EDICIÓN MENSUAL - AÑO XIX
Nº 213 –  MARZO 2017
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TOPILLO COMÚN O MEDITERRÁNEO

(Microtus  duodecimcostatus)

© Francisco José Íñiguez Yarza.

Topillo mediterráneo fuera de su madriguera. En la imagen son apreciables las características del animal y su corta cola, que no supera los 2,5 cms.

 


FICHA TÉCNICA  

 

Orden: Rodentia.

Familia: Múridos.Subfamilia: Microtinos.

Género: Microtus.

Especie: Microtus duodecimcostatus (De Sélys-Longchamps, 1839).

Subespecies presentes: Se han descrito cinco especies para la Península Ibérica, a partir de diferencias de tamaño corporal y la inclinación de los incisivos, aún cuando se estima que se trata de razas o formas geográficas. M.  d. centralis;   M. d. duodecimcostatusM. d. flavescensM. d. ibericus ; y, M.  d. regulus. 

Longitud de la cabeza y cuerpo, sin incluir la cola: entre 8 y 11 cms.

Longitud de la cola:  de 2,3 a 3,5 cms. (La cola es muy pequeña).

Peso: De 20 a 35 gramos.

Status de la especie: Especie no amenazada, que no goza de protección específica.

 

 

 

 

 

 

 

 

DESCRIPCIÓN DE LA ESPECIE

  

Topillo endémico de la península Ibérica y sur de Francia, cuyo aspecto, particularmente adaptado a la vida subterránea, es muy característico, destacando su cuerpo con aspecto cilíndrico, dotado de unas patas muy cortas para facilitarle en desplazamiento por el interior de las galerías, así   como la  cola, de un color claro uniforme y también muy corta, de modo que no supera los 3,5 cms., midiendo menos de la cuarta parte de la longitud de la cabeza más el cuerpo. La pequeña longitud de la cola, detalle anatómico que los diferencia visualmente de un modo claro de otros roedores, particularmente las ratas que sí están dotadas de una larga cola, es una adaptación del topillo a la vida subterránea, una vez que este apéndice ha perdido su función reguladora y estabilizadora del equilibrio en movimientos veloces y saltos al aire libre. Los ojos del topillo son pequeños, las orejas muy cortas, casi ocultas por el pelaje, y el cráneo aplanado. El pelaje del topillo común o mediterráneo es relativamente corto, de color marrón u ocre, presentando una franja más clara, de color grisáceo, en los flancos y vientre.

 

El topillo mediterráneo es un roedor que necesita suelos con cierta humedad y que prefiere lugares abiertos, aunque próximos a la linde de bosques y cultivos herbáceos de regadío, donde construye sistemas de galerías subterráneas, intensamente ramificadas, donde se localizan sus nidos, en general uno por galería, y sus almacenes de aprovisionamiento. Evita los suelos a partir del momento en que la humedad pasa a ser suelo rezumante o encharcado, lo que inundaría las galerías. La especie evita también terrenos muy pastoreados y muy pisoteados. “Así, si imaginamos un pastizal con algunas hierbas altas o matorrales en su interior, los topillos se situarán bajo o en torno a estas matas. El hecho de que las matas estén ahí es señal de que el pisoteo del ganado allí es menor. Algo similar puede decirse de los resaltes de los prados inclinados, que también son evitados por el ganado” (José Antonio Garrido, comunicación personal, 2005).

 

Este mismo investigador –J.A. Garrido- destaca como en estos ecosistemas, aparecen las bocas limpias o tapadas por montones de tierra. Asociado a las bocas limpias aparecen a veces carriles cortos, raramente pasan de los 50 cm de longitud. A veces no pasan de conectar una boca con otra próxima. Siempre son carriles semiexcavados, a modo de galerías sin techo o, como mucho, con “techo” muy superficial que se puede quitar con los dedos. En la rata de agua o incluso en el topillo de Cabrera, las galerías van sobre el suelo y los caminos se forman por pisoteo y corte de tallos. Otra situación muy diferente aparece en los pastizales altos y muy densos. Aquí –indica J.A. Garrido- el topillo mediterráneo forma “galerías superficiales” pero desarrolladas en la base de las hierbas, es decir, excavadas en la maraña de hojarasca podrida y, a veces con “cámaras”. Estas galerías son fáciles de seguir, ya que la hierba y hojarasca se puede apartar con las manos sin problema.

 

La conducta excavadora del topillo mediterráneo  está también condicionada por el tipo de suelo. En los suelos húmedos y blandos usa solo las patas, en  especial las anteriores, pero en suelos compactos y duros utiliza sobre todo los incisivos.

 

Las bocas de las galerías por donde los topillos se comunican con el exterior suelen aparecer taponadas, aunque no siempre,  con característicos montones de tierra de aspecto cónico, muy similares a las dejadas por los topos, aunque de menor tamaño y diferenciables además por aparecer la tierra muy triturada y carecer siempre de los característicos tubos de tierra que extrae el topo en bloque de las galerías en su perforación subterránea y expulsar el tapón al exterior. Estos montículos de tierra, que desparecen en las topilleras abandonadas por la acción del viento o de la lluvia dejando descubierta la boca de la madriguera, tienen unas funciones ecológicas muy definidas, al servir tanto para aislar la red de túneles del exterior, manteniendo la humedad en la época de sequía o protegiendo a la madriguera delas lluvias e inclemencias meteorológicas, como para impedir que por la boca penetren mamíferos (particularmente la comadreja) o reptiles (algunas culebras, fundamentalmente la culebra bastarda, la víbora hocicuda y la culebra de escalera)  para devorar a los topillos.

 

Las bocas y galerías de los topillos mediterráneos tienen unas dimensiones y características muy definidas, que permiten diferenciarlas de otras especies, con hábitos subterráneos. “Tanto las bocas como las galerías tienen unas dimensiones muy concretas, lo que las diferencia del resto de los Micrótidos, o topos. Es necesario advertir que las medidas de anchura de las galerías hay que hacerlas en los puntos más estrechos de su trazado, y que en las bocas, la entrada y salida de los animales acaba por ampliar algo su anchura. Tanto la anchura mínima de los carriles como el diámetro mínimo de las bocas oscilan entre los 25 y 35 mm. En las bocas pueden encontrarse casos que alcanzan los 40 mm si es vieja y muy usada. En cualquier caso, ni uno ni otro superan nunca los 45 mm., lo que ya podría ser topillo de Cabrera” (José Antonio Garrido, comunicación personal, 2005).

 

En cuanto a la alimentación del topillo común, es herbívora, alimentándose fundamentalmente de las partes subterráneas de las plantas, como bulbos, tubérculos y raíces de gran variedad de especies vegetales, incluyendo también en su dieta tallos, cortezas de árboles y frutos.

 

DATOS DE LA ESPECIE

 

© Proyecto Sierra de Baza

Huellas de topillo común sobre la nieve. La especie está activa durante todo el año y aunque de hábitos subterráneos suele salir a la superficie. El ejemplar autor de  estas huellas fue sorprendido por una nevada y al regresar a su refugio subterráneo, al que conducen las huellas dejadas sobre la nieve,  dejó marcado el recorrido.

 

Longevidad: Su vida media está en torno a los dos años. Los machos viven más que las hembras. 

Celo:  El topillo mediterráneo está sexualmente activo durante todo el año, aun cuando la capacidad de reproducirse va a estar condicionada por la climatología, de modo que se ha mostrado que la pluviosidad es el factor ultimo que mas influye en su abundancia, pues favorece la disponibilidad de alimento y la facilidad para excavar.

Gestación: La gestación dura veinticuatro días, al cabo de los cuales nacen los jóvenes, desnudos y ciegos, con la piel de un color sonrosado.

Parto: La hembra suele parir de 2 a 3 ejemplares, que deposita en el interior de la madriguera, donde acondiciona un nido esférico con restos de materia vegetal.

Duración de la lactancia:  Unas dos semanas.

Madurez sexual: Alcanza la madurez sexual a los poco meses de vida.

Alimentación: Está constituida esencialmente por materia vegetal.

Hábitats: Necesita suelos con cierta humedad. Su óptimo lo encuentra en praderas y en campos de cultivo de herbáceas de regadío. En cuanto a altitud es muy amplio, pudiendo localizarse desde el nivel del mar, en zona de marismas, hasta los 3.000 m. en Sierra Nevada (Granada)

Huellas: Por su poco peso no suele quedar marcadas, ni siquiera en los medios óptimos. En la nieve deja un rastro continuo y ondulado, muy característico del paso del animal (ver imagen ilustrativa).

Excrementos:  Los excrementos no son fácil de encontrar. Aparecen ocasionalmente junto a las bocas (en menos del 10 % de las bocas estudiadas), y aislados o en poco número (una decena de cagarrutas como mucho) y también en los cruces de galerías y cámaras de los herbazales densos. En cualquier caso, la variabilidad en su forma y tamaño es muy amplia. J. A. Garrido destaca (2005) “Yo las he encontrado mucho más pequeñas o algo más grandes, y con extremos a veces completamente redondeados. Su composición también es variable, y debo destacar que muchas de ellas están formadas por tierra. No es de extrañar, ya que este topillo debe de ingerir mucha tierra al comer raíces y tubérculos y, sobre todo, al excavar las galerías. Estos topillos las excavan con la boca (no tienen patas-pala como los topos y abren los túneles con los incisivos, que los tienen dirigidos hacia delante)”.

Otros rastros: Las topilleras o montones de tierra que deposita sobre el suelo en las bocas de sus madrigueras para protegerlas, son muy características de la especie. Estos montones de tierra son diferenciables de los dejados por el topo, al ser de menor tamaño y coincidir siempre con bocas de entrada y salida, que camufla con la tierra extraída, así como de los montones de tierra que deja la rata de agua, los que no tienen relación de continuidad con los agujeros de entrada y salida, lo que permite distinguir claramente unas y otras (Ver ficha rata de agua) 

Los restos de plantas roídos por el animal son también otro buen rastro, ya que es curiosa su costumbre de comer solamente el tallo y despreciar las hojas. En el caso de los árboles, atacan solo la corteza y dejando un característico anillamiento de roedura, descortezando  la base de los tallos y troncos. Bajo el suelo ataca también las raíces e incluso el cuello del tronco de la planta, por debajo del suelo, lo que puede motivar que el árbol o arbustos se sequen sin motivo aparente para el observador medio. También consumen una amplia variedad de frutos (naranjas, manzanas, peras) cuando estos se encuentran caídos en tierra. Otro buen rastro son las galerías superficiales que deja en el suelo el topillo, particularmente en la primavera, tras el deshielo, en los prados de alta montaña.

