TOPILLO DE CABRERA

(Microtus cabrerae)

©  Rafael Díaz de la Guardia Quiles

 Topillo de Cabrera saliendo de su madriguera.


FICHA TÉCNICA  

Orden: Rodentia.

Familia: Múridos. Subfamilia: Microtinos.

Género: Microtus.

Especie: Microtus cabrerae (Thomas, 1906).

Subespecies presentes: Una sola especie para la Península Ibérica, aún cuando presenta razas o formas geográficas. En 1910 se describió la subespecie M.C. dentatus en la Sierra de Segura, por su mayor tamaño corporal y morfología respecto a la especie tipo, sin embargo no están admitidas estas diferencias y por tanto no se admite taxonómicamente como especie diferente.

Longitud de la cabeza y cuerpo, sin incluir la cola: entre 7,8 y 14 cms.

Longitud de la cola:  de 2,5 a 4,5 cms.

Peso: De 22 a 75 gramos.

Status de la especie: La Directiva Hábitat (Directiva 92/43/CEE) considera al topillo de Cabrera como especie de “estricta protección” (anexo IV), que además debe ser objeto de medidas especiales de conservación de sus hábitats (anexo II). En el Libro Rojo de los Vertebrados Amenazados de Andalucía (2001), de acuerdo con las categorías de amenaza propuestas por la UICN, sitúa a las poblaciones de topillo de Cabrera “en peligro crítico de extinción”, al considerarse que “sufren a corto plazo un gran riesgo de extinción en estado silvestre”.

 

DESCRIPCIÓN DE LA ESPECIE

 

Topillo endémico de la península Ibérica, de tamaño medio, que puede alcanzar los 75 gramos de peso, se caracteriza por su aspecto robusto, pelaje largo y espeso, de color pardo grisáceo tirando a oliváceo en el dorso y de un tono crema sucio en las partes inferiores de su cuerpo, tiene el cráneo con perfil de la frente casi recto, mientras que el perfil superior del cráneo es convexo y, al igual que otros microtinos, cuenta con cabeza pequeña y orejas también pequeñas que no le sobresalen del cráneo, lo que los diferencia claramente de las ratas (murinos).

El topillo de Cabrera es una especie típicamente mediterránea, aunque presenta unos requerimientos de hábitats muy estrictos, en los que exista disponibilidades de materia vegetal verde durante todo el año, por lo que en el área mediterránea de la Península Ibérica en que habita se concreta y limita a las zonas con humedad edáfica que permita la presencia permanente de materia vegetal. A este respecto los herbazales altos y densos, los juncales y ambientes con alta presencia de plantas del género carex (juncias) constituyen su hábitats típico. Otras plantas como los zarzales, majuelos, retamas y rosales, pueden usarse por la especie como refugio. 

La superficie de territorio ocupada por la colonia es variable y depende de la extensión del hábitat apropiado para desarrollar sus necesidades básicas. Normalmente se adapta a la superficie del acuífero del que depende. En Cazorla ocupa rodales pequeños cuya superficie varia entre los 2 y los 20 m2 que se encuentran distantes entre sí aproximadamente 1 Km. Pero también se han descrito poblaciones mayores. En general, más del 50 % de estas poblaciones ocupan una superficie inferior a los 500 m2 y solo el 14 % ocupa superficie próximas a los 2.000 m2 (J.C. Blanco, 1998). 

En cuanto a límite altitudinal es una especie que no asciende mucho, no pasando de los 1.400 metros de altitud, estando su óptimo entre los 400 y 1.200 metros de altitud. 

La colonia suele estar integrada por poblaciones que oscilan entre los 17 y 350 individuos (R. Fernández-Salvador, 2002). 

Aunque se considera que antiguamente la especie estaba muy extendida por la Península Ibérica, actualmente ha quedado reducida su presencia a áreas reducidas que se consideran como relícticas de su original presencia. Así ha sido citada en lugares como Rascafría (Madrid), Puebla de Sanabria (Zamora), Sotillos de la Adrada (Ávila), Santiago de Alcántara (Cáceres), Sierra Nevada, Sierra de Alcaraz (Albacete), localidad de la que procede la imagen que ilustra esta ficha o la Sierra de Baza (Granada) donde fue citado pro primavera vez en el año 1999 por el biólogo José Antonio Garrido. 

