EDICIÓN MENSUAL - AÑO XIX
Nº 221 –  NOVIEMBRE  2017
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Texto: © Proyecto Sierra de Baza
Imágenes: © Participantes en la X y XI edición del Safari Fotográfico P. N. Sierra de Baza
 Todas las imágenes que se contienen en este reportaje fueron realizadas en los días  21 de octubre de 2006 y 20 de octubre de 2007 en el Parque Natural Sierra de Baza, siendo propiedad de sus autores.
 Autorizada la cita de este reportaje con referencia a su fuente.

Amanecer en la aldea de las Casas de Santaolalla © Jaime Jiménez Gómez
Equipo: Nikon D200. Longitud focal: 48 mm,

Datos técnicos: Av (Valor de apertura), f9. Tv (Velocidad del obturador), 1/100. ISO 100. Compensación de Exposición: +2/3

Las dos últimas ediciones de nuestro Safari Fotográfico Parque Natural Sierra de Baza, las de los años 2006 y 2007, han tenido lugar coincidiendo con el otoño, intentando captar la especial belleza y relevancia que esta estación del año adquiere en la Sierra de Baza, por el cromatismo que adoptan los caducifolios con la caída de las hojas. La belleza de los frutos otoñales, así como la singular cantidad de setas, de ellas solo unas pocas conocidas por la población media, que podemos localizar en este territorio, aderezado todo ello con un marco singular, en el que las huellas humanas, inmortalizadas en el legado de múltiples aldeas, cortijadas y construcciones, nos han animado a organizar esta actividad cultural-deportiva, consolidada por prestigio propio en el tiempo, coincidiendo con esta estación del año. El resultado han sido la realización de varios miles de imágenes por un total de 155 participantes de estas dos últimas ediciones, de las que finalmente ellos seleccionaron para presentarla a concurso unas 1.500 imágenes, que han pasado a formar parte del archivo fotográfico de la Sierra de Baza y de las que unas pocas, las que hemos considerado más representativas, se publican aquí.

A DESTACAR QUE TODAS LAS IMÁGENES DE ESTE REPORTAJE SON PUBLICADAS SIN TRAMIENTO DIGITAL, EN EL FORMATO ORIGINAL JPG EN QUE FUERON TOMADAS EN LAS RESPECTIVAS JORNADAS FOTOGRÁFICAS.

José Ángel Rodríguez Sánchez
Director del Safari Fotográfico Parque Natural Sierra de Baza 

© María Remedios Hinojo Reche

Equipo: Lumix DMC-FZ7. Longitud focal: 50 mm,

Datos técnicos: Av (Valor de apertura), f8. Tv (Velocidad del obturador), 1/500. ISO 80. Compensación de Exposición: +2/3.

La Sierra de Baza, se localiza en el noreste de la provincia de Granada, en el límite con la de Almería, formando parte de la Cordillera Penibética, o zona interna de las Cordilleras Béticas, y se enclava en un entorno semiárido, caracterizado por unas precipitaciones escasas y de distribución irregular, con el agravante de ser, por lo general, torrenciales y concentradas en solo cuarenta días en la mayoría de los años, como se pone de manifiesto en la Clasificación Agroclimática de la Zona de Papadakis. En este entorno se eleva el macizo montañoso de la Sierra de Baza, hasta superar los 2.200 metros. En la sierra hay una mayor humedad y se registran unas precipitaciones sensiblemente superiores a la de los terrenos de la altiplanicie que la circunda, haciendo de este lugar lo que con acierto ha sido definido como isla bioclimática.

   La llegada del otoño a la sierra de baza

© Jaime Boronat Soler
Equipo: Nikon D100. Longitud focal: 130 mm,
Datos técnicos: Av (Valor de apertura), f7.1. Tv (Velocidad del obturador), 1/60. ISO 100. Compensación de Exposición: +2/3

Los días comienzan a acortarse, las temperaturas bajan sensiblemente, las jornadas con lluvias son más habituales que en los días precedentes, las nieblas comienzas a invadir el paisaje, los rosales silvestres y majoletos aparecen vomitados de rojo, las setas cambian el olor del paisaje, el bramido del poderoso venado pone la música, las riberas de los arroyos delatan su serpenteante discurrir  entre los siempre verdes pinares y con sus cambios cromáticos, que llenan de luz y color el paisaje, nos delatan que el otoño, en su cíclico ritual, ha llegado de nuevo a la Sierra de Baza y los caducifolios, como si fueran una coqueta dama que cubre su desnudo cuerpo con el mejor traje de noche para prepararse a descasar en el lecho nupcial, se visten con sus más bellos colores antes de caer en un profundo sueño, en un letargo invernar, que los tendrá descansando hasta la siguiente primavera, en la que el regreso de los pájaros los despierten. 

