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LIEBRE IBÉRICA (Lepus granatensis)

Liebre
ibérica en su hábitat natural.
© Manuel Erasmo López Sarmiento
FICHA TÉCNICA
Orden:
Lagomorfos.
Familia: Leporidos.
Género: Lepus
Especie: Lepus
granatensis (Rosenhauer, 1856).
Subespecies presentes:
En la Península Ibérica se localizan tres subespecies: la liebre de
Galicia (Lepus granatensis gallaecius, Miller,
1907); la liebre de Mallorca (L.
g. solisi, Palacios y Fernández, 1992); y, la liebre ibérica (L. g.
granatensis , Rosenhauer, 1856)
Longitud del cuerpo:
entre 44 y 50 cms.
Longitud de la cola:
de 9 a 11 cms.
Longitud de las orejas:
de 9,3 a 10,5 cms.
Alzada a la cruz: de 17
a 25 cms.
Peso: de 1.500 a
2.600 gramos.
Status
de la especie: Se trata de una especie cinegética que no se encuentra
en peligro ni amenazada.
DESCRIPCIÓN DE
LA ESPECIE
Mamífero
lagomorfo de mediano tamaño, pelo suave y corto, orejas aun más largas que
las del conejo, y rabo corto. Al igual que su congénere el conejo,
la liebre es una especie fundamentalmente crepuscular y nocturna,
que constituyen piezas claves en nuestra fauna, de modo que se
considera que más de treinta especies de mamíferos, aves y reptiles incluyen
a la liebre dentro de su dieta alimenticia.
En
la Península Ibérica hay tres especies de liebres: la liebre de piornal (Lepus
castroviejoi, Palacios,1976), la liebre europea (Lepus europaeus,
Pallas, 1778 ) y la liebre ibérica (Lepus granatensis,
Rosenhauer, 1856). De estas tres especies la más extendida y abundante en
España es la liebre ibérica, un endemismo ibérico que podemos
localizar en Andalucía, ambas Castillas, Extremadura, Levante y algunas zonas
de Galicia y de la Cordillera Cantábrica, pero no está presente en el oeste
de Galicia, ni en el occidente de Asturias. La liebre de piornal tiene
un área de distribución muy restringida, en ambientes montanos, en alturas
superiores a los 1.000 metros, de tal modo que sólo está presente en la
Cordillera Cantábrica, siendo Asturias y León los territorios que cuentan
con una población más abundante de liebre de piornal. La liebre europea
mantiene poblaciones reseñables en los Pirineos, norte de la provincia de
Burgos y la práctica totalidad de Cantabria, aun cuando ha visto restringida
su área de distribución ya que hasta hace poco, también estaba presente en
Navarra, País Vasco y la costa catalana. La liebre europea (Lepus
europaeus) es la de mayor tamaño, en torno a 4 Kg, y la de más amplia
distribución mundial apareciendo en la práctica totalidad de Europa y en el
noreste de la Península Ibérica, al este del Narcea y al norte del valle del
Ebro.
Estas
tres especies de liebres, que son territorialmente incompatibles entre sí,
se diferencias por su aspecto y forma. La liebre ibérica, que a su vez
cuenta con tres subespecies: la liebre de Galicia (Lepus granatensis
gallaecius, Miller 1907), la liebre de Mallorca
(L. g. solisi, Palacios y Fernández, 1992) y la liebre ibérica,
(L. g. granatensis, Rosenhauer, 1856), es la menor de las tres especies
de liebres peninsulares. Otras diferencias anatómicas aparecen en el cráneo
y en la disposición de los incisivos superiores (más inclinados hacia
adentro en la L. granatensis), aun cuando el rasgo más apreciable para
diferenciarlas visualmente aparece en el color de la capa, de modo que en la
L. granatensis el color del vientre es de un tono blanco sucio,
que se extiende por una mayor superficie que en las otras dos especies,
extendiéndose por las patas anteriores y posteriores, en los que forma una
banda blanca muy marcada.
La
liebre tiene muy desarrollados el oído y el olfato, siendo la vista su peor
sentido. El tipo de vida que lleva la liebre, en terreno abierto, sin
refugiarse en madrigueras abiertas en el suelo, ni entre piedras o troncos de
árboles, motiva una especial adaptación del animal a este medio, habiendo
desarrollando una particular estrategia defensiva dentro de la etología de la
especie. Así, la liebre no solo es muy veloz y ágil, pudiendo alcanzar una
velocidad punta de 70 Km/hora, sino que está siempre atenta a cuanto sucede a
su alrededor, siendo una estampa clásica de la especie, verla sentada sobre
el suelo con las patas delanteras colocadas de forma erguida, para escudriñar
y vigilar cuanto sucede en su territorio, en la forma que se reproduce en la
imagen principal que ilustra esta ficha. La liebre es también sumamente
recelosa y cautelosa, de forma que no se dirige nunca directamente a su lugar
de encame, sino que con la clara intención de despistar a posibles
depredadores y diluir su rastro, efectúa bruscos giros y cambios en el
sentido de la marcha, para terminar dando un gran salto cuando está próxima
a su refugio, colocándose en sentido contrario al llevado en la marcha.
La
liebre tiene una constitución característicamente atlética, con
extremidades finas y largas, pero particularmente dotadas de unos músculos
muy poderosos que cuentan además con la peculiaridad de contener hemoglobina,
lo que le da el característico color rojo oscuro a su carne, permitiéndole
que su velocidad y resistencia en la marcha sea superior a la de otras
especies como el conejo.
Lebrato
en una cama. Nacen cubiertos de pelo y con los ojos abiertos.