El topillo de Cabrera es una especie rara  que ha ido desapareciendo de localidades donde históricamente estaba presente y sin embargo en los tiempos actuales sólo queda el registro fósil, así se ha indicado que llegaba al sur de Francia donde se han encontrado sus restos fósiles (Ayarzagüena y otros, 1975) mientras que lugares en los que aún está presente ha sido víctima de una fuerte destrucción de su hábitat, ya de por sí de muy estrictos requerimientos, lo que ha producido una fuerte fragmentación de sus poblaciones, con un alto grado de aislamiento y tendencia a la endogamia. Aun cuando en información facilitada por el Ministerio de Medio Ambiente se destaca que “no parecen existir problemas serios para su conservación, pero estudios realizados en 1992, mostraron la necesidad de salvaguardar las colonias de mayor sensibilidad potencial, que son algunas de la zona de Aragón, Salamanca, Madrid, Cuenca y Sierras de Alcaraz (Albacete) y Cazorla (Jaén)”.         

  

DATOS DE LA ESPECIE

 

Los topillos se incluyen en la dieta de muchas rapaces y carnívoros. En la imagen una litografía clásica de J. Wolf y H.C. Richter (1867)  en la que se reproduce a un mochuelo con un topillo de presa.

 

Longevidad:  Su vida media está en torno a los dos años.

Celo:  El topillo de cabrera está sexualmente activo durante todo el año, aun cuando la capacidad de reproducirse va a estar condicionada pro la climatología, interrumpiéndose en época de escasez de precipitaciones.  

Gestación. La gestación dura 23 ó 24 días. 

Parto: La hembra suele parir de 3 a 7 ejemplares, que pesan al nacer entre 3 y 5 gramos, los que deposita la hembra en el interior de la madriguera, donde acondiciona un nido esférico con restos de materia vegetal. El nido suele situarlo entre piedras o raíces, aun cuando en los lugares donde no hay vegetación arbórea o arbustiva que le sirva de refugio los excava en el suelo, contando con una pequeña galería.   

Duración de la lactancia:  Unas dos semanas. 

Madurez sexual. Alcanza la madurez sexual a los poco meses de vida.  

Alimentación. Está constituida esencialmente por materia vegetal verde, aun cuando incluye en su dieta semillas y algunos insectos.  

Hábitats. Muy condicionado a sus necesidades alimenticias, por lo que presenta unos requerimientos de hábitat muy estrictos, necesitando lugares con alimento verde durante todo el año (Poa, Bromus, Briza, Vulpia y Avena), rodales de pastizal y/o juncos ligados a afloramientos acuíferos estacionales y situaciones con humedad edáfica superior al entorno. Los juncales con pequeños claros de pasto, con juncias y vegetación herbácea de gran cobertura, constituyen uno de los ambientes típicos de esta especie. Es muy frecuente la presencia de zarzas (Rubus, Rosa) y otras plantas leñosas (retama) que les sirven de refugio en época de sequía. Se ha localizado también en olmedas y fresnedas, carrascales,  quejigares, e incluso robledales y rebollares, siempre que haya herbazales altos y densos. Las colonias de esta especie se sitúan preferentemente entre los 500 y 1.200 metros de altitud (Ministerio de Medio Ambiente, 2004). 

Huellas. Por su poco peso no suele quedar marcadas, ni siquiera en los medios óptimos.  

Excrementos:  Son de color negruzco y su forma es fina y alargada, con los extremos romos. Su longitud normal es la de   4 a 9 mm. y su grosor el de 2 a 3,5 mm. 

Otros rastros. Los restos de plantas y juncos roídos por el animal es su mejor rastro. También puede detectarse su presencia por las galerías superficiales  que deja en el suelo y por las entradas a sus madrigueras o nidos. 

Dimorfismo sexual:  No aparente, si bien el macho es ligeramente mayor que la hembra.  

Enemigos naturales. La generalidad de los carnívoros y rapaces, tanto diurnas como nocturnas predan sobre la especie. 

Principales problemáticas.  Sobre la especie el aislamiento y pequeño tamaño de sus poblaciones y su estrecha dependencia de la humedad lo hacen muy sensible a cualquier alteración del hábitat. Otra problemática  ala que se enfrenta  es  los incendios provocados para el aprovechamiento de pastos, que originan la muerte de numerosos ejemplares y la destrucción de colonias enteras. 

La pérdida de hábitats adecuados para la especie, se ha considerado como su principal problemática para garantizar su supervivencia futura. El sobrepastoreo y la desecación de las pequeñas zonas húmedas a las que está asociada la especie, son otras de las problemáticas a las que se enfrenta. 

 

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 © Proyecto Sierra de Baza

Entrada a una madriguera de topillo de Cabrera en el suelo

 

 

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Hábitat típico del topillo de Cabrera en la Sierra de Baza (Granada)

 

 

OTROS RASTROS:

 

   

 

© Proyecto Sierra de Baza  

Excrementos de topillo de Cabrera. Son negros, finos y alargados y su tamaño no supera los  9 mm de longitud y los 3,5   mm. de diámetro, siendo los extremos romos.

