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CONEJO (Oryctolagus cuniculus)

Pareja de conejos de monte o silvestres,
comiendo helechos en la Sierra de Baza.
© Jose Angel Rodriguez. Imagen
cedida por su autor fuera de concurso
FICHA TÉCNICA
Orden: Lagomorfos
Familia:
Leporidos
Género: Oryctolagus
Especie: Oryctolagus
cuniculus (Linnaeus, 1758)
Subespecies presentes: .Una
sola especie en al Península Ibérica. Aun cuando otros estudios taxonómicos
más recientes consideran la presencia de 2 subespecies: la Oryctolagus
cuniculus algirus, con presencia limitada a Galicia, Portugal y la
mitad del suroeste peninsular, y es de tamaño corporal algo más pequeño que
la otra especie, la Oryctolagus cuniculus cuniculus, que ocupa
el resto del territorio peninsular, subspecies de la que se considera proceden
todas las razas de conejo doméstico.
Longitud del cuerpo: entre 40 y 45 cms.
Longitud de la cola: de 4 a 6 cms.
Longitud de las orejas: De 7,5 a 9 cms.
Alzada a la cruz: De 15 a 20 cms.
Peso: De 900 a 1.500 gramos.
Status de la especie: Especie cinegética que no se encuentra
amenazada, ni en peligro.
DESCRIPCIÓN DE
LA ESPECIE
Popular
mamífero de mediano tamaño, pelo suave y corto, orejas largas y rabo corto,
es una especie fundamentalmente crepuscular y nocturna
que constituye pieza clave en nuestra fauna y que hasta 1912 (J. W.
Gridley) se incluía dentro de los roedores, por su similitud con los
mismos, si bien a partir de esta fecha se incluyó taxonómicamente dentro del
grupo de los lagomorfos, al ser evidentes las diferencias ente uno y otro
orden: los roedores tienen un par de incisivos en la mandíbula superior que
encajan perfectamente con el par correspondiente de la mandíbula inferior;
mientras que los lagomorfos tienen más desarrollados los dientes de la mandíbula
superior que no encajan con los de
la inferior (de aquí que se llame a este tipo de dientes tan característicos
de la especie como “dientes de conejo”).
El
conejo es una especie muy antigua, de modo que por los estudios fósiles se ha
podido determinar que antes de la última glaciación abundaban en una amplia
zona de Europa, que incluía a países como Francia, Bélgica, Alemania o la
isla de Gran Bretaña. El posterior enfriamiento del continente los fue
desplazando hasta el sur, quedando acantonados en
la Península Ibérica
y Norte de África, de donde volvió a extenderse hasta el norte. En el S. III
los romanos los llevaron a Italia, pero en el S. XVI todavía no existían en
Alemania, aunque sí han sido citados en algunos conventos, como animales de
corral de las comunidades religiosas. En la antigüedad España tenía fama
como país de conejos, hasta el punto de que se considera que el nombre de
Hispania, de origen fenicio y del que procede la palabra España, deriva del
nombre de este animal. Cátulo, llamaba a esta península “Cuniculosa
Celtiberia” y en las monedas hispanorromanas de Adriano el conejo figuraba
como uno de los símbolos de Iberia (W.G. Foster, 1972). Otra cita histórica
curiosa nos viene de la mano de Estrabón, el que refiere la introducción de Hurones
en las islas Baleares, para
combatir a los conejos que allí proliferaban, tras fracasar las mismas tropas
romanas en su exterminio.
El conejo es
una de las llamadas especies claves o esenciales de la cadena trófica de la
fauna ibérica, de modo que se ha estimado que en mayor o menor medida
dependen de él unas cuarenta especies, por lo que se ha considerado a este
animal como una especie básica en el conjunto de las especies que integran
la fauna del bosque mediterráneo, lo que supone que su desaparición o
disminución puede afectar directa o indirectamente a las especies que
dependen de él como alimento, tales como el grupo de los carnívoros, sin
excepción, aves como las medianas y grandes rapaces diurnas y nocturnas o a
reptiles como la culebra bastarda o la de herradura o el lagarto ocelado,
además del
jabalí
y del
erizo (Erinaceus europaeus). Aun cuando el caso más
llamativo es el del
lince (Lynx pardinus), cuya alimentación básica está
integrada en un 70/90 % por conejos, de forma que se ha considerado que la
causa que más ha influido en la disminución de los linces, hasta colocarlos
al borde de la extinción terminal, ha sido la disminución de la población de
conejos por las plagas sufridas por este animal, a las que haremos más
