RATA CAMPESTRE O NEGRA

(Rattus rattus)

 

© José Ángel Rodríguez

Rata campestre comiendo granos de maíz. Imagen tomada en el Parque Natural Sierra de Baza.

FICHA TÉCNICA  

Orden: Rodentia.

Familia: Múridos. Subfamilia: Murinos

Género: Rattus

Especie: Rattus rattus (Linnaeus, 1752).

Subespecies presentes: Una única especie en la península ibérica e islas, aún cuando presenta razas o formas geográficas.

Longitud de la cabeza y cuerpo, sin incluir la cola: entre 7 y 11 cms.

Longitud de la cola:  de 9 a 24 cms.

Peso: De 125 a 250 gramos.

Status de la especie: No amenazada.

 

Roedor de mediano tamaño, que no suele sobrepasar los 250 gramos de peso y que ocupa medios más rurales y menos humanizados que su congénere la rata de alcantarilla o común, también llamada rata parda (Rattus norvegicus), de la que se diferencia por su menor tamaño y mayores orejas. Otro detalle para diferenciarla es su larga cola, formada por característicos anillos escamosos, de forma redondeada y una longitud que supera notoriamente la de la cabeza más el cuerpo.

 

La rata campestre es originaria del sureste asiático, habiendo ocupado Europa en tiempos históricos probablemente siguiendo al hombre en sus primeras rutas comerciales, aun cuando se estima que ya pudo venir en períodos posteriores a las últimas glaciaciones. Desde Europa y tras el descubrimiento de América se extendió por resto del mundo sirviéndose de los barcos, donde viajaba como indeseado polizón, pasando a ocupar en tierra –fundamentalmente- las zonas portuarias.

 

En España la rata de campo ocupa todo el territorio nacional, incluidas las Baleares y Canarias.

 

De hábitos esencialmente nocturnos, aun cuando no es difícil verla durante el día trepando por árboles o refugiándose entre la maleza. La rata campestre no suele excavar madrigueras subterráneas, sino que suele instalar sus habitáculos en los huecos de los edificios y en las falsas de los tejados, aun cuando también ocupa con sus madrigueras los huecos de las raíces de los grandes árboles y en los lugares húmedos y encharcados para aislarse del suelo y proteger así a su descendencia acondiciona una especie de  nidos, parecidos a los de las aves, de forma casi circular y con una abertura lateral, de 30 cms. de diámetro, que suele construir entre la vegetación densa como zarzales, hiedras o cañaverales, aunque también puede construirlos en árboles que cuenten con hojas permanentes y abundantes follaje que los camufle.

 

La rata de campo es una especie omnívora, que consume cuanto encuentra a su paso, aunque en el campo consume fundamentalmente frutos y granos.

 

Es un animal sociable, que vive en grupos que suelen estar dominados por un macho, aunque la jerarquía social no está muy marcada. Es frecuente el canibalismo dentro de la especie.  Observación de ratas de campo silvestres llevadas a un laboratorio, para el estudio del comportamiento durante la preñez y lactancia, constató que la agresividad de la madre aumentó conforme iba acercándose el parto, el cual se produjo al décimo séptimo día de gestación. Desde que las crías nacieron, la madre  se mostró muy celosa y protectora; y nunca rechazó a sus crías a pesar de que estas eran manipuladas diariamente, para evaluar su peso y sus medidas de longitud cabeza-cuerpo.  Este mismo estudio destaca que no se presentó canibalismo de las madres a las crías (M. Williams de Castro, A. Castillo y C. Rosas, 2002), por lo que puede estimarse que el canibalismo que se produce en la especie es de otros individuos ajenos a la madre, la que desarrolla la conducta agresiva descrita conforme va aumentando la preñez ante la conciencia del peligro que acecha a su descendencia.

 

Muy curioso es el fenómeno conocido como rey de las ratas, por el que pueden acabar entrelazándose por la cola varios individuos, normalmente de 3 a 12, aun cuando se ha citado un caso de 32 ejemplares entrelazados (J. Reichholf, 1995), que quedan tan fuertemente entrelazados por alguna desconocida causa que luego no pueden separarse voluntariamente, terminando por morir de hambre y por las heridas que recíprocamente se causan. El origen de este fenómeno, admitido en la literatura científica y constatado incluso en ejemplares cautivos de  laboratorio, no es conocido y se ha denominado con el nombre de rey de las ratas por considerarse en la tradición popular que era el rey de las ratas el que las amarraba y colocaba en esta situación como castigo, para controlar la superpoblación de ratas cuando escaseaba el alimento.

 

 

© Proyecto Sierra de Baza

 Reproducción idealizada del fenómeno llamado "rey de las ratas".

