EDICIÓN MENSUAL - AÑO XIX
Nº 221 –  NOVIEMBRE  2017
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Royo del Serval

 

 

Vista general de la Cortijada de los Belgas. Julio-2003

 

José Ángel Rodríguez

 

 

 

Con el nombre de Royo del Serval, se conoce la zona de monte bajo, emplazada a unos 1.400 metros de altitud, que perteneciente al término municipal de Gor, arranca del piedemonte del Picón de Gor y con el centro geográfico del Cerro Cucador, aparece delimitada por la carretera local de Gor a Baza y la A-92.

 

 

 

En este territorio, de unos 15 kilómetros cuadrados, se emplazan y localizan varias cortijadas, como la Cañada de la Cueva, el Cortijo del Obispo, el Cortijo de Sara, el Cortijo de Botalgas o el Cortijo de Cachas Negras, entre otros, de los que el centro comercial, espiritual o religioso e incluso escolar era la cortijada conocido como Cortijo de El Catalán, en recuerdo del origen geográfico de uno de su propietarios, denominación con el que lo encontramos en la actual edición del mapa del Instituto Geográfico Nacional, escala 1:25.000, Hoja de Gor (993-IV), pasando a ser posteriormente conocido como Cortijo de Los Belgas, en recuerdo igualmente de sus posteriores propietarios Joëel Mispelaere y Chantal Athur, de esta nacionalidad.

 

 

 

Si en el conjunto de las sierras de Baza, Gor y Charches, las que forman el conocido como Parque Natural Sierra de Baza, es muy visible la huella humana que ha modelado el paisaje durante milenios, aquí podemos decir que toda la zona del Royo Serval es un paisaje especialmente antropizado, en el que la presencia humana se deja especialmente notar, de modo que siendo originariamente un típico ejemplo de monte bosque bajo mediterráneo, en el que la encina, especie arbórea que aun aparece como definidora de la identidad del territorio, ha sido la gran protagonista, apareciendo asociada a una vegetación esclerófila en la que abundan las plantas labiadas aromáticas como el romeros, tomillos y jaguarzo, que impregnan el paisaje de un inconfundible aroma a monte mediterráneo. Precisamente han sido los usos propios del monte mediterráneo: ganadería, fundamentalmente de ganado ovino, agricultura de secano, en la que los bancales aparecen circundados por almendros, en terrenos robados al encinar y que éste se está encargando ahora de recuperar de modo natural tras el abandono de los cultivos de secano, y actividades como la apicultura que aprovechaba la abundancia de plantas melíferas de la zona, son las que han protagonizado los usos tradicionales de todo este paraje, muy condicionados por las bajas precipitaciones (en torno a los 400 mm. anuales), unido al carácter calizo de sus suelos, que lo hacen muy poroso y permeable, junto con las limitaciones de la capa fértil de suelo de la zona, que aunque rico en bases es de poca profundidad. Si bien destaca dentro de este paisaje las vaguadas y barranqueras, más ricas en terrenos aluviales, y por tanto de mayor profundidad, que tradicionalmente han sido aprovechadas como terrenos de huerta normalmente asociadas a una construcción próxima, que servía de sustento a la familia que habitaban los respectivos cortijos.

 

 

 

La minería ha sido otra de las históricas actividades presentes en este paraje y aún se recuerdan importantes minas como las de Las Corominas, dedicadas a la explotación de plomo o la dos bocaminas de Sara (a la altura del Cortijo de su nombre) dedicada a la explotación de oligisto (hierro).

 

 

 

Pero detengámonos unos momentos en la insigne cortijada de los Belgas, enclavada en el centro de este paraje calizo, a 1.380 metros de altitud, rodeada de encinas y en la vaguada natural que forma en Barranco del Viejo (un subafluente de la Rambla de Valdequín) donde se emplaza la bellísima cortijada que en el año 1902 fundó Andrés García López, el que además de realizar las tareas agrícolas y ganaderas propias de la zona, montó un taller artesanal de calzado donde hacía albarcas y zapatillas, aprovechando neumáticos desechados. En torno a este emprendedor hombre se forjó un verdadero núcleo de población y la cortijada fue creciendo, llegando a contar con una calera (aun son apreciables sus ruinas, como son apreciables las del bellísimo palomar con que contó la cortijada, emplazado precisamente frente a las ruinas de la calera), como contó con una ermita, de una sola planta de poco más de 30 metros cuadrados, sobre la que se levanta un modesto campanario, con una sacristía y confesionario anexo, con una superficie inferior a los dos metros cuadrados. Esta ermita se dedicó a la devoción de la Virgen de Fátima, en torno a la cual se rendía culto y se celebraban funciones religiosas a las que asistían todos los vecinos de la zona.

 

 

 

La cortijada de Los Belgas, llegó a contar con una escuela, que estuvo en funcionamiento desde 1954 hasta el año 1980. En ella recibían enseñanza la abundante población en edad escolar de la zona, hasta que prácticamente quedó despoblado el paraje y los pocos niños que quedaron comenzaron ser recogidos por el transporte escolar, para desplazarlos a los centros de enseñanza de Gor.

 

 

 

Los Belgas, como actualmente es conocida esta cortijada, alcanzaron su máximo esplendor entre los años 1954 al 1970, en el que un catalán era su propietario, siendo esta la razón por la que, como se ha expuesto, pasó a ser conocida con este nombre el núcleo de población. Precisamente es en esta fecha del 1954 cuando arranca la celebración de la romería en honor de la Virgen de Fátima, con el curioso ritual que se ha mantenido a lo largo de los años: un año se lleva a la Virgen en dirección a Oriente (el Cortijo de la Cañada de la Cueva) y otro a Occidente (el Cortijo del Obispo), siempre en el segundo domingo de mayo. Al final del recorrido la imagen es depositada, entre flores y primorosos cantos, en los respectivos prados naturales estacionales que hay en estos lugares, mirando siempre al Picón de Gor, el auténtico símbolo geográfico de la zona.

 

 

 

Sobre el año 1987 compró la finca de Los Belgas una señora llamada María Bernasar Triano, la que nos refería, en comunicación remitida a nuestra Revista Digital discrepando de la información que nos habían facilitado los habitantes del lugar, que si bien arregló ella la capilla para que el párroco de Gor celebrara la misa con todos sus preparativos, tras la celebración religiosa quedaba muy sucia su propiedad y abandonada gran cantidad de basura, por lo que propuso sacar la ermita del recinto cerrado, donando ella el terreno, de modo que todo el mundo pudiera ir a ver a la Virgen cuando quisiera. Pero estas gestiones no fructificaron por lo que finalmente la celebración religiosa dejó de celebrarse en los años posteriores, motivando el lógico malestar entre los vecinos al dejar de celebrarse la tradicional Romería, hasta que el 21 de octubre de 1992 compraron esta finca unos belgas afincados en la zona de Málaga que al quedar maravillados por el encanto natural de la zona y sus buenos accesos, quería rehabilitar esta finca para turismo rural: Joëel Mispelaere y su esposa Chantal Athur, los que comenzaron a rehabilitar la cortijada, aun cuando en algunos momentos con un dudoso gusto que aun resulta apreciable en la reconstrucción de algunas dependencias, en las que mezclan elementos propios de su cultura belga con la auténticamente serranos, dotando algunas dependencias con elementos exóticos de la fauna como patos, ocas e inclusos faisanes y pavos reales. Por estos nuevos propietarios de Los Belgas se recuperó la romería, pero todos sus proyectos se vieron truncando por la repentina muerte, por un infarto, de Joëel Mispelaere el 3 de enero de 1998  y la viuda, al no poder hacer frente a las deudas que tenía pendiente su esposo en los proyectos iniciados, abandonó la cortijada, de modo que no solo quedó abandonada, sino que la romería no volvió a celebrarse, hasta que en mayo de 2002 la recuperó José Padilla Valdivieso, con la colaboración de PROYECTO SIERRA DE BAZA; romería y actos populares que nuevamente volvieron a celebrarla en el año 2003, con un gran éxito de participación y organización de actividades en ambas ediciones.

 

 

 

- Como ir: La zona del Royo del Serval esta delimitada por la carretera local de Gor a Baza y la A-92, las que constituyen sus principales vías de acceso; por la primera (Carretera local de Gor a Baza) se toma una pista rural que parte de su margen derecha (dirección Gor-Baza) que nos lleva al Cortijo de Sara, Cortijo del Obispo y desde aquí al Cortijo de Los Belgas y Cañada de la Cueva; por la segunda (A-92) se toma la pista de servicio que discurre paralela a la A-92 y que arranca a la altura de la Ventas de Vicario (Km. 318), la que tras recorrer unos centenares de metros forma un ángulo de cuarenta y cinco grados, penetrando en toda la zona del Royo del Serval.

 

 

 

- Situación actual de la zona: Parcialmente habitada. En el conjunto de la zona quedan habitados varios cortijos que alojan a una treintena de personas; aun cuando hay varios cortijos deshabitados, la mayoría, dadas sus buenas comunicaciones, son aprovechados estacionalmente.

 

 

 

- Cartografía de la zona: La zona del Royo del Serval, aparece comprende dentro de la hoja del Instituto Geográfico Nacional Escala 1:25.000, denominada Gor, (993-IV).