EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 241 –  JULIO 2019
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Sin duda alguna los encuentros ocurridos en el medio rural entre miembros de nuestra especie y algún componente de la fauna herpetológica que causan mayor revuelo (incluidas carreras, gritos, bastonazos y otros comportamientos  peculiares), son los que tienen como protagonista a algún ejemplar del grupo de los ofidios (culebras y serpientes). En nuestro ámbito mediterráneo en numerosas ocasiones la bicha responsable será un ejemplar de culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis).Se trata del  ofidio más antropófilo y que por tanto mas fácilmente podemos encontrar en zonas habitadas. Debido a sus hábitos rupícolas, frecuenta muros y construcciones semiderruidas donde consigue alimento y refugio. Incluso en su búsqueda de pequeños roedores y lagartijas, no dudara en intentar echarle mano a los canarios y colorines enjaulados que cuelgan de porches y balcones. Se trata de una culebra de tamaño respetable (puede alcanzar casi 2 metros de longitud total) que cuenta con una distribución bastante amplia en nuestra provincia, aunque al igual que el resto de especies de nuestra fauna herpetológica, se ve afectada por una larga serie de factores negativos que la hacen cada vez menos frecuente. 

 

Culebra de herradura

(Hemorrhois hippocrepis)

 

 

Por Eduardo Escoriza, revisado por Luis García-Cardenete y la colaboración de Javier Benavides, Javier Fuentes, José Luis Esteban, Raúl León, Octavio Jiménez y José Manuel Gutiérrez (A.H.G).

 

 

© Javier Fuentes

Adulto. Pinos Puente (Granada), mayo 2006. 

Ficha técnica:

Clase: Reptiles

Orden: Escamosos

Familia: Colúbridos

Género: Hemorrhois

Especie: hippocrepis  (Linnaeus, 1758)

Estatus legal: Tanto en el  Catálogo andaluz de especies amenazadas (Ley 8/2003, de 28 de octubre, de la flora y la fauna silvestres), como en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas,  aparece incluida en la categoría “Interés especial”, en la que se recogen aquellas especies que, no estando incluidas en otras categorías de mayor amenaza de desaparición (extinta, en peligro de extinción, sensible a la alteración de su hábitat, vulnerable), son merecedoras de una atención particular en función de su valor científico, ecológico, cultural, o por su singularidad. El Atlas y Libro Rojo de los Anfibios y Reptiles de España, editado en 2002, propone su inclusión en la categoría  “Preocupación menor” (LC). Un taxón será considerado como tal cuando no cumple ninguno de los criterios necesarios para ser incluido en alguna de las categorías que valoran el riesgo de extinción. En cuanto a la ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad, aparece incluida en el ANEXO V que incluye aquellas especies animales y vegetales de interés comunitario que requieren una protección estricta.

 

  

 © Octavio Jiménez

Adulto, laguna del Padul (Granada), junio 2006.

 

Gran tamaño y diseño corporal característico

 

La de herradura, es una culebra grande, robusta, de cuerpo cilíndrico y alargado que se va estrechando en su parte final, hasta terminar en una cola larga y de extremo afilado. La cabeza no es muy grande, y vista desde arriba tiene forma triangular, diferenciada claramente del resto del cuerpo. Está ligeramente aplastada permitiéndole de este modo cómodos desplazamientos en ambientes rocosos, penetrando fácilmente entre las grietas y bajo las piedras. Los ojos son grandes con pupilas redondas de color oscuro e iris amarillento o marrón. El hocico redondeado. La dentadura es aglifa, por lo que carece de canalización interior y no está comunicada con glándulas productoras de veneno (ver cuadro adjunto).

 

La parte superior de la cabeza tiene un diseño muy característico compuesto por una serie de dibujos oscuros que destacan sobre el fondo que es verdoso o grisáceo. En primer lugar tenemos una fina línea transversal situada justo detrás de las fosas nasales. Otra franja algo más ancha y con una pequeña zona central clara, une ambos ojos. Posterior a esta se sitúa un dibujo en forma de herradura oscura, que le ha proporcionado su nombre, con la abertura dirigida hacia atrás. Dentro de la herradura encontramos otra pequeña mancha romboidal, y justo tras ella ya en la zona del cuello, se inserta la primera de una serie de manchas ovaladas, en este caso con uno de sus extremos puntiagudo, que recorren todo el dorso de su cuerpo. Este juego de manchas, ovaladas lateralmente, ribeteadas de negro y con su interior algo más claro, se extienden con una pequeña separación entre ellas por todo el dorso hasta llegar a la cola, donde llegan a unirse formando una banda oscura. Van acompañadas de otras dos líneas de manchas más pequeñas situadas en ambos laterales del cuerpo que se disponen  alternas a los dibujos principales del dorso.

 

© Javier Benavides

Detalle de la cabeza, Antequera (Málaga), febrero 2004.

 

El color de fondo del cuerpo es variable con tonalidades que van del crema al marrón pasando por grises y amarillentos. El vientre tiene una coloración más viva con bonitos tonos anaranjados, sobre todo en los laterales, donde también aparecen pequeñas manchas oscuras. La zona central es de color blanquecino y ausente de manchas.

 

Los juveniles poseen el mismo diseño que los adultos, aunque destaca la presencia de dibujos más contrastados y coloración general más clara. Conforme van envejeciendo, se vuelven más oscuros, casi negros, pero nunca pierden los dibujos.

 

Se han documentado individuos con hasta 185cm de longitud total, aunque es raro hoy en día encontrar ejemplares que superen los 150cm.

 

Las escamas dorsales son completamente lisas y aparecen en número de 24-29  a mitad del tronco. Poseen 221-242 escamas ventrales y 97-109 subcaudales. Es característica la escama preanal dividida.

 

Todas estas características permiten diferenciarla claramente de otras culebras de tamaño similar, como la de escalera (Rhinechis scalaris) y la bastarda (Malpolon monspessulanus).

 

© José Luis Esteban

Diseño del cuerpo, Íllora (Granada), abril 2007.

 

 

Dimorfismo sexual

 

Es poco aparente, por lo que a simple vista resulta bastante complicado averiguar el sexo de un ejemplar. De todas formas los machos son de tamaño ligeramente mayor, tienen la cabeza más ancha y la cola mas larga. Por su parte, las hembras poseen mayor número de  escamas ventrales.

 

 © Eduardo Escoriza

Hembra adulta, Puerto Lumbreras (Murcia), abril 2008.

 

 

Especie típica de los ecosistemas mediterráneos

 

Hasta hace pocos, su denominación científica era Coluber hippocrepis, y así aparece reflejado en la mayor parte de las publicaciones. Sin embargo, recientes estudios proponen que el género Coluber debe reservarse a ciertas especies americanas, por lo que se establece que su denominación correcta sea Hemorrhois hippocrepis. Así lo indica la comisión de taxonomía de la Asociación Herpetológica Española en documento editado en febrero del año 2005. No se ha descrito la existencia de subespecies en toda su área de distribución.

 

Se considera que es una culebra con claros orígenes africanos, distribuida por gran parte de la Península Ibérica y la franja costera norteafricana de Marruecos, Argelia y Túnez. Su presencia en algunas islas mediterráneas como Cerdeña se considera fruto de introducciones históricas por parte del hombre.

 

En nuestra península ocupa los 2 tercios inferiores, siendo más abundante en el cuadrante suroccidental y la costa mediterránea. Por la zona occidental asciende hasta los Arribes del Duero, y más al centro no sobrepasa el Sistema Central. Es poco frecuente en la meseta manchega oriental, haciéndose más abundante conforme nos acercamos a la costa mediterránea. Llega hasta el piedemonte de los Pirineos en la provincia de Gerona aunque siempre cerca del mar, y penetra ligeramente hacia el interior por el valle del Ebro aprovechando la influencia del Mediterráneo.

 

Junto con la culebra bastarda es el único ofidio presente en nuestro país que tiene espermatogénesis (producción de espermatozoides) primaveral, por lo que necesita una primavera larga, cálida y un prolongado periodo de actividad anual, condiciones que no se dan en el norte de la península ni en zonas altas de montaña.

 

 

 

En Granada es más abundante conforme nos desplazamos hacia la zona occidental y hacia la costa. En la mitad oriental es más escasa al igual que ocurre en cotas superiores a los 1.500msnm.

 

© Luis García-Cardenete

Hábitat típico, Sierra Norte (Sevilla) marzo 2008.

 

 

Hábitos termófilos y rupícolas

 

Amante de las buenas temperaturas, no es muy exigente a la hora de seleccionar su hábitat. Le gustan los paisajes que presentan vegetación abierta, como espartizales, matorrales mediterráneos, zonas de cultivo y que tengan abundantes refugios sobre todo rocosos. También frecuenta las galerías de ríos y gana altitud en zonas de montaña aprovechando las orientaciones en solana. Evita las formaciones vegetales densas que no permiten la adecuada insolación del suelo. Ocupa los pisos bioclimaticos Termo y Mesomediterraneo. En Sierra Nevada se han encontrado los ejemplares situados a mayor altitud de toda la  península, casi a 2000msnm. En Marruecos llega hasta 2750msnm. De todos modos es raro encontrar ejemplares por encima de los 1500msnm.

  

© Luis García-Cardenete

Hábitat típico, Linares (Jaén) marzo 2008.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro de texto: Pisos bioclimáticos 



Gran parte de nuestra península se incluye dentro de la Región Biogeográfica Mediterránea, que se caracteriza por la coincidencia de la época seca con las mayores temperaturas e inviernos relativamente suaves.

 

Conforme vamos ascendiendo desde el nivel del mar tenemos:

 

Termomediterráneo: Desde el nivel del mar hasta los 600 msnm. Influencia costera y raras heladas.



Mesomediterráneo: Entre los 600 y 1.500 msnm. Sequía estival, aparecen las primeras heladas. 

 

Supramediterráneo: Entre 1.500 y 1.900 msnm. Temperaturas bajas en invierno con abundantes heladas.

 

Oromediterráneo: Entre 1.900 y 2.900 metros de altitud.  Alta montaña.

 

Crioromediterráneo. Por encima de los 2.900 metros de altitud. Cumbres de Sierra Nevada.

 

 

 

 

 

Sus hábitos son predominantemente rupícolas, por lo que es abundante en medios rocosos, canchales, muros de piedra, construcciones semiderruidas y escombreras. Como indicábamos anteriormente es el ofidio más antropófilo de todos y es frecuente encontrarlo en zonas agrícolas, pueblos e incluso la periferia de grandes ciudades.

 

En zonas cercanas a la costa no hiberna, permaneciendo activa la mayor parte del año. Las poblaciones situadas en el interior y a cierta altitud, se muestran activas desde el mes de febrero hasta noviembre, reposando escondidas el resto del año. Para hibernar busca refugio en muros de piedra, troncos de árboles e incluso madrigueras de mamíferos, pudiéndose encontrar a veces varios ejemplares juntos. Es posible observarlas activas en pleno invierno durante jornadas cálidas. En algunas zonas tiene un pequeño reposo estival que coincide con las jornadas más calurosas del año.

 

Su actividad es sobre todo diurna, aunque en verano la amplían hasta el crepúsculo y la noche.

 

© Octavio Jiménez

Primer plano, laguna del Padul  (Granada) junio 2006.

 

 

El periodo de celo se extiende durante los meses de mayo y junio, periodo en que los machos muestran una gran actividad, tanto en la búsqueda de hembras como en la peleas con otros pretendientes. Aproximadamente al mes de consumada la cópula, la hembra selecciona un lugar adecuado para la puesta de los huevos. Utilizará un sustrato algo húmedo y correctamente soleado, en un montón de piedras o bajo un tronco para depositar de 4 a 10 huevos alargados de unos 6 cms. de longitud y consistencia pergaminosa, a veces adheridos entre sí. La incubación dura 2 meses y las pequeñas culebras con unos 20 cms. de longitud, nacen en agosto o septiembre.

 

 

Extrema agilidad en los lances de caza

 

Es una culebra muy ágil que se desplaza con rapidez tanto por el suelo como por las rocas e incluso los árboles, a los que trepa con facilidad. Su técnica de caza se basa en la búsqueda activa de presas, entre las que se encuentran principalmente micromamíferos (ratones, lirones, musarañas), otros reptiles de menor tamaño (lagartijas, eslizones, salamanquesas) y pájaros (gorriones, golondrinas, jilgueros). También puede capturar pequeños murciélagos. Al no poseer veneno, mata a sus presas estrangulándolas con su cuerpo. Los juveniles se alimentan sobre todo de lagartijas juveniles que nacen cuando ellas y de invertebrados.

 

Entre sus enemigos naturales destacan varias especies de aves rapaces, (águila culebrera, milanos, cernícalos, búho real), mamíferos carnívoros (zorro, meloncillo), y otras culebras de mayor tamaño como la bastarda. Puede llegar a vivir hasta 20 años.

 

© Luis García-Cardenete

Individuo adulto de gran tamaño, Andujar (Jaén), marzo 2009.

 

Victima de la persecución humana

 

El hecho de acercarse con asiduidad a las zonas humanizadas en su búsqueda de alimento sobre todo por muros y tejados, conlleva que sea una de las especies de culebra que mas frecuentemente acaban sus días bajo el zapato o la azada. Efectivamente innumerables ejemplares mueren cada año a manos de personas invadidas por un odio irracional. En parte estos comportamientos son producto de la ausencia de una mínima educación ambiental y de la pervivencia de una serie de leyendas y falsas creencias propiciadas por nuestra cultura cristiana occidental, que ha convertido a la serpiente en la causante del  “pecado original”.

 

Sin embargo se trata de un animal completamente inofensivo y carente de veneno, que huye con rapidez ante la mínima señal de peligro. De todas formas tiene un carácter irascible y cuando se ve amenazada, no duda en defenderse, silbando, lanzando furibundos ataques y propinando mordiscos a diestro y siniestro. Su mordedura es completamente inofensiva, y sólo produce ligeras heridas, pues sus dientes son de pequeño tamaño. Cuando es capturada también produce un líquido de consistencia oleosa y de olor nauseabundo.

