EDICIÓN MENSUAL - AÑO XX
Nº 228 –  JUNIO 2018
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Depredadores y víctimas

 

© José Ángel Rodríguez

Ojos de un lobo ibérico (Canis lupus signatus) un claro depredador.

 

En el mundo del reino animal se pueden hacer muchas clasificaciones de los seres vivos que lo integran. Una de ellas atendiendo a su alimentación en depredadores y víctimas. El depredador es el que busca y captura a otro para alimentarse de él. En el reino animal, los depredadores se valen de la caza para capturar a su presa; escondidos entre la maleza aguardan a su víctima, o bien se acercan cautelosamente y saltan sobre ella. Para todos estos animales matar es sinónimo de vivir, y no es para menos, necesitan de alimento para su existencia, utilizando métodos brutales e implacables para cazar a sus víctimas, cada uno posee un conjunto de "armas", que le ayudara a conseguir su presa, tales como: poderosos dientes y colmillos, fuertes garras o venenos mortales o paralizadores, entre otros medios de ataque, que utilizan para inmovilizar a sus víctimas y así hacerlas más vulnerables a sus ataques.

 

Técnicas de caza de los depredadores

 

© José Ángel Rodríguez

Comadreja (Mustela nivalis), un carnívoro pequeño y huidizo, de cuerpo alargado y esbelto, que cuando caza se mueve de forma rápida y silenciosa. Cuando avista una presa, se acerca en silencio, la ataca, la inmoviliza con las patas y la mata mordiéndole la nuca con su potente dentadura y luego las arrastra a un lugar seguro que usa como despensa para devorarlas con tranquilidad.

 

Los depredadores han desarrollados dos técnicas fundamentales para acercarse a sus víctimas: el acecho y la persecución. En la técnica del acecho, aguardan hasta que la presa está cerca y lanzar su mortal ataque, aquí podemos citar ejemplos como el de los felinos (gato montés, por ejemplo). En la otra técnica, la de la persecución,  los depredadores buscan de manera activa a sus presas, ya sea colectivamente, como los lobos, o en solitario, como hace la gineta, un animal que cuando caza es vibrante, ágil, silenciosa y constituye todo un espectáculo de vitalidad y precisión. Su olfato y oído son muy finos, puede trepar muy bien por los árboles en busca de sus presas, pudiendo saltar de unas ramas a otras, buscando el equilibrio con la cola, con increíble agilidad. Al igual que el gato montés, captura a sus presas con las garras, las que cuentan con uñas retráctiles que guarda para las ocasiones vitales dentro de unas vainas. Las presas de mediano tamaño de la gineta suele morderlas en el cuello, devorándolas tras la muerte de la víctima.

También utilizan la técnica de la persecución los mustélidos, como la comadreja, el turón o la garduña, que acechan, o bien persiguen, a sus víctimas hasta que las acorralan y cuando no pueden escapar les atacan. Aunque hay otras conductas intermedias, que podemos denominas como oportunistas, en las que se suelen aprovechar de los ejemplares más debilitados o indefensos para darle captura, como es el caso de los zorros, una especie que si bien es sociable, especialmente en la época de cría, en la que se forman grupos matriarcales, dominados por la hembra paridera, con la que colaboran en la cría otras hembras no madres (las llamadas niñeras) o incluso zorros no progenitores, que aportan su alimentación al grupo, los zorros mantienen técnicas de caza individuales, en la que se valen fundamentalmente de su popular y conocida astucia.

 

La cadena alimenticia: carnívoros - herbívoros

 

© José Ángel Rodríguez

Ciervos en huida, una de las técnicas que utilizan los herbívoros para escapar de los carnívoros

 

Los depredadores sólo existen gracias a los herbívoros, que deben encontrarse en mayor cantidad dentro de un ecosistema para que éste permanezca en equilibrio. Son las víctimas de la depredación, y para sobrevivir han desarrollado defensas naturales para mantenerse a salvo. Unas técnicas comunes que utilizan los animales para defenderse de sus depredadores son el mimetismo y la huida, cualidades que permite al animal confundirse con su ambiente gracias al color o a la forma que adoptan, en el primer caso, o huir tan pronto detectan su presencia, para mantenerse alejado del atacante, guardando lo que se llama “distancia de seguridad”. Y es aquí donde unos y otros han desarrollado unos rasgos anatómicos muy peculiares, en los que vamos a detenernos prestando particular atención en los ojos, el sentido de la vista.

 

El posicionamiento de los ojos en el rostro diferencia a los depredadores y a las víctimas

 

© José Ángel Rodríguez

Jabato (joven jabalí)  en el que se puede apreciar el claro posicionamiento de sus ojos, en los laterales de la cabeza

 

Muchos estilos de depredación implican haber resuelto el problema de detectar a presas pequeñas, muy móviles o simplemente activas durante la noche, cuando la luz disponible es pobre o inexistente. Es por ello por lo que los ojos de muchos depredadores están finamente adaptados para resolver este problema: por ejemplo, la retina de los felinos que acechan de noche puede abrirse para ocupar casi toda el área disponible del ojo y dejar pasar un máximo de luz. Pero posiblemente sea el posicionamiento de los ojos lo que más diferencia a una víctima y a un depredador, ya que los depredadores suelen tenerlos en la parte frontal del rostro, en la posición idónea para lanzar el ataque frontal, como se aprecia en la imagen del lobo que ilustra este artículo, mientras que las víctimas los suelen tener en los laterales de la cara, para detectar con  el mayor campo de visión posible los ataques y amenazas que reciben desde uno y otro lado. Ejemplos ilustrativos de ellos son el posicionamiento de los ojos en animales víctimas como los jabalíes, los ciervos, las cabras montesas, ardillas,  ovejas, cabras, vacas, caballos o en los conejos, por citar algunos ejemplos.

 

Esta regla del posicionamiento de los ojos, también se da en las aves

 

© José Ángel Rodríguez

Búho real (Bubo bubo) otro consumado depredador, que tiene los ojos situados de forma frontal.

 

Las aves no son ajenas a estas reglas del posicionamiento de las miradas que diferencian claramente a los depredadores y las víctimas, aunque tienen algunas peculiaridades, como son las de que los ojos de las aves son relativamente mucho más grandes que los de los mamíferos, en comparación con su cuerpo, lo que es debido a que el ojo de las aves es un órgano más perfecto y mejor adaptado a desenvolverse en el medio natural. De hecho, para mejorar su visión, las aves cuentan con una mayor cantidad de células receptoras de luz en la retina, lo que les otorga mayor nitidez y capacidad para diferenciar los tonos de los colores (por ejemplo un insecto verde posado en una hoja que le sirva de alimento). Pero en cualquier caso las aves también mantienen la regla de los depredadores-víctimas de los carnívoros-herbívoros, en lo que respecta al posicionamiento de los ojos, que venimos comentando: depredadores (rapaces diurnas o nocturnas) ojos al frente de la cara y víctimas (resto de aves: insectívoras, frugívoras, granívoras, etc.) ojos a los lados de la cabeza.

 

Nuestros perros, también nosotros, somos depredadores

 

© José Ángel Rodríguez

Perro doméstico caminando entre la nieve en la clásica posición de los depredadores.

 

Finalmente comentar que el perro, como ancestro del lobo, uno de los más perfectos cazadores, aunque ahora sea un animal doméstico, también tiene los ojos frontales, al igual que  los humanos, los que también tenemos los ojos situados a nuestro frente, apenas separados unos centímetros uno del otro, como los típicos depredadores ¿o es que alguien duda de que somos el más puro y mortífero depredador que habita sobre la tierra…?