SIN BARRERAS
DATOS
TÉCNICOS:
Lugar:
Sierra Nevada, Veleta, 2.830 m. de altitud.
Fecha:
Agosto de 2004
Velocidad:
1/250 sg.
Diafragma:
f:9.5
Equipo
fotográfico:
Canon EOS 1V, Canon EF 70-200 mm. f:2.8 L IS USM, Provia 100F, sin
trípode.
Digitalización:
Doméstica, mediante escáner Nikon Coolscan III (LS-30).
Ajustes:
Photoshop CS (v. 8.01)
AGOSTO,
en plenos rigores de la canícula y al igual que el mes de julio, nos
sigue invitando a escapar al fresco de las montañas. Nuestros entornos
están ya definitivamente agostados, máxime el presente año, donde muchos
de los elementos de nuestra flora y fauna presentan un acusado “estrés
hídrico”. Serían las fechas apropiadas para buscar un buen aguadero
(nacimiento, charca o recodo de algún río por ejemplo) y, dentro de un
asfixiante escondrijo o “hide”, obtener con cierta facilidad imágenes
de, principalmente, sedientas aves. En este caso, el porcentaje de éxito
se incrementa conforme se eleva el mercurio en el exterior del
habitáculo, esto es, a mediodía (porque dentro del escondite,
normalmente de color oscuro y al sol, el ambiente reinante -temperatura
y olor entre otros parámetros a valorar- es indescriptible.
Las
cumbres nevadenses son morada casi permanente de nuestras monteses a lo
largo de todo el año. Ya desde finales de abril-mayo son asiduos los
machos a las mismas, incorporándose las hembras una vez paridas, aunque
algunas dan a luz en estas zonas cacuminales a finales de mayo e inicios
de junio. Tanto unas como otros deambulan con total libertad, sin
barreras, sabedoras de que la Naturaleza las ha modelado como auténticas
todoterrero, sin vértigo, ligadas anatómicamente al roquedo. Además, en
estos últimos tiempos ha desaparecido la barrera que el hombre antaño
imponía. A mediados del siglo pasado las monteses huían con pavor de
personas y perros, refugiándose en los últimos reductos más agrestes de
la Sierra. Si observamos los medrones (anillos anuales de crecimiento)
de las cuernas de aquellos tiempos, podremos observas muy cortas
evoluciones, fruto de la ausencia de buenos pastos y, por tanto, de
tranquilidad (estas zonas se encontraban en localidades pastoreadas, es
decir, más humanizadas y por ello de mayor riesgo). Según Manuel
Rodríguez de la Zubia (*), la población podría rondar en los años 60 del
pasado siglo los 500 ejemplares en todo el macizo nevadense. Con la
posterior protección brindada, la población se fue incrementando,
colonizando cada vez más zonas de tradicional ausencia, aunque
rechazando aún las de permanente tufo humano. Sin embargo, el ya masivo
turismo de nuestra Sierra (como en tantas otras) ha permitido la
confianza de estos ungulados aún sin la ausencia total tanto del
estruendo que emiten la mayor parte de las armas de fuego como del
silbar de los proyectiles errados en las proximidades de estos caprinos.
Hoy pues, los entornos del propio núcleo urbano de Padrollano son lugar
idóneo para el asentamiento e ingesta, siendo fácil encontrar en el área
esquiable de dicha estación de esquí a nuestros atractivos y endémicos
mamíferos. Sus medrones, como los de la mayor parte del resto de las
monteses ibéricas, presentan unos crecimientos “modernos” (acordes con
la vida más plácida que a estas generaciones les ha tocado vivir). Y
esto a pesar de los controvertidos 15.000 ejemplares que supuestamente
se han estimado en los últimos tiempos para toda el área de Sierra
Nevada, cifra que nos indica que, aún existiendo puntos concretos sin
querencia, hay cabras por doquier, “hasta en la sopa”.
(*)
La cabra montés en Sierra Nevada. Documentos Técnicos, Serie
Cinegética, Publicación número 1. Ministerio de Agricultura. Madrid,
1960.
La imagen que presento este mes no entraña
dificultad alguna. Como ya he comentado, la confianza de estos ungulados
permite la aproximación a pecho descubierto, aún con el aire en contra y
la vestimenta inapropiada. Prueba de ello es la focal utilizada (en la
serie realizada hubo algunas fotografías en las que se puso en
funcionamiento el zoom, que no fue llevado a su extremo para poder
encuadrar también a otros machos). Tampoco la exposición conlleva
problema alguno: no es necesaria corrección alguna; tan solo, podría
indicarse que puede cerrarse medio diafragma -o subir la velocidad medio
punto- si el plano tuviese mayoría de tablas oscuras y ausencia de
pasto, aunque esto sería oportuno solo para fotógrafos que, como yo,
gustan de fotos densas (oscuritas). Por lo demás, indicar no obstante
que si se utiliza el microbús que la dirección del Parque Nacional de
Sierra Nevada ofrece para alcanzar las Posiciones del Veleta, este tipo
de fotografías no serán muy posibles de no ser que se realice el
recorrido en descenso. Frente al aspecto positivo de la interpretación
que se ofrece durante el recorrido “de un tirón” en el mismo está la
ausencia, justificada por otro lado, de paradas, con lo que la
imaginación deberá volar (que no el dedo del botón del obturador). Por
ello y por muy diversas razones, es recomendable la ascensión a pie.
Es importante, así mismo, solicitar al mismo
Parque Nacional (**) autorización para la obtención de fotografías en el
interior de este espacio protegido, aún a pesar de encontrarnos en una
zona tan sumamente transitada como está en la que abundan por doquier
los fotógrafos “freelance” (realmente la subida al Veleta está fuera del
citado Parque pero dentro del Parque Natural).
(**)
Parque Nacional y Natural de Sierra Nevada.
Crta.
Antigua de Sierra Nevada, km.7
18191 Pinos Genil (Granada)
Tel.:
958 02 63 00
Fax:
958 02 63 10
sierra.nevada@oapn.mma.es