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CALENDARIO FOTOGRÁFICO.

 

  

 

 

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LA NATURALEZA EN IMÁGENES

ABRIL

NARCISSUS NEVADENSIS

DATOS TÉCNICOS:

Lugar: Sierra Nevada, 1.720 m. de altitud.

Fecha: Abril de ¿1991?

Velocidad: 1/30 sg.

Diafragma: f:16

Equipo fotográfico: Canon F-1 New, Canon FD 17 mm. f:4, Kodachrome 64, sin trípode (a pulso).

Digitalización: Doméstica, mediante escáner Nikon Coolscan III (LS-30).

Ajustes: Photoshop CS (v. 8.01)

 

Abril es, sin lugar a dudas, el mes en el que la primavera se impone definitivamente. Lejos quedan los incipientes días de finales de enero e inicios de febrero en tierras litorales y otros predios térmicos y bajos del interior, en donde la flora ya tímidamente hacía acto de presencia. Incluso en los altos barrancos de Sierra Nevada el rumor del agua despeñada nos indica que esta también ha despertado ya, que a pesar del níveo manto el deshielo en marzo comienza.

Descrito en 1933, Narcissus nevadensis es un tradicional endemismo nevadense. Sin embargo, a finales de la década de los 80 del siglo pasado fue citado en la Sierra de Baza, en donde en la actualidad vegeta en al menos tres poblaciones (según D. José Angel Rodríguez, de Proyecto Sierra de Baza). Florece a partir de los 1.400 m. de altitud entre juncales y áreas encharcadas o con cierta humedad durante abril, aunque a veces ha llegado a hacerlo a inicios de marzo a causa de la “adversa” climatología, en contraposición a las citas de bien entrado mayo que de manera excepcional y puntual pueden llegar a observarse en altas cotas (2.300 m., Sierra Nevada). A pesar de disponer de sus mayores efectivos dentro de espacios naturales protegidos, es una especie muy vulnerable. Según el Atlas y Libro Rojo de la Flora Vascular Amenazada de España (Ministerio de Medio ambiente, 2003), se han contabilizado en Sierra Nevada más 15.000 individuos extendidos por 22 cuadrículas UTM de 1x1 km, por más de 8.000 en 9 cuadrículas en la montaña bastetana. Amparada por la máxima protección, como así lo expresan varias normativas que la citan como de en peligro de extinción, sus poblaciones (unas saludables y otras en estado crítico) se encuentran amenazas por la especificidad del hábitat. Al problema de las alteraciones hídricas, se le suman también los impactos negativos que gravemente ocasionan el jabalí y el ganado vacuno. La mano del hombre ha sido decisiva en algunas localidades, pero no por los cultivos de coníferas o infraestructuras, sino por un problema de competencia: ambas especies demandan elevadas cantidades de agua. Efectivamente, cuando el hombre vivía en la montaña remansaba el preciado líquido o lo reconducía desde los mismos nacimientos, hecho que según las poblaciones conllevaba efectos negativos o beneficiosos. El hombre moderno ha abandonado la montaña, descuidando algunas balsas de riego y otros regueros, perdiéndose así numerosos efectivos de la especie al descender el nivel freático, nocivo efecto puesto también de manifiesto con el entubamiento de algunos manantiales (*).

(*) Es oportuno consultar la ficha de Narcissus longispathus, publicada en esta misma sección el pasado mes de marzo.

Continuamos este mes con los narcisos, bellos geófitos que ofrecen mucho “juego fotográfico” en la incipiente primavera de nuestros campos y montes. Pero también lo hacemos con el uso de los grandes angulares, máxime para una especie cuyos escapos florales alcanzan los 30 cm de longitud.

En macrofotografía, como en cualquier especialidad fotográfica, se puede usar cualquier objetivo (lente), dependiendo tan solo del tamaño del objeto (así podemos emplear un 500 mm con tubos de extensión para obtener ciertos detalles). Básicamente, hay tres tipos de efectos obtenibles con la amplia gama que hoy día nos ofrecen la gran variedad de objetivos existentes en el mercado:

·        Teleobjetivos: primer plano enfocado y fondo desenfocado (irreconocible).

·        Objetivo macro de focal estandar (o próxima): primer plano enfocado y fondo desenfocado (reconocible).

·        Angulares: primer plano enfocado y fondo enfocado (o muy próximo a él, reconocible de cualquier manera).

En nuestro caso, nos encontramos evidentemente en este último apartado. Estamos ante lo que personalmente denomino como objetivo ecológico. Y no porque su diseño y fabricación esté exenta de procesos contaminantes, sino porque su uso nos ofrece un resultado ecológico, esto es, la imagen obtenida nos habla de la ecología de la planta. Pero no todos los angulares pertenecen a esta selecta clase de objetivos ecológicos. Solo algunos cuyo ángulo de visión, distancia de enfoque y tamaño del motivo permiten que la combinación sea explosiva. Por ejemplo, un 28 mm puede así definirse con esta especie cuando normalmente no entraría en este privilegiado grupo de objetivos.

