TURÓN (Mustela putorius)

 

Turón con una presa, en pleno invierno. © www.antoniovazquez.com 

 Imagen facilitada por su autor, fuera de concurso


FICHA TÉCNICA

Orden: Carnívora.
Familia: Mustélidos.
Género: Mustela.
Especie: Mustela putorius (Linnaeus, 1766). También se puede encontrar como Putorius putorius.
Subespecies presentes: Mustela putorius putorios (al Norte de la Península Ibérica) Mustela putorius aureolus (en el centro y Sur de la Península Ibérica).
Longitud del cuerpo: Entre 31 y 45 cms.
Longitud de la cola: Entre 12 y 19 cms.
Alzada a la cruz: De 40 a 60 cms.
Peso: Los machos entre 1.000 y 1.500., las hembras entre 500 y 850 grs.                                                   Status de la especie: En el Convenio de Berna (ratificado el 13-05-1986) se incluye dentro del Anejo III: ESPECIES DE FAUNA ESTRICTAMENTE PROTEGIDAS. En la categoría de la UICN (2001) se cataloga como CASI AMENAZADO (NT). No obstante en Castilla y León es especie cazable (E. Virgos, 2002)

 

DESCRIPCIÓN DE LA ESPECIE

Mamífero carnívoro con característico antifaz en el rostro, cuerpo alargado y delgado, patas cortas y cola larga. Su tamaño es pequeño, no superando los 1.500 gramos. La coloración es uniforme, aunque puede variar mucho de unos ejemplares a otros de forma general, pero en particular depende de las subespecies.  En la península ibérica se localizan las siguientes subespecies:

 

- El Mustela putorius putorius (Linnaeus, 1758), que se localiza en el Norte y tiene el pelaje más oscuro.

- El Mustela putorius aureolus (Barret-Hamilton, 1904) que se localiza en el centro y Sur y tiene el pelaje más claro.

 

Existe una forma domesticada de turón (Mustela putorius furo) que se denomina hurón, su pelaje es de un color prácticamente albino y que ya se utilizaba en tiempos de los romanos para la caza de los conejos. Algunos autores han relacionado a la subespecie doméstica con ejemplares procedentes del Norte de África,  en concreto del Rif marroquí (W. G. Foster, 1972).  

©. David Diez Frontón

Hurón. Especie domesticada del turón (Mustela putorius furo) , su pelaje es de un color prácticamente albino. 

El turón, con su configuración y aspecto actual, es una especie muy antigua, como lo ponen de manifiesto los fósiles encontrados de la especie. Así  en el estudio monográfico del yacimiento kárstico mesopleistoceno de Villacastín (Segovia)  se encontraron en  1994 los primeros huesos procedentes de la especie en la península ibérica, datados dentro del Pleistoceno. Hallazgos que posteriormente se han repetido en otros yacimientos fósiles de la península ibérica, como en el de Gabasa 1 (Huesca) o en Fonelas (Granada), en los que se han encontrado restos fósiles de la especie que se han sido datado en el Paleolítico Medio. 

El turón es una especie que está activa todo el año, de modo que no hiberna. Los hábitos de caza de la especie son habitualmente nocturnos, aunque también caza en las primeras horas del día y ocaso.

 

El oído es su sentido más desarrollado, aunque también el olfato. La vista del turón no es muy aguda. Puede nadar y bucear en busca de presas, pero trepa mal. Corre y salta bien, siendo una característica de la especie la costumbre de levantar el lomo al caminar, encorvándose. También puede excavar con facilidad.

 

El turón es un animal solitario, excepto en la época de celo (final de invierno o principio de primavera) en la que se reúnen varios machos que pueden entablar violentos combates para erigirse con la hembra.

 

Huele muy mal, siendo un animal muy sucio, que no limpia su madriguera u huronera, como también se le llama, por lo que suele ésta despedir un fétido olor que delata la presencia de la especie en su interior, en el que se acumulan excrementos y restos de comida. Cuando está acorralado o asustado sus glándulas anales producen unas secreciones muy fétidas, comparables a las de la mofeta, producidas  por 2 glándulas que se encuentran en la zona del recto.

 

El turón es muy juguetón, incluso de adulto. Su alimentación es muy variada y puede ir desde el conejo (su presa favorita) hasta las ratas y ratones, pasando por sapos, ranas, caracoles, lombrices o aves, incluyendo los huevos, sin desdeñar tampoco la carroña. La disponibilidad de un tipo determinado de presas, condiciona los hábitos alimenticios del turón, que se adapta con facilidad a lo que le da el territorio, aunque la importante regresión del conejo por la mixomatosis y la neumonía hemorrágica vírica, ha condicionado de modo especial la especie, que en los últimos decenios ha desaparecido de amplios territorios de la geografía nacional, no siendo actualmente abundante la especie en ningún caso.