©
Mariano Fernández www.daganzo.org
DATOS DE
LA ESPECIE
-
Longevidad:
Entre 7 y 9 años en
libertad, mientras que en cautividad puede
alcanzar de 12 años de vida.
Celo: Tiene lugar a lo largo de todo el año, aun cuando los periodos
de celo se solapa con los períodos de máxima abundancia de alimento, de modo
que la disponibilidad de comida es lo que va a condicionar más la reproducción
del animal, si bien la climatología favorable también le beneficia.
Gestación:
La gestación dura de
42 a
44 días (de 28 a 33 días en el
conejo). La gestación de la hembra es de lo más curiosa, habiéndose
descrito varios fenómenos en la especie:
-
La superfetación:
tras la primera cópula queda fecundada, pero sigue siendo receptiva y
no interrumpe la ovulación; al poco tiempo, gracias a los espermatozoides que
es capaz de retener desde el primer apareamiento, otros óvulos quedan
fecundados, desarrollando entonces dos embarazos diferentes, diferidos en el
tiempo.
-
La reabsorción: consiste en la
desaparición física de los embriones implantados en el útero y que por
alguna razón han muerto. Lo que puede afectar a uno o varios fetos, por lo
que se admite que el aborto no se da en la liebre.
Época
de parto:
La hembra puede criar durante todo el año, aunque el mayor porcentaje
de hembras preñadas se da en los períodos febrero-abril y junio-julio.
Parto:
Las hembras jóvenes solo tienen dos partos al año, pasando al segundo o
tercer año a tener 3 ó 4 partos
anuales, lo que mantiene en los años posteriores. La liebre, a diferencia del
conejo, no pare en madrigueras, sino que lo hace al aire libre
en un lugar que habilita sobre el suelo llamado paridera, una cama que
es acondicionada con pelos del animal y hierba seca, donde da a luz a sus
lebratos. El primer parto es el
menos numeroso, con solo 1 ó 2 lebratos, siendo los siguientes de 3 ó 4
individuos, excepcionalmente 8, aunque en la literatura científica se cita el
caso de una hembra muerta que tenía en su interior 10 fetos (Simonin, 2000).
Duración
de la lactancia: La hembra
permanece con las crías durante los tres primeros días. A partir de este
momento separa los lebratos y para protegerlos los coloca en lugares
individualizados y diferentes, visitándolos solo al atardecer para
amamantarlos durante menos de 3 minutos. Desde los primeros días las crías
pueden comer por sí mismos, correr y poner en práctica mecanismos de
autodefensa, por lo que se considera que son unos de los mamíferos más
precoces.
Madurez
sexual. Alcanzan la
madurez sexual a los 12 meses. Se considera que una liebre es adulta a partir
de los 15 meses, cuando pesa unos
1.500 gramos
.
Alimentación.
La liebre se alimenta básicamente de gramíneas, las que integran un 75 %
aproximadamente de la dieta del animal, aun cuando también incluye en su
alimentación otros productos vegetales como raíces, bulbos, cortezas de
plantas leñosas y frutos silvestres e incluso carroña, particularmente en época
de escasez. Muy curiosa dentro de la etología de la liebre, al igual que
ocurre con el conejo, es la producción por el animal de unos excrementos esféricos
y húmedos recubiertos de mucus que son reingeridos, tomados directamente del
mismo ano, sin masticar, ricos en vitamina B12 y microflora,
necesarios para la digestión de la celulosa, lo que se conoce como coprofagía,
con lo que se desarrolla una falsa rumia. El proceso se ha descrito del
siguiente modo: el alimento a la salida del estomago se introduce en el ciego,
donde fermenta, estos vegetales ya medio aprovechados, no pueden retroceder de
nuevo al estomago, como hacen los rumiantes, sino que los lagomorfos recogen
estos alimentos directamente del ano y los vuelven a ingerir, mezclándose con
nuevos alimentos del estomago, formado lo que son conocidos como bolos cecales
(de ciego).
Hábitats.
La liebre ibérica busca terrenos llanos y
abiertos, donde predominen los sembrados cerealistas y con algo de monte bajo.
Aún así, es capaz de acomodarse a los más variados paisajes, pudiendo vivir
en la media y alta montaña, haciendo de su potente carrera y del mimetismo
sus mayores defensas.
Huellas.
Aun cuando las patas cuentan con
cinco dedos y uñas excavadoras, al igual que ocurre con el conejo, especie a
la que se asimila la huella de la liebre, la abundante pilosidad que cubre
toda la planta y dedos impide su marca nítida, la que presenta no obstante un
característico e inconfundible aspecto, que se aprecia en las imágenes se
reproducen en las fotografías laterales de esta ficha. La huella de la pata
posterior es ligeramente mayor que la del anterior; además, cuando apoya o
marca el talón, lo que hace para avisar a otros congéneres en situaciones de
peligro, deja marcada una línea longitudinal. Aun cuando la huella de la
liebre puede confundirse con la del conejo, el análisis en conjunto de uno y
otro rastro, particularmente cuando van en carrera y la marca es sobre terreno
blando o nieve, es fácil de
diferenciar en cuanto que mientras que el conejo deja un curioso rastro en
forma de Y la libre tiene forma de L (pueden verse imágenes
comparativas), al no estar tan centradas las huellas posteriores con respecto
a las dos anteriores en la liebre como en el conejo.