detallada referencia más adelante
(AMPLIAR
INFORMACIÓN SOBRE LA INCIDENCIA DE LA DISMINUCIÓN DE LA POBLACIÓN DE CONEJOS
EN EL LINCE).
Una
de las características más importantes del conejo, es la de su
extraordinaria fecundidad y capacidad para reproducirse. De modo que se ha
calculado que la descendencia de una sola pareja, que no tenga interferencias
negativas para su desarrollo, puede alcanzar la increíble cifra de 1.848
individuos (W. G. Foster, 1972). Clásica en la literatura científica
es la cita de un granjero australiano que tuvo la fatal ocurrencia de
introducir en Australia tres parejas. A los tres años de su introducción y
debido a que el conejo no tenía en ese continente depredadores naturales, los
descendientes de aquellos conejos eran ya 14.000.000 de individuos. Desde
entonces su población fue en aumento y aun cuando se idearon todo tipo de métodos
para combatirlo, incluida la introducción de zorros
pero éstos, lejos de solventar el problema crearon una nueva problemática
ecológica, al desentenderse de los ágiles y escurridizos conejos y por el
contrario afanarse en otras especies más incautas como ocurrió con los
marsupiales, que no estaban habituados a la presencia de depredadores, por lo
que el efecto aún fue más nocivo y dañino. En
estos momentos la población australiana de conejos se estima en unos 300
millones, con graves incidencias en el resto del ecosistema. Donde sí ha
tenido la población de conejos una importante reducción ha sido en el viejo
continente, siendo en el año 1952 cuando un
medicó francés, el
tristemente famoso Doctor Armand Delille,
inoculó el virus de la mixomatosis a unos conejos que al parecer producían
daños en sus viñedos, transmitiéndose el virus de unos ejemplares a otros
por los mosquitos y las pulgas de los propios animales. La enfermedad que se
creo es de tal virulencia que se extendió rápidamente por toda Europa,
detectándose su presencia en el norte de España en el año 1953 y en el sur
en el año 1959. Tal fue la mortalidad que ocasionó la mixomatosis que en
algunas comarcas murieron entre el 95 y el 100 por ciento de la población de
conejos (M. Delibes de Castro, 2001).
Cuando
la población de conejos comenzó a recuperarse de este mazazo, hizo acto de
aparición otra epidemia: la enfermedad vírica hemorrágica (EVH), producida
por un virus también creado por el hombre, que fue descrito por primera vez
en China y que en el año 1988 también fue detectado en España (M.
Delibes de Castro, 2001).
Las
incidencias de una y otra enfermedad se complementan en el conejo, de modo que
mientras que la mixomatosis afecta a los conejos de modo fundamental en los
meses de calor,
la EVH
lo hace en los meses fríos. Entre ambas han reducido a un 10 % la población
de conejos, que se han visto exterminados localmente de muchos lugares. Para
combatir estas enfermedades se han empleado muchos esfuerzos por cazadores y
administración, aunque sin un resultado definitivo. Hasta la fecha y
contra ambas enfermedades, existían vacunas comerciales que venían siendo
empleadas con éxito en las explotaciones de conejo doméstico, sin embargo,
debido a que su administración debía ejercerse de manera directa a cada uno
de los animales, resultaba ineficaz para controlar estas enfermedades en las
poblaciones silvestres de esta especie animal. Ante la problemática detectada
y al objeto de encontrar soluciones efectivas a la misma,
la Federación Española
de Caza se dirigió al Instituto Nacional de Investigación y Tecnología
Agraria y Alimentaría para analizar este tema, firmando ambos Organismos un
convenio de colaboración para el desarrollo de una única vacuna contra los
dos tipos de enfermedades víricas pensada y desarrollada para el conejo
silvestre o de monte, respetando el medio ambiente y su equilibrio.
Un
importante avance en la lucha contra la mixomatosis y
la EVH
puede venir de una vacuna, aun en estudio y por tanto pendiente de la
autorización sanitaria, muy rígida en estos supuestos, la llamada vacuna
Mixoima-VP60 que actúa contra las dos enfermedades del conejo. La vacuna ha
sido probada experimentalmente en
la isla del Aire en Menorca, donde había censados una población de 300
conejos, siendo vacunos 75 individuos, destacándose en los informes de
seguimiento como todos los conejos vacunados consiguieron la inmunidad frente