 

Como otros mustélido, los turones exhiben una formación del "pestillo de seguridad" de la quijada, donde la articulación entre la mandíbula inferior y el cráneo forma  una especie de bisagra, que  es muy difícil de separar, incluso después de la muerte del animal. Esto da a este mustélido una tenacidad asombrosa para apretar durante luchas, la caza, y el juego. De hecho los turones y los hurones pueden ser levantados y ser suspendidos sin separarse de la presa, a la que sujetan con los dientes.

 

Al turón le gustan los terrenos con abundante cobertura vegetal, pero es esencial que contenga agua, básica en su ecología y condicionante de la presencia de presas que le sirven de alimento. Otro lugar caliente de la especie es la periferia de pequeños núcleos rurales, en los que abundan los pequeños roedores. Evita las zonas áridas y la alta montaña.

 

 

 

 

Turón de la subespecie norteña Mustela putorius putorius. El pelaje es más oscuro 

© www.antoniovazquez.com  Imagen facilitada por su autor fuera de concurso

 

 

 DATOS DE LA ESPECIE

 

Longevidad: Entre 5 y 10 años.

 

Celo: En la época de celo (final de invierno, principios de primavera), tienen lugar violentos combates entre los machos. En la cópula los machos agarran a las hembras con violencia, por la parte posterior del cuello y las arrastran hacia adelante y hacia atrás hasta que ellas quedan totalmente sometidas.

Gestación: Aproximadamente 42 días (6 semanas), con 1 camada al año, aun cuando hay autores que amplían la duración de la gestación a 7 semanas largas (J. Reichholf, 1995).

 

Época de parto: A mediados de la primavera.

 

Parto: Puede tener de 2 a 7 ejemplares por parto, siendo lo más frecuente 3 ó 4. Al nacer las crías son muy pequeñas, apenas pesan 10 gramos, y tienen el pelaje sedoso y blanco, que es sustituido paulatinamente por el pelo oscuro, aunque conserva el color blanco en el hocico y frente.

 

Duración de la lactancia: Un mes, aun cuando hacia las tres semanas ya comienza a comer algún alimento sólido, pero no son completamente maduros hasta que tienen unos tres meses de vida. La protección maternal de los jóvenes termina aproximadamente a los tres meses de alcanzar la cría la madurez (a los 6 meses de nacer).

Madurez sexual: A los doce meses, aunque algunos autores difieren de este dato y dicen que son maduros a los 10 meses, mientras que otros amplíen el plazo a los 24 meses.

 

Alimentación: Su alimentación es muy variada y puede ir desde el conejo (su presa favorita) hasta las ratas y ratones, pasando por sapos, ranas, caracoles, lombrices o aves, incluyendo los huevos, sin desdeñar tampoco la carroña o la fruta otoñal. La disponibilidad de un tipo determinado de presas, condiciona los hábitos alimenticios del turón, que se adapta con facilidad a lo que le da el territorio.

Hábitats. Al turón le gustan los terrenos con abundante cobertura vegetal, pero es esencial que contenga agua, básica en su ecología y condicionante de la presencia de presas que le sirven de alimento. Otro lugar caliente de la especie es la periferia de pequeños núcleos rurales, en los que abundan los pequeños roedores. Evita las zonas áridas y la alta montaña.

 

Huellas.  Es una especie difícil para detectar sus rastros. En terrenos muy blandos como arcilla, barro o limo puede dejar una huella de 5 dedos con sus uñas correspondientes, pero en los demás terrenos, deja difusamente marcadas 4 dedos con uñas, que miden por término medio 3,5 x 2',5 cm, siendo la pata posterior ligeramente más pequeña que la anterior.

 

Excrementos:  Parecidos a los de la garduña, pero más pequeños y de peor olor. Las heces son largas, de aspecto parecidos a embutidos, y por lo general, retorcidas, aunque no siempre. Dependiendo en cualquier caso su forma y color del alimento. Así cuando come anfibios, lombrices  o peces resultan de aspecto líquido. Cuando come animales de sangre caliente su aspecto es más uniforme y oscuro. Los restos de fruta (piel o huesos) también pueden delatar el consumo por el animal.

 

Otros rastros: Hace madrigueras  aprovechando cualquier hueco susceptible de refugio, en cercanías de arroyos, huecos naturales, entre piedras, árboles, entre la maleza, etc.. En las proximidades de las huroneras podemos encontrar restos de comida. El interior de la madriguera es muy sucio desprendiendo un olor desagradable. También podemos detectar su presencia por los sonidos que produce, uno de ellos, es muy característico y recuerda a unas breves risas. Los restos de comida del turón son también inconfundibles, a los anfibios no suele terminar de comérselos –sin duda por sus  toxinas- y los huevos presentan una sola marca en la parte superior.

