EDICIÓN MENSUAL - AÑO XIX
Nº 221 –  NOVIEMBRE  2017
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La piedra del eunuco

Por José Ángel Rodríguez Sánchez

 

Detalle del paraje donde se localiza la piedra del eunuco (arriba a la derecha) en el arroyo del Baúl, dando vistas a la cueva Saldaña (al fondo a la izquierda).

 

 

El origen del nombre de una piedra con forma humana emplazada en el arroyo del Baúl, en la Sierra de Baza,  conocida como Piedra del Eunuco es contado en este relato, que nos lleva a las jornadas de caza de un rey moro y los deslices amorosos de la reina Zaldaña.

Hace casi diez siglos, cuando en la Sierra de Baza habitaba el oso y nuestra zona estaba bajo la denominación de los árabes, cuentan las leyendas orales que el rey moro de Baza venía a un lugar en aquél entonces llamado Barranco del Oso y que ahora es conocido como Barranco de la Fonfría. Esta era una zona muy recóndita y cerrada, donde no había caminos, aldeas ni pastores que osaran visitar estos lugares ante el temor de verse atacados por los lobos que aquí había y particularmente por los osos. Estos guerreros en los tiempos de paz se dedicaban a la caza de lobos y de osos con los que poner en práctica su valor. Para ello organizaban impresionantes comitivas en las que con tambores se aposentaban los peones en las cubres más altas para descender valle abajo espantando a los animales para dirigirlos al mortal encuentro de los cazadores que con arcos y lanzas los esperaban al fondo del valle, en un paraje muy cerrado y que ahora se llama Cerrada de los Portillos. 

Los animales que llegaban hasta este lugar se encontraban con la muerte, en cuanto que ni podían retroceder asustados por el infernal ruido de los tambores que le seguían los pasos ni las empinadas paredes de piedra del desfiladero les permitía escapar de la muerte. Los osos eran cazados, matados, no sin antes dejar destripado más de un perro que había salido a su encuentro.  

En este placer de la caza se enfrascaba el rey moro de Baza con su corte, mientras iban colgando en una gran gruta próxima que ahora se llama la Cueva Saldaña las pieles de los osos y lobos que cazaban. Así, entre cantos, divertimientos, pero sobretodo sangre, pasaban los días hasta que regresaban nuevamente a su palacio en la Alcazaba de Baza. 

Zaldaña, la esposa del rey moro que quedaba con el harén, a cuyo frente tenía un esclavo eunuco, se encontraba molesta con estas correrías de su marido, que la abandonaba durante días entregándose a la caza y a la sangre. En unas de estas escapadas de su marido tuvo un momento de debilidad y pensó organizar una gran fiesta en la que hicieron acto de presencia toda clase de liberalidades. Pero como temía que el rey regresara y se encontrara al palacio en este frenesí, decidió mandar a su fiel esclavo eunuco para que lo vigilara y cuando emprendiera el regreso le avisara de modo que nada sospechara el soberano a su regreso. 

El fiel esclavo marchó al lugar por donde sabía tenían que regresar al finalizar las jornadas de caza para que antes que llegara la comitiva a Baza pudiera poner sobre aviso a su señora, postrándose frente a la cueva que utilizaban como refugio el rey. Pero unos vigilantes del soberano descubrieron al eunuco y pusieron a éste sobre aviso, el que de una maldición lo dejó petrificado conservando la forma con la que se nos presenta en estas fechas, para que no pudiera regresar a llevar la noticia a sus señora, la que fue sorprendida en plena fiesta por el rey moro que personalmente pasó por el filo de su espada a cuantos participaban en la misma. 

Desde entonces la piedra con cabeza humana que se localiza en el arroyo del Baúl es conocida como la Piedra del Eunuco y la cueva situada a su frente se conoce como cueva Saldaña, como derivación de su originario nombre, en honor de la reina Zaldaña.