EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 239 –  MAYO 2019
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Junto a la culebra viperina que ya tratamos en una ficha anterior, la de collar completa el listado de culebras de agua que podemos encontrar en nuestra provincia y en la península. Se trata de uno de los reptiles más escasos en Granada, aunque posee una  distribución muy extensa en el viejo continente. Completamente inofensiva a pesar de su respetable tamaño, sobrevive ligada a zonas acuáticas, aunque no se muestra tan dependiente de ellas como su cercano pariente.

 

Culebra de collar (Natrix natrix)

 

 

Por Eduardo Escoriza, revisado por Luis García-Cardenete y la colaboración de Javier Benavides, Javier Fuentes, José Luis Esteban, Raúl León, Octavio Jiménez y José Manuel Gutierrez (A.H.G).

 

© Javier Fuentes

Adulto, detalle. Andújar (Jaén) abril 2004. 

Ficha técnica:

Clase: Reptiles

Orden: Escamosos

Familia: Colúbridos

Género: Natrix

Especie: natrix (Linnaeus, 1758)

Estatus legal: Tanto en el Catálogo andaluz de especies amenazadas (Ley 8/2003, de 28 de octubre, de la flora y la fauna silvestres), como en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas, aparece incluida en la categoría de “interés especial”, en la que se recogen aquellas especies que, no estando incluidas en otras categorías de protección superior (extinta, en peligro de extinción, sensible a la alteración de su hábitat, vulnerable), son merecedoras de una atención particular en función de su valor científico, ecológico, cultural, o por su singularidad.

 

El Atlas y Libro Rojo de los Anfibios y Reptiles de España, editado en 2002, la incluye dentro de la categoría “Preocupación menor” (LC)  que recoge aquellas especies, que no cumplen ninguno de los criterios para ser incluidas en las categorías de amenaza (Casi amenazada, NT, Vulnerable, VU, En peligro, EN, o En peligro crítico, CR). En igual categoría se incluye a nivel mundial según la U.I.C.N (Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza).

 

En cuanto a la ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad, varias subespecies de culebra de collar aparecen incluidas en el ANEXO V que incluye aquellas especies animales y vegetales de interés comunitario que requieren una protección estricta. No ocurre igual con la subespecie que habita en nuestro país.

  

 © Eduardo Escoriza

Juvenil, Sierra de Castril, junio 2007.

 

 

Collar característico en la edad juvenil

 

La culebra de collar es un ofidio grande y robusto. Su cabeza, ovalada y ensanchada ligeramente en la parte posterior, es grande y claramente diferenciada del resto del cuerpo. El hocico es romo. Los ojos, grandes y situados en posición lateral al igual que los orificios nasales, resultan muy llamativos por la viva coloración anaranjada o rojiza de su iris. Este carácter es típico de los ejemplares ibéricos. Las pupilas son negras y como en el resto de colúbridos ibéricos, redondas. Posee 7 escamas supralabiales atravesadas verticalmente por franjas de color oscuro en los individuos inmaduros. La 3ª y la 4ª contactan con el ojo. La escama nasal está dividida. Poseen una escama loreal, una gran escama preocular, 3 postoculares y 1 temporal.

 

El elemento más característico de su diseño y por el que recibe su nombre común, es su collar. Sin embargo este elemento tan representativo sólo podemos observarlo en individuos juveniles y subadultos, pues con la edad se va difuminando, hasta desaparecer por completo en los adultos. Este collar es habitualmente blanco-amarillento y en ocasiones no rodea completamente el cuello. Adosada a esa franja, posee otra negra, de grosor variable en su perímetro.

 

 

© Luis García Cardenete

Detalle de la cabeza de un juvenil. Sierra de Córdoba, abril 2005.  

 

El cuerpo grueso y largo posee escamas dorsales muy aquilladas, dispuestas en 19 hileras en su parte central. El color de la zona dorsal es bastante variable, con tonos que van del verde claro al gris oscuro, pasando por verde oscuro y pardo-marrón. Se han citado varios casos de melanismo (completamente negras) y de albinismo parcial. Los juveniles poseen una serie de pequeños lunares dispuestos regularmente en varias hileras, sobre todo en los laterales del cuerpo y que favorecen su camuflaje. Al igual que ocurre con el collar, estas manchas se difuminan con el paso del tiempo. Los individuos viejos adquieren una coloración verde oscura y uniforme excepto en la zona ventral.

