TOPO IBÉRICO

(Talpa occidentalis)

© Antonio Vázquez

Topo saliendo de una conducción subterránea.

Imagen facilitada por su autor fuera de concurso.

 

FICHA TÉCNICA  

Orden: Insectívora (Insectívoros).

Familia: Talpidos.

Género: Talpa.

Especie: Talpa occidentalis (Cabrera, 1907).

Subespecies presentes: Una sola especie para la Península Ibérica, aún cuando pueden presentarse variaciones geográficas.

Longitud de la cabeza y cuerpo, sin incluir la cola: entre 9 y 13 cms.

Longitud de la cola:  de 1 a 2 cms.

Peso: De 30 a 90 gramos.

Status de la especie: No amenazada.

 

 

DESCRIPCIÓN DE LA ESPECIE

  

Los topos son los únicos mamíferos europeos con vida propiamente subterránea o hipógea, al pasar gran parte de la misma bajo tierra, a la que se han adaptado de una forma asombrosa, pudiendo pasar largos periodos sin necesidad de tener que salir a la superficie.

La familia de los topos se distribuye por Europa y Norteamérica, estando integrada por un total de tres subfamilias, con doce géneros que integran un total de 31 especies, de las que en la Península Ibérica solo están presentes dos especies: el topo común o europeo (Talpa europaeus, Linnaeus, 1758) y el topo ibérico (Talpa occientalis, Cabrera, 1907). Ambas especies presentan grandes similitudes externas, siendo casi indistinguibles para una persona no especializada, aun cuando el topo ibérico es más pequeño y tiene los ojos totalmente cubiertos por la piel, de aquí que también es llamado topo ciego, si bien la especie ibérica está clasificada como especie distinta al propiamente llamado como topo ciego (Talpa caeca).

De cuerpo cilíndrico y compacto, está dotado de unas poderosas extremidades delanteras excavadoras, orientadas al exterior del animal (ver imagen lateral de detalle de la pata anterior) para facilitar su actividad excavadora y trabajos de minado de las galerías. Su pelaje es tupido, generalmente de color negro, aunque puede también presentar tonalidades plateadas, rojizas o de color violeta.

El tacto es el sentido más desarrollado en el topo, particularmente en la punta del hocico, el que cuenta con unos pelos sensoriales llamados vibrisas, que mueve continuamente para detectar presas. Aun cuando el olfato y oído también les funciona no tienen estos sentidos muy desarrollados, mientras que la vista es un órgano que al no utilizarlo suele aparecer atrofiado: “ves menos que un topo”, dice una expresión popular para referirse a las personas con poca vista.

El topo ibérico se extiende por toda la Península Ibérica, faltando tan solo al norte del Valle del Ebro, País Vasco y Cataluña, donde es sustituido por el topo común o europeo.

Clasificado dentro del orden de los insectívoros, tiene como alimento básico a las lombrices, completando su dieta con caracoles, pequeños roedores, anfibios y materia vegetal, además de los insectos.

La distribución del topo ibérico está asociada a ámbitos de montaña, pudiendo localizarlo entre los 800 metros y los 2.300 metros de altitud (Sierra Nevada), donde ocupa suelos ricos en humus y materia orgánica, en los que abunden las lombrices, su alimento favorito, rechazando los terrenos muy arenosos y muy rocosos, en los que tiene dificultades para excavar. Las praderas naturales y los campos de cultivo de regadío son lugares que llenan sus necesidades y por tanto uno de los medios en que más abundan.   

Mucha curiosidad ha despertado para el hombre la vida subterránea del topo, cuyos únicos vestigios externos visibles son los montoncitos de tierra que forma, procedentes de su actividad excavadora, de unos 15 a 25 cms. de altura y de 15 a 35 de diámetro, así como los denominados “cordones”, unos abultamientos del suelo que delatan el recorrido de la topera bajo tierra, que se forman cuando la conducción está cerca de la superficie y el topo la empuja con su cuerpo hacia la superficie para abrirse paso. Son claramente diferenciables de las salchichas que forma la rata de agua. Otro tipo de galeria del topo son las llamadas “galerías de celo”, unos corredores superficiales y abiertos, a modo de pequeñas zanjas, con tierra a uno y otro lado, que forma el animal en sus recorridos superficiales.

