EDICIÓN MENSUAL - AÑO XX
Nº 233 –  NOVIEMBRE 2018
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© José Ángel Rodríguez

Planta del pepinillo del diablo, en la que son apreciables sus flores y frutos.

 

También conocido con los nombres populares de cohombrillo amargo y pan de puerco, el pepinillo del diablo es una herbácea planta tóxica, no comestible, aunque pertenece a la misma familia que los melones y calabazas (cucurbitáceas).

El nombre científico de esta planta (Ecballium), procede del griego y significa “lanzar fuera”, en alusión a la forma en que la planta dispersa sus semillas para dispersarlas, ya que cuando alcanza la maduración, el fruto se desprende de su pedúnculo, y por la abertura resultante y debido a la presión interna que ejerce las semillas salen disparadas de su interior, a una velocidad media de 2 metros por segundo, pudiendo alcanzar hasta los tres metros de distancia, con respecto a la planta madre. Mientras que el nombre específico (elaterium) hace alusión al nombre con el que se ha conocido (elaterio) y aún hoy se sigue denominando a la sustancia amarga purgante procedente de la planta.

El pepinillo del diablo, que crece a las orillas de la carretera, en cunetas, escombreras, descampados, solares y terrenos incultos, es una planta perenne o vivaz, que es descrita de una forma muy ilustrativa por Pio Font Quer en su magna obra “Plantas Medicinas. El Dioscórides renovado”, indicando como se trata de una planta vivaz, de modo que “secándose en invierno, echan vástagos nuevos en llegando la primavera, los cuales arrancan de un grueso nabo soterrado. Son vástagos recios, herbáceos, gruesos, suculentos de hasta 3 ó 4 palmos, tumbados y ásperos a causa de sus pelos breves y tiesos”. De hábito postrado, reptante, que levanta 20-30 cm del suelo y extiende tallos de hasta 1,5 metros de longitud, carnosos, cubierto de pelos híspidos. Sus hojas son ovado-triangulares, sagitadas, algo crasas, de largos peciolos, híspidas por el haz, tomentosas por el envés, de margen ondulado y ligeramente más claro que la parte central del limbo. Las flores son de color amarillo-verdoso, en forma acampanulada, de 2,5 cm de diámetro, dispuestas en las axilas de las hojas, solitarias las masculinas y en grupos las femeninas, que dan lugar a un fruto carnoso de hasta 7 cm, de forma oblonga a elipsoidal, con pedúnculo insertado en su parte superior, bruscamente curvado, que lo sostiene elevado y sobresaliente por encima de las hojas.
 

Usos etnobotánicos
 

Aun cuando el penillo del diablo ha sido empleado desde muy antiguo, de modo que se han encontrado papiros en el antiguo Egipto que hablan de su uso, de modo que se estima es una de las plantas empleadas desde más antiguo (Pio Font Quer, obra citada), con uso principalmente como purgante y como cicatrizante, debido a la presencia de una sustancia llamada alantoína, se trata de una planta tóxica que debemos de tratar con mucha prudencia. Se estima que su fruto es especialmente tóxico en la época estival.

En la farmacopea clásica se ha utilizado como purgante, pero siempre con administración  muy controlada y no exenta de peligros. Siguiendo a Pio Font Quer, referir como el Doctor Leclerc dice de él lo siguiente: Su acción irritante sobre el tubo digestivo, y de modo especial sobre el intestino grueso… lo hacen apto para asegurar la depuración del organismo y para bajar la tensión arterial”.

Dioscórides ya recomendaba mucha prudencia en su consumo y advertía de los efectos nocivos de una dosis excesiva del elaterium (elanterio), como era conocido el pepinillo del diablo en la antigüedad y como aplicación curiosa destacar como refiere Dioscórides que se utilizaba el zumo de sus hojas a modo de gotas óticas, para sanar los dolores de oídos.

Actualmente no se usa con fines terapéuticos ni farmacológicos de tipo alguno, dada su elevada toxicidad y existir en los mercados productos más efectivos y menos peligrosos.

¡¡ATENCIÓN!!

PLANTA CON TOXICIDAD MUY ALTA, QUE A PARTIR DE CIERTAS DOSIS PUEDE SER MORTAL, por lo que debemos extremar las precauciones y cuidados ