EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 239 –  MAYO 2019
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En alguna de nuestras salidas al campo, es posible que de repente, en la curva de un camino o al rebasar una pequeña loma, un movimiento fugaz, una especie de ráfaga verde nos haya sobresaltado. Una vez repuestos, caemos en la cuenta de que hemos tenido un encuentro muy breve con el mayor representante y seguramente el más bonito de todos los lacértidos ibéricos. Efectivamente el lagarto ocelado es el saurio de mayor tamaño que podemos encontrar en nuestra provincia. Antaño muy abundante, cada vez es más difícil tener la suerte de cruzarse con uno de ellos. A la injustificada mala fama que le acompaña, se une la pérdida de calidad de su hábitat, sobre todo por la intensificación de la agricultura tradicional de secano. Completamente inofensivo, constituye un elemento básico de los ecosistemas mediterráneos, por lo que es fundamental su conservación y desterrar la mala imagen que tiene entre la población en general y particularmente en el ámbito rural.

 

 

© Luis García-Cardenete

Macho adulto subespecie lepida. Sierra Mágina (Jaén), mayo 2007.

 

Lagarto ocelado (Timon lepidus)

 

Por Eduardo Escoriza, revisado por Luis García-Cardenete y la colaboración de Javier Fuentes, José Luis Esteban y Javier Benavides (A.H.G).

 

 

 

Ficha técnica:

 

Clase: Reptiles

Orden: Escamosos

Familia: Lacértidos

Género: Timon

Especie: lepidus (Daudin, 1802)

Estatus legal: No aparece incluido ni en el Catálogo andaluz de especies amenazadas (Ley 8/2003, de 28 de Octubre, de la flora y la fauna silvestres), ni en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. En el Atlas y Libro Rojo de los Anfibios y Reptiles de España, editado en 2002, está catalogado dentro de la categoría Preocupación menor (LC) que recoge aquellas especies, que no cumplen ninguno de los criterios para ser incluidas en las categorías de mayor amenaza de desaparición (Casi amenazada, NT, Vulnerable, VU, En peligro, EN, o En peligro crítico, CR). El conjunto de sus poblaciones carece de amenazas significativas.

No obstante se propone la inclusión de la subespecie nevadensis, que habita entre otras, tierras granadinas, dentro de la categoría Casi amenazada (NT) pues aunque no cumple los criterios para ser considerado como vulnerable, está próximo a hacerlo de forma inminente o en el futuro.

 

 

© Javier Fuentes

Primer plano de un juvenil subespecie lepida. Sierra Seca (Granada), marzo 2006. 

 

 

Nuestro particular “dragón mediterraneo”.

 

El lagarto ocelado es un saurio de gran tamaño y robustez, en el que destaca su vistosa coloración. Su cabeza es grande, alargada, y posee unas enormes escamas en la parte superior a modo de escudo. El collar, situado en la zona de contacto entre la cabeza y el cuerpo, está formado por escamas aserradas. Los ojos, de pupilas circulares, son de color negro e iris anaranjado (amarillento en juveniles) y aparecen ligeramente hundidos bajo una ceja pronunciada que se extiende hasta las proximidades de los orificios nasales. El hocico es alargado. Las mandíbulas, con una musculatura muy desarrolladas presentan dientes bien visibles. La lengua es ancha, rojiza-violácea y bífida. En la parte posterior de la cabeza destacan los orificios timpánicos, de tamaño considerable, cubiertos por una membrana timpánica de color negro.

Las extremidades son robustas, mas largas las posteriores; con tienen cinco dedos, más largos en los miembros posteriores y con poros femorales muy desarrollados. Las uñas, de color negro son muy fuertes.

Su longitud puede llegar a superar los 250 mm del hocico a la cloaca. La cola representa casi dos tercios de la longitud total, que en algunos machos adultos supera los 800 mm. Esta es utilizada como apoyo y para equilibrarse en sus rápidos desplazamientos.

La coloración del cuerpo es muy llamativa con un fondo verdoso, ocre o grisáceo, salpicado de escamas pigmentadas de negro, amarillo y azul formando una especie de mosaico. La coloración es menos vistosa en la zona del cuello y en la cola. La mayor ornamentación aparece en ambos costados, donde las escamas se combinan dando lugar a varias hileras longitudinales (3-4) de ocelos de color azul cobalto. El color de la cola suele ser el mismo que el resto del cuerpo aunque algo más oscuro, pardusco; con pequeñas motas negras y sin ocelos.

El vientre y la garganta son de color blanquecino amarillento y carente de manchas. Se conocen casos de albinismo.

 

 

© Luis García-Cardenete

Detalle del bonito diseño y los ocelos en un adulto de la subespecie lepidus. Archidona (Málaga), junio 2007.

 

 

El cuerpo de los juveniles mide 40 y 60 o 70 mm la cola. Tienen una coloración muy llamativa con abundantes ocelos celestes o de color crema extendidos por todo el tronco e incluso por la cola y patas. Conforme crecen van desapareciendo hasta quedar únicamente los situados en los costados.

 

© Javier Fuentes Martín

Juvenil de la subespecie lepidus. Castril (Granada), junio 2007.

 

 

Machos de mayor tamaño y viva coloración.

 

El dimorfismo sexual es aparente sobre todo en la época de celo. Los machos alcanzan mayores tamaños (hasta 800 o 900 mm, con la cola completa, y más de medio kilo de peso), y las mandíbulas más poderosas. La cabeza es desproporcionadamente grande, muy ancha por su base. Las hembras no suelen superar los 600 mm, tienen el tronco más engrosado, para alojar los huevos y la coloración es menos vistosa, con un menor número de ocelos. Durante el celo, la coloración de machos y hembras se intensifica con vivos tonos verdosos en dorso, patas y cuello, más contrastados en los machos. También los ocelos se vuelven más marcados y brillantes. Los poros femorales situados en la base de las patas traseras alcanzan un gran desarrollo durante este periodo.

 

© Javier Fuentes Martín

Macho adulto en celo, subespecie lepidus. Castril (Granada), mayo 2007.

 

 

Una subespecie propia del sureste ibérico.

 

Tiene una amplia distribución concentrada mayoritariamente en la península Ibérica, estando también presente en el  sur de Francia y en el noroeste de Italia. En el norte de África es sustituido por otras especies muy similares, el lagarto tangerino (Timon tangitanus) y el tunecino (Timon pater). Ocupa la totalidad de la península, siendo raro en la cornisa cantábrica, donde sólo aparece en pequeños valles de influencia mediterránea cercanos al mar. Habita también en distintos islotes del cantábrico y del mediterráneo.

 

© Luis García-Cardenete

Juvenil de lagarto ocelado tunecino, diciembre 2005.

 

 

© Luis García-Cardenete

Lagarto ocelado de Marruecos, Atlas Medio octubre 2005.

 

 

En la actualidad se acepta la existencia de 2 subespecies bien diferenciadas y otras 2 propias del noroeste ibérico en las que no está muy clara su diferenciación de la subespecie nominal. Son las siguientes:

Timon lepidus lepidus: distribuido por  la mayor parte de la península ibérica. Incluye también las poblaciones francesas e italianas. Se trata de lagartos grandes, con cabeza corta y hocico poco puntiagudo. Coloración de fondo verde muy vivo. 4 filas de ocelos grandes y numerosos de color azul rodeados de negro en ambos costados.

 

Timon lepidus nevadensis: Presente en el sureste ibérico, en las provincias de Alicante, Murcia, Almería y cuadrante suroriental de Granada. Lagartos muy grandes, cabeza puntiaguda, dientes de mayor tamaño y coloración de fondo pardo-grisácea, a veces verde azulada y ocre. Tienen menor número de escamas ventrales y mayor numero de escamas dorsales, poros femorales y escamas del collar. Los ocelos son más pequeños y se presentan en menor número. Una característica que nos puede ser muy útil a la hora de diferenciarlos es la ausencia de escamas de color negro en todo el cuerpo. Los juveniles son verdes y tienen muchos ocelos de color blanco o amarillento.

 

Timon lepidus ibericus y Timon lepidus oteroi: Lagartos de menor tamaño y con algunas diferencias en cuanto a diseño corporal y comportamiento social. Hasta la fecha no se ha llegado a un consenso sobre su categoría taxonómica por parte de la comunidad científica. Presentes en el noroeste ibérico.

 

 

Amplia distribución provincial.

 

En Granada está ampliamente distribuido aunque sólo abunda localmente. Hasta hace unos 20-30 años era extraordinariamente abundante en toda la provincia. Tiene un amplio rango altitudinal y podemos encontrarlo desde cultivos y matorrales situados a nivel del mar hasta en pedregales y matorrales de Sierra Nevada donde llega a los 2780 msnm (concretamente un individuo juvenil encontrado en la loma del Mulhacén) que representa el récord de altitud de toda su área de distribución natural. También supera los 2000 msnm en la Sierra de Baza.

 

 

© Eduardo Escoriza Abril

Las sierras del noreste granadino mantienen aún hoy importantes poblaciones de lagarto ocelado. Sierra Seca, Castril (Granada), mayo 2008.

 

 

En nuestra provincia tenemos la posibilidad de encontrar ejemplares pertenecientes a las 2 subespecies reconocidas hasta la fecha. En toda la mitad occidental y sierras del noroeste habita la subespecie lepidus mientras que en Sierra Nevada, Sierra de Baza, depresiones de Baza y Guadix y la zona costera oriental podemos encontrar la subespecie nevadensis. En la actualidad no se conoce con claridad cual es el límite geográfico entre ambas subespecies, por lo que cualquier dato al respecto que puedan aportar amablemente los lectores del boletín será de gran ayuda.

 

 

© Eduardo Escoriza Abril

Macho adulto subespecie nevadensis. Sierra de la Almenara, Lorca (Murcia), abril 2005.

 

 

 

MAPA DE DISTRIBUCIÓN PROVINCIAL

 

 

 

 

Poco exigente en la selección del hábitat.

 

El ocelado es un lagarto muy generalista. Es una especie típicamente mediterránea y poco exigente a la hora de seleccionar su hábitat, lo que explica su éxito y amplia distribución. No obstante prefiere las zonas secas y es poco amigo de la humedad. Podemos encontrarlo desde arenales y formaciones arbustivas costeras hasta prados y formaciones de matorral espinoso o lapiaces propios de la alta montaña mediterránea. Tampoco tiene preferencia por un tipo de vegetación concreta, aunque como casi todos los reptiles evita y es poco probable encontrarlo en masas boscosas espesas donde no puede obtener la necesaria radiación del sol. Es muy abundante en espartales y tomillares. También es posible encontrarlo en casi todo tipo de cultivos, sobre todo en los tradicionales de secano, olivar, cereal, vid, etc. Incluso se acerca a las ciudades y pueblos llegando a ser bastante común en escombreras, construcciones semiderruídas y solares abandonados. El elemento del paisaje que más condiciona su presencia son los acúmulos rocosos, ya sean naturales o sobre todo producto de la actividad humana, en el caso de muros, majanos y linderos. En estas formaciones encuentra refugio aunque en su ausencia puede excavar una pequeña madriguera o aprovechar las realizadas por otros animales como conejos.

 

 

 

© Luis García-Cardenete

Hábitat típico para el lagarto ocelado. Loja (Granada), junio 2006.

 

Su actividad es predominantemente diurna, aunque en pleno verano podemos encontrarlo activo durante el crepúsculo. Pasa la noche escondido en su refugio, y cuando comienza a calentar al sol sale de él y se coloca en una zona despejada para solearse, sobre una piedra, un tronco… Es muy querencioso con los lugares que utiliza para tomar el sol. Una vez que ha alcanzado la temperatura óptima, comienza su actividad, sin retirarse en exceso del refugio al que acude a esconderse rápidamente ante la menor señal de peligro. Son muy territoriales y defienden sus dominios vitales con fiereza ante la llegada de algún congénere.

El periodo anual de actividad depende de la altitud. En zonas bajas y en el sureste, está activo casi todo el año y tiene dos periodos de reposo, en pleno invierno y en los días más calurosos del verano. En zonas de media y alta montaña salen de la hibernación al comenzar la primavera y están activos hasta mediados del mes de octubre. Durante el verano está activo por la mañana y por la tarde, refugiándose durante las horas de más calor.

El celo comienza en el mes de abril, aunque la mayor actividad se da en mayo. Los machos incrementan su colorido y se vuelven más territoriales aún, peleando entre ellos por acercarse a las hembras. Las cópulas son muy violentas, y las hembras sufren mordiscos en la cabeza y el tronco durante las mismas, llegando en ocasiones a perder la cola.

                                                        

© Luis García-Cardenete

Cópula sobre una carretera de lagarto ocelado. Hornachuelos (Córdoba), junio 2006.

 

 

 

© Luis García-Cardenete

Hembra adulta cargada de huevos (grávida). Vilches (Jaén), junio 2007.

 

Para la puesta la hembra excava una pequeña galería en terreno suelto o debajo de una gran piedra o acúmulo de estas donde la deposita, con un número de huevos que oscila entre 6 y 20, de forma elíptica y ligeramente gomosos. Tras un periodo de incubación de 70-100 días, nacen los pequeños lagartos (durante el mes de septiembre) que miden entre 100 y 120 mm incluyendo la cola. Las hembras de la subespecie nevadensis pueden efectuar dos puestas en cada temporada aunque con un número menor de huevos. Los juveniles alcanzan la madurez sexual a los 4 años y pueden vivir hasta 11. En cautividad incluso han superado los 20 años.

 

Dieta poco especializada

 

Su dieta es muy variada y buscan activamente su alimento, que incluye todo tipo de invertebrados (escarabajos, arañas, hormigas, saltamontes, escorpiones, caracoles) e incluso a veces también pequeños vertebrados (lagartijas, culebras, pequeños roedores y anfibios). El hecho poco frecuente e igualmente poco documentado de que pueda capturar gazapos de conejo en sus madrigueras, o algún huevo o pollo de perdiz, le ha puesto en el punto de mira de buen número de cazadores, que ven en él un peligro para las poblaciones de especies cinegéticas y lo persiguen con saña. Esta situación es completamente exagerada pues muy raramente realizan esas capturas, limitándose a los invertebrados anteriormente citados, carroña y distintos vegetales, sobre todo los adultos. Sus hábitos carroñeros le convierten en víctima de cebos envenenados colocados por gestores de caza o ganaderos. Aunque beber no le es imprescindible, si tienen la ocasión no dudan en hacerlo de un charco o en una cuneta.

 

Un apreciado bocado

 

Ante la desaparición del conejo, base de la cadena trófica en los ecosistemas mediterráneos por la acción de distintas enfermedades y los cambios en el uso del suelo, el lagarto ha pasado a convertirse en presa principal de muchos depredadores que basaban su dieta en el lagomorfo. Gran número de rapaces, entre ellas el águila real, el águila perdicera, el águila calzada, el águila culebrera... mamíferos como el zorro, el gato montes y la gineta acechan y capturan lagartos intentando llenar el hueco dejado por el conejo en sus menús.

 

© Eduardo Escoriza Abril

Lagarto adulto en actitud defensiva. Campos de Hernán Perea, Santiago-Pontones (Jaén), mayo 2008.

 

Su principal mecanismo de defensa ante un peligro es la evasión. Prácticamente “vuela” a ras del suelo, intentando introducirse en su refugio. También es capaz de trepar, y no es raro que ascienda a una encina, pino u olivo en su huída, hasta las ramas más altas. Si de este modo no evita el peligro y se encuentra acorralado, no duda en cambiar drásticamente su defensa que pasa a ser bastante más activa. Adopta una característica posición defensiva, elevando la cabeza y la parte anterior del cuerpo a la vez que abre la boca y emite amenazantes resoplidos. En esta posición sigue atentamente los movimientos de su agresor, y en caso de que este supere la distancia mínima de seguridad, se abalanza intentando morder. En caso de conseguirlo, dirige todas las fuerzas de su cuerpo a la mandíbula que se cierra como una tenaza, siendo muy difícil que suelte la presa. De todas formas hay que recalcar que estamos hablando de un animal completamente inofensivo y nadie puede sentirse amenazado por uno de ellos, pues como hemos indicado anteriormente lo primero que hace es huir rápidamente ante la menor señal de peligro. También tiene la posibilidad de soltar la cola a voluntad (autotomía) en caso de ser agarrado por la misma, siendo posteriormente regenerada.

 

 

Declive generalizado.

 

Aunque hoy en día es aún una especie ampliamente distribuida y no podemos decir que esté amenazada, lo cierto es que esta circunstancia tal vez no tarde mucho en producirse. Una larga serie de factores están actuando en esa línea, dificultando cada día la supervivencia de una especie tan atractiva e importante para el funcionamiento de los ecosistemas mediterráneos.

 

Destrucción y pérdida de calidad de su hábitat: Sobre todo debido a los cambios de uso del suelo que está sufriendo el campo español en los últimos años.

 

  • Intensificación de la agricultura tradicional de secano. Nuestros olivares, viñedos y cultivos de cereal se han convertido en ambientes hostiles para la vida silvestre. Muchos lagartos encontraban refugio en los huecos de añosos olivos o en los muros de piedra que separaban las fincas. Hoy en día su presencia es casi vestigial en estos ambientes, por la utilización intensiva de pesticidas, herbicidas y por el laboreo intensivo que impide el crecimiento de plantas y la presencia de insectos. También están desapareciendo los muros, setos y linderos tradicionales, en aras de facilitar la mecanización de las labores agrícolas. La reciente construcción de enormes balsas para riego con fondo de plástico, sobre todo en la zona norte de la provincia, también supone un problema, pues muchos lagartos caen en ellas buscando el agua y se ahogan.
  • Incremento de la urbanización y de las infraestructuras de transporte. Las ciudades y pueblos van engullendo terrenos marginales que se situaban en sus alrededores y que mantenían importantes poblaciones de lagartos. Un claro ejemplo lo tenemos en la ciudad de Granada, sobre todo en la zona norte donde hasta hace unos 10 años era fácil encontrar lagartos en muchos solares e incluso en los terrenos del ferial de Almanjáyar. La construcción de nuevas carreteras y el asfaltado de caminos y pistas forestales aumentan el riesgo de atropello, por el incremento de la velocidad en esos tramos. Muchos lagartos mueren bajo las ruedas por su costumbre de utilizar el asfalto como estupenda “playa” para solearse.

 

 

© Luis García-Cardenete

Ejemplar atropellado. Andújar (Jaén), junio 2004.

  

  • Abandono de la ganadería extensiva y de las labores forestales. Grandes extensiones de nuestros montes están sufriendo un excesivo desarrollo de matorral denso, sobre todo después de los incendios. Estas formaciones vegetales no permiten la supervivencia del lagarto y otras especies de reptiles o mamíferos. Igual podemos decir de enormes extensiones que han sido roturadas y posteriormente plantadas con pinos en gran parte de la provincia.

 

 Destrucción y persecución directa por parte del hombre

 