 LOS BOSQUES DE RIBERA DE LA SIERRA DE BAZA

 

Arroyo de Moras © Alberto Sánchez López
Equipo: Nikon D200. Longitud focal: 48 mm,
Datos técnicos: Av (Valor de apertura), f9. Tv (Velocidad del obturador), 1/100. ISO 100. Compensación de Exposición: -2/3.

El otoño no pasa desapercibido en la Sierra de Baza, de forma que los colores amarillos, rojos y ocres, de los caducifolios que se acercan a los arroyos de montaña para beber de sus aguas y atender sus necesidades higrófilas, parece que serpentean entre los siempre verdes pinares que los delimitan, delatando su recorrido en el paisaje serrano. Son los llamados bosques de ribera, también conocidos como bosques galería y bosques ripícolas, unas formaciones vegetales higrófilas, localizadas en las riberas de los cauces y sometidas a los periodos de mayor o menor encharcamiento que derivan de la dinámica fluvial, de una importancia ecológica y paisajística enorme, que se nos presentan en estas fechas con toda su majestuosidad otoñal, siendo frecuente encontrar árboles propios de otras latitudes más húmedas como los serbales (Sorbus domestica), fresnos del Sur (Fraxinus angustifolia), cerezos silvestres (Prunus avium), y particularmente álamos, de los que las especies más representativas son el álamo negro (Populus nigra), el álamo blanco (Populus alba) y el bello álamo temblón (Populus tremula).

Álamo negro © Luna Vandoone Vallejo
Equipo: Nikon D200. Longitud focal: 18 mm,
Datos técnicos: Av (Valor de apertura), f10. Tv (Velocidad del obturador), 1/200. ISO 200. Compensación de Exposición: 0.

El álamo negro (Populus nigra) propio de las regiones centrales y meridionales de Europa y Asia hasta el occidente de China, que también está presente de modo natural en distintas montañas del Norte de África como en Marruecos y Argelia, considerándose una especie autóctona con distribución en Eurasia desde el Terciario, habiéndose encontrado restos fósiles del Plioceno y Pleistoceno en numerosos ríos, desde Francia y España hasta Rusia y Asia Occidental y aun cuando se considera a nivel europeo como “el árbol en mayor peligro de extinción de Europa” (Juan Andrés Oria de Rueda, 2000),  es un árbol de ribera abundante en la Sierra de Baza en la que se localizan excepcionales ejemplares centenarios como los que integran el llamado Bosque de los Álamos Centenarios en las inmediaciones de la aldea de Los Mellizos.  

 

Ejemplares de álamo temblón en las inmediaciones del Arroyo Bodurria 
 © Antonio Correa Ramón
Equipo: Nikon Coopix S4. Longitud focal: 24 mm,
Datos técnicos: Av (Valor de apertura), f4. Tv (Velocidad del obturador), 1/271. ISO 50. Compensación de Exposición: +2/3.
 

El álamo temblón (Populus tremula)  está muy bien representado en esta Sierra, y es el que tiene una mayor singularidad e importancia botánica, en cuanto que  en la Península Ibérica su área natural de localización está prácticamente limitada a la zona septentrional, fundamentalmente a los Pirineos, si bien también se localiza en menor medida en la Cordillera Cantábrica, el Sistema Central y el Sistema Ibérico, mientras que en la mitad meridional se ha considerado que su presencia era meramente testimonial, sin llegar a formar nunca una formación boscosa pura, ni de entidad, lo que se ha puesto de manifiesto recientemente sí ocurre en la Sierra de Baza.

 

LOS ACERALES DE LA SIERRA DE BAZA

 

 

Hoja de arce granadino © Juan Jesús González Ahumada
Equipo: Canon EOS 350D. Longitud focal: 48 mm,
Datos técnicos: Av (Valor de apertura), f9. Tv (Velocidad del obturador), 1/400. ISO 200. Compensación de Exposición: -1/3.

