EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 246 –  DICIEMBRE 2019
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© José Ángel Rodríguez

Espectacular floración primaveral de la retama negra (Cytisus scoparius). Parque Natural Sierra de Baza, en junio-2019. Al fondo se aprecian algunos ejemplares de la retama común (Retama sphaerocarpa), con lo que es ilustrativa de las diferencias externas entre una y otra especie.

 

Con el nombre de retama negra, escobón, retama de escobas y también de escoba rubia se conoce a la planta Cytisus scoparius, un arbusto profusamente ramificado, que puede alcanzar entre uno y dos metros de altura. Sus ramas son erectas y presentan 5 costillas, flexibles y asurcadas longitudinalmente, contando con dos tipos de hojas: las inferiores son trifoliadas y con peciolo, mientras que las superiores y de ramos estériles son simples y sésiles. Florece de febrero a julio, según las localidades y altitudes de localización, siendo su floración  muy espectacular y llamativa, de color amarillo, grandes, amariposadas, solitarias o en parejas, en la axila de las hojas. Su fruto en legumbre comprimida de 25-45 mm, con los bordes largamente pelosos, de color negro o casi negro tras la maduración, de donde toma uno de sus nombres populares (retama negra), contiene de 5 a 9 semillas en su interior, de unos 2 a 4 mm, aplanadas, de color pardo oscuro o verdoso, relucientes, con un característico mamelón lateral blanco (estrofíolo).

La especie se distribuye por terrenos silíceos o calizos muy lavados, formando parte de los piornales y monte bajo, también en claros de bosques, hasta los 2.000 metros de altitud. Distribuyéndose por gran parte de Europa, Asia occidental y llega hasta las Islas Canarias. En la Península Ibérica está muy extendida, faltando solo en las zonas marcadamente calizas y en las tierras cálidas y bajas del sur, donde se localiza solo en las zonas de montaña.

 

Usos etnobotánicos

 

© José Ángel Rodríguez

Frutos de la retama negra en maduración.

 

Pio Font Quer, en su obra “El Dioscórides Renovado” se ocupa profusamente de esta planta, destaca como en la antigüedad clásica no fue empleada la retama negra como medicinal, ni siquiera se sabe si los botánicos llegaron a diferenciarla claramente de otras retamas. Fue en la farmacopea francesa cuando en el S. XVIII comienza a aplicarse con fines terapéuticos la retama negra por sus virtudes diuréticas, para combatir la hidropesía retención de líquido es la acumulación de líquido claro en los tejidos o cavidades del cuerpo, lo que no constituye una enfermedad, sino un trastorno meramente fisiológico), aunque de aplicación puramente empírica, siendo a mediados del S. XIX, con el descubrimiento de sus principios activos, cuando el uso de la retama negra entró definitivamente en la terapéutica medicinal, siendo su uso más clásico el de la utilización de sus flores en infusiones, con fines diuréticos, para favorecer la orina y pérdida de líquidos. 

López González, en su libro “Guía de los Árboles y Arbustos de la Península Ibérica y Baleares”, destaca como a pesar de ser una especie muy común, no ha tenido aplicaciones medicinales hasta hace relativa mete poco tiempo, utilizándose fundamentalmente para fabricar escobas, de donde toma algunos de sus nombres populares y nombre científico “scoparius”· que deriva de la palabra latina scopa, que significa escoba. También destaca este autor que sus flores son comestibles, y en ocasiones sus capullos florales se han macerado en vinagre, de manera similar a la alcaparra. Otras curiosidades etnobotánicas de esta planta, son las de que antes de la introducción industrial del lúpulo para la fabricación de cerveza, se ha utilizado para darle sabor a la cerveza. También cuenta López González, que sus semillas tostadas se han empleado como sucedáneo del café, en tiempos de escasez.