 

Muchos otros ejemplares perecen atropellados, cuando se solean en las cada vez más frecuentes carreteras y pistas forestales que cruzan sus territorios.

 

© José Manuel Gutiérrez

Ejemplar juvenil atropellado, Guadahortuna (Granada), agosto 2007.

 

 

Si bien muchos ejemplares son matados directamente, el principal problema al que se enfrentan es la destrucción de su hábitat y la homogeneización de los paisajes rurales. Entre las causas principales de su declive encontramos:

 

  • La desaparición de setos y muros tradicionales.

  • La intensificación de la agricultura tradicional de secano, con el consiguiente incremento de tratamientos fitosanitarios.

  • Los cambios del uso del suelo relacionados con la construcción de infraestructuras y el crecimiento urbano.

  • La proliferación de gatos y perros asilvestrados en las proximidades de los núcleos urbanos.

 

  • El crecimiento desmedido de las poblaciones de jabalí.

 

  • Los incendios forestales.

 

  • Las roturaciones para implantar nuevos cultivos intensivos, así como las repoblaciones masivas y mal enfocadas con coníferas que sustituyen al matorral mediterráneo.

 

 

 La importancia de la educación ambiental. La “Señora de Motril”.

 

Las poblaciones granadinas gozan aún de buena salud, aunque hay que prestar especial atención a aquellas que se sitúan en el borde de su área de distribución, en el cuadrante nororiental. Son necesarias una serie de actuaciones que impidan su más que probable declive a medio y largo plazo. Sin duda la principal de ellas sería el establecimiento de un programa de educación ambiental y divulgativo, que contribuya a mejorar la imagen que nuestra sociedad tiene sobre esta y otras especies de  culebras y serpientes, desterrando de este modo la mala imagen y las falsas leyendas que desgraciadamente acompañan su existencia en nuestro entorno.

 

Ya tenemos cerca la época estival y seguramente se repetirán episodios como el que recorrió, como una auténtica “serpiente de verano” los medios de comunicación nacionales el pasado verano de 2008. La aparición de una o varias culebras de herradura en el tejado de una barriada de la localidad de Motril, desató una serie de acontecimientos dignos de una película de Berlanga y la España más profunda. Manifestaciones, colocación de barricadas, intervención de los bomberos al más puro estilo “Nacional Geographic” intentando capturar las culebras con conejos enjaulados… Incluso el levantamiento completo de los tejados y posterior fumigación, porque supuestamente en ellos anidaba “La Señora” acompañada de cientos de sus congéneres. El acontecimiento se saldó con la aparición de una culebra muerta en un barranco cercano, y con abundante “carnaza” para los medios de comunicación que a cada minuto ofrecían “información actualizada y contrastada” sobre el progreso de los acontecimientos.

 

© Eduardo Escoriza

Primer plano, Lorca (Murcia), septiembre 2008.

 

 

Proponemos una serie de medidas que sin duda favorecerán a esta y otras muchas especies de nuestros ricos, aunque gravemente amenazados ecosistemas mediterráneos.

 

1.       Conservación de los setos y muros de piedra tradicionales.

2.       Promoción de la agricultura y ganadería tradicional.

3.       Educación ambiental en los colegios sobre la fauna herpetológica.

4.       Control de gatos y perros asilvestrados.

5.       Proyecto de control de las poblaciones de jabalí en toda la provincia, usando métodos selectivos de captura.

6.       Tratamiento forestal de las repoblaciones de coníferas llevadas a cabo en el siglo pasado y que pueblan gran parte de nuestra provincia, favoreciendo la creación de un paisaje en mosaico que proteja a nuestros montes de los incendios.

 

 

La culebra de herradura en la Sierra de Baza 

 

Se trata de una especie poco común en los terrenos del Parque Natural. Aún así no es raro encontrar ejemplares en las ruinas de antiguos cortijos y en pedregales, sobre todo en zonas bajas. Asciende a zonas superiores a los 1.500msnm, en laderas pedregosas y con escasa vegetación. También cerca de cursos de agua. Sin duda al igual que el resto de especies de reptiles del parque, se vería beneficiada de todos aquellos trabajos forestales que permitan un clareo de los densos pinares procedentes de las repoblaciones de los años 50 a 70 del pasado siglo, favoreciendo de este modo de un paisaje en mosaico que igualmente protegería la sierra de posibles incendios monstruosos. Se agradecen citas de la especie tanto del parque natural como del resto del territorio oriental granadino.

 

 © Raúl León

Adulto, Vereda de la Estrella, Sierra Nevada (Granada), mayo 2008.