EDICIÓN MENSUAL - AÑO XIX
Nº 221 –  NOVIEMBRE  2017
SI DESEA SUSCRIBIRSE HAGA CLICK AQUÍ

FIESTAS Y TRADICIONES POPULARES DE LA SIERRA DE BAZA.

Por Antonia Agudo González

 

© Proyecto Sierra de Baza

Moros y Cristianos en la Sierra de Baza


Continuamos narrando unosapuntes extraídos del capítulo 5.3 “Costumbres y tradiciones de los habitantes de la Sierra de Baza”, de nuestra publicación Guía para conocer y visitar el Parque Natural Sierra de Bazason  comentados en esta reseña, que se centra en las Fiestas de Moros y Cristianos que se celebraron en las aldeas de la Sierra de Baza hasta hace unos años.

 

Las gentes de la Sierra eran alegres en general. Les gustaba divertirse y pasarlo bien en las pocas ocasiones que se les ofrecían. El baile era la principal y única diversión existente: no se conocía más que el suelto, con postizas y por parejas de sexo diferente; también se bailaban sevillanas, seguidillas, jotas, aunque el típico era el fandango serrano.

Normalmente se celebraban todos los domingos y días festivos, por la tarde/noche en alguna casa de amplia cocina de algún mozo o moza del lugar. No sólo acudían los jóvenes sino también los padres, madres, hermanos/as y casi toda la cortijada en la que se celebrase. Los ancianos y ancianas llevaban sus sillas. A la vez bailaban ocho o diez parejas: novios, pretendientes, amigos y amigas, etc. Una persona mayor tocaba la guitarra, otros los platillos y las mozas que descansaban tocaban las castañuelas. Las parejas: una frente a otra al principio del baile, se movían lentamente pero una vez empezada la copla se aceleraban bailando todas las parejas la misma mudanza que tenía que ser diferente  en cada copla. Los hombres se pedían la vez, cambiándose; las mozas seguían hasta el agotamiento, dando entrada a otro turno. La función duraba hasta la madrugada.

Los mozos a través de sus coplas, piropeaban a la novia que pretendían o les gustaba, manifestando sus enfados por haber sido despreciados o rechazados. Valgan estos ejemplos de ambas cosas:

- A la novia:

" Las estrellitas del cielo

las cuento y no están cabales

faltan la tuya y la mía

que son las dos principales".

-- Cuando el pretendiente era rechazado:

" Si hubiera dinero

como tienes fantasía

el río Manzanares

por tu puerta pasaría".

- Cuando otro mozo quería quitarle la novia:

" Esta noche va a llover

sin haber nublo ninguno

y la sangre va a correr

por las costillas de alguno.

Además había otras diversiones: corros, la comba, columpios, juegos de prendas, la gallinita ciega y muchos más. Los mozos tiraban a la barra, los bolos, las carreras, levantar pesos y otros. Para los hombre en general, jugar a las cartas, pero, eso sí, sin mediar dinero ninguno. El vino consumido era pagado a partes iguales por todos. La satisfacción de ganar estaba en la coba y la befa que se daba. Los juegos de cartas habituales eran: la brisca y tres contra otros tres. Eran verdaderos expertos.

 

 LA FIESTA MAYOR

En la zona bastetana de la Sierra de Baza, la festividad más importante durante todo el año era la del Santo Patrón: San Nicolás, no sólo de esta parte de la Sierra sino en todos sus contornos. Dicha fiesta se celebraba el 29 de agosto, fecha ideal por estar terminadas las faenas de siega y trilla, todavía no había empezado la sementera del trigo y de la cebada y sobre todo por estar pasando el verano allí los residentes de otros lugares. Incluso venían expresamente a pasar unos días allí. Además acudían vecinos de aldeas y pueblecitos de la provincia de Almería como Royo del Saúco, Alcontar, Serón y otros luagres.

El acto más importante de la Fiesta consistía en la típica representación de Moros y Cristianos, que se celebró hasta el año 1934, reiniciándose después en los años cuarenta. En la aldea de El Moro, estaba la Parroquia de San Nicolás del Moro. Allí se celebraban bautizos, bodas, entierros y todos los actos litúrgicos, de los que más tarde hablaremos. En tiempos más remotos existían en la zona dos Parroquias más: Los Mellizos y Las Balsillas, cuyos archivos estaban en El Moro. Además de la de Rejano, que dependía de Caniles. Las Fiestas empezaban la noche anterior con la quema del castillo y fuegos artificiales, confeccionados por los artificieros de Baza, que tenían fama ganada de buen arte. Regresaban de madrugada a sus casas, los traslados eran de una hora de camino para los residentes en Los Rodeos, Benacebada, Bailén, Tesorero, Los Moralicos, Cortijo de Cajas, Rejano y bastantes más cortijadas; otras como Tablas, Vinagre, Los Mellizos y todas las encuadradas en los ríos Balax, Uclías y Bodurria, tardaban de dos a cuatro horas. Acostaban a los niños que los llevaban para disfrutar de la vistosidad de los fuegos. Los mayores empezaban a preparar la suculenta comida, que regada con abundante vino de Valdepeñas y Jumilla, devorarían tumbados en el extenso prado que rodeaba la iglesia y protegidos del sol por los muchos árboles existentes. La costumbre era estrenar trajes, vestidos y demás ornamentos exteriores. A las nueve de la mañana marchaban con sus burras, mulos, mulas, bien enjaezados para estar sobre las diez en El Moro. Se comenzaba con la Misa, la procesión y a las doce la esperada fiesta o lucha de Moros y Cristianos. La iglesia estaba situada en una gran explanada de casi un Kilómetro de larga por otro de ancha. Así que había espacio sobradamente holgado para los cientos de personas asistentes a los festejos, como así también podían corretear con toda libertad las huestes de uno y otro bando, formadas por unos cuarenta soldados entre ambos contendientes: la mitad eran de caballería y la otra mitad de infantería. Los cargos y papeles a desempeñar eran hereditarios desde tiempos Inmemoriales tanto la lujosa vestimenta de antigua usanza, como el armamento conservado con el mayor esmero lo heredaban de padres a hijos con arreglo al mayorazgo. Los generales, oficiales y tropa lucían los uniformes con sus correspondientes insignias y distinciones de siglos pasados. Las armas de fuego eran trabucos, espingardas, escopetas de espoleta sables, chafaroles, alfanjes y demás pertrechos que vemos dibujados en los famosos cuadros de nuestras pinacotecas actuales. La batalla dialéctica, agresiva y provocadora entre los jefes era apuntada y leída por el acompañante. Escrita y reescrita, era digna de escucharla La invocación hecha por el Rey Cristiano, apareciendo el ángel, tiene también un fuerte controversia con el Lucifer solicitado por el moro, continuando la lucha a campo abierto, hasta reconquistar el Santo, tomado antes por los moros.