  • Mala fama y falsas creencias.  La animadversión que la sociedad muestra con nuestras especies de anfibios y reptiles, se acentúa en el caso del lagarto, sobre todo a causa de su gran tamaño. Muchos cazadores, agricultores o simplemente habitantes del medio rural o visitantes de fin de semana, la emprenden a golpes e intentan acabar con todos aquellos lagartos que se cruzan en su camino, a veces simplemente por el hecho de haber escuchado que son capaces de comer conejos y perdices. Aun hoy en algunas zonas, y a pesar de estar protegido, se le cuelga, una vez muerto, de árboles y alambradas, al parecer a modo de advertencia para otras “alimañas”.
  • Utilización como alimento. Aunque en casos muy concretos el lagarto puede ser consumido con fines terapéuticos en nuestra provincia, este hecho se produce eventualmente en Portugal y Extremadura, donde su carne está considerada una exquisitez. También se utiliza su piel para confeccionar adornos, aunque afortunadamente de forma esporádica y artesanal. Observamos también con preocupación algunas iniciativas encaminadas a sacar cierto “rendimiento” a los lagartos. Se trata de la cría intensiva de lagarto ocelado en cautividad, con el objetivo al parecer de obtener ejemplares suficientes para introducirlos en el mercado de animales de compañía, aunque también se hacen referencias a sus excelencias como manjar culinario. También parece que parte de los ejemplares obtenidos servirían para programas de reintroducción en el medio natural. Si bien todas las iniciativas encaminadas a valorizar el ámbito rural son respetables, en este caso debería actuarse con mucha prudencia, pues la generalización del lagarto ocelado como mascota en nuestro país (como sustituto de iguanas y otras especies exóticas), supondría un grave riesgo para las poblaciones silvestres, que podrían verse contaminadas por las sueltas y escapes de ejemplares cautivos. Este hecho tiene enormes riesgos, sobre todo teniendo en cuenta que contamos con al menos 2 subespecies.
  • Proliferación de depredadores domésticos. Gatos y perros asilvestrados

 

 

Propuestas de conservación.

 

La situación del lagarto ocelado es cada día más preocupante en nuestra provincia. En muchas zonas donde hace 10 o 15 años era una especie abundante, hoy en día es casi una anécdota dar con uno de ellos. Muchas zonas de la Vega, Montes Orientales y Occidentales, Poniente granadino y Costa están quedándose sin lagartos por las causas indicadas en el apartado anterior. Hoy en día la especie sigue siendo algo abundante en zonas de sierra, sobre todo en Sierra Nevada y las Sierras del Noreste, así como en los espartales de las comarcas de Baza y Guadix. Aun estamos a tiempo de parar el declive generalizado que sufren sus poblaciones, entre otras con las siguientes medidas.

·         Conservación y recuperación de los muros y setos tradicionales como elementos integrantes del paisaje típico mediterráneo.

·         Conservación de la agricultura tradicional, limitando el uso de fitosanitarios.

·         Control de gatos asilvestrados, que causan estragos tanto entre nuestros reptiles como entre otras pequeñas y medianas especies de aves y mamíferos. A tal efecto seria conveniente concienciar a los poseedores de gatos domésticos de lo inadecuado de que sus mascotas deambulen fuera de los hogares. Asimismo se debe prohibir dar de comer a gatos y perros callejeros habitualmente en el mismo lugar, como hace mucha gente alegando que les dan pena. Con ello lo único que hacen es alargar su “agonía” y fomentar sus poblaciones.

·         Educación ambiental en la escuela sobre esta y otras especies de reptiles y anfibios.

 

© Eduardo Escoriza Abril

Habitat del lagarto ocelado en la Sierra de Baza, Barranco de la Fonfría, Baza (Granada) abril 2006.

 

 

El lagarto ocelado en la Sierra de Baza.

 

Está presente en todo el territorio del parque natural, tanto en zonas bajas donde habita matorrales y cultivos de secano, como en las zonas más altas. Hemos localizado ejemplares  en el Puerto de las Palomas, a casi 2.000 msnm. Prefiere zonas abiertas con abundantes piedras, evitando los densos pinares que cubren gran parte de la sierra. Los ejemplares localizados por nosotros hasta la fecha pertenecen a la subespecie nevadensis, aunque no descartamos la presencia de individuos de la subespecie lepidus en la zona más occidental del parque. Por fortuna no parece enfrentarse a grandes problemas de conservación en este espacio natural, donde goza de un buen estado de sus poblaciones.

 

 © Andrés García-Granados

Hembra adulta subespecie nevadensis, Barranco de Relumbre, Sierra de Baza (Granada), abril 2005.