MUSARAÑA COMÚN O GRIS

(Crocidura russula)

© Andres Miguel Domínguez.

La musaraña está activa todo el año.

 

FICHA TÉCNICA  

Orden: Insectívora (Insectívoros).

Familia: Soridae (Sorícidos).

Género: Crocidura.

Especie: Crocidura russula (Hermann, 1780).

Subespecies presentes: Una sola especie para la Península Ibérica, aun cuando hay descritas varias formas geográficas.

Longitud de la cabeza y cuerpo, sin incluir la cola: entre 51 y 86 mm.

Longitud de la cola:  de 24 a 50 mm.

Peso: De 4,7 a 14 gramos.

Status de la especie: No amenazada. Aun cuando es objeto de una especial protección por su carácter de animal insectívoro beneficioso para los campos y montes. En el Convenio de Berna, ratificado por España el 13 de mayo de 1986, lo incluye dentro del anexo III (animales cuya supervivencia podría verse amenazada de no adoptarse especiales prevenciones).

 

 

DESCRIPCIÓN DE LA ESPECIE

  

Mamífero insectívoro, de aspecto y forma parecido al de un ratón casero, aunque se diferencia claramente del mismo por ser sus patas más cortas y particularmente por el característico y largo hocico cónico, provisto de vibrisas sensoriales, con el que está dotado la especie.

La musaraña pertenece a la familia de los sorícidos, unos mamíferos insectívoros de pequeño tamaño que se distribuyen por Europa, Asia, África y América Central y del Norte, estando integrado por un total de 271 especies (11 en España) distribuidas dentro de 21 géneros distintos (4 en España), de muy difícil separación e identificación práctica, por lo que es necesario acudir al examen de la dentición  o incluso al análisis del ADN.

Dentro de las musarañas se suele distinguir a su vez entre musarañas de dientes rojos y musarañas de dientes blancos, grupo al que pertenece la musaraña común o gris (Crocidura russula) la más abundante de las musarañas que podemos localizar en la Península Ibérica.

La musaraña común es una especie que está activa todo el año, tratándose de una especie generalista que se adapta a una gran variedad de ambientes, aunque encuentra su óptimo en los bosques caducifolios y de ribera, en los que entre la hojarasca localiza a los insectos, gusanos y babosas con los que alimentarse. Otro medio que también busca la especie son los ambientes rurales moderadamente humanizados, tales como proximidades de establos, cuadras, cortijos o cabañas de pastores, donde aparece como especie comensal del hombre.

Construye sus nidos aprovechando cavidades naturales en los árboles, entre las rocas y muros de piedra o en la vegetación espesa. Los nidos tienen forma esférica y los acondiciona con musgo, hierba seca y hojas.

Aunque la musaraña común se incluye dentro del grupo de los mamíferos insectívoros, completa su dieta con arácnidos, lombrices, reptiles y pequeños mamíferos, sin rechazar la materia vegetal.

La musaraña tiene unas necesidades metabólicas muy altas, como ocurre con todos los sorícidos, aunque inferiores a otras especies del género. Se estima que la musaraña común precisa consumir diariamente alimentos equivalentes a un 50 % de su peso.  

La musaraña común es la más sociable de las musarañas, perdiendo parte de su carácter territorialista en invierno, época en la que comparte nidos comunes para agruparse con otros congéneres y tratar de darse calor entre ellos, aun cuando también en esta época del año las salidas al exterior y cazas continúa haciéndolas en solitario. Las parejas se agrupan para las crías y el macho tiene cierta tendencia a proteger a sus hijos, aun cuando son las hembras las que se muestran más agresivas frente a intrusos. 

 

 

DATOS DE LA ESPECIE

 

© Antonio Vázquez

La lechuza es el principal depredador de la musaraña.

Longevidad:  Unos 18 meses. Aun cuando en libertad puede sobrevivir hasta un segundo invierno, un 40 % de los individuos no superan el primer año de vida. En cautividad puede llegar a vivir 3 años.