Una vez terminada la larga representación se organizaba el baile, invitaciones y la consabida jarana y francachela de toda fiesta pueblerina, pero sin duda ninguna de que aquellas fiestas tenían una doble importancia por reunir todas las condiciones de una festividad patronal y también las de una romería. Pasaban toda la tarde de placer y diversión hasta la puesta de sol en que emprendían el viaje de retomo a sus respectivas cortijadas, donde continuaban bailes y parrandas hasta el siguiente día. Se pueden añadir datos complementarios como que de Bacares venían cinco o seis músicos" que acudían una veintena de turroneros, o que había varios puestos de bebida, algunos juegos o distracciones feriales, en fin que estas fiestas no desmerecían nada de los pueblos de mayor categoría.

Además de en la aldea de El Moro, se celebraban fiestas de Moros y Cristianos en Los Rodeos, dedicadas a su patrón San Antonio; en Las Balsillas, bajo la devoción de la Santísima Trinidad; en el Rejano, en honor de San Antonio; en Los Mellizos, Bailén; y en Las Juntas de Gor, que originariamente eran en honor de la Santa Cruz, éstas últimas son las únicas fiestas de Moros y Cristianos que se continúan celebrando en la actualidad: en el primer fin de semana de agosto, aprovechando la presencia de los que vienen a pasar las vacaciones.

A la Fiesta de Moros y Cristianos en importancia le seguía la Fiesta celebrada el quince de agosto, igualmente en El Moro, festividad de la Virgen. Las demás fiestas no religiosas tenían su conmemoración en las diferentes aldeas, pero de idéntica manera que las descritas, en los párrafos anteriores. Un ejemplo de ello, eran los carnavales que eran festejados en toda su magnitud. Empezaban el domingo: tiznes por la mañana y máscaras por la tarde y noche, con baile constante. El Miércoles de Ceniza, cenit de las fiestas, estaban toda la mañana con los tiznajos y la ceniza.

Por la tarde, mozos, mozas y bastante personal de las aldeas de Benacebada, Bailén, El Moro, Tesorero y otras, se desplazaban vestidos de máscaras a Los Rodeos, donde se formaban bailes que duraban toda la noche.

Las Navidades eran completas para la infancia y la juventud. En todos los hogares se cocían varias hornadas de pan, roscas, bollos, pan de aceite, roscos de vino y aguardiente, mantecados. Se pedía el aguinaldo que correspondía a los chicos/as de diez a quince años, y finalmente en Nochebuena salían los matrimonios jóvenes y viejos con el resto de la familia e iban de casa en casa recogiéndose los vecinos hasta terminar juntándose todos los habitantes, provistos de zambombas y demás instrumentos ruidosos, cantando villancicos mientras se solicitaba el aguinaldo, comiendo y bebiendo hasta la saciedad.

La Semana Santa también era muy celebrada, ya que además de los tradicionales ayunos y celebraciones litúrgicas, se preparaban comidas típicas como el potaje de garbanzos o dulces, como los roscos fritos.

El Día de la Cruz, el tres de mayo, merece una mención especial: las mozas casaderas salían el día anterior recogiendo colchas de seda, mantones de Manila y objetos artísticos para vestir la Cruz con todo el ornato posible. La instalaban en una habitación interior, llena de flores, plantas olorosas. En la cocina se organizaba el baile que duraba tardes y noches toda la semana. Como dato curioso: en la confección de la Cruz sólo intervenían las jóvenes mayorcitas, de ninguna manera casadas o muy mayores. De ahí proviene el dicho serrano popular, cuando una mujer tardaba en casarse: "parece que se va a quedar para vestir Cruces".

Las festividades de San Antón, La Candelaria y San BIas, que duraban toda la noche con cantos y corros a su alrededor, tenían una matiz especial ya que las lumbres y la hogueras eran las protagonistas.

El día de San Juan se conmemoraba con cierta solemnidad debido a los poderes milagrosos que se le atribuían para curar ciertas dolencias o minusvalías físicas (hernias de los infantes, agua milagrosa, etc).

Las bodas y los bautizos y otros acontecimientos importantes se festejaban siempre dentro de un entorno amistoso y familiar y de mutuo cariño, resultado de la solidaridad y confraternización en la dureza del entorno y las condiciones de vida tan extremas.