De la gran variedad de arces que existen en la naturaleza, tan sólo 4 especies se localizan en este Parque Natural: el Acer negundo y el Acer pseudoplatanus, ambas cultivadas como ornamentales, por lo que es fácil localizarlas en áreas recreativas como en la de la Canaleja Alta; y el Acer granatense y el Acer monspessulanum, como variedades silvestres, que son los verdaderamente importantes desde el punto de vista de la vegetación natural espontánea, siendo dominante el Acer granatense, una especie endémica del cuadrante del sureste ibérico y el Norte de África (endemismo ibero-norteafricano). La importancia ecológica de estos vegetales es enorme aun cuando los acerales, se presentan de forma muy diseminada y en menor ocasión formando bosquetes. Pertenecen a la serie de vegetación Daphno latifoliase - Acereto granatensis sigmetum. Localizándose, exclusivamente, en el piso supramediterráneo, en suelos básicos, aunque buscando una mayor humedad pueden ascender al límite bajo del piso oromediterráneo, y con ombroclima, cuanto menos, subhúmedo (precipitaciones anuales no inferior a 600 mm). Por lo que siendo el clima general del Parque mucho más seco, se han refugiado en valles húmedos de la media montaña, en donde se conservan como importante reducto botánico.

 

Es opinión prácticamente generalizada, la de que en pretéritas épocas más húmedas, los acerales ocupaban una importante extensión de esta geografía, que al no poder soportar las nuevas condiciones climatológicas se vieron desplazados por las coníferas y los esclerófilos que soportan la sequía estival, quedando acantonados en valles cerrados, en los que cualquier alteración de su ecología, puede resultar irreversible. Por lo que precisan de la más absoluta protección.

BOSQUES MIXTOS

Bosque mixto de coníferas y caducifolios en la cara norte del Calar de Santa Bárbara © José Vico Árias
Equipo: Nikon Coolpix P1. Longitud focal: 20,2 mm,
Datos técnicos: Av (Valor de apertura),  f4,4. Tv (Velocidad del obturador), 1/60 seg. ISO 100. Compensación de Exposición: +2/3.

La caída otoñal de las hojas de los vegetales de las zonas templadas, constituyen una adaptación a la estación fría. Pero esto, por sí solo, no justifica la presencia de caducifolios o planocaducifolios, como también se les llama, en un territorio, en cuanto que solo la presencia de veranos relativamente húmedos y suelos profundos con elevada capacidad de retención de la humedad explica la presencia de estos árboles en un territorio.

La llegada del invierno y el desarrollo de protección en las yemas constituyen un eficaz sistema para paliar los efectos del frío invernal evitando las pérdidas de agua en las épocas desfavorables. Pero ello exige como contrapartida un hábitat muy favorable en el que poder completar con rapidez todo el ciclo vegetativo durante la época de primavera-verano, compensando el desarrollo energético que implica la pérdida y regeneración de las hojas todos los años.

A menudo conviven en un territorio árboles caducifolios con coníferas (perennifolios), dando lugar a una de las comunidades vegetales más interesantes y atractivas desde el punto de vista ecológico y paisajístico, alcanzando su máximo realce en la estación otoñal, en al que el paisaje se ve inundado por el cromatismo que delata la multitud de especies que aquí se localizan y ello en cuanto que la gran riqueza en especies arbóreas y arbustivas de estos lugares constituye su característica más notable, hasta el punto de que los bosques mixtos de la Sierra de Baza están integrados por una veintena de especies, muchas de ellas endémicas, como  se pone de manifiesto en el cuadro que se representa al pie de este texto, y que contracta con la frecuente monoespecifidad que es propia de la mayor parte de las formaciones vegetales ibéricas.

No puede, por tanto, confundirse un bosque mixto de coníferas y caducifolios con un bosque de ribera que atraviesa un pinar, aunque de este último supuesto se presente a concurso un plano corto del mismo que representa coníferas (pinos) y caducifolios (chopos), pues se trata de comunidades botánicas no solo distintas, sino ecológicamente muy diferentes, de aquí el error de aquellas personas que no comprendieron -como se explicó e incluso ilustró con imágenes representativas- que el bosque mixto de la zona oromediterránea de la Sierra de Baza no tiene nada que vez con los bellos bosques de ribera que discurren entre algunos pinares de la Sierra de Baza y en los que no llegan a entremezclarse de forma pura una y otra comunidad vegetal, al ocupar cada uno de estos árboles su específico lugar: los árboles de ribera se concentran a lo largo de los ríos, arroyo y barrancos, mientras que los pinares se extienden monespecíficamente por los montes circundantes. Por el contrario en el bosque mixto de coníferas y caducifolios se mezclan de una forma armoniosa, pero también anárquica, coníferas y caducifolios, dando lugar a una de las estampas paisajísticas más bellas de nuestros bosques ibéricos.