Celo:  Desde final del invierno a final del otoño. Alcanza su máxima actividad sexual de mayo a junio.

Gestación: La gestación dura de 27 a 33 días, con una media de 30.

Época de parto: Todo el año, excepto los meses fríos del invierno. En el conjunto del año la musaraña común tiene 3 ó 4 camadas y a lo largo de toda su vida unos 8 partos.

Parto: De 2 a  8 crías por parto, aunque normalmente 3 ó 4, que pesan al nacer tan solo un gramo y que nacen con los ojos cerrados, desprovistos de pelo y sin capacidad auditiva. Los ojos y los oídos los abren entre los 7 y 14 días.

Duración de la lactancia: Las crías son amamantadas durante unas 3 semanas.

Madurez sexual: Alcanza la madurez sexual al poco tiempo de abandonar el nido. Normalmente a los 3 meses, los machos y un poco más las hembras.

Alimentación: Aunque insectívoro, la musaraña completa su dieta con arañas, miriápodos, lombrices, caracoles, gusanos, reptiles e incluso pequeños mamíferos. También ingiere materia vegetal.

Hábitats: La musaraña común es una especie relativamente abundante, que se adapta a gran amplitud de hábitats, pudiendo localizarla desde el nivel del mar hasta los 2.000 metros de altitud en Sierra Nevada (Granada). En los Pirineos no se ha encontrado por encima de los 1.200 metros. Encuentra su óptimo en los bosques caducifolios y de ribera.

Huellas: No suele dejarlas marcadas dado su poco peso. En los casos en que lo hace se puede diferenciar de las huellas de los roedores por presentar cinco dedos tanto en las patas anteriores como en las posteriores, mientras que los roedores tienen 4 dedos en las patas anteriores y 5 en las posteriores. En la nieve poco espesa y limo deja marcada la cola, mientras que en la nieve espesa marca una especie de surco estrecho, en cuyo fondo pueden verse las pisadas separadas de ½ a 1 cm. y una marca sinuosa hecha por la cola. Cuando marcha a saltitos la distancia de separación de las huellas pasa a ser de 3 a 5 cms.

Excrementos: Son muy difíciles de ver en la naturaleza, pudiendo confundirse con las de algunos insectos y orugas. Los excrementos de la musaraña son muy diminutos, de 2 a 4 mm. de longitud y 1 a 2 mm. de grueso, con extremos puntiagudos por ambos lados. Podemos localizarlos debajo de piedras, troncos u hojas. Su color es muy variable y suelen ser apreciables los restos de quitina de los insectos consumidos.

Otros rastros: La presencia de musarañas en un territorio no es fácil de detectar. La localización del cadáver de una musaraña o sus restos en egagrópilas de rapaces son casi sus únicos rastros.

© José Ángel Rodríguez

Cadáver de una Musaraña común encontrada muerta en el Parque Natural Sierra de Baza.

 

Dimorfismo sexual:  No apreciable por el simple contacto visual.

Enemigos naturales: Las rapaces nocturnas, particularmente las lechuzas (Tyto alba), son los responsables de la mayor depredación en las poblaciones de musarañas.  Muchos carnívoros rechazan el consumo de musarañas, estimándose que es por el fuerte olor a almizcle que produce, lo que los repele, por lo que aun cuando matan al animal, posiblemente al confundirlo con un roedor, luego no lo comen y abandonan el cuerpo. Las culebras también atacan a las musarañas.

Curiosidades ecológicas.

