..\index.htm

 

CALENDARIO FOTOGRÁFICO.

 

  

 

 

| ir a página de inicio |

| ir a calendario 2005 |

LA NATURALEZA EN IMÁGENES

MAYO

MAMA ABUBILLA

 DATOS TÉCNICOS:

Lugar: Sierra Nevada,  950 m. de altitud.

Fecha: Abril de 1991.

Velocidad: 1/60 sg.

Diafragma: f:6.7

Equipo fotográfico: Canon A-1, Canon FD 100 mm. f:4 macro, Kodachrome 25, trípode Velbon, Minolta Flash Meter III.

Digitalización: Doméstica, mediante escáner Nikon Coolscan III (LS-30).

Ajustes: Photoshop CS (v. 8.01)

Mayo entra de lleno en la primavera. Es el mes en que la Naturaleza nos muestra la vida en todo su esplendor: estallido definitivo de la flórula de nuestros campos e incesante actividad de la fauna, que en gran número recibe ya a su prole.

Nuestra protagonista del mes es la vistosa y sonora abubilla, llegada de Africa o del pequeño contingente de invernantes que permanece durante el invierno en nuestros predios ibéricos. Suele tener dos puestas, incubando la primera en abril. Localmente es denominada también “picamierdas”, a causa del desagradable hedor que desprenden sus nidadas, todo un mecanismo defensivo que intenta intimidar a sus predadores. Apenas existe dimorfismo sexual, manifestado por la diferente orientación de las plumas de sus cabezas. 

La fotografía de Naturaleza debe siempre iniciarse respetando en todo momento la obra del Creador y por supuesto sin anteponer la imagen perseguida a los propios intereses del sujeto/s a fotografiar. Existen pues “unas reglas de juego” que aún sin la existencia de testigos deben observarse “a pie enjuto”, unas muy sensatas y oportunas directrices expresadas con claridad en el Código Etico elaborado para tal fin por la Asociación Española de Fotógrafos de Naturaleza (www.aefona.org). De hecho, el concurso  de fotografía de Naturaleza de mayor prestigio internacional (el Wildlife Photographer of the Year Competition, organizado entre otros por la BBC británica) no admite por ejemplo imagen alguna tanto de especies protegidas sin contar con los correspondientes permisos de la administración como de nidificaciones. Sobre esto último, personalmente pienso que generalizando no hay resquicio para el error pero que, aunque todos nos equivocamos (y yo el primero), se pueden hacer algunos pequeños paréntesis con matices en la observancia estricta de dichas normas. Todo depende de una serie de parámetros a considerar, como por ejemplo la especie en cuestión (y no todos los individuos de una misma especie muestran similar comportamiento bajo idénticas “presiones”), la época del año, localidad en particular, … Pero reitero que nadie es perfecto y que por mucho que se conozca de la etología de determinada especie hay siempre que dejar un margen de seguridad.

La fotografía que nos ocupa pertenece a un reportaje realizado en 1991 durante 21 días (la mayor parte de los mismos empleados a jornada completa). En algunos momentos tuve la inestimable ayuda de mi buen amigo Manuel Martín-Vivaldi, también miembro como yo de AGNADEN (Agrupación Granadina para el Estudio y la Defensa de la Naturaleza), que con posterioridad en 1997 se doctoró en la Universidad de Granada con la tesis “Biología de la reproducción y función del canto en la abubilla (Upupa epops)”. De manera resumida, el proceso que seguí para la obtención de esta fotografía fue el siguiente:

En primer lugar y antes de la llegada de las abubillas en febrero, hubo que seleccionar del área de estudio las parejas de nidificación accesible (sus nidos son trogloditas), para posteriormente determinar cuales de las mismas tenían más probabilidad de reutilizar nidos de otros años y menos de construirlos en una nueva ubicación (todo ello basado en las observaciones de años anteriores). Parte del éxito se debe a que el área de estudio era muy conocida y relativamente pequeña (unas 30 ha). Más tarde, se decide que oquedad tiene potencialmente más posibilidades de ser ocupada (en este caso, fue reutilización de una del año anterior). Con esta incertidumbre, se prepara el nido, un muro de piedra bajo un bancal antaño cultivado y hoy dedicado a la almendra. Fueron entre cuatro y cinco días los que tardé en abrir, acondicionar y cerrar el nido-habitáculo, ayudado en un par de ellos por mi citado amigo Manolo. En concreto, la extracción de un gran peñón dificultó en extremo el trabajo, quedando aún así otro mayor que marcó gravemente el posterior desarrollo del trabajo fotográfico, comprometiendo durante el mismo a mi vista, mi cuello y, en menor medida, mi cintura. Por supuesto, no se modificó ni la galería de entrada ni el nido en sí. Ahora, ya solo era cuestión de tiempo.

Finalmente, el trabajo no fue baldío. La pareja seleccionada llegó a su territorio y eligió, frente a otras ubicaciones aparentemente menos interesantes, la oquedad trabajada. A partir de aquí, mucha paciencia. Primero colocando flashes alejados del nido y haciéndolos destellear en potencia creciente, tolerándolos sin problema ambos progenitores incluso durante diferentes días hasta llegar al exterior del nido. A partir de aquí y dada la respuesta ofrecida por la pareja, suponía predecible el comportamiento aún siendo la primera vez que rompía la intimidad de un nidal. De cualquier manera, mi actitud debería de ser totalmente exquisita para con ellos, no forzando en ningún momento situación comprometida alguna, si no dejando que ellos fueran los que en todo momento decidieran.

Inicialmente disparé los flashes de menor a mayor potencia (nunca al máximo) hacia el interior de la oquedad; en primer lugar cuando ellos estaban fuera pero observando las proximidades del nido, para luego más tarde hacerlo cuando se encontraban tanto al pie del mismo como en su interior. La respuesta siempre fue positiva, sin duda gracias a que el proceso fue paulatino; en ningún momento hubo sobresalto alguno u otros síntomas de inquietud cuando los adultos se encontraban en su interior y los flashes iluminaban fugazmente su intimidad. Ahora ya estaba en disposición de introducir la cámara y los flashes, no olvidando dejar uno fuera que también funcionase al unísono con los del interior, para así no levantar sospecha alguna desde el exterior al introducir una nueva situación en este delicado momento. De esta manera, pude hacer algunas tomas generales “a ciegas” (desde el hide exterior) de lo que ocurría en el interior, imágenes por otro lado intrascendentes para lo que pretendía pero que me llenaron de alegría y confianza para dar otro paso más, el definitivo para mí, ya que para las abubillas ya había sido dado: la introducción de los flashes en el interior. Así pues, abandoné mi escondite diario y me introduje de noche en el interior del incómodo habitáculo, para ser testigo de excepción hasta la noche siguiente de lo que en el interior iba a ocurrir, realizando con éxito todo lo previsto. Para la fotografía reproducida en este mes, anulé los flashes del interior, usando solo el del exterior, enfocando con el tenue hilo de luz natural que penetraba por la galería de acceso.

 

Roberto Travesí Ydáñez

Contactos: r.travesi@vodafone.es Tlf. 699 695 569

 

| volver |

 

 | ir a calendario 2005 |

| ir a página de inicio |