EDICIÓN MENSUAL - AÑO XX
Nº 230 –  AGOSTO 2018
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Así lo pone de manifiesto un reciente estudio a algunos pinares entre los que están los de  la Sierra de Baza,  con graves problemas de decaimiento forestal

 

© Proyecto Sierra de Baza

Panorámica aérea de una de las zonas afectadas por las plagas forestales de la Sierra de Baza.

 

Investigadores del grupo Ecología Forestal y Dinámica del Paisaje de la Universidad de Jaén (UJA) analizan los diversos factores que modulan la vulnerabilidad de los bosques forestales del Sur de España frente al cambio climático. El objetivo es generar protocolos de intervención y tratamientos que mejoren la adaptabilidad de los bosques y que reduzcan los fenómenos de decaimiento y mortalidad que se aprecian en los árboles como consecuencia del mismo.

Este proyecto de investigación se enmarca dentro del Programa Retos, del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, y cuenta con la colaboración de Universidad Pablo de Olavide (Sevilla), el Instituto Pirenaico de Ecología (Zaragoza) y diversos centros de investigación de Suiza, EEUU y Reino Unido, entre otras entidades.

Hasta la fecha se han analizado bosques del Sur de España (Serranía de Ronda, Sierra Mágina, Sierra de Cazorla, Sierra de Baza) y diversas áreas forestales del Norte de África, Turquía, Finlandia o Suiza, entre otros enclaves. El investigador de la UJA ha subrayado al respecto que aunque cada masa forestal tiene sus propias características, comparando resultados se puede adquirir un conocimiento mucho más detallado acerca de la vulnerabilidad de los bosques al estrés climático.

El investigador y responsable del grupo de la UJA, José Antonio Carreira, ha explicado que se está observando en áreas forestales de todo el mundo una cierta tendencia a la vulnerabilidad climática: “Se aprecian fenómenos de decaimiento forestal, con alteraciones en la velocidad a la que se produce en engrosamiento de los troncos de los árboles, la altura que alcanzan, la disminución de su porcentaje de follaje habitual o su resistencia a la sequía, entre otros rasgos, vinculados con el estrés climático”, ha indicado el experto.

Los bosques mixtos y diversos más preparados ante el cambio climático

 

© Desde el Aire

Panorámica aérea de una de las zonas afectadas por las plagas forestales de la Sierra de Baza. Fotografía tomada el 19/07/2017 con el uso de dron

 

Muchos de estos factores moduladores están relacionados con la propia estructura de las masas forestales. En estructuras más diversas, con árboles de distintas especies, diferentes tamaños y con distintas distancias entre ellos, las relaciones de competencia de los árboles por conseguir luz y agua son más asimétricas, y la tendencia a la mortalidad es menor que en bosques más uniformes, dónde los árboles tienen más o menos la misma edad, la misma altura y la misma distancia entre sus troncos.

 

El abandono del mundo rural redujo los usos tradicionales de los bosques y está incidiendo de un modo muy negativo en su regeneración

 

© Proyecto Sierra de Baza

El abandono del mundo rural ha sido particularmente intenso en la Sierra de Baza, donde se localizan unas 30 aldeas y pequeños núcleos de población abandonados.

 

Un factor en el que también se ha incido por los expertos, es el de que en España a partir de los años 50 se produjo un abandono del mundo rural en el que se redujeron mucho los manejos tradicionales del bosque (ganado, tala de árboles no industrial ni masiva, entre otros). "No ha habido una política muy planificada en el manejo de los bosques y por lo tanto la tendencia ha sido a una fuerte densificación de las masas forestales con estructuras muy cerradas que incrementan la vulnerabilidad climática", ha dicho Carreira.

Esta situación contrasta con la de los bosques analizados en la Cordillera del Rif y del Atlas (Norte de África), donde todavía persisten los usos humanos tradicionales y donde no se observan los mismos síntomas de decaimiento forestal que aquí. "Paradójicamente aquellas áreas forestales en las que se aplican políticas de conservación ambiental más estrictas, como es el caso del Sur de España, los bosques se vuelven más vulnerables que en algunas zonas donde no se aplican estas medidas y donde ha persistido la intervención humana pero de baja intensidad", ha destacado el experto de la UJA.

Este mismo caso se da en otras zonas forestales del Sur de África, California, Chile o Australia que han tenido una corta tradición de actividad humana y que, tras el cese o la disminución de ésta, sus bosques se están volviendo más densos y por lo tanto la competencia es mayor y el índice de decaimiento y mortalidad de los árboles también.

"Las perturbaciones, siempre que sean del tipo y la intensidad adecuada, ayudan por lo tanto a la estabilidad de los ecosistemas", ha señalado el investigador, quien ha añadido que el fuego, igualmente, también juega un papel importante desde el punto de vista evolutivo para la estabilidad de los bosques en la región Mediterránea.

A partir de este trabajo se han puesto en marcha diversas prácticas experimentales en determinadas áreas de la Sierra de Baza y la Serranía de Ronda, destinadas, precisamente, a reducir el nivel de competencia de los árboles por el acceso a la luz, el suelo y el agua, y a hacerlos más resistentes a la sequía.

Los investigadores quieren estudiar de un modo particular los bosques andaluces, ya que la principal debilidad de estas regiones forestales es que se hallan en un área de transición climática, es decir, una zona particularmente vulnerable a los cambios de índole climática. Lo que podrá permitir la extrapolación de datos a otras regiones con más tiempo de evolución climática. De ahí la importancia de este tipo de investigaciones.