a esta dolencia, mientras que en el 45 % restante se detectaron anticuerpos.
Las pulgas y el contacto entre los propios animales actúan para la propagación
de la vacuna de unos ejemplares a otros con un
relativo éxito. De modo que durante el experimento hubo un brote de
mixomatosis y sobrevivieron tres cuartas partes de la colonia. Según
información del Consejo General de Veterinarios de España (Boletín nº 222
de Febrero de 2001)
la Agencia Europea
del Medicamento ya ha recibido para evaluación el expediente completo de
la vacuna Mixoima VP60, contra la mixomatosis y la enfermedad hemorrágica vírica
del conejo (EHV) desarrollada por un equipo de investigadores del Centro de
Investigación de Sanidad Animal (CISA), que el INIA-Ministerio de Ciencia y
Tecnología tiene en Valdeolmos (Madrid), coordinado por el doctor José
Manuel Sánchez Vizcaíno, director del centro
La vacuna se ha conseguido a partir del virus de la mixomatosis
vivo, cepa 69 18 de baja virulencia, pero con capacidad inmunizadora. Después
de realizar varias series recombinantes se le insertó el gen VP60 que
inmuniza contra la enfermedad hemorrágica del conejo y del marcador genético
DA3. La vacuna no produce ningún tipo de lesión ni efectos secundarios ni en
los animales vacunados directamente ni en los animales vacunados por contacto
de los primeros, tampoco en madres gestantes.
La
transmisión de la vacuna, que ha pasado todas las pruebas impuestas por
la Comisión
de Bioseguridad, se produce durante los ocho días siguientes a la vacunación
y sólo afecta al cincuenta por ciento de los conejos próximos a los
inoculados y éstos a su vez la transfirieron al diez por ciento de los
conejos no vacunados con los que tuvieron contactos y que ya no pudieron
continuar transmitiendo el virus vacunal.
Las
características de esta vacuna, de la que el INIA ha presentado una patente
nacional y otra internacional y ya ha publicado varios trabajos en revistas
científicas de prestigio internacional, la convierten en única en su género,
habiendo sido remitido el expediente tanto a
la Agencia Española
del Medicamento como a
la Agencia Europea
del Medicamento, y es en éste último organismo donde la nueva vacuna debe
ser evaluada y autorizada su comercialización, ya que se trata de ingeniería
genética, de una vacuna preparada a partir de un organismo vivo modificado
genéticamente. Hasta ahora en Europa sólo existe una vacuna en esta línea
autorizada, que es la de
la Enfermedad
de Aujeszky, aunque no se parecen en nada porque ésta se prepara por dilución
de virus mutado. También existen presiones internacionales en contra de su
comercialización, ya que a Australia no le interesa que exista una vacuna
contra la mixomatosis, virus que los australianos introdujeron en ese
continente para controlar de esta forma la proliferación de conejos que en
aquellas latitudes son considerados como una plaga.
Conejo
silvestre o de monte.
©
David Díaz Frontón
La
esperanza en la vacuna Mixoima-VP60 que actúa contra las dos enfermedades
del conejo, que fue probada con éxito experimentalmente en la isla del Aire
en Menorca, se ha visto ahora rota
con la reciente noticia que hemos
encontrado en los medios de comunicación especializados en información
medioambiental y que se hacían eco de una rueda de prensa celebrada el
pasado 27 de mayo de 2011 en la sede de la Fundación Biodiversidad, en
Madrid, haciéndose público en el transcurso de la misma un reciente dictamen
de la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios, en el que se
destaca como no se ha considerado viable esta vacuna por no estar asegurada
su capacidad de transmisión de conejos vacunados a otro no vacunados,
habiéndose descartado el empleo de la vacuna al considerar que es imposible
vacunar individualmente, como sería necesario, a todos los conejos
silvestres, aun cuando sí se ha comprobado que los vacunados quedan
inmunizados ante la enfermedad, los que nos parece un avance tan importante
como para no descartar ya su uso, si es que no hay otras razones
inconfesables para que no se haya puesto ya en el mercado esta vacuna, y se
permita que continúen muriendo miles, millones, de conejos todos los años
con la grave incidencia en la cadena trófica que ello representa, sin darle
una efectiva solución a esta gravísima problemática.
DATOS DE
LA ESPECIE

