EDICIÓN MENSUAL - AÑO XIX
Nº 216 –  JUNIO  2017
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© José Ángel Rodríguez

Cerezo rastrero en floración en su hábitat natural

 

El cerezo rastrero, también conocido como sanguina, es el más pequeño y de menor porte de los Prunus que habitan en la Península Ibérica. Su aspecto es el de un arbusto leñoso, con porte rastrero, intrincado, sin espinas. Sus hojas, caducifolias, pequeñas y simples, de unos 12 mm, aserradas al menos en la mitad apical, con tomento gris en el envés. Su floración es muy precoz, apareciendo entre marzo y junio, naciendo antes que las hojas. Estas flores son solitarias, contando con unos pétalos de unos 7 mm, de color rosa.

El fruto del cerezo rastrero es una drupa comestible, aunque de sabor amargo, muy buscada por los pájaros, particularmente los mirlos, que contribuyen a su dispersión natural. De color rojo y de pequeño tamaño, en torno a los 8 mm.

Su hábitat natural
 

En cerezo rastrero nace en terrenos pedregosos (canchales y cascajales) también en paredones de las rocas y entre sus grietas, entre los 700 y 2.700 metros de altitud, en Sierra Nevada (Granada), donde tiene su techo altitudinal.

Al ser comida por los herbívoros (silvestres y domésticos), se suele refugiar en paredones verticales y en fisuras de las rocas. Se trata de una planta que no siendo abundante, se halla de manera dispersa por el sur de Europa, noroeste de África, sureste de Asia, hasta el Himalaya. En la Península Ibérica, principalmente, en las sierras de la Cordillera Bética,
siendo muy rara y escasa fuera de este territorio.
 

No tiene usos etnobotánicos
 

Aunque el cerezo rastrero es conocido desde la antigüedad, no tienen ningún uso etnobotánico conocido, tal solo es aprovechado por la fauna silvestre, que consume sus frutos primaverales-estivales (drupas).