Si nos pidieran que describiéramos a un mamífero rodeado de misticismos y leyendas a la mayor parte de los humanos nos viene a la mente el lobo. Pero un animal muy desconocido lleno de curiosidades ecológicas es la musaraña. Willian F. Foster (1972) cuenta como las musarañas han sido objeto de innumerables leyendas, considerándosele un animal muy venenoso y dotado de innumerables cualidades mágicas. Este mismo autor relata que en la literatura clásica se consideraba que la musaraña que caía en el surco formado por la rueda de un carro no podía escapar y moría poco a poco. Como quiera que las musarañas eran consideradas en muchos lugares mucho más peligrosas que las víboras, de modo que se pensaba que la musaraña podía envenenar al hombre tanto al morderle como incluso al tocarlo, se cuenta que cuando los viajeros acampaban en la naturaleza elegían para hacerlo un terreno arenoso o con tierra que permitiera que quedaran marcadas las ruedas de los carros, con los que describían un círculo, dejando marcadas en la arena sus huellas, de modo que la musaraña no pudiera penetrar en su interior. Otra tradición para combatir los supuestos maléficos poderes de la musaraña era la de utilizarlas en un curioso ritual, para ello se capturaba una musaraña que se introducía en el hueco que se aperturaba en el tronco de un fresno, tras lo que se tapaba la boca y se dejaba morir emparedado el animal, considerándose que de este modo el animal transmitía sus poderes mágicos al fresno. Así la víctima de un mordisco de una musaraña o que simplemente había sido tocada o rozada por el animal, cortaba una rama del fresno mágico y la quemaba aplicando sus cenizas en la zona lesionada o simplemente tocada.

Principales problemáticas:  La destrucción de hábitats y la lucha contra plagas forestales y agrícolas, empleando métodos no selectivos, mediante la utilización de insecticidas de amplio espectro, fundamentalmente fumigaciones área en bosques afectados por plagas, han supuesto en muchos casos gran mortandad en la especie, bien por contacto directo con el producto o el consumo de insectos o gusanos que han muerto envenados (intoxicación) o disminución de la capacidad de fecundación y/o esterilización, principalmente por el ilícito empleo de productos  derivados del DDT.

Debe de tenerse presente que la musaraña es una especie beneficiosa para nuestros campos y bosques, por el papel de control biológico de insectos, gusanos, babosas, caracoles y arañas que representa, por lo que debe de ser una especie a proteger y cuidar.

 

 

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 © Proyecto Sierra de Baza

Detalle de un muro de piedras en una majada de ganado, que sirve de refugio a unas musarañas.

 

© Proyecto Sierra de Baza

Musaraña saliendo de su habitáculo entre las oquedades de un muro de piedra.

 

 

 

HUELLAS:

 

© Proyecto Sierra de Baza  

Dibujo del rastro idealizado que deja una musaraña en un sustrato idóneo. Tanto las patas anteriores como las posteriores cuentan con 5 dedos, los que permite diferenciarlas de los roedores que tienen 4 dedos en la pata anterior y 5 en la posterior.

 

© Proyecto Sierra de Baza

Detalle de un conjunto de huellas de una musaraña en el agua nieve, ligeramente aumentada en su tamaño real por la nieve. La distancia entre unas y otras pisada nos permite determinar que el animal corría a saltitos.

Se trata de un rastro muy difícil de ver en la naturaleza.

 

 

VER HUELLAS DE ANIMALES EN LA NIEVE 

 

 

 

 

 

LA MUSARAÑA COMÚN EN LA SIERRA DE BAZA

   

Es una especie poco conocida, aunque es relativamente abundante. Es muy conocida entre los pastores de la Sierra de Baza, los que nos han descrito a esta especie como asociada a algunos lugares próximos a habitáculos humanos y de ganado, describiéndonoslas de una forma muy ilustrativa  como “ratones que no son  ratones y tienen el hocico de punta”.

 

La musaraña encuentra su óptimo en la Sierra de Baza en las zonas de los bosques de ribera y particularmente en sus alamedas, pudiendo localizarla desde la periferia del Parque a unos 900 metros de altitud hasta la zona de nacimiento de sus principales arroyos entre los 1800 – 2000 m. de altitud.

 

Restos fósiles de Crocidura russula datados en el Holoceno han sido localizados por Aguayo de Hoyos y otros en la Cueva de la Pastora (T.M. de Caniles) en el Parque Natural Sierra de Baza.

 

 

 

 

 

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