© José Ángel Rodríguez
Conejo
fotografiado en su hábitat natural en una zona adehesada de la Sierra de
Baza.
-
Longevidad:
Entre 3 y 4 años en libertad, mientras que en cautividad
puede alcanzar de
6 a
8 años de vida.
-
Celo: Tiene lugar a lo largo de todo el año, aun
cuando los periodos de celo se solapa con los períodos de máxima abundancia
de alimento, de modo que la disponibilidad de comida es lo que va a
condicionar más la reproducción del animal.
-
Gestación: La gestación dura de 28
a 33 días.
-
Época de parto: Son
posibles de
5 a
7 partos al año, excepcionalmente hasta 11, siendo lo habitual 2 ó 4 camadas
al año que se producen dentro de madrigueras, constituidas por túneles de
hasta
40 metros
de longitud, llamado vivar, que cuenta con varias bocas. Este vivar
exclusivamente es ocupado por las hembras de mayor rango social, mientras que
el resto de hembras de la colonia lo hacen en túneles más pequeños llamados
gazaperas, de
1 a
4 metros
de profundidad, que acaban en una cámara ciega. Tanto los vivar como las
gazaperas son tapizadas con vegetación y pelo del conejo, amamantando a los
gazapos tan solo durante unos 15 minutos al día, siempre por la noche. Tras
amamantar a los conejos la madre abandona la madriguera y deja tapada la boca
con tierra para proteger a los gazapos de los depredadores.
-
Parto: De
3 a
9 crías por camada, normalmente 4 ó 5, que pesan al nacer unos 40-
50 gramos
y que nacen con los ojos cerrados, los que mantienen así hasta el décimo día.
-
Duración de la lactancia: Las crías son amantadas
durante unos 25 ó 30 días exclusivamente con leche, pudiendo comenzar a
digerir alimento sólido a los 20/21 días, en que son autosuficientes,
abandonando la madriguera a los 35 ó 40 días, aunque permanecen en la zona
de cría (filopatria) en un radio de
200 a
500 metros
.
-
Madurez sexual: Alcanzan la madurez
sexual entre los 4 y 7 meses.
Antes cuanto mejor alimentado esté el conejo. Se considera que un conejo es
adulto a partir de los 8 ó 9 meses, cuando pesa unos
900 gramos
.
-
Alimentación: El conejo se alimenta básicamente de
plantas herbáceas y gramíneas, raíces y bulbos, además de cortezas de
plantas leñosas y frutos silvestres y de las huertas. Muy curiosa dentro de
la etología del conejo es la producción por el animal de unos excrementos
esféricos y húmedos recubiertos de mucus que son reingeridos, tomados
directamente del mismo ano, sin masticar, ricos en vitamina B12 y
microflora, necesarios para la digestión de la celulosa. La microflora
intestinal no se transmite congénitamente y los jóvenes tienen que
adquirirla ingiriendo excrementos de su madre, si no lo hacen mueren al poco
tiempo, entre convulsiones (Castells y Mayo, 1993).
Hábitats:
El conejo encuentra su óptimo en el monte y bosque mediterráneo, siendo
una especie característica del mismo,
aun cuando podemos localizarlo en una gran amplitud de hábitats que
van desde las zonas semiáridas del sureste peninsular hasta la media montaña.
Estando más o menos presentes en todo el territorio de España, incluidas
sus islas, si bien la mayor densidad la alcanza en el cuadrante
suroccidental, coincidiendo con la mayor presencia de carnívoros que se
alimentan de él. Básico para su ecología es que la textura del terreno
les permita excavar madrigueras. La presencia de agua no es
condicionante de su presencia, al poder obtenerla de las plantas y hierbas
que come.
-
Huellas: Aun cuando
las patas cuentan con cinco dedos y uñas excavadoras, la abundante
pilosidad que las cubre impide su marca nítida la que presenta no obstante un
característico e inconfundible aspecto, que se aprecia en las imágenes se
reproducen en las fotografías laterales de esta ficha. La huella de la pata
posterior es ligeramente mayor que la del anterior; además, cuando apoya o
marca el talón, lo hace para avisar a otros congéneres en situaciones de
peligro, deja marcada una línea longitudinal. Aun cuando la huella de conejo
puede confundirse con la de la liebre, el análisis en conjunto de uno y otro
rastro, particularmente cuando van en carrera y la marca es sobre terreno
blando o nieve, es fácil de
diferenciar en cuanto que mientras que el conejo deja un curioso rastro en
forma de Y la libre tiene forma de L (pueden verse imágenes
comparativas).
-
Excrementos: Los
excrementos de conejo tienen un característico e inconfundible aspecto esférico
de 1 cm. de diámetro, siendo su color oscuro, aunque más o menos variable,
dependiendo de los alimentos consumidos y va desde un color grisáceo hasta el
negro, pasando por tonos marrones. Es de menor tamaño que la liebre. Muy
característicos son los cagarruteros del conejo donde acumulan los
excrementos de varios ejemplares de una misma colonia en grandes depósitos,
que pueden alcanzar un tamaño considerable.
Otros
rastros: Son muy variados y
entre ellos podemos destacar los siguientes:
1. Al comer la hierba y ramas jóvenes, la cortan o siegan con los
incisivos superiores, sin producir desgarros, mientras que las ramas aparecen
desgajadas por la base inferior .
2.
Al roer la corteza de los árboles, marca una mordedura profunda en sentido
transversal al tronco.
3. Las madrigueras (vivar y gazaperas) del conejo son muy características.
La liebre no las construye, en cuanto se encama entre la propia vegetación.
4. La excavaciones, que son pequeños movimientos de tierra de unos
pocos
centímetros de profundidad, sin finalidad aparente, son otro típico
rastro del conejo silvestre o de monte.
Dimorfismo
sexual: No apreciable por métodos
normales a simple vista, sin contacto manual con el animal.
Enemigos
naturales: Es pieza básica o clave para una gran variedad de animales de
la fauna mediterránea que van desde el grupo de los carnívoros, sin excepción.,
a aves como las medianas y grandes rapaces diurnas y nocturnas o a reptiles
como la culebra bastarda o la de herradura o el lagarto ocelado. Muy
vulnerables a los depredadores son los gazapos.
Principales problemáticas:
La disminución de la población de conejos por las enfermedades de la
mixomatosis y
la EVH
ha colocado al conejo en algunos países como España en una situación crítica
y con ello a toda la amplia fauna que depende del mismo.

