EDICIÓN MENSUAL - AÑO XIX
Nº 221 –  NOVIEMBRE  2017
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© José Ángel Rodríguez

Aladierno con porte arbóreo, en el que se aprecia los detalles de sus ramas, hojas y frutos, en maduración. Fotografía tomada el 16/04/2016.

 

El aladierno (Rhamnus alaternus) es un arbusto o arbolillo ramoso y muy variable en su aspecto, pues se le puede ver desde postrado o apenas levantando un palmo del suelo, hasta alcanzar el porte de un árbol de 8 m. El aladierno es una planta dioica, con individuos masculinos y otros femeninos productores de frutos redondos, rojizos al principio y negros a la madurez.

El crecimiento del aladierno es rápido y forma un tronco liso y gris en los ejemplares jóvenes, pero en los adultos se agrieta y recuerda al de la encina. Las hojas son coriáceas, persistentes, simples y alternas. Las hojas sin el rabillo miden 8-60 mm de ancho, alcanzando en ocasiones 80 mm, y 8-50 mm de largo, tienen forma lanceolada, oval, a veces obovada o casi orbicular, con 1-5 pares de nervios secundarios bien visibles y a veces con pelillos sólo en la base, mientras que el margen puede ser dentado, aserrado, con espinitas blandas o entero. El haz de las hojas es verde oscuro, a veces grisáceo, lustroso o mate, y el envés generalmente de un verde claro o amarillento, mate, a veces con manchas oscuras, de color herrumbre. 

Las flores aparecen entre marzo y abril, formando racimos. Tienen cuatro pétalos y son muy olorosas, pequeñitas y verde-amarillentas. Mientras que los frutos, son pequeños y atractivos, midiendo alrededor de 5 mm de diámetro, son redondeados, aunque con dos o tres surcos poco marcados, lampiños, carnosos y de color rojizo que torna al negro al madurar. Son muy apreciados por las aves.

 

Una planta autóctona de la flora ibérica con  amplia distribución

 

© José Ángel Rodríguez

Detalle de las hojas y frutos del aladierno

 

El aladierno es una planta propia del sur de Europa, islas del Mediterráneo, Anatolia, Siria, Palestina, oeste de Libia, el Magreb, Crimea y Macaronesia (Gran Canaria). Habita en gran parte de la Península Ibérica y las Baleares; falta o es rara en el cuadrante noroccidental y en la parte alta de los Pirineos, Cordillera Cantábrica, y sistemas Ibérico y Central. Está presente en la provincia de Granada y en nuestra zona la hemos podido localizar en los montes del entorno de la Cola del Negratín.  

Crece en las orlas y claros de encinares, quejigares, coscojares, pinares, arenales costeros, setos, matorrales mediterráneos, sabinares, roquedos, pedregales, etc., siempre que no falte algo de humedad y sombra. Es una planta termófila, indiferente al sustrato, que puede aparecer desde el nivel del mar hasta los 1300 m de altitud aproximadamente.

 

Usos etnobotánicos

 

© José Ángel Rodríguez

El principal uso del aladierno en la actualidad, es el ornamental.

 

La facilidad de reproducción del aladierno, también su rápido crecimiento, añadido a lo atractivo de su fruto y de sus hojas, ha popularizado esta planta en jardinería, donde es fácil encontrarlo formando setos, ya que soporta muy bien la poda.

Sus frutos son muy apetecidos por los pájaros, por lo que también se cultiva para atraerlos y favorecer su presencia en un  territorio de forma natural.

El pequeño porte del aladierno, desaconseja el aprovechamiento de su madera, la que es buena calidad, pesada, dura y homogénea, por lo que se ha usado para tornería y ebanistería, también para la fabricación de objetos o utensilios pequeños, como mangos de herramientas, y antiguamente de ella se obtenía un apreciado carbón para la fabricación de la pólvora.

Su corteza y los frutos se han utilizado en la antigua farmacopea, ya que son purgantes, pero hay que usarlos con precaución porque pueden producir intoxicaciones. La corteza, rica en taninos, también se ha usado para teñir de castaño o amarillo la piel y los tejidos.