EDICIÓN MENSUAL - AÑO XIX
Nº 221 –  NOVIEMBRE  2017
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LA MAGA DE LAS PIEDRAS DE VERGARA

Por José Ángel Rodríguez Sánchez.

 

© Proyecto Sierra de Baza

Paraje de las piedras de Vergara

 

La leyenda tiene como protagonista a una maga buena y bondadosa que se dice que aún habita en un paraje mágico de la Sierra de Baza y relata como ayudó a sus hijos pequeños después de muerta

 

 

A mitad del camino natural que une las aldeas de El Moro y Benacebada, en la Sierra de Baza se localizan unas curiosas moles rocosas que parecen aflorar del suelo en busca del cielo, la ausencia de vegetación, su altura y particularmente la forma pulimentada de estas rocas, les dan un aire mágico, propio de los cuentos de hadas y su visita parece trasladarnos mentalmente a otros mundos. Si tenemos ocasión de pasar de noche por este paraje, comprobaremos como estas moles de esquisto se asemejan a gigantescas figuras fantasmagóricas que parecen vigilar la noche. No es por tanto extraño que este paraje haya levantado múltiples leyendas e historias que han venido pasando de generación en generación, una de las cuales, la que aquí voy a contar, tiene como protagonista a un personaje, conocido como la Maga de las Piedras de Vergara.

 

Cuentan que en las Piedras de Vergara se estableció una familia pobre, pero muy bondadosa y buena, que llegó de la zona de Almería, en busca de un rincón de tierra en que buscar el sustento. Esta familia tenía seis hijos a los que sacaban adelante con grandes esfuerzos y trabajando prácticamente de sol a sol y sin día alguno de descanso. La mujer que además de ocuparse en las tareas de la casa, amasaba el pan, recogía la leña con la que calentarse u ordeñaba las cabras, también ayudaba a su marido en la siembra, de modo que en otoño ella se encargaba de ir sembrando el grano que transportaba en un capacho de esparto sujeto al hombro izquierdo, mientras él iba abriendo un surco con el mulo romo que guardaba en la casa, conviviendo y durmiendo con ellos, como la joya más preciada de su modesta economía.

 

Un día esta mujer enfermó y aunque su marido le prestó toda clase de atenciones no pudo evitar su muerte, recibiendo una sentida sepultura en el próximo cementerio de El Moro. La desgracia de aquella familia se acrecentaba con su miseria y el elevado número de hijos, todos pequeños y de corta edad, que habían quedado al cuidado del padre y aunque éste se forzaba en sacar adelante la casa no podía y le faltaba tiempo. Sus lamentos eran continuos y tanto dicen que lloraba a su esposa que en las mejillas, pulidas por el sol y el viento, como las rocas de las Piedras de Vergara, le aparecieron dos surcos como los que él marcaba en la tierra cuando labraba. Pero cuenta que la suerte le cambio cuando un día se levantó y sorprendentemente encontró sembrados de lentejas los bancales en los que el día antes el había estado con su ganado. El suceso, que se interpretó como obra de la mujer y madre que había acudido en ayuda de su esposo e hijos, causó gran conmoción en toda la Sierra de Baza, al no encontrársele explicación natural alguna y pronto comenzó a correr la idea de que la madre de estos niños había vuelto convertida en maga buena y bondadosa para ayudar a sus hijos, a los que estuvo acompañando, orientado y guiando hasta que fueron capaces de subsistir por sí mismos en la Sierra de Baza, donde terminaron sus días y cuentan que tan fugaz y misteriosa como apareció la maga, también desapareció y nunca más se supo de ella. Aun cuando algunos pastores me aseguran haberla visto en las noches de luna llena, en los alto de algunas de estas moles rocosas, vigilando el paisaje e incluso me aseguran, que cuando el rocío cubre estas rocas, si las examinamos antes de que  desaparezca con los primeros rayos de sol, encontraremos marcadas entre los cristales de hielo las huellas de la maga que durante la noche antes estuvo recorriendo estos peñascos y que sigue en este lugar expectante a prestar ayuda a quien la necesite.