© Proyecto
Sierra de Baza
Ejemplar afectado por la mixomatosis.
© 2011
PROYECTO SIERRA DE BAZA Todos
los derechos reservados
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HUELLAS

© Proyecto Sierra de Baza
Huella
sobre lodo. Han quedado marcados los pelos que cubren los dedos y plantas.
Casas de D. Diego. Marzo-2004

© Proyecto Sierra de Baza
Huella
de conejo sobre nieve. Deja marcado un rastro en forma de Y, mientras que la de
la liebre es en forma de L. Cortijo de Santaolalla. Enero-2004.

© Proyecto Sierra de Baza
Huella
de liebre sobre nieve. Deja marcado un rastro en forma de L, mientras que la de
la conejo es en forma de Y. Calar de Casa Heredia. Enero-2004.
OTROS RASTROS:

© Proyecto Sierra de Baza
Excrementos
de conejo adulto en el característico cagarrutero, con excrementos de
diferentes tipos. Su tamaño es ligeramente inferior a 1 cm. Cortijo de
Santaolalla. Enero-2004

© Proyecto Sierra de Baza
Excrementos
de gazapo o conejo joven. Su tamaño es menor que los del adulto, aun cuando
conservan la misma forma esférica. Cortijo de Sataolalla. Enero-2004

© Proyecto Sierra de Baza
Excavadura de conejo. Se
diferencia con la de tejón en que en ésta última pueden apreciarse los
arañazos de las uñas del tejón en la tierra al efectuar la
excavadura (apreciables en la imagen de la ficha del
tejón), de notorio mayor
tamaño en el tejón que en el conejo, por las grandes uñas que posee el tejón.

© Proyecto Sierra de Baza
Entrada
a un vivar de conejos.
EL CONEJO EN LA SIERRA DE BAZA
El
conejo no ha sido ajeno en
la Sierra
de Baza a las plagas de la mixomatosis y
la EVH
, de modo que en los últimos años ha desaparecido de muchos cotos y terrenos,
donde era una pieza básica de caza hasta mediados del siglo pasado. En estos
momentos podemos decir que la población de conejos se está recuperando en
la Sierra
de Baza, donde no es difícil verlos, bien por contacto visual directo o
detectando su presencia por huellas, excrementos u otros rastros. Prácticamente
ocupa toda la zona basal, sin excepción, al no precisar agua de forma
habitual para su subsistencia, aun cuando su hábitat óptimo lo encuentra en
barranqueras donde la textura del terreno le permite excavar sin dificultad.
La población promedio va desde los
0,5 a
los 10 individuos por hectárea. No supera los 1.500-
1.600 metros
de altitud, y a partir de esta altura es definitivamente sustituido por la liebre.
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