 

Esta presenta una coloración de base más clara que el resto del cuerpo, usualmente glauco, verdoso o blanco sucio y adornado con un mosaico irregular de manchas rectangulares negras, a veces ajedrezadas. En los ejemplares juveniles suele ser más uniforme la coloración oscura, pudiendo ser completamente negro. Tiene entre 157 y 181 escamas ventrales. La cola es relativamente corta y gruesa y podemos contar entre 61-77 escamas subcaudales. Suele estar bien diferenciada del cuerpo, sobre todo en las hembras.

 

Su dentición es del tipo aglifa, con numerosos dientes pequeños con forma de sierra que no están conectados con glándulas secretoras de veneno (ver clasificación de dentición de ofidios en el cuadro inferior).

 

Aunque en algunas zonas de su amplia distribución natural pueden llegar a 200 cm de longitud, en nuestra península raramente superan los 125 cm. 

 

Dimorfismo sexual

 

Las hembras son considerablemente más grandes, pudiendo alcanzar en nuestro país hasta 130 cm. Los machos raramente alcanzan los 100 cm. Estos poseen mayor número de escamas ventrales  y subcaudales y su cola es más larga y gruesa en su base, pues en ella se alojan los hemipenes (órgano reproductor masculino). No hay diferencias en cuanto a diseño y coloración entre los ejemplares de ambos sexos.

 

 © Javier Fuentes

Hembra adulta. Sierra de Andújar (Jaén), abril 2004.  

 

Amplia distribución

 

Se trata del reptil con mayor área de distribución natural en el viejo continente. De norte a sur sus dominios se extienden desde el sur de Escandinavia hasta el norte de África, con poblaciones muy escasas en Marruecos, (Rif y Atlas medio) y puntos concretos de las costas de Argelia y Túnez.

 

De oeste a este, llega desde las Islas Británicas y la Península Ibérica hasta la frontera entre Rusia y China.

En nuestro país su presencia disminuye de norte a sur, y de oeste a este conforme escasean los ambientes húmedos y sus presas (anfibios y peces) disminuyen igualmente. En toda la franja cantábrica y Pirineos, al igual que en el resto de Europa, es quizás el ofidio más común. Una vez que llegamos a la meseta se vuelve escasa, siendo puntualmente frecuente en sistemas montañosos (Central, Sierra Morena). Ocupa toda la fachada mediterránea, disminuyendo igualmente de norte a sur, hasta llegar a Murcia y Almería donde su presencia es esporádica. Ausente de las Islas Baleares y Canarias.

 

En la comunidad andaluza su abundancia disminuye de oeste a este y las poblaciones más densas se concentran en Huelva, Cádiz y Sierra Morena.

 

 

En Granada es la culebra más escasa y con menores densidades tras la culebra lisa europea (Coronella austriaca). Las observaciones son raras, aún en zonas propicias bien prospectadas y las nuevas citas se producen de tarde en tarde. El mayor número de estas se da sobre todo en la costa, en Sierra Nevada y las sierras del poniente (Tejeda, Almijara). En el valle del Genil y la comarca de los Montes las citas son esporádicas, y parece estar completamente ausente de las grandes depresiones de Baza y Guadix. Desplazándonos hacia el este vuelve a aparecer en la Sierra de Baza y las Sierras del Noreste, aunque igualmente en bajo número.

 

 

© Eduardo Escoriza

Juvenil, Sierra de Castril (Granada), junio 2008.

 

Cuatro subespecies reconocidas

 

Debido a su extensa distribución y gran variabilidad en cuanto a tamaño y coloración, se han llegado a proponer hasta 9 subespecies de culebra de collar. Recientemente se ha propuesto la reducción a 4, dos de ellas insulares presentes en Córcega y Cerdeña, y otras dos continentales, una oriental y otra occidental. Las poblaciones ibéricas junto a las del resto de Europa occidental y del norte de África pertenecen a la subespecie occidental, Natrix natrix helvetica, caracterizada por tener menor número de escamas ventrales y subcaudales que la subespecie oriental. 