 

Pero si la rata campestre ocupa un lugar en la historia humana, es por estimarse responsable de la llamada peste bubónica o negra, de donde toma su nombre de rata negra, que fue la responsable de la muerte de millones de personas en Europa a mediados del S. XIV. Se calcula entre veinte y veinticinco millones los muertos por esta epidemia, solo en Europa. Se cuenta que uno de los primeros lugares en que se detectó la epidemia fue Sicilia, en el otoño de 1347, donde unos marineros genoveses al regresar de Caffa (Crimea) con pieles de marmota, trajeron la enfermedad que posteriormente fueron extendiendo por los diferentes puertos en que atracaban. Tan solo medio año después, en la primavera de 1348, afectó a las Baleares y poco después a la Península Ibérica y en 1349 afectaba ya a los países del norte de Europa, ocasionando grandes mortandades.

 

La enfermedad se transmitía a través de las ratas, cuyo agente ere un bacilo originariamente denominado Pasteurella pestis y ahora conocido como Yersinia pestis (aislado en 1894 en Hong-Kong durante una epidemia por el  microbiólogo suizo Alejandro Yersin, del que tomó su nombre). El bacilo pasaba al hombre a través de las pulgas que vivían con las ratas y también transportaban la bacteria. Por lo que en realidad se trata de una epizootia de las ratas que se propaga al ser humano por intermedio de los ectoparásitos de estos animales (la pulga de las ratas llamada Xenopsylla cheopis).

 

Las variedades de ratas afectadas son tanto la rata campestre o negra  (Rattus rattus) como la rata parda  o de alcantarilla (Rattus norvegicus), aunque fue la primera (la rata campestre) la causante de la epidemia en Europa al no estar en aquélla época (S. XIV) extendida aún por el continente Europa la rata de alcantarilla. En el ser humano, los parásitos propios del hombre como la pulga (Pulex irritans) o el piojo (Pediculus capitis, P. vestimenti) también contribuían a la transmisión y expansión de la enfermedad.

 

La enfermedad no presentaba una única forma y podía presentarse como una afección pulmonar, que causaba graves insuficiencias respiratorias; como una septicémica (infección generalizada) con hemorragias cutáneas, con placas de color negro azulado, de ahí que se le conozca como peste negra; y, por último había una forma que se conocía como peste bubónica, que era la más frecuente, la que se caracterizaba por la aparición en el cuerpo humano de unos bubones (ganglios linfáticos) en el cuello y la ingle.

 

El Doctor José Manuel Reverte Coma, de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, resume ilustrativamente este dañino mal indicando como  “no ha habido epidemia más terrible en el mundo como la MUERTE NEGRA por la elevada mortalidad que produjo y las consecuencias de todo tipo que trajo consigo en aquel infausto s. XIV, en el que a la peste se unieron el hambre y las guerras”.

 

El retroceso de la peste bubónica o negra, parece deberse a un cambio de la forma del bacilo Yersinia pestis a otra menos virulenta Yersinia pseudotuberculosis, que actuarían como vacuna, dando un alto grado de inmunidad a la peste (Castells y Mayo, 1993)

 

Aun cuando se ha constatado en los tiempos actuales una regresión de la población de ratas de campo, sigue siendo abundante. No obstante se considera que las ratas desempeñan un significativo papel en el ecosistema, fundamentalmente al servir de alimento a muchos carnívoros y rapaces, particularmente ahora que por la enfermedad del conejo ha disminuido preocupante la población de este lagomorfo, por lo que su papel en la cadena alimenticia ha sido reemplazado en cierto aspecto por la rata (ver imagen de un turón comiéndose una rata).             

 

  

DATOS DE LA ESPECIE

 

©  Juan Jesús González Ahumada

  Rata de campo en su hábitat natural.

 

Longevidad:  Su vida media está en torno a los dieciocho meses, en libertad, mientras que en cautividad puede alcanzar varios años de vida.

 

Celo:  La rata de campo está activa todo el año. Suele tener de tres a cinco camadas por año. 

 

Gestación. La gestación dura de 17 a 21 días.

 

Época de parto: Esta sexualmente activo a lo largo de todo el año.

 

Parto: La hembra puede parir de 5 a 16 ejemplares, aunque lo normal son 7 u 8, los que deposita la hembra en el interior de la madriguera o nido, donde acondiciona un lecho con restos de materia vegetal y pelo, naciendo desnudos, con los ojos cerrados, sin pelo y sin capacidad auditiva y pesando tan solo 5 ó 6 gramos.

 

Duración de la lactancia:  Entre 15 y 17 días.

 

Madurez sexual. Son precoces muy pronto: la hembra es activa sexualmente a las cinco o seis semanas. Los machos precisan unos días más para alcanzar la madurez sexual.

 

Alimentación. Condicionada a las disponibilidades alimenticias que encuentra, aunque siente predilección por los cereales y semillas, aunque no rechaza insectos, caracoles y restos de materia vegetal. También puede predar sobre nidos de huevos.

 

Hábitats. La rata de campo, hasta hace unos siglos, dominaban las ciudades, pero al llegar las ratas de alcantarilla (Rattus norvegicus), de mayor tamaño, entablaron una lucha a muerte, expulsándola de las aglomeraciones urbanas y obligándola a adquirir costumbres campestres.   