Los bosques mixtos, en los que coexisten especies de coníferas como el pino silvestre o albar (Pinus sylvestris susp. Nevadensis), pino laricio o salgareño (Pinus nigra susp. Salzmannii), sabina rastrera (Juniperus sabina) o el enebro rastrero (Juniperus communis),  junto a otras de caducifolios como el arce granadino (Arce granatense) el arce de Montpellier (Acer monspessulanum), el cerezo de Santa Lucía (Prunus mahaleb), el majuelo o majoleto (Crataegus monogyna), el mostajo (Sorbus aria), el quejigo (Quercus faginea) o el durillo dulce (Cotoneaster granatensis), por citar algunas de las especuies más repreentativas, constituye todo un lujo en nuestra Sierra, y que es propio de las latitudes del norte de España y que aquí alcanza su máxima meridionalidad y ello en cuanto que por las propias exigencias de esto bosques, su localización es muy selectiva y prácticamente está limitada en nuestra Península a norte, la llamada región Eurosiberiana, con lo que la presencia de este tipo de bosques dentro de la región mediterránea, es una rara singularidad y más si ello es un entorno semiárido, en el que la presencia de estos bosques mixtos engrandece y embellece el paisaje y nos pone de manifiesto el carácter relíctico de esta vegetación nemoral.

FRUTO OTOÑALES

 

Frutos otoñales del serbal común (Sorbus domestica) © Federico Ruiz Wolch
Equipo: Nikon D50. Longitud focal: 300 mm,
Datos técnicos: Av (Valor de apertura), f14. Tv (Velocidad del obturador), 1/60. ISO 100. Compensación de Exposición: 0.

Fruto del majuelo o majoleto © Francisco Rubia Morales
Equipo: Canon EOS 400D. Longitud focal: 105 mm,
Datos técnicos: Av (Valor de apertura), f9. Tv (Velocidad del obturador), 1/125. ISO 400. Compensación de Exposición: 0. 

 Los frutos otoñales de las angiospermas, las plantas que producen flores y contienen semillas, no solo son un alimento básico para muchas especies de nuestra fauna, sin los cuales no podrían sobrevivir ni soportar los rigores invernales, sino que constituyen uno de los adornos más bonitos de nuestros bosques.

SETAS OTOÑALES

    

Seta de oreja de fraile en un tronco de chopo © Raúl García de Paredes Espín
Equipo: Canon EOS 10D. Longitud focal: 105 mm,
Datos técnicos: Av (Valor de apertura), f19. Tv (Velocidad del obturador), 3seg.. ISO 100. Compensación de Exposición: +2/3.

Como adornos de la naturaleza, con la llegada del otoño las setas puntean con sus bellas formas, colores el suelo y tronco de nuestros bosques, en una explosión de vida, olores y colores. Aunque las setas se producen en sus diferentes especies y variedades durante prácticamente todo el año, el otoño es  la tradicional época de aparición de las setas en nuestros montes y bosques,  de modo que si durante la primavera y, en menor medida, en verano e invierno hay también especies de hongos de una gran calidad, mucho de ellos con interés culinario, como la colmenilla, una seta primaveral, la mayoría de las setas aparecen al final del verano, fundamentalmente propiciadas por las tormentas estivales, pero a medida que se aproxima el otoño aumentan en calidad y particularmente en cantidad. Si esta estación llega rica en lluvias y no se adelantan las heladas, los bosques y prados se convierten en verdaderos paraísos para los seteros.

 

Amanita muscaria, una seta tan bella como venenosa © Celia Castro Castells
Equipo: DMC-FZ7. Longitud focal: 16,5 mm,
Datos técnicos: Av (Valor de apertura), f8 Tv (Velocidad del obturador), 1/80. ISO 200. Compensación de Exposición: +1/3.