© Proyecto Sierra de Baza
Huellas de liebre sobre nieve. Interpretado las
huellas de izquierda a derecha podemos apreciar: En la primera huella corría
el animal, en la segunda se sienta sobre el suelo apoyando las patas
traseras que quedan marcadas a su largo, mientras que delante quedan
marcadas las dos patas delanteras y en la tercera y última reanuda
nuevamente la marcha, dejando nuevamente marcado su característica forma en
L invertida.
Excrementos:
Los excrementos de la liebre tienen un aspecto esférico, similar al
del conejo, aunque de superior tamaño. También se diferencian en que la
liebre no los deposita acumulados, como hace el conejo, sino de forma
dispersa, por lo general 2 ó 3 unidades, y excepcionalmente de
7 a
10 bolitas. Su color es oscuro, aunque más o menos variable, dependiendo de
los alimentos consumidos y va desde un color grisáceo hasta el negro, pasando
por tonos verdosos, amarillentos y marrones.
Otros
rastros.
Son muy variados y entre ellos podemos destacar los siguientes:
1. Al
comer la hierba y ramas jóvenes, la cortan o siegan con los incisivos
superiores, sin producir desgarros, mientras que las ramas aparecen desgajadas
por la base inferior.
2.
Al roer la corteza de los árboles,
marca una mordedura profunda en sentido vertical al tronco.
3. Las
camas y parideras de la liebre son muy características. La liebre no
construye madrigueras como ocurre con el conejo, sino que se encama entre la
propia vegetación, aprovechando bien depresiones del terreno, junto a una
roca o mata que le da sombra y protección frente a los vientos, o en la
propia vegetación, que al soportar el peso del animal termina por adquirir
una peculiar forma acunada (ver imagen lateral).
Dimorfismo
sexual:
No apreciable por métodos normales a simple vista, sin contacto manual
con el animal. Si bien las hembras suelen ser de mayor tamaño que los machos
(2,90 Kgs de media los machos y 3,30 Kgs las hembras). También se dice
que es posible diferenciar una hembra de un macho en el campo, pues mientras
que la hembra cuando se encama coloca las orejas agachadas hacia atrás, los
machos suelen tenerlas levantadas y erguidas.
Enemigos
naturales. Es pieza básica o
clave para una gran variedad de animales de la fauna mediterránea que van
desde el grupo de los carnívoros, sin excepción, a aves como las medianas y
grandes rapaces diurnas y nocturnas o a reptiles como la culebra bastarda o la
de herradura o el lagarto ocelado. Los lebratos aunque son vulnerables a los
depredadores, al carecer de olor corporal y por su mimetismo pueden verse a
salvo de sus numerosos enemigos, no obstante la mortalidad en los primeros días
es muy alta.
Principales
problemáticas:
Aunque no le afecta las enfermedades de la mixomatosis y
la EVH
del conejo, sí se puede ver afectada por otras enfermedades, de la que ha
tenido más incidencia en esta especies es el llamado síndrome de la liebre,
enfermedad también conocida como tularemia de la liebre, fiebre de liebre y
fiebre "deer fly" producida por una bacteria llamada Francisella
tularensis que comenzó a detectarse en España en el año 1994 y
particularmente en 1997 en Castilla-León. Se cree que la enfermedad fue
introducida en España por liebres importadas sin los necesarios controles
veterinarios. Esta enfermedad, que se transmite por la picadura de garrapatas,
mosquitos y otros hospedantes, que actúan como vectores, desarrollándose en
un periodo de incubación de
1 a
10 días, es una enfermedad zoonótica que tiene incidencias en especies como
el perro e incluso en el hombre -si bien tan solo como huésped accidental-
por lo que se incluye por
la Oficina Internacional
de Epizootias dentro de las enfermedades que pueden transmitirse por animales
silvestres o salvajes al hombre. Se dice que el mejor signo visual para
detectar la tularemia en el cadáver de una liebre es la presencia de sangre
espumosa en la nariz.
La
excesiva presión cinegética, la mecanización del campo, particularmente la
recolección de cereales con cosechadoras, que ocasionan muchas muertes
de liebres todos los años, son también otras amenazas para la especie.
L
© 2004
PROYECTO SIERRA DE BAZA Todos
los derechos reservados
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HUELLAS