 

Huellas. Por su poco peso no suele quedar marcadas, ni siquiera en los medios óptimos. Cuando lo hace es de forma difusa, enmarañada y poco clara. La huella del pie posterior, es mayor que la del anterior, teniendo la huella del pie posterior una longitud de  1,5 cms. De largo por 0,5 cms. de ancha. Es también muy característico de la especie los rastros aceitosos, producidos por su piel grasienta, que deja marcados sobre el suelo y lugares por los que pasa habitualmente en sus correrías. Aunque estos rastros de grasa también los deja la rata común o de alcantarilla, sabremos que corresponden a una rata campestre si el rastro de grasa se encuentra en vertical o en un lugar elevado, ya que la rata común es mala treparadora. Uno de estos rastros de rata campestre lo vemos con detalle en una de las imágenes laterales que ilustran esta ficha.

 

Excrementos:  Su forma es alargada siendo ligeramente más gruesos por el centro y la punta redondeada de 9-10 mm. de longitud y 2-3 mm. de diámetro en el centro.

 

Otros rastros. Los daños apreciados en resto de comida es su mejor rastro. Cuando come cereales, su alimento favorito, no come por completo los granos, sino que ataca a las semillas por un extremo, sujetándolas con las manos y si tiene más no termina de consumir la semilla encontrada, sino que pasa a otra para efectuar similar proceso. En las almendras roe la cáscara de forma difusa e irregular, aunque fundamentalmente por una punta. El cadáver de la rata de campo o su presencia en egagrópilas de aves son otros buenos rastros para asegurar su presencia en un territorio concreto.

 

Dimorfismo sexual:  No aparente, si bien el macho es ligeramente mayor que la hembra. La hembra presenta además cinco pares de mamas, ligeramente apreciables en la lactancia.

 

Enemigos naturales. El turón, gineta y gato montés son sus principales enemigos. El gato doméstico (Felis catus) también se atreve con ellas, particularmente los ejemplares felinos de mayor tamaño. El hombre también las combate con raticidas.

 

Curiosidades ecológicas. Se cuenta que fueron las ratas y no los hombres, los que expulsaron a los soldados de Napoleón de Egipto. Kemmerich en su obra Cultura Curiosa (1944)  cuenta que por las noches las ratas roían los arreos de cuero de los soldados franceses, de tal modo que los jinetes tenían que ir a pie porque las sillas no se sostenían sobre los caballos. Así mismo devoraban las correas de los fusiles, las cartucheras, las botas y todo lo que tenía cuero, cuando los soldados dormían. Cuando los soldados comían su rancho, las ratas salían de todas partes y se lanzaban hambrientas sobre los platos de los soldados, y aunque mataban a muchas de ellas, las otras seguían comiendo con total descaro, sin inmutarse, lo que quitaba el apetito a los soldados que se negaban a continuar en estos lugares acosados por tan indeseables roedores.     

  

Principales problemáticas. Los daños en alimentos -humanos y de animales de corral-  y en los campos de cultivos son las principales problemáticas que se achacan a la rata. La posibilidad de transmitir enfermedades hace también necesario su control.

 

 

 

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DIFERENTES TIPOS DE MADRIGUERAS

 

 © Proyecto Sierra de Baza  

Entrada a una madriguera o nido de ratas de campo en el alero de un tejado.

 

 

© Proyecto Sierra de Baza  

Entrada a una madriguera o nido de ratas de campo bajo el pie de un viejo olivo.

 

 

© Proyecto Sierra de Baza  

Nido de ratas de campo en un cañaveral.

 

 

OTROS RASTROS:

   

© Proyecto Sierra de Baza

Excrementos de rata de campo.Su tamaño no supera los 9-10 mm de longitud y los  2-3 mm. de diámetro.

 

 

 © Proyecto Sierra de Baza

Grano de maíz comido por la rata de campo.

 

 © Proyecto Sierra de Baza

Habichuelas comidas por la rata de campo.

 

 

 © Proyecto Sierra de Baza

Almendras comidas por la rata de campo. (Se aprecian también excrementos del animal).

 

© Proyecto Sierra de Baza

Piña comida por la rata de campo.

 

© Proyecto Sierra de Baza

Rastro de grasa dejado por una rata campestre en la alacena de un cortijo, por su frecuente paso por el mismo lugar. Se aprecia junto al rastro grasientos arañazos del animal en el yeso al trepar, así como también roída la madera del marco y el mecanismo manual de apertura de una puerta.

 

 

 

LA RATA CAMPESTRE EN LA SIERRA DE BAZA

 

La rata de campo es frecuente en la Sierra de Baza, principalmente en torno a lugares moderadamente humanizados, como corrales y majadas de ganado, donde en torno a los restos de comida intenta vivir. En la zona alta se hace muy rara, llegando a desaparecer en los altos calares.  Nosotros hemos detectado su presencia en la aldea de El Tesorero a 1.600 metros de altitud.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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