De las 3.500 especies de setas que existen actualmente en Europa, poco más de un centenar resultan comestibles. En la Sierra de Baza no se ha confeccionado ningún catálogo exhaustivo hasta ahora de las setas presentes estimándose que pueden ser en torno a las 150 especies de hongos epigeos (especies en las que el cuerpo fructífero se desarrolla  fuera de la tierra en la parte en que resulta comestible) y de una cincuenta especies de hongos hipogeos (especie cuyo cuerpo fructífero se origina, desarrolla y permanecen debajo de tierra durante toda la etapa de su vida, son las llamadas trufas). Una gran cantidad de estas especies pudieron ser fotografiadas en los Safaris Fotográficos de los años 2006 y 2007.

FLORA OTOÑAL

Flor del cólchico o flor de otoño © Juan Miguel Adán Sola
Equipo: Canon EOS 30D. Longitud focal: 100 mm,
Datos técnicos: Av (Valor de apertura), f11. Tv (Velocidad del obturador), 1/160. ISO 100. Compensación de Exposición: 0.

El otoño no destaca por la flora, más propia de la primavera, en la que la explosión vegetal de nuestros campos y montes inunda de color el paisaje, pero también está representada la flora ibérica en el otoño, siendo la flor más representativa de esta estación el cólchico (Colchicum triphyllum), al que precisamente también se le llama flor de otoño por florecer en esta época del año, es una flor abundante en los altos calares que pone color y belleza en sus prados.

 

Amapolas © Juan Jesús González Ahumada

Equipo: Canon EOS 350D. Longitud focal: 310 mm,

Datos técnicos: Av (Valor de apertura), f5,6 Tv (Velocidad del obturador), 1/200. ISO 100. Compensación de Exposición:-1.

En el otoño también pueden fotografiarse en la Sierra de Baza otras especies de flora, que siendo propias de otras estaciones, por el retraso del ciclo vegetativo inducido por la altitud florecen más tarde.

FAUNA DE INVERTEBRADOS

Gorgojo © Rafael Román Moral
Equipo: Canon EOS 5D. Longitud focal: 65 mm,
Datos técnicos: Av (Valor de apertura), f16. Tv (Velocidad del obturador), 0,8 seg.. ISO 100. Compensación de Exposición: 0.

Los invertebrados son el grupo de los seres vivos más abundantes del planeta, por tanto no es difícil localizar invertebrados como insectos o arácnidos, cuando se incluyen como objetivo de caza y poder presentarlos a concurso. Pero si la localización de estos invertebrados es en una estación fría, como el otoño, cuando prácticamente han desaparecido de nuestra vista, su localización se complica mucho.

 

Tela de araña con gotas de rocío © Ángel García Luque
Equipo: Nikon D70. Longitud focal: 150 mm,
Datos técnicos: Av (Valor de apertura), f8. Tv (Velocidad del obturador), 0,5 seg.. ISO 100. Compensación de Exposición: 0.

En la dos ediciones otoñales del Safari Fotográfico Parque Natural Sierra de Baza se incluyeron como objetivos de caza los de insectos en general (año 2006) y en el último mariposas y arácnidos, como muestra de los artrópodos, de los que era válida la presentación a concurso de las telas de araña, los que puntuaban como objetivos de 3 puntos, así como el resto de insectos que puntuaban como objetivos de 2 puntos. 

FAUNA DE MAMÍFEROS FOTOGRAFIADA EN LOS DOS ÚLTIMOS SAFARIS FOTOGRÁFICOS

 

 

Ardilla roja encaramada en un pino, con el pelaje cubierto por el agua de lluvia
 © Alberto Sánchez López
Equipo: Nikon D50. Longitud focal: 200 mm,
Datos técnicos: Av (Valor de apertura), f5,6. Tv (Velocidad del obturador), 1/320. ISO 100. Compensación de Exposición: 0.

Los que nos hemos acercado a la naturaleza hemos podido comprobar lo difícil que es ver animales en libertad, aun cuando mucho más lo es poder fotografiarlos, ya que si el contacto visual puede ser fugaz, para realizar una imagen de un animal en libertad se requiere disponer de más tiempo de contacto visual y sobre todo de una distancia y luz mínima. Y es que los animales por el particular ataque y persecución que han venido soportando por el hombre, desde los albores de los tiempos, es muy difícil verlos en libertad, pero los mamíferos está aquí, cerca de nosotros, y aunque se han visto obligados a adaptarse a la vida nocturna de modo que solo se mueven por el día en circunstancias excepcionales, también es posible fotografiarlos a plena luz diurna, como ocurrió con algunas de las especies presentadas al concurso. Posiblemente se trate de las fotografías más difíciles de obtener en un concurso fotográfico como éste que se desarrolla en un brevísimo espacio de tiempo, con lo que no puede recurrirse a las técnicas tradicionales como las del uso de hides. 

