EDICIÓN MENSUAL - AÑO XX
Nº 231 –  SEPTIEMBRE 2018
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Por José Ángel Rodríguez

 

© José Ángel Rodríguez

Hojas de diferentes tipos de álamos cubren el suelo de un rincón de la Sierra de Baza.

 

El próximo 23 de septiembre, a las 3:54, hora oficial peninsular, según cálculos del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional - Ministerio de Fomento) comenzará el otoño de 2018. Esta estación durará 89 días y 20 horas, y terminará el 21 de diciembre con el comienzo del invierno.

El otoño es una estación particularmente vistosa y colorida, en la que nuestros bosques caducifolios cambian el color del follaje de sus hojas, hasta ahora dominada por la gama de tonos verdes, para dar paso a toda una paleta de cromáticos colores que van desde el amarillo al rojo, pasando por los tonos anaranjados y ocres. Todo un deleite visual para nuestros sentidos.

Pero sí sabemos que este es el espectáculo al que vamos a asistir en las próximas fechas, menos conocido es por qué cambian los árboles los colores de sus hojas en otoño, antes de depositarse en el suelo. Respuesta que hemos encontrado en algunas publicaciones científicas1 y que vamos a traer aquí con los deseos de que se conozca un poco mejor esta pequeña maravilla que es el color del otoño en los bosques caducifolios.

 

¿Para qué les sirven las hojas a los árboles?

 

© José Ángel Rodríguez

Los colores de los árboles caducifolios, destacan en el paisaje en otoño.

 

Para poder conocer con un mínimo de rigor el fenómeno del cambio de la coloración de las hojas en los caducifolios (los árboles que cambian su hoja a la llegada del otoño), lo primero que hace falta es entender qué son las hojas y qué funciones desempeñan en los árboles.

Las plantas cogen agua del suelo a través de las raíces, dióxido de carbono del aire a través de los poros de las hojas, y usando la luz solar como energía, fabrican glucosa a partir de estos componentes. La glucosa es un tipo de azúcar que las plantas usan como alimento, para producir energía química y como bloque constructor de sus estructuras, las hojas son por tanto las fábricas de alimento del árbol, para lo que convierten el agua y el dióxido de carbono en glucosa, gracias al maravilloso empleo de la fotosíntesis, palabra que proviene del griego y significa "unir con la luz" (photo = luz y síntesis = unión). Este proceso tiene lugar fundamentalmente en las hojas, gracias a una molécula denominada clorofila. La clorofila es verde, y es la responsable del color verde de las plantas. Los animales no pueden hacer la fotosíntesis, por esto deben comer plantas o alimentarse de otros animales (especies carnívoras) que hayan comido plantas para obtener glucosa y poder desarrollar su ciclo vital.

 

El sueño invernal de los árboles caducifolios

 

© José Ángel Rodríguez

El bosque caducifolio parece querer tintarse de colores con la llegada del otoño.

 

Cuando el verano acaba y llega el otoño, los días se hacen cada vez más cortos y la luz es cada vez menos intensa. Es el momento en que los árboles "saben" que se deben preparar para el invierno y entrar en una especie de sueño (estado de senescencia) del que despertarán en la primavera cuando aumenten las temperaturas y las horas de luz. Las modernas técnicas de cultivos intensivos han aprendido a superar esto, manteniendo la luz de las plantas o regulando ésta, según sus intereses comerciales, por lo que se consiguen falsas estaciones, a las que se adaptada el árbol o el arbusto.

Cuando llega el invierno no hay la suficiente luz o agua como para hacer la fotosíntesis. Los árboles descansarán y vivirán con el alimento que almacenaron durante el verano y las hojas que son prácticamente un esqueleto de celulosa y lignina en ésta época del año, caen solas, al desprenderse del haz de vasos conductores del que recibían alimento, por la sola acción del viento, lo que puede prolongarse a lo largo de 3 a 6 semanas.

Con la llegada del otoño la clorofila de las hojas desaparece y, poco a poco, a medida que su color verde se desvanece, empezamos a ver colores naranjas y amarillos. Estos colores ya existían durante el verano, pero no los podíamos ver porque quedaban cubiertos por el verde de la clorofila, mientras que otros colores de tonos rojos brillantes y los lilas corresponden a sustancias fabricadas exclusivamente en otoño, llamadas antocianinas, lo que es propio de algunos árboles como el álamo temblón del que aparecen algunas hojas en la foto que ilustra este artículo, en cuyas hojas queda atrapada cuando la fotosíntesis se para y es la luz del Sol y el frío de las noches otoñales lo que hace que la glucosa se vuelva roja.

 

  1. Puede ampliarse información sobre el tema en el libro “El Árbol” de BERNARD FISCHASSER. Editorial Drac. 2ª Edición. Madrid, 2004 (páginas 64-66)