Una completa y detallada descripción de las  cavidades subterráneas del topo la hemos encontrado en la publicación Historia Natural de la Creación (C.A. Ealand y otros, 1942) en la que se cuenta como el topo comienza por  excavar una cavidad esférica, no muy lejos de la superficie, y echa fuera al tierra excavada por una galería oblicua. Cuando la tierra sobrepuesta adquiere una altura excesiva excava otra galería, a veces por otra parte de la cavidad próxima, pero casi siempre al lado de la galería anterior. Todo ello –indican los autores- le lleva cierto tiempo y mientras recorre su refugio en varias direcciones en busca de alimento. Su actividad excavadora no cesa y las galerías que conducen a la cavidad donde se sitúa el nido van siendo cada vez más largas y describen caminos de ronda de la naciente fortaleza. Las galerías tienen una dimensión media de 5 cms. de ancho por 4 cms. de alto, pudiendo sumar los 150 metros de longitud total, aun cuando lo normal es que oscile entre los 40 y 50 metros de longitud.

El núcleo de la topera es la llamada cavidad central donde se sitúa su nido, de forma casi esférica, del tamaño de un gran pan,  pudiendo alcanzar los 150 cms. de diámetro y los 50 cms. de altura, de paredes muy lisas a causa del continúe roce y del uso frecuente por el animal. En el fondo de este nido se depositan hojas, raíces y hierba seca, con las que forma un nido esférico, en cuyo interior se alojan las crías. En estos nidos abundan las pulgas y ácaros. Cuando esta cavidad central o nido está próxima a la superficie y se levanta un montículo del suelo, se diferencia claramente del resto de montoncitos procedentes de la actividad excavadora del topo y es de mayor tamaño, recibiendo popularmente el nombre de castillo, en alusión a su tamaño.      

En la topera desarrolla el animal su vida normal, siendo muy raro que salga de la misma, tan solo lo hace para beber en época de sequía, durante la época de dispersión de los jóvenes o en el celo en busca de pareja.

El topo no es un animal sociable, sino que se enzarza en frecuentes y encarnizadas peleas, que pueden ocasionarle heridas muy graves e incluso la muerte, cuando se cruza ocasionalmente con un congénere en sus movimientos, particularmente se producen estas mortales luchas en época de celo entre machos. 

 

 

DATOS DE LA ESPECIE

 

 © Óscar Villán

Escarnio a los topos

Los topos y topillos tradicionalmente son perseguidos por el hombre, que ve en ellos un molesto e indeseable visitante de sus campos y huertos. En la imagen se aprecia como sufren la masiva muerte por parte del hombre, colgándolos en las lindes de los campos de cultivo, en la creencia enraizada en ambientes rurales, de que de este modo ahuyentará a otros congéneres y así  impedirán que entren en el lugar que se desea proteger de los mismos.     

 

Longevidad: Hasta los 5 años, aun cuando lo normal es que no supere los 3 años de vida.

Celo: El macho está activo antes que la hembra, lo que ocurre normalmente entre diciembre y enero, haciéndolo un poco más tarde la hembra. La cópula suele tener lugar entre febrero y marzo. A más altitud se retrasa más.  

Gestación: La gestación dura de 4 a 6 semanas.

Parto: De 3 a  5 crías por parto, pesando al nacer unos  3,5 gramos. Nacen si pelo, el que comienza a salirle a las dos semanas.

Duración de la lactancia: Las crías son amamantadas durante unos 28 ó 35 días, tiempo que permanecen con la madre. A partir de este momento comienzan a alimentarse por su cuenta, aun cuando se quedan cerca de la madre durante algún tiempo más.

Madurez sexual: Alcanza la madurez sexual entre los 6 y 12 meses.

Alimentación: Insectívoro, aunque su alimento básico son las  lombrices, que puede constituir entre el 90 y el 100 % en invierno, porcentaje que baja en torno al 50 % en verano (Castells y Mayo, 1993), completando su dieta con pequeños reptiles y pequeños roedores, a lo que también añade raíces y tubérculos, así como frutos.

Hábitats: El topo ibérico una especie abundante, en terrenos idóneos para su actividad excavadora, entre los 800 y 2.300 metros de altitud.

Huellas: Muy rara de ver dados sus hábitos subterráneos, cuando sale al exterior y el terreno es blando queda marcado el cuerpo, a modo de surco,  al arrastrarlo por el barro. Es también apreciable la clara diferencia entre las patas delanteras (de mayor tamaño, marcando claramente las uñas) y las traseras de menor tamaño, lo que hace de su huella ser inconfundible.

Excrementos: No visibles por los hábitos subterráneos del animal.

Otros rastros: La presencia de toperas en el suelo es le mejor rastro para detectar su presencia. Estos montones de tierra son claramente diferenciables de los dejados por la rata de agua, los que no tienen relación de continuidad con los agujeros de entrada y salida, lo que permite distinguir unas y otras (Ver ficha rata de agua) y también se diferencia de la topera del topillo mediterráneo (ver ficha del topillo mediterráneo)  por el tamaño del montículo de tierra (mayor en el topo que en el topillo) y por los característicos tubos de tierra que extrae el topo en bloques de las galerías en su perforación subterránea al expulsar el tapón al exterior, lo que no localizaremos en el caso del topillo.

Dimorfismo sexual:  No apreciable por el simple contacto visual, aun cuando las hembras son ligeramente mayores que los machos.

Enemigos naturales: Por sus costumbres subterráneas o hipógeas, raramente se incluyen en al dieta de otros animales, aun cuando pueden ser consumidos por el tejón,  zorro y rapaces nocturnas. Aun cuando se considera al hombre su principal enemigo natural e histórico, que ve en ellos un molesto e indeseable visitante de sus campos y huertos.

Curiosidades ecológicas: El topo tiene un metabolismo muy alto, que le obliga a consumir diariamente una cantidad equivalente al 50 ó 100 % de su peso. Para darnos idea de este dato y si pensamos en un hombre de unos 80 kilos supondría que diariamente precisaría comer entre 40 y 80 Kgs. de alimento al día. Si está más de 24 horas sin comer el topo muere, tiempo que rebajan algunos autores a las 10 ó 12 horas.

Principales problemáticas: Daños en campos de cultivo, huertos, acequias y conducciones de agua, son las problemáticas más achacadas de esta especie. Para el control de los topos en medios rurales y jardines, se utilizan los llamados topicidas para exterminarlos, pero se pueden utilizar otros métodos incruentos, como los aparatos que emiten ultrasonidos. Los que se basan en un ruido intermitente muy molesto para ellos que los espanta. Se clavan en la tierra, funcionando con  pilas. Tienen un radio de acción de varias decenas de metros. Según los fabricantes son eficaces e inofensivos para perros y gatos.  Otro método más artesanal es introducir un trapo empapado en gasolina en la entrada de sus madrigueras o ponerles bolitas de alcanfor o naftalina -de la que se usa para conservar la ropa- en los túneles ya que huyen de estos olores. También se venden trampas que no hieren al topo, de modo que una vez atrapados, se pueden soltar en la montaña o campo, sin necesidad de matar al animal.

 

 

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HUELLAS

 

 © Proyecto Sierra de Baza

Huella en el barro del topo ibérico a paso normal. Queda marcado el cuerpo al arrastrarlo por el barro, así como la clara diferencia entre las patas delanteras (de mayor tamaño, marcando únicamente las uñas) y las traseras, en las que sí se marca la planta.

 

 

 

© Proyecto Sierra de Baza

Detalle de la pata delantera de un topo ibérico. Se observa la palma de la mano, en posición invertida con respecto a la generalidad del resto de especies, para facilitarle su labor excavadora.

 

 

© Proyecto Sierra de Baza

Detalle de las uñas de la pata delantera de un topo ibérico, adaptadas a la actividad excavadora.

 

VER HUELLAS DE ANIMALES EN LA NIEVE 

 

 

 

OTROS RASTROS

 

 © Proyecto Sierra de Baza

Topera de un topo ibérico, de 20 cms. de altura en la que se aprecian los característicos tubos de tierra que se forman al expulsar el animal los tapones formados en la conducción subterránea. Son claramente diferenciables de los montículos de tierra dejados por la rata de agua, los que no tienen relación de continuidad con los agujeros de entrada y salida, lo que permite distinguir unas y otras. (Ver ficha rata de agua) y también se diferencia de la topera del topillo mediterráneo (ver ficha del topillo mediterráneo) por su tamaño: de menor tamaño el montículo de tierra en el caso del topillo y aparecer la tierra extraída más triturada en este último animal.

 

 

 

 

EL TOPO EN LA SIERRA DE BAZA

   

Es una especie relativamente abundante en los terrenos idóneos, pudiendo localizarse desde la zona baja, hasta los 2.000 metros de altitud en los Prados del Rey y terrenos de la zona, donde es fácil localizar sus toperas, particularmente en primavera cuando sale en busca de pareja. En la imagen nº 13 de la publicación Guía para conocer y visitar el Parque Natural Sierra de Baza se incluye una fotografía de un paisaje de la zona del Pinar de la Fonfría en la que se aprecian montículos de tierra producidos por el topo en el prado como resultado de su actividad excavadora.

 

 

 

 

 

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