 

Dimorfismo sexual: El tamaño es el principal rasgo diferenciador de los sexos: los machos son de mayor peso y tamaño que las hembras. Así mientras que las hembras no pasan de los 850 gramos el macho tiene un peso medio comprendido entre 1.000 y 1.500 gramos. El macho también puede ser hasta un tercio más largo que la hembra.

 

Enemigos naturales: Los grandes carnívoros y las grandes rapaces nocturnas y diurnas.

                           

Principales problemáticas: Como ocurre con otros mamíferos carnívoros, los turones pueden ser transmisores de la rabia. Otro punto de conflicto que ha ocasionando los turones lo ha sido con las granjas y propiedades agrícolas, por los daños que ocasionalmente inflinge en las aves de corral, pues llega a matar más ejemplares que puede comer, por lo que ha sido muy perseguido por los alimañeros y cazadores que veían en él un importante competidor natural. Si bien la principal causa de mortandad en la población de turones viene producida por el consumo por el animal de roedores que a su vez han muerto envenados por raticidas.  

 

Debe tenerse presente que el turón desempeña un importante papel en el control de la población de roedores.

   

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© Proyecto Sierra de Baza

Silueta del turón.

Longitud de la cabeza más cuerpo: hasta 45 cms. Longitud de la cola: hasta 19 cms.

 

 

 

© Natur Historica Riskmuseet

Cráneo del turón 

 

 

HUELLAS 

 © Proyecto Sierra de Baza

 

Huella sobre arcilla de la pata anterior derecha El tamaño no supera  los 3,5 x 2',5 cm. La pata posterior es ligeramente más pequeña que la anterior.

 

 

OTROS RASTROS:

   

© Proyecto Sierra de Baza

Excrementos de turón que ha ingerido algún animal de sangre caliente y frutos otoñales. 

 

      © Proyecto Sierra de Baza

Excrementos de turón que ha comido anfibios.

 

       © Proyecto Sierra de Baza

Excrementos de turón que ha comido una rata. Son apreciables los pelos y restos de huesos del animal devorado.

© Proyecto Sierra de Baza

Huevo de gallina comido por un turón.

 

 

© Eduardo Escoriza

Cadáver de un sapo común (Bufo bufo) parcialmente comido por el turón. El animal no ha consumido la piel del sapo para evitar su toxicidad.

 

 

 © Proyecto Sierra de Baza

Entrada a una huronera. Tablas-Abril 2004. 

 

 

 

EL TURÓN  EN LA SIERRA DE BAZA

   

Es el más escaso de los carnívoros presentes en la Sierra de Baza, donde sus hábitats están prácticamente circunscrito a los cursos fluviales de la zona oriental del Parque, fundamentalmente en las zonas de los arroyos Uclías y Moras, donde alcanza la mayor densidad, pudiendo ser de unos dos individuos por cada kilómetro de tramo fluvial. La población total de turones de la Sierra de Baza se estima en un individuo por cada 750/1.000 Km2 lo que supone una población total de tan solo unos 50 a 75 individuos en todo el territorio del Parque, con dudosas posibilidades de supervivencia a medio plazo si no mejora la situación de los hábitats que le sirven de refugio, actualmente muy fragmentados y aislados, por algunas actuaciones deforestadoras afrontadas precisamente en la zona del arroyo Uclías, lo que ha sido su principal refugio natural, ejecutada con muy pocos criterios técnicos.

 

            Hasta no hace muchos años se practicaba en la Sierra de Baza la caza con hurones (la variedad doméstica del turón), UNA ACTIVIDAD PROHIBIDA EN LA ACTUALIDAD en la Península Ibérica, aunque continúa autorizada en algunas zonas de las Islas Canarias. Los hurones eran alimentados con leche, y se llevaban a cazar a las madrigueras de conejos, donde se introducían en busca del animal, el que salía ahuyentado, momento en que era acribillado o cazado con redes, sin dejarle posibilidad defensiva al animal. Había ocasiones en que los hurones se quedaban dentro de la madriguera comiéndose al conejo que habían capturado y no salían, ante lo que se empleaban dos soluciones para no perder el animal: se localizaban y tapaban todas las bocas de  madriguera dejando una sola salida, en la que se esperaba a que el hurón saliera, en una espera que podía durar más de un día, o se cavaba en la madriguera, ensanchando la misma, hasta dar con el hurón, lo que suponía grandes esfuerzos, por lo que  lo que algunos cazadores de hurón en previsión de esta eventualidad previamente ataban al hurón una cuerda ligera, aunque resistente, llamada “la línea”, de la que en el supuesto de retenerse en el interior el carnívoro se tiraba con fuerza hasta arrastrarlo fuera.  Otros cazadores de hurón colocaban un bozal al carnívoro, considerando que no pudiéndose comer al conejo no se quedaríandentro y así lo recuperaría sin problemas.   

 

 

 

 

 

 

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