DATOS TÉCNICOS:
Lugar:
Sierra de Cazorla, 1.280 m. de altitud.
Fecha:
Marzo de 2001.
Velocidad:
1/20 sg.
Diafragma:
f:13
Equipo fotográfico:
Canon EOS 3, Canon EF 20 mm. f:2.8 USM, Fujichrome Velvia 50, sin
trípode.
Digitalización:
Doméstica, mediante escáner Nikon Coolscan III (LS-30).
Ajustes:
Photoshop CS (v. 8.01)
Los rigores
invernales, que ya en marzo comienzan a ceder tras algunos
agradables días que hacen cierto aquello de “febrerillo el loco”,
se hacen notar fuertemente aún durante este mes en nuestras
montañas, sobre todo fuera de las horas centrales del día. No
obstante, la primavera ya comenzó ha imponer sus colores el pasado
mes con especies de prematura floración, como por ejemplo una
especie de azafrán denominada en algunas zonas de Sierra Nevada flor
de la nieve (Crocus nevadensis). Ahora, conforme avanza el
mes abunda cada vez más la citada monocotiledónea, además de
aparecer otras como son las primaveras (Primula vulgaris) o
algunas especies de narcisos (Narcissus hedraeanthus y N.
longispathus). Precisamente es una imagen de esta última planta
bulbosa la elegida para representar el mes que nos ocupa. Estamos
pues ante una de las joyas botánicas de un gran Parque Natural
ubicado en nuestra Andalucía oriental: el de las serranías de
Cazorla, Segura y Las Cuatro Villas.
Narcissus
longispathus es un endemismo prebético clásicamente circunscrito
al citado espacio protegido. En los últimos tiempos sin embargo, su
distribución ha sido ampliada al localizarse en los Montes de Jaén,
Sierra Mágina y Sierra de Castril, desligándose las poblaciones de
las Subbéticas cordobesas y las de la Sierra de las Nieves al
elevarse en estas dos últimas a rango específico (Narcissus
bugei). Los especímenes de la vecina Sierra de Alcaraz, en
Albacete, que han sido incluidas tanto en el taxón que tratamos como
en Narcissus nevadensis (Sierra Nevada y Sierra de Baza),
constituyen finalmente y desde 1999 una especie independiente:
Narcissus alcaracensis. Pero la corología de Narcissus
longispathus se restringe aún más si se tienen en cuenta los
criterios de algunos autores, que contemplan también desde 1999
algunas de sus poblaciones como taxones independientes (N.
segurensis y N. yepesii). Amén de otros caracteres
taxonómicos, diferenciar en líneas generales las especies citadas no
resulta gravoso si se atiende, además de a sus respectivas áreas de
distribución, a la presencia de flores únicamente solitarias (N.
longispathus y N. bugei) o solitarias y en grupos (N.
alcaracensis y N. nevadensis).
Narcissus
longispathus florece en marzo y abril, aunque a veces la
climatología “obliga” a hacerlo a finales de febrero. Lo encontramos
tanto en suelos húmedos como en cursos de agua, entre los 1100-1700
m. de altitud, siendo vulnerable precisamente además de a las
alteraciones hídricas a los ungulados (ingesta moderada de sus
frutos) y al turismo (pisoteo y recolección). Sus atractivas
poblaciones se deben en buena parte a la importante multiplicación
vegetativa que presenta, ya que la fisión de sus bulbos
(reproducción asexual) conlleva la extensión de sus clones. De
cualquier manera, es una especie considerada en peligro tanto a
nivel autonómico como a nivel nacional e internacional.
Si se desea
profundizar en el conocimiento más reciente de esta especie, puede
consultarse el Atlas y Libro Rojo de la Flora Vascular Amenazada de
España, un formidable volumen de 1.072 páginas, editado en 2003 por
la Dirección General de Conservación de la Naturaleza (Ministerio de
Medio Ambiente).
El uso del gran angular para la macrofotografía nos aporta sin lugar
a dudas una elevada profundidad de campo (fondos bastante enfocados
frente al desenfoque propio de los teleobjetivos cortos). Así pues,
el motivo puede llegar a estar totalmente en foco, como es el caso
que nos ocupa (tanto las tres flores del narciso como la práctica
totalidad de la superficie de sus hojas), aunque también este éxito
se debe a otros parámetros como el tamaño de la planta (las especies
de pequeño porte no permiten dichos resultados), la distancia de
enfoque (a menor distancia más pérdida de foco) o la relación de la
equidistancia existente (flores en similar plano). Con el uso pues
del angular obtenemos gran información acerca del porte del vegetal
en cuestión, pudiendo a veces en gran medida unir a la estética de
la imagen lo que personalmente denomino como
fotografía o
imagen taxonómica.
La medición de la luz con este tipo de objetivos es más complicada
que con las lentes con un ángulo de visión menor (objetivos
estándares y teleobjetivos). Sencillamente porque el motivo ocupa
muy poca extensión a través del visor, con lo que deberemos
acercarnos aún más que a la distancia de toma. Y es en estos
momentos cuando la medición parcial o puntual entran en juego, ya
que nos ayudan a centrarnos en la luz que en nuestro caso reflejan
las flores del narciso y porque, de aproximarnos tanto, normalmente
proyectamos nuestra sombra sobre el motivo. Pero atención, hace
falta tener un poco de práctica con este tipo de mediciones, que no
son la panacea, pues a menudo necesitan también corrección de la
exposición. En mi caso, la luz fue ajustada manualmente (de cabeza),
ya que salvo las luces bajas del amanecer o atardecer el resto de
las horas del día siguen patrones predecibles (que varían, por
supuesto, en función de las características del motivo). Finalmente,
indicar que la adición natural y/o artificial de una sombra ayuda a
realzar el motivo. Y sobre este punto, solo añadir que cuando las
luces son bajas, producto de por ejemplo los primeros rayos
matinales, la extensión de las sombras de manera continua es
personalmente aceptada por mi, no ocurriendo así cuando el sol está
más alto (este hecho provocaría artificialidad en la imagen).