© Proyecto Sierra de Baza
© Proyecto Sierra de Baza
Huellas
de liebre sobre lodo. Han quedado marcados tan solo los dedos. El Tesorero.
Abril-2004.

© Proyecto Sierra de Baza
Huella
de liebre sobre nieve. Deja marcado un rastro en forma de L, mientras que la del
conejo es en forma de Y. Calar de Casa Heredia. Enero-2004.

© Proyecto Sierra de Baza
Huella
de conejo sobre nieve. Deja marcado un rastro en forma de Y, mientras que la de
la liebre es en forma de L. Cortijo de Santaolalla. Enero-2004.

© Proyecto Sierra de Baza
Detalle
de la pata de una liebre en la que se aprecia su forma y la abundacia de
pelo en los dedos.
OTROS RASTROS:

© Proyecto Sierra de Baza
Excrementos
de liebre adulta. Su tamaño es superior a los del conejo. Beneroso. Mayo-2004

© Proyecto Sierra de Baza
Cama
de liebre en un espartal. Cortijo de Santaolalla. Enero-2004

© Proyecto Sierra de Baza
Curiosa
cama de liebre en el interior de una tumba prehistórica. Sierra de Baza.
Octubre-2004

© Proyecto Sierra de Baza
Cama
en una depresión del terreno, a la sombra de un arbusto. Camino de
Benacebada. Octubre-2004
LA LIEBRE EN LA SIERRA DE BAZA
La
liebre ibérica es una especie muy antigua, cuya presencia ha sido registrada
en alguna ocasión en los yacimientos palenteológicos de la zona; así se han
constatado restos de la especie en los yacimientos de Cúllar Baza-1 (Ruiz
Bustos, 1976) y Huéscar-1 (Mazo, 1985), pertenecientes ambos al
Pleistoceno.
Actualmente
la liebre ibérica está muy bien representada en la Sierra de Baza, siendo
frecuente detectar su presencia por caminos y pistas forestales, tratándose
de una especie cinegética, objeto de tal aprovechamiento en los planes cinegéticos
de los cotos de caza
La
liebre se complementa territorialmente con el conejo en la zona basal del
Parque, mientras que a partir de los 1.600 metros de altitud el conejo
desaparece definitivamente y es sustituido por la liebre, cuya carrera por los
prados de alta montaña resulta espectacular.
Aunque
lenta, es apreciable una significativa recuperación de la especie en los últimos
años. Menor presión cinegética, podría favorecer su definitiva expansión.
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