 

Confusión con especies similares

 

Los ejemplares juveniles son fácilmente reconocibles a simple vista gracias al collar que adorna su nuca. Sin embargo los grandes ejemplares adultos pueden ser confundidos en principio con la culebra bastarda (Malpolon monspessulanus), por la robustez de su cuerpo y la coloración verde oscura uniforme. Un análisis cercano nos permite salir de dudas, gracias a la viva coloración rojiza de sus ojos, a una cabeza mucho más engrosada, a la ausencia de las placas supraoculares tan prominentes de la bastarda, y a no presentar la mancha oscura de la parte anterior (silla de montar) de estas. Asimismo, las escamas de la bastarda están levemente aquilladas, pero hacia adentro. En lo que se refiere a su pariente más cercano, la culebra viperina, la posible confusión debida al hecho compartir hábitats acuáticos, es fácilmente descartada por las claras diferencias en cuanto a su diseño y coloración. La de collar nunca presentará el típico zigzag en el lomo de la viperina.

 

© Raúl León

Adulto. Puertollano (Ciudad Real), mayo 2007.   

 

 

Hábitos acuáticos menos acentuados que su pariente

 

Aunque se trata de una especie de hábitos umbrófilos, se muestra mucho menos dependiente del líquido elemento que la culebra viperina, y lleva a cabo gran parte de su actividad fuera del agua. Su nombre en inglés, grass snake (serpiente de la hierba), delata este hábito. Asimismo, en el extremo norte peninsular no aparece ligada necesariamente a medios acuáticos, gracias a la elevada humedad ambiental, por lo que podemos encontrarla en gran variedad de medios terrestres. Bosques caducifolios, de ribera, pinares… siempre que tengan buena exposición solar, no sean muy densos y cuenten con abundantes refugios. También en matorrales, setos, prados  de montaña y cultivos. Se ha citado algún caso de ejemplares que pescaban en charcos intermareales.

 

En el centro y sur peninsular, a causa de la menor humedad ambiental, casi siempre la encontraremos ligada a puntos de agua y con abundante vegetación. Puede ser un arroyo, acequia, humedal, alberca, riachuelo, balsa de riego, embalse, etc.

 

Junto a la víbora hocicuda es el ofidio que presenta un mayor rango de altitud en nuestro país, habiéndose encontrado ejemplares tanto a nivel del mar como en torno a 3000 msnm cerca de la laguna de la Caldera en Sierra Nevada. Este hecho nos da una idea de la enorme tolerancia ambiental y capacidad de adaptación de esta especie, siempre que cuente con un mínimo de humedad.

 

En Granada al igual que en el resto del sur peninsular habita principalmente en zonas de montaña con ambientes bien conservados, evitando cultivos intensivos, zonas habitadas y por supuesto aguas contaminadas.

 

 

© José Luis Esteban

Juvenil, Sierra Nevada almeriense, agosto 2007.

 

 

Actividad anual 

 

Al igual que pasa con otros reptiles que tienen distribución extensa en nuestro país, su actividad anual está claramente influenciada por la altitud, la latitud y las condiciones ambientales, siendo difícil establecer una regla que sea válida para todas las poblaciones presentes en la península.

 

Los meses fríos los pasan en estado de hibernación, refugiadas en cualquier escondrijo que les proteja de las inclemencias climáticas. En zonas bajas es posible observar ejemplares activos en días cálidos del invierno. Una vez entrada la primavera, fundamentalmente en marzo y abril abandonan sus refugios. Los machos se muestran especialmente activos, y dedican gran parte de su tiempo a la localización de hembras receptivas. La actividad se incrementa conforme avanza el verano, y en los días más calurosos desciende, para retomarla con fuerza nuevamente en los primeros meses del otoño, con un nuevo periodo de celo. Su temperatura corporal óptima se sitúa entre 22 y 32 grados.

 

Su actividad es casi completamente diurna, con descansos a mitad del día y hábitos crepusculares en verano.

 

© Javier Fuentes

Juvenil, La Aliseda (Jaén), septiembre 2007.