Dimorfismo sexual:  No aparente, si bien el macho es ligeramente mayor que la hembra.

Enemigos naturales: La generalidad de los carnívoros, particularmente la comadreja y el tejón, el que levanta con sus fuertes uñas las topilleras para acceder a su interior (ver imagen). El zorro espera a los topillos a la entrada y salida de la guarida pacientemente al acecho.  Las rapaces, particularmente las nocturnas, también predan sobre la especie. Algunas culebras también entran en las topilleras para cazarlos, pudiendo establecer en su guarida su habitáculo, tras dar muerte a la colonia que allí se localizaba.

El estudio de egagrópilas es también muy ilustrativo, en información facilitada por J.A. Garrido (2005), con respecto a esta especie nos indica que en la Hoya de Guadix, Soler et al. indican que el topillo común aparece en el 20,1 % de las egagrópilas de lechuza. Por otra parte, Padial et al. (2002), lo encuentran en el 0,6 % de los excrementos de garduña en medios secos de Sierra Nevada, o en el 1 % en medios húmedos. Para el zorro, el mismo trabajo indica su presencia en el 1,5 % de los excrementos en medios secos y en un 13,5 % en medios húmedos. Parece que lo cazan más allí donde abunda más, en entornos húmedos. Gíl–Sánchez (1998) indica que, en la comarca de los Montes (Granada), el gato montés y la gineta no lo cazan.

Principales problemáticas:  Daños a cultivos humanos y en vegetación arbustiva y arbórea de pocos años, a los que ocasiona unos característicos anillamientos (superficiales y subterráneos) que pueden suponer la muerte de la planta.

 

 

© 2005 PROYECTO SIERRA DE BAZA Todos los derechos reservados

 

 

 

 

 © Proyecto Sierra de Baza

Típicos montículos de tierra dejados por el topillo mediterráneo en su actividad cavadora, taponando las bocas de entrada y salida de las topilleras. Estos montones de tierra son claramente diferenciables de los dejados por la rata de agua, los que no tienen relación de continuidad con los agujeros de entrada y salida, lo que permite distinguir unas y otras. (Ver ficha rata de agua)

 

© Proyecto Sierra de Baza

Detalle del montículo cónico de una topillera, en la que aparece visible la boca de entrada y salida al no haber sido cerrada por el animal.  

 

© Proyecto Sierra de Baza

Detalle de la boca de entrada y salida una topillera, que aunque en uso por el animal no cuenta con el característico montículo de tierra.

 

© Proyecto Sierra de Baza

Entrada a una topillera abandonada. Por la acción del viento y el agua ha desaparecido el montículo de tierra que cubría la entrada.

 

 

OTROS RASTROS:

 

© Proyecto Sierra de Baza 

Excrementos de topillo mediterráneo. Su color es negro-marrón y la longitud no supera los 6,5 mm. de largo y los 2 mm. de grueso.

 

© Proyecto Sierra de Baza

Conducciones superficiales dejadas por el topillo mediterráneo al retirarse la nieve en un prado situado a 1.800 m. de altitud.

 

 

 

© Proyecto Sierra de Baza

Característico anillamiento de roedura producido por el topillo mediterráneo en un cerezo silvestre (Prunus avium), que sin duda supondrá la muerte de la planta. 

 

© Proyecto Sierra de Baza

 

Restos de una topillera saqueada por un tejón, para acceder a la cámara interior (visible en la imagen, al final de las galerías que se comunicaban con ella), para comerse a las crías.

 

 

VER HUELLAS DE ANIMALES EN LA NIEVE 

 

 

 

EL TOPILLO COMÚN O MEDITERRÁNEO EN LA SIERRA DE BAZA

   

El topillo mediterráneo es abundante en la Sierra de Baza, donde podemos localizarlo tanto en las zonas más bajas de la periferia del parque como en las zonas de prados de alta montaña, aún cuando encuentra su óptimo y mayor densidad en la zona de turberas de los nacimientos de los arroyos Uclías, Moras y Balax. Se han encontrado restos fósiles de  M. duodecimcostatus        -datados en el Pleistoceno- en la Cueva de la Pastora en Caniles (Aguayo de Hoyos, 1995), dentro del actual territorio del Parque Natural Sierra de Baza, por lo que se trata de una especie muy antigua, que ha sabido mantener sus actuales hábitos de vida.

 

 

Nuestro agradecimiento al biólogo José Antonio Garrido García, por la corrección del texto de esta ficha y aportaciones efectuadas para el mejor conocimiento de la especie.