Otro importante aspecto a tener en cuenta son los reflejos del sol. De entrada, solo podremos fotografiar contra el sol si el motivo es lo suficientemente luminoso como para que cerrando el diafragma o disparando aún más rápido el cielo no se reproduzca blanco (la películas modernas reproducen el cielo normalmente más azul que la vieja pero sensacional kodachrome usada). Este hecho es crucial, pues el sol -motivo siempre “quemado”- no destaca sobre un blanco celestial, que además no es agradable a la visión humana de no ser que se trate de un día nublado. Además, hay que procurar que la fotografía contenga zonas a la sombra para acrecentar este efecto, máxime cuando los fondos no están desenfocados y necesitamos que el motivo resalte y no se enmascare. Como directa consecuencia de todo este deseo, nos encontramos con una serie de reflejos producto de la entrada de los rayos lumínicos a través de la óptica; su tamaño, número y color variarán en función del ángulo de incidencia y del diafragma utilizado (a menor apertura, menor tamaño pero mayor densidad de color). Es ahora de vital importancia el concurso del botón de comprobación de la profundidad de campo. Sin él, es imposible controlar los resultados de este efecto de refracción, con lo que a la hora de comprar una cámara este es uno de los puntos importantes -y por ello decisivos- a tener en cuenta (personalmente solo lo utilizo para controlar dichos reflejos, desechando de este modo su virtud nominal). Concluyendo pues, al variar el ángulo de incidencia de dichos rayos y el diafragma de trabajo podemos colocar, reducir o ampliar, disimular a nuestro criterio (dentro de unos límites) los clásicos hexágonos, que por supuesto dependen de la construcción óptica y del tipo de diafragma de cada objetivo.

A tenor de lo anteriormente expuesto, el contraluz que nos abre el mes nos invita seriamente a utilizad las nuevas y potentes tecnologías ya al alcance de cualquier usuario de PC: el retoque digital. Sinceramente, entiendo que tan legítimo puede ser crear una imagen tras horas de “sentada” frente al monitor como tras horas de subida por una elevada pendiente. Sin embargo, apelo a la ética de cada uno, que en mi caso se traduce en rechazo ante la manipulación de la imagen una vez expuesta. Esto habría que matizarlo, pues siempre ha sido de mi desagrado que una imagen haya sido concebida de una manera y publicada de otra (reencuadrada, algo completamente usual en prensa). Cierto es que alguna vez ha mejorado, pero la maquetación debe respetar el arte (y encuadrar es parte de ello). ¡Pero es que este hecho alcanza también a los pies de foto y textos!. Y para más amputación de la obra del autor, sin conocimiento del mismo. Frente a esta constante agresión, siempre he comentado lo mismo: ¿alguien se atreve a modificar (por estilo o por estética de la revista) las palabras de Gala, Delibes, … Por supuesto que no, pero sí de los que “no somos nadie”. Menos mal que en nuestra Revista Digital no ocurre afortunadamente así (no sería pues destino de mi obra). Pero retomando la idea y respetando a los creadores virtuales, no acepto en mi trabajo dichas mentiras -retoques- digitales. Dicho de otro modo: lo que está, está. Y si no, no obtengo la imagen (y alguna vez me he lamentado por no haberlo hecho, aunque luego habría que digerir la no comunión entre la idea inicial deseada y el documento gráfico obtenido …). Concretando en la imagen del mes, más de uno habrá observado que el formato de la imagen es más de 4.5x6 cm que de 35 mm. Ello se debe a que la imagen ha sido manipulada por mi … (uno de esos excepcionales casos que admito). La fotografía ha sido amputada por su margen derecha, precisamente para eliminar un hexágono indeseado. Pero es que así fue concebida, descentrando los narcisos para posteriormente cortar la imagen (el centrado provocaba desagradables reflejos que devoraban a los propios narcisos, haciendo inviable la imagen así encuadrada). La otra opción, para mí éticamente inaceptable, sería eliminar con un programa de retoque dichos hexágonos (o disponerlos de manera armoniosa), limpiando además la maleza de fondo para resaltar las flores, poniendo un insecto en algún escapo floral, una bella mariposa en grácil postura revoloteando sobre los narcisos (eso sí, contra el fondo oscuro), sobre el cielo un águila cayendo en picado sobre una montés …

Sobre la medición de la luz y el tamaño del motivo no quiero ser, al menos en esta ocasión, reincidente. Por su proximidad, me remitiré a los comentarios realizados para Narcissus longispathus el mes pasado en esta misma sección de nuestra revista digital (entrar en calendario y página de inicio y hacer clic en dicho mes, directamente sobre la misma imagen).  

 

Roberto Travesí Ydáñez

Contactos: r.travesi@vodafone.es Tlf. 699 695 569

 

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