TAMBIÉN SE PUDIERON FOTOGRAFIAR AVES

 

Buitre leonado en vuelo de paso © Eduardo Nogueras Ocaña
Equipo: Canon EOS 30D. Longitud focal: 400 mm,
Datos técnicos: Av (Valor de apertura), f5,6. Tv (Velocidad del obturador), 1/800. ISO 100. Compensación de Exposición: 0. 

El Parque natural de la Sierra de Baza es una isla bioclimática que da cobijo a una gran diversidad de especies animales y vegetales. Las aves también tienen una gran representación y forman parte de esa riqueza ecológica. Las aves, al igual que los mamíferos, rehuyen la presencia humana, por lo que es muy difícil fotografiarlas en libertad si no es con técnicas de rececho y acercamiento y particularmente el uso de un hide. No obstante todas estas dificultades técnicas también pudieron captarse excepcionales imágenes de aves en los dos últimos safaris, en los que por la dificultad implícita a una fotografía de estas características tenían la máxima puntuación: objetivo de 3 puntos.

ALDEAS Y CORTIJADAS COMO MUETRAS DE LA ARQUITECTURA POPULAR SERRANA

Aldea de El Tesorero © Victoria E. López Baena
Equipo: DMC-FZ5. Longitud focal: 24 mm,
Datos técnicos: Av (Valor de apertura), f3,2. Tv (Velocidad del obturador), 1/232. ISO 80. Compensación de Exposición: 0.

Uno de los objetivos tradicionales de caza de los Safaris Fotográficos han sido las aldeas de la Sierra de Baza, pretendiendo difundir con ello las singularidades de estos elementos humanos, que integran y conforman la arquitectura popular de la Sierra de Baza y el grave riesgo que corren de desaparecer en los próximos años por la situación de abandono en que se encuentran. Y es que el serrano, sin proponérselo, ni en muchos casos tener conciencia de ello, fue un paisajista: modelo el paisaje de la Sierra de Baza. Se creo un paisaje cultural, como fruto o manifestación de una cultura, que aparece integrado por múltiples elementos, en la que el uso y el aprovechamiento de los recursos naturales coexistían con el riguroso respeto a este medio natural, dando lugar a una convivencia armónica del hombre con la naturaleza, que pasó a formar parte del paisaje serrano de la Sierra de Baza, el que no sería entendible sin esta secular presencia humana.

 

Aldea de Los Mellizos © José María Tortosa Hernández
Equipo: Nikon D200. Longitud focal: 135 mm,
Datos técnicos: Av (Valor de apertura), f5,6. Tv (Velocidad del obturador), 1/125. ISO 100. Compensación de Exposición: 0.

Dentro de la cultura serrana adquiere una especial relevancia la arquitectura popular, la que ha sido definida como una de las joyas del Parque Natural,  destacando por la utilización de materiales del lugar como la piedra para sus muros, la madera y la launa (filitas) o lajas de esquisto ("pizarras") para sus cubiertas, con un claro determinismo o condicionamiento geológico, de modo que en función de la zona geológica del Parque Natural Sierra de Baza en que nos encontremos va a ser distinto el tipo de construcción que localicemos. Es por ello por lo que estas construcciones se integran de forma perfecta en el paisaje, hasta el punto de que se mimetizan con él, pasando en muchas ocasiones desapercibidas.

 

  

Aldea de Bailén © Carlos Antonio Quirante Sánchez
Equipo: Canon EOS 40D. Longitud focal: 70 mm,
Datos técnicos: Av (Valor de apertura), f14. Tv (Velocidad del obturador), 1/150. ISO 100. Compensación de Exposición: 0.

La arquitectura popular serranaha creado numerosas aldeas y caserios abigarrados, de callejuelas estrechas y sinuosas, de distribución anárquica, al menos en apariencia, que se desparraman escalonadamente por las laderas mas soleadas de los montes, con fachadas encaladas en unos casos, revocadas con barro o piedra vista en otros, pero siempre constituyendo conjunto estéticamente muy bellos y perfectamente integrado en el paisaje serrano, que se prestan muy bien a la composición fotográfica.