 

 

© Proyecto Sierra de Baza

Conducciones superficiales dejadas por el topillo de Cabrera al retirarse la nieve

 

 

 

 

 

EL TOPILLO DE CABRERA EN LA SIERRA DE BAZA

 

El topillo de Cabrera ha sido descrito recientemente en la Sierra de Baza. Fue en un trabajo publicado por el biólogo accitano José Antonio Garrido García en la revista Zoología Baetica (Zool. baetica, 10: 219-221, 1999) con el título de Nuevas localidades del TOPILLO DE CABRRERA (Microtus cabrerae) Thomas, 1906 (Mammalia, Arvicolidae) en Andalucía Oriental (España),  en el que se dio a conocer la presencia del topillo de cabrera (Microtus cabrerae) en varias zonas de Andalucía Oriental, entre ellas, la Sierra de Baza, lo que permitió ampliar el catálogo faunístico presente en este Parque Natural y mejorar el estatus conocido de las poblaciones de esta especie protegida, que como tal aparece catalogada como de interés especial por el R.D. 439/1990 de 30 de marzo por el que se regula el Catálogo Nacional de Especies Amenazas.

 Como indica el autor las primeras referencias acerca de la presencia de este topillo en las cordilleras Béticas proceden de ejemplares capturados en Molinicos (Sierra de Segura, Albacete), sirviendo para describir a Microtus dentatus Miller 1910, hoy considerada como sinónima de la especie que nos ocupa (Miller 1912, Cabrera 1914). Posteriormente, se descubren nuevas poblaciones, ya en el sector andaluz del macizo de Cazorla-Segura (Otero et al., 1978, Ruiz Bustoset al., 1982, San Miguel Ayanz, com. pers.) y en la granadina Sierra de la Sagra (San Miguel Ayanz, com. pers.).

 Garrido destaca como a lo largo de los últimos dos años, y en el contexto de una investigación sobre la fauna asociada a las fuentes dentro del proyecto de investigación “Poblamiento y explotación del territorio en la región de Guadix-Baza durante la época Medieval” (CNRS-Casa de Velázquez / Junta de Andalucía-Dirección General de Bienes Culturales), se descubrieron nuevas localidades de esta especie. Estas fueron detectadas a través de la visita de hábitats adecuados y la búsqueda de indicios de su actividad: “túneles” en la hierba, deyecciones y sus acumulaciones, tallos de hierba cortados y nidos esféricos de hierba (Castells y Mayo 1993, San Miguel Ayanz 1994, com. pers.). No se realizaron trampeos ni, a pesar de haberse revisado los cortijos abandonados y poblaciones próximas (Darro, Diezma, Baúl), se encontraron posaderos o nidos de rapaces nocturnas para poder estudiar la presencia de sus restos en egagrópilas.

En la publicación a  la que venimos haciendo referencia se destacaba como  se habían descubierto 5 nuevas localidades, dos de ellas en la Sierra de Baza (30SVG93 y 30SWG13), otras 2 en Sierra Harana (30SVG63), y la última en la depresión de Guadix (30SVG84), a una altitud de entre 900 y 1500 m.s.n.m. En todos los casos, el hábitat era un mosaico de junquera-fenalar (Elymo-Brachypodietum phoenicoidis y Cirsio monspessulani-Holoschoenetum vulgaris)(Cano et al., 1994) que, salvo en un caso, contaba además con matorral disperso (Rubus ulmifolius, Crataegus monogyna, Rosa sp.). Este hábitat siempre aparecía asociado a suelos húmedos junto a fuentes, cubriendo entre 30 m2 y 1 ha. Los datos obtenidos respecto a su distribución altitudinal y ecología muestran que estas poblaciones, que se situarían en el límite sur de su área de distribución, son similares a las observadas en el resto de las de la especie (San Miguel Ayanz op. cit.).

De una de las poblaciones localizadas en la Sierra de Baza se destacaba por el científico, lo que califica como llamativa excepción de sus hábitats que “aunque asentada inmediatamente debajo de un fenalarjunquera, ocupaba una terraza de cultivo abandonada cubierta de un pastizal nitrófilo corto con algunas matas de Brachipodium phoenicoides dispersas. La falta de cobertura vegetal hacía que los animales vivieran en madrigueras, aunque denotaban claramente su presencia por que situaban las salidas junto a las matas de fenalar, que estaban dobladas formando pequeños remedos de túneles de hierba de 10 a 40 cm de largo”.

 

 

 

 

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