 

 

Puestas comunales

 

Finalizado el invierno, varios machos pueden cortejar a una misma hembra, formando una especie de bolas de serpientes. No luchan entre ellos y suele llevarse el gato al agua el de mayor tamaño. Los apareamientos se producen sobre todo en primavera, aunque también en otoño, en un segundo periodo de celo que no va seguido de puestas.

 

Las hembras suelen pasar largos periodos soleándose para acelerar el desarrollo de los huevos, aunque generalmente escondidas entre vegetación baja. Las puestas se producen en el mes de junio. Seleccionan para ello acúmulos de vegetación húmeda en descomposición, leña podrida, turberas, aprovechando el calor que se desprende. También debajo de piedras o madrigueras de roedores. La cuantía de las puestas depende del tamaño de la hembra, variando entre 10 y 50 huevos blancos alargados y de consistencia pergaminosa. Varias hembras pueden elegir el mismo lugar para desovar. Los huevos recién puestos cuentan con embriones que ya han iniciado su desarrollo, lo que muestra su adaptación a climas fríos, donde la incubación puede ser muy lenta. Los nacimientos se suceden tras 40-60 días dependiendo de la temperatura ambiental y las pequeñas culebrillas se ayudan de un pequeño diente para romper la cáscara a finales de agosto y principios de septiembre. Al nacer miden unos 15cm, mostrándose muy activas y completamente independientes.

 

El crecimiento es más rápido en los primeros años, mudan 2 veces al año, y luego se ralentiza. Pueden vivir hasta 20 años. Las hembras alcanzan la madurez sexual a los 4 años cuando miden 60cm y los machos a los 3 años, con 40 cm. Las hembras se reproducen todos los años.

 

© Javier Fuentes

Juvenil, La Aliseda, septiembre 2007.

 

 

Una dieta muy especializada

La culebra de collar se ha especializado en la captura de anfibios, sobre todo anuros (ranas y sapos) que pueden suponer el 90 por ciento de su dieta. Las capturas se producen sobre todo en tierra firme o aguas superficiales, ya que aunque muy ágil tanto en agua como en tierra es peor buceadora que la culebra viperina. Utiliza la vista y los quimiorreceptores situados en su lengua para localizar a sus presas a las que busca activamente. Otras presas ocasionales son micromamíferos, aves y peces. Los juveniles capturan numerosas larvas de anfibios e invertebrados acuáticos.

Son destacables las luchas que entablan las hembras adultas con grandes ejemplares de sapo común. El sapo intenta escapar de las fauces de la culebra hinchando su cuerpo con aire hasta casi doblar su tamaño, mientras que la culebra desencaja su mandíbula hasta extremos insospechados para poder engullirlo.

© Ferrán Aguilar 

Adulto intentando tragar una trucha.

 

Depredadores

 

Como ya hemos comentado anteriormente, la culebra de collar es completamente inofensiva y no dispone de veneno. Sus mecanismos defensivos son principalmente pasivos. Confían en su camuflaje y rapidez de huída. En caso de verse acorraladas, embisten con la cabeza y bufan sin llegar siquiera a morder, limitándose a golpear con el hocico. Si son capturadas segregan un líquido nauseabundo por las glándulas anales y regurgitan el alimento a medio digerir. Otro mecanismo curioso es que se hacen las muertas, quedando con el vientre hacia arriba y con la boca entreabierta y la lengua fuera, caída.

 

Entre sus depredadores naturales se cuentan mustélidos como el tejón, el turón y la nutria; otros mamíferos carnívoros como la gineta, el zorro, los gatos asilvestrados. Entre las rapaces a la mayor especialista en capturar ofidios, el águila culebrera. También milanos, alimoche, águila real, etc. También otras especies de culebras, sobre todo la bastarda. Los juveniles tienen mayor número de depredadores por su pequeño tamaño.

 

Amenazas para su supervivencia

 

Aunque a nivel nacional no se trata de una culebra especialmente amenazada gracias a su amplia distribución y la buena densidad de sus poblaciones septentrionales, las poblaciones granadinas al igual que las del resto del sureste ibérico, se encuentran seriamente amenazadas. Si bien nunca debe haber sido una sido una especie muy común por estas latitudes, dados sus requerimientos ambientales, es cierto que una serie de factores relacionados con la actividad humana pueden hacerla desaparecer, como ya ha ocurrido en algunos lugares concretos.

