GAMO (Dama dama)

© David Díez Frontón

Macho con la coloracion estival.


FICHA TÉCNICA  

Orden: Artiodáctilos.

Familia: Cérvidos.

Género: Dama.

Especie: Dama dama (Linnaeus, 1758)

Subespecies presentes: una sola especie en Europa, incluida dentro de la denominada nominal.

Longitud: de 129 a 155 cms. en los machos y entre 118-140 cms. en las hembras.

Alzada: de 71 a 91 cms.

Peso: Entre 52 y 63 kgs., los machos, y entre 28 y 41 kgs., las hembras.

Status de la especie: Especie cinegética, que carece de protección específica, fuera de la propia de las épocas de vedas y limitaciones territoriales de caza.

 

DESCRIPCIÓN DE LA ESPECIE

De tamaño intermedio entre el ciervo y el corzo, el gamo tiene el aspecto típico de un cérvido. Su pelaje, de gran belleza, es de un color pardo rojizo adornado con un característico moteado blanco, cuenta además con una lista clara en la parte inferior de cada costado. El escudo anal aparece muy marcado de color blanco contorneado en negro a los lados, siendo la cola ancha y larga, mientras que el vientre también de color blanco. Durante el invierno el moteado desaparece, con lo que cuenta con dos pelajes, uno en invierno y otro en verano. En invierno la coloración se torna más oscura y las manchas blancas desaparecen. Durante la época de celo, los machos sufren también otra serie de cambios menos acentuados en su morfología y coloración, y así sus párpados se hinchan y se produce un aclaramiento del pelaje de los flancos y un oscurecimiento de la cabeza y parte dorsal del cuello, así como de la zona circundante a cada ojo. A estos cambios de pigmentación se suma un efecto olfativo, ya que con la impregnación de su pelaje con orina, además de conseguir este aclaramiento del pelaje de sus flancos, añaden un olor intenso característico como estrategia para amedrentar a sus posibles competidores por las hembras. En el comportamiento social del gamo, el canal olfativo juega, pues, un importante papel dada su extraordinaria sensibilidad en la captación de olores y la presencia de glándulas odoríferas distribuidas por todo el cuerpo (F. Braza, 2003).

De actividad preferentemente crepuscular y nocturna, permaneciendo a lo largo del día tumbado, rumiando, en lugares protegidos y con buena cobertura vegetal, suele, además, desplazarse muy despacio, por lo que en muchas ocasiones pasa desapercibida su presencia en un territorio. Esta especie prefiere los bosques de hoja caduca relativamente húmedos, aunque se ha adaptado muy bien a los encinares ibéricos, siendo una especie emblemática de los mismos junto con el ciervo. Su alimento va a estar condicionado por las disponibilidades alimenticias, aunque en líneas generales se alimenta preferentemente de vegetación herbácea que constituye la base de su alimentación (hasta el 95 % en primavera) y en menor medida de hojas de árboles y arbustos, y de frutos como enebro, sabina y endrinos.  El gamo dedica la mayor parte del tiempo a alimentarse, con importantes diferencias según la época del año; mientras que en primavera la alimentación puede llegar a ocupar un 80% de su tiempo, en invierno no suele alcanzar el 60%, aunque estas cifras pueden variar notablemente en función de la disponibilidad de alimento. La actividad diaria en estos animales depende, además de la época del año en que nos encontremos, de otros factores como la hora del día, el sexo del individuo, la edad del mismo, y el grado de molestia que sufra la población por parte del hombre. En las crías, por ejemplo, se observa que tiene gran importancia el tiempo empleado en el juego de la huída. Esta actividad constituye el aprendizaje de la adaptación típica de la especie para evitar los peligros, mediante la huída coordinada del grupo, generalmente guiado por un individuo. Otra pauta de juego que se observa en las crías, aunque también en los adultos, es la denominada "falsa lucha" (F. Braza, 2003).

 

© David Díez Frontón

Hembras de gamo rumiando en pleno día en un lugar protegido.

 

En la antigüedad, el gamo se convirtió en una presa codiciada por los cazadores, sobre todo los pertenecientes a las clases altas. Esto, paradójicamente, contribuyó a su conservación e introducción en varios lugares donde antes no estaba presente o se había extinguido durante la última glaciación. La mayor expansión se produjo durante el Imperio Romano y la Edad media, períodos en los que la especie fue introducida en Europa central, Islas Británicas, llegando hasta el sur de las penínsulas Escandinava y de Finlandia. En épocas más reciente ha sido introducido también en América del Norte y del Sur y en el continente Australiano. En España, donde no es una especie autóctona, a finales del siglo XIX vivían en estado salvaje en Sierra Morena, cuenca del Tajo y Montes de Toledo. Siendo reintroducido en Doñana a principios del siglo XX, donde ya existían en el S. XV. En la actualidad ocupa numerosas áreas pequeñas y aisladas en todo el territorio peninsular. En la provincia de Granada solo está presente en la zona norte, en la Sierra de Castril y de Huéscar, en el límite con la Sierra de Cazorla-Segura.

El gamo forma grupos sociales de tres tipos: los de machos, los de hembras con las crías y los mixtos. Por lo general, vive en grupos familiares pequeños de menos de 10 individuos, o bien lleva una vida solitaria. “El tamaño medio de los grupos en el Parque Nacional de Doñana (donde más trabajos se han desarrollado sobre este cérvido en la Península Ibérica) durante todas las estaciones del año ronda los 8 individuos. No obstante, el tamaño de estos grupos sufre una variación estacional, apareciendo grupos mayores durante el verano y grupos menores en invierno y primavera, pasando por grupos de tamaño intermedio en otoño” (F. Braza, 2003).Un macho se une a uno de estos grupos durante la época de celo, normalmente en octubre. Tanto los machos como las hembras viven casi todo el año separados. Los grupos de hembras están formados sobre todo por asociaciones de madre y cría, acompañadas ocasionalmente por los jóvenes nacidos el año anterior. Los grupos de machos están formados normalmente por machos adultos, a veces acompañados por machos subadultos y juveniles. Durante el celo los machos establecen territorios que defienden agresivamente, formándose grupos de varias hembras con sus jóvenes y un macho adulto, que puede ir acompañado de machos subadultos o de menor rango jerárquico. En esta época de celo es muy llamativo el fenómeno de la ronca del gamo. En Doñana, donde se ha estudiado mucho la especie, se han identificado varios tipos de sonidos: el ladrido de alarma de las hembras; los balidos de las crías y de las hembras para mantenerse en contacto, y los gañidos emitidos por las hembras en presencia de los machos de celo (J.C. Blanco, 1998)

A final de la primavera las hembras, que son fértiles durante toda su vida y a partir del año, paren una cría, rara vez dos o incluso tres.

© David Díez Frontón

Gamo con el pelaje de verano y astas muy bien desarrolladas y vistosas.

 

El tamaño del gamo, también de sus astas, genérica aunque impropiamente también llamadas palas, va a depender mucho del alimento y estado de salud del animal, también hay diferencias locales de tamaño dentro de la población ibérica. Al igual que ocurre con el ciervo y el corzo la cornamenta sufre mudas anuales, el desmogue se produce entre marzo y abril y generalmente para el mes de julio ya estará totalmente desarrollada la nueva cuerna, la que comienza a desarrollarse tras la inmediata caída de la precedente.

Las cuernas o astas del gamo al igual que ocurre con otros cérvidos reciben unas diferentes denominaciones y en concreto las de roseta, luchadera y pala, las que terminan en tres puntas llamadas candiles.

 

DATOS DE LA ESPECIE

 

Longevidad: Puede alcanzar los 16 años de vida en libertad y los 20 años en cautividad, aun cuando es muy alta la mortalidad en los primeros años de edad y es muy raro que los ejemplares en libertad puedan superar los 8 ó 10 años de vida.

Dimorfismo sexual: Muy acentuado. Sólo los machos presentan astas, dotadas de una ancha pala, característica de la especie, que echadas hacia atrás y aparecen implantadas sobre pedúnculos muy cortos, hasta terminan en tres puntas llamadas candiles.

Celo: Especie polígama. El celo tiene lugar a principios de otoño. Los machos adultos marcan el territorio, compiten con otros machos y cortejan a las hembras. Emiten un sonido característico, la "ronca", para advertir de su presencia a otros machos y para atraer a las hembras.

Gestación: La gestación dura unos ocho meses (229 días) y paren una sola vez al año en primavera.

 

Parto: Normalmente en junio las hembras preñadas paren una cría, rara vez, excepcionalmente, dos.

 

Duración de la lactancia: Las crías nacen con un pelaje pardo muy oscuro, con un moteado blanco que le sirve para mimetizarse en la naturaleza, suelen pesar al nacer en torno 4,5 a 6 Kgs. Las crías, que  son muy indefensas en esta época de su vida, dan sus primeros pasos a los 17-55 minutos de nacer y maman también muy pronto, entre los 3 y los 130 minutos (A. Castells y M. Mayo, 1993).

Madurez sexual:Las hembras son fértiles a los 16 meses de vida y los machos de los 7 a 14 meses, aunque con mínimas posibilidades de procrear por el control jerárquico de los machos en el harén, el que suelen cubrir ejemplares adultos vigorosos y experimentados de 7 o más años.

Alimentación: Considerado un herbívoro de amplio espectro, su dieta está fundamentalmente integrada por hierbas y gramíneas, las que suelen  completarse con hojas, brotes y frutos otoñales.

Hábitats: Prefiere de modo natural los bosques caducifolios que no tengan inviernos muy crudos que le limiten las disponibilidades alimenticias, aunque se

Huellas: De aspecto similar a la del ciervo, es más estrecha y puntiaguda que la de esta especie. Marca las dos pezuñas, siendo su  tamaño el de unos 7-8 cm. de largo por 4-5 de ancho en los machos y de 5-5,5 cm. de largo por 3-3,5 de ancho en las hembra.

 

Excrementos: Parecido a los de la hembra del ciervo pero más pequeños (de 16 x 11 mm. en los machos y 15 x 8 mm. en las hembras), de color negros y tonalidad brillante, es menos cilíndricos que los del ciervo, y al igual que éstos suelen depositarse en pequeños montoncitos.

 

Otros rastros: Muy variados tales como marcas en los árboles: suelen ser de dos tipos, escodaduras, las que si bien se prestan a confusión con las de otros cérvidos, pueden identificarse cuando aparecen presentes algunos pelos dejados por el macho al limpiarse la cornamenta y territorialistas, son marcas mas profundas y aparecen impregnadas de las glándulas olorosas preorbitaria y de orina. Desmogues: asta de los gamos machos que deja abandonados el animal en el desmogue, el que se produce anualmente entre los meses de mayo y abril. Excavaduras en el suelo: las efectúa el gamo con las patas delanteras para marcar territorios.

 

Enemigos naturales: Presenta pocos depredadores, aunque el lobo puede predar sobre la especie, particularmente sobre los más jóvenes. También es víctima de otros carnívoros como el zorro y el lince, y en menor medida por el oso. También el águila real tiene entre sus víctimas al gamo.

 

Principales problemáticas: Los actuales sistemas de caza mayor, en los que en la práctica priman las capturas de los ejemplares más vigorosos y con mejores astas, al margen de cualquier otro criterio selectivo y cinegético, están perjudicando la genética de la calidad de la especie.

 

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HUELLAS

 

 © Proyecto Sierra de Baza  

Huella de gamo.

 

 

 

OTROS RASTROS:

   

© Proyecto Sierra de Baza

Excremento de gamo.

 

 

  

© Proyecto Sierra de Baza  

Escodadura producida por un gamo.

  

 

 

 

 

EL GAMO EN LA SIERRA DE BAZA

 

Es una especie actualmente extinguida, aun cuando estuvo presente en la Sierra de Baza, posiblemente desde el S. XVI, época en la que aparece citado en los relatos de caza,  hasta mediados del S. XVIII, en el que se pierden las referencias a esta especie, la que no obstante ha dejado su toponímia en la geografía serrana, como ocurre con la llamada Hoya de los Gamos, en la cara Sur de la Sierra de Baza. En el conjunto de la provincia de Granada actualmente solo está presente en la zona norte, en la Sierra de Castril y de Huéscar, en el límite con la Sierra de Cazorla-Segura.

 

 

 

 

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