialmente a partir de 1950, cuando se establece un efectivo programa de conservación de las cabra montés a nivel nacional, con la creación de numerosas reservas y un programa de conservación, lo que no obstante no ha impedido la regresión de la especie en algunas zonas como ha ocurrido en los Pirineos.

 

En la península ibérica se han descrito (Ángel Cabrera, 1911) cuatro subespecies de cabra montes que se basan en la corpulencia, distribución de las manchas negras del pelaje de los machos y longitud y sección transversal de la cornamenta:

 

-          Capra pyrenaica victoriae (Cabrera, 1911). Que ocupa las serranías centrales, de modo fundamental la Sierra de Gredos, donde se le estima una población próxima a los 10.000 ejemplares.

-          Capra pyrenaica hispanica (Schimper, 1948). La que habita nuestra zona y que se distribuye por todas las sierras paralelas al Mediterráneo peninsular, con su colonia más importante en Sierra Nevada.

-          Capra pyrenaica pyrenaica (Schinz, 1838). Conocida como bucardo. Se localizaba en el Pirineo y probablemente también en la cordillera Cantábrica. Esta especie se extinguió en el año 2000. La última hembra fue encontrada muerta el 6 de enero de 2000, bajo el tronco desplomado de un abeto seco, en el valle de Ordesa (Juan Manuel Seijas, 2000).

-          Capra pyrenaica lusitanica (Schlegel, 1872). Se localizaba en el Sur de Galicia y Norte de Portugal, extinta desde 1890. En la Sierra de Gerés se mató el último individuo de que se tiene constancia.

 

La cabra montés, habita en la península ibérica desde las altas cumbres de Sierra Nevada (Mulhacén 3.482 m.) hasta el nivel del mar en la zona costera que limita las provincias de Granada y Málaga (Cerro Gordo-Maro). Suele separarse en grupos de sexos que pueden superar los 30 individuos: los machos por un lado y las hembras junto con los jóvenes, por otro. En los rebaños de machos no hay cooperación ni jerarquía social, mientras que el grupo de las hembras  parece estar mandado por una adulta experimentada. Los individuos solitarios suelen ser raros, normalmente machos viejos que han perdido su poderío. Estas agrupaciones se desbaratan en tiempo de celo en el que se forman rebaños mixtos.


Aun cuando se trata de una especie esencialmente polígama, de modo que un solo macho es el que fecunda a un grupo de hembras, del que se hace dueño tras enfrentarse a topetazos a sus competidores en unos espectaculares combates, los casos de poliandria en los que una hembra es fecundada por más de un macho no son raros. Durante la época de celo el macho apenas come y centra sus actividades en la apetencia sexual.

 

Los hábitos de la especie son fundamentalmente diurnos y crepusculares. En verano pasa las horas centrales del día descansando y refugiándose del sol. Tiene el olfato, vista y oído muy desarrollado. Aunque se trata de un animal por lo general muy desconfiado del hombre, en zonas como Gredos o Sierra Nevada, se han habituado a la presencia humana y se aproximan con facilidad a los excursionistas. 

 

Se mueve con facilidad por las paredes rocosas de increíble verticalidad, gracias a la peculiaridad de sus pezuñas, cuya superficie interna es antideslizante, lo que le evita los resbalones, mientras que las puntas de las pezuñas, que además carecen de pliegue interdigital, son muy duras y agudas, por lo que pueden agarrarse a las rocas.

 

Aun cuando son sedentarias, en invierno realizan desplazamientos más prolongados en busca de refugio y abrigo, descendiendo hasta zonas más bajas.

 

 

DATOS DE LA ESPECIE

 

- Longevidad: Puede alcanzar los 20 años, pero lo normal es que sea de unos 15 años.

 

- Celo: A principios del invierno (noviembre-diciembre) en el que tiene lugar duros combates entre los machos  contendientes. El celo dura unos 50 días.

 

- Gestación: Unos 5 meses.

 

- Época de parto: De abril a mayo.

 

- Parto: La hembra se retira a un lugar aislado y apartado, donde da a luz, permaneciendo en compañía del cabrito durante varios días. Los cabritos a las pocas horas de nacer están en condiciones de levantarse y poder seguir a la madre.

 

- Número de crías por camada: Una. A veces dos (un 20 % aprox.).

 

- Duración de la lactancia: Se prolonga hasta que la hembra queda preñada de nuevo (a los 5 ó 6 meses) del alumbramiento, pero a los 7-10 días y el cabrito ya es capaz de ingerir alimento.

 

- Madurez sexual: La hembra a los 18 o 24 meses, pudiendo parir todos los, años  hasta los 10 ó 12 años de edad. Los machos son fecundos a los 2 años aunque con difíciles posibilidades de copular.

 

- Alimentación: Esencialmente fitófaga, come todo tipo de alimentos vegetales y en invierno y época de escasez incluso cortezas y ramas. Muestra gran apetencia por la sal. Normalmente no tienen necesidades de beber agua, bastándole con el de las plantas y el rocío, aun cuando se ha comprobado que tras grandes esfuerzos como huidas, se acercan al agua a abrevar.

 

- Hábitats: Esencialmente rupícolas, defendiéndose bien sobretodo en media y alta montaña. En verano sube a las  partes más altas y en los sitios más escarpados, descendiendo un poco en invierno, aunque sin llegar a los valles. En Sierra Nevada alcanza su máxima altura ibérica superando los 3.500 metros aproximadamente, mientras que en la Sierra de Baza sube en torno a los 2.200 metros

 

- Huellas: Debido al borde blando interno de la pezuña, las huellas aparecen impresas marcadas únicamente el borde externo, lo que la diferencia claramente de los cérvidos que también marcan el borde interno. La medida de la huella del macho es de uno 8 cms de largo por 4-5 cms. de ancho

 

- Excrementos: Varia ligeramente de aspecto y textura, en función de la dieta, aun cuando siempre aparecen agrupados al detener su marcha el animal para defecar, siendo cilíndricos y miden aproximadamente 1 cm. de ancho y 1,5 –1,8 de largo. Debe de tenerse presente que estos montones de excrementos a los pocos días, u horas de ser depositados pueden esparcirse por las pisadas del propio animal u otras especies, así como por la propia acción de los factores meteorológicos.

 

- Otros rastros: Al carecer la cabra montes de incisivos no corta los tallos y ramas con los dientes, sino que los desgarran por el esfuerzo que produce el bocado del animal sobre la planta, la que adquiere una peculiar forma deshilachada en su corte.

 

- Dimorfismo sexual: Además de diferenciarse por la cornamenta y tamaño (mayor el macho), este último luce también una ostensible barba en forma de perilla, la que falta en las hembras. La hembra puede confundirse con machos jóvenes.

 

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Ó Juan Jesús González Ahumada

Detalle de un macho en la que es apreciable la gran cuerna y barba sexual distintiva. 

 

 

 

 

ÓJuan Jesús González Ahumada 

I

Pareja de cabras montesas, en la que es apreciable la diferencia de los cuernos de uno y otro sexo: la hembra a la izquierda de la imagen y el macho a la derecha. 

 

 

 

 Principales problemáticas: La existencia de dos subespecies en la península ibérica  hace muy importante el que sea totalmente desaconsejable el traslado incontrolado de ejemplares desde unas zonas a otras, para mantener la pureza de las razas. Otra problemática está motivada por la epizootias, particularmente contagiadas por el ganado doméstico. Notable fue la incidencia que tuvo la sarna en el año 1988 en la  población de cabras montesas de la Sierra de Cazorla-Segura, que supuso que en tan solo unos meses se pasara de una población estimada en unos 10.000 ejemplares a no más de 250, aun cuando la población se recuperó hasta los 2.000 individuos (Eduardo Viñuales, 2001).

 

Grado de amenaza: especie cinegética en España, por lo que no se encuentra en peligro.

 

 

CORNAMENTA DE LA CABRA MONTÉS

 

Es muy acusado el dimofirmo sexual de la especie. De modo que los cuernos del macho son gruesos, rugosos y nudosos y normalmente tiene forma de semicírculo dirigido hacia atrás, pudiendo medir de 75 a 135 cm.; mientras que los cuernos en las hembras son mucho más reducidos en tamaño, no sobrepasa los 40 cm., son menos rugosos y más delgados y débiles. A diferencia del ciervo no se desprenden anualmente, sino que acompañan al animal durante toda su vida. La edad de los machos puede medirse por los anillos de crecimiento anuales, llamados medrones, hasta los 8 ó 10 años, en que disminuye su crecimiento, para estabilizarse a los 14 ó 15 años. Otras partes del cuerno de la cabra  montes son los llamados surcos de crecimiento y los nudos de adorno, que se desarrollan entre los nudos de crecimiento (normalmente 2, aunque también pueden ser 1 ó 3). 

 

En la siguiente imagen se reproduce un cuerno de cabra montes con las diferentes denominaciones que recibe el cuerno, así como la forma de calcularse la edad del animal. En la imagen se representa la cuerna de un ejemplar de 9 años :

 

 

  © Proyecto Sierra de Baza.

 

Fotografía de la cabra en la naturaleza: La cabra montés es un animal que se presta muy bien a la fotografía en la naturaleza, particularmente en aquellos lugares en que está habituada a la presencia humana como en Sierra Nevada y Sierra de Gredos. Los interesados en profundizar en este tema pueden consultar los consejos fotográficos del fotógrafo profesional de naturaleza Roberto Travesí para fotografiar a la cabra montes en libertad http://www.sierradebaza.org/calendario/calendario_05-01_cabras.htm

 

  

   

© 2004 PROYECTO SIERRA DE BAZA

 

 

 

 

© Proyecto Sierra de Baza

Huella sobre nieve  dura de cabra montes. Debido al borde blando interno de la pezuña, las huellas aparecen impresas únicamente en el borde externo.

 

 

 © Proyecto Sierra de Baza

 

Huella sobre superficie arcillosa de una cabra doméstica. La marca de las pezuñas es más uniforme.

 

 

 © Proyecto Sierra de Baza

 

Detalle de la pezuña delantera

 

 

OTROS RASTROS:

 

 

 

© Proyecto Sierra de Baza

Excrementos, poco después de ser depositados en la nieve

 

 © Proyecto Sierra de Baza

Excrementos, tras varios días de ser depositados

 

 © Proyecto Sierra de Baza

Detalle de arbustos comidos por la cabra montés

 

 

LA CABRA MONTÉS EN LA SIERRA DE BAZA

 

La primera referencia escrita que hemos encontrado a la cabra montés en al Sierra de Baza nos viene dada por el viajero alemán Jerónimo Münzer (Viaje por España y Portugal 1494-1495) en el que relata como con motivo de su estancia en el castillo de Fiñana (en la parte meridional de la Sierra de Baza) le enseño el alcaide del castillo unos cuernos correspondientes a un ejemplar que había cazado en una sierra muy alta situada al poniente del castillo (la Sierra de Baza) que identifica como correspondientes a un steinbock, nombre en tirolés de la cabra montés, con el que se conoce en centro Europa. Posteriormente desapareció la cabra montés hasta que fue reintroducida hacia los años 80 del pasado siglo XX, donde por una gestión de Manuel Urquiza Maldonado (Andrés Torres, 1998) se soltaron 6 cabras y dos machos procedentes de Cazorla. Toda la actual población de cabras montesas, que se estima en unas 100, proceden de estos ejemplares, aun cuando no se descarta que por la proximidad de la Sierra de Baza a Sierra Nevada hayan pasado de forma natural algunos ejemplares procedentes de esta última.

 

La actual población de cabra montés en la Sierra de Baza se concentra en la zona de los calares de Santa Bárbara y Casa Heredia, y en su intersección natural, el Barranco Relumbre, donde es fácil verlas, aun cuando descienden hacia zonas más bajas, particularmente en los meses invernales, de modo que nosotros la hemos llegado a ver en las inmediaciones del Área Recreativa de  Bastidas. Muy querenciosos por estos animales son las dolinas naturales que hay en la penillanura que forma la cumbre del Calar de Casa Heredia (2.100 m.), en la que se forman unos prados naturales de muy alto interés ecológico y faunístico.

 

Aunque la cabra montés es una especie cinegética, en estas fechas (febrero-2004) no está permitida su caza en la Sierra de Baza, al estar consolidándose la población.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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