 

El principal problema al que se enfrentan es la destrucción del hábitat, sobre todo la alteración de medios acuático en zonas de montaña.

 

Como el resto de culebras también sufre en sus carnes la mala fama que tienen en nuestra sociedad y muchos ejemplares son destruidos directamente.

 

Otras terminan sus días bajo las ruedas de vehículos, atropelladas por su costumbre de solearse sobre el asfalto o la grava de las pistas forestales.

 

© Eduardo Escoriza 

Hábitat típico. Sierra de Castril, junio 2007.

 

 

Propuestas de conservación

 

Se basan principalmente en el mantenimiento de las condiciones ecológicas adecuadas de nuestra red hidrográfica y de zonas húmedas, así como en la educación ambiental necesaria para desterrar la mala fama que las serpientes tienen en nuestra sociedad occidental.

 

1. Depuración adecuada de las aguas residuales que se vierten a los cauces, tanto las de origen urbano, fundamentalmente con alto contenido orgánico, como las de origen industrial.

 

2. Control de las extracciones ilegales de aguas subterráneas y superficiales.

 

3. Recuperación del dominio público hidráulico. Impedir la ocupación ilegal de las riberas y zonas de inundación de los ríos.

 

4. Restauración del ciclo anual del agua en los cauces afectados por la construcción de embalses. No basta tan sólo con el cumplimiento de los “caudales ecológicos”, que casi nunca se respetan, sino de establecer un régimen de caudales que imite, en lo posible las condiciones existentes antes de la construcción del embalse.

 

5. Campaña educativa sobre el importante papel que cumplen las culebras acuáticas en los ecosistemas húmedos mediterráneos.

 

6. Control y limitación del uso de pesticidas en la agricultura, sobre todo en el olivar por su gran extensión.

 

7. Mantenimiento de unas buenas poblaciones de anfibios: a grandes rasgos, su distribución en el sureste coincide con una gran presencia de estos, sobre todo sapo común, y sapo partero bético.

 

 

© José Luis Esteban

Hábitat bien conservado, Sierra Nevada almeriense, agosto 2007.

 

 

Saetón de ojos de perdiz

 

En algunas zonas de Sierra Morena circula la leyenda de la presencia de un extraño y letal animal, “el saetón”. Según cuentan se trata de una serpiente gigante, ligera y veloz que apostada en los árboles, salta sobre los animales con tanta fuerza que se clava en ellos y los atraviesa como si fuera una saeta causándoles la muerte instantánea. Su cabeza es descomunalmente grande y tiene la capacidad de volar. También es capaz de hipnotizar con su mirada penetrante.

 

Como ocurre con tantos otros animales mitológicos, nunca se ha encontrado ninguna y la leyenda se ha forjado a lo largo de los años a partir de la exageración de la conducta de animales comunes en la zona, en este caso las serpientes. A la culebra de collar se le conoce como “saetón de ojos de perdiz”, por sus llamativos ojos rojizos o anaranjados, y por supuesto que se trata de una especie completamente inofensiva e incapaz de llevar a cabo las “fechorías” que se le atribuyen a los saetones.

 

 

© Luis García Cardenete

Característicos ojos rojizos en un ejemplar juvenil, Sierra de Baza (Granada), agosto 2007.

 

 

La culebra de collar en la Sierra de Baza 

 

Es sumamente rara en todo el territorio del Parque Natural de la Sierra de Baza, al igual que ocurre en toda la mitad oriental granadina, aunque no se han realizado estudios concretos sobre esta especie. Dada la gran extensión del parque, la presencia de hábitats óptimos, y la abundancia de sapo común y partero bético, somos optimistas sobre su futuro en este espacio protegido. Recientemente localizamos un ejemplar juvenil en las inmediaciones del refugio del Cascajar asociada a un abrevadero tradicional para el ganado, siendo esta la última referencia que tenemos sobre ella en la zona. Como en otras observaciones, coincidía con larvas y juveniles de Alytes dickhilleni.

A este respecto, es sumamente importante y se agradece la aportación de información sobre esta especie a todos los lectores de la Revista de la Sierra de Baza.

 

 © Luis García-Cardenete

Hábitat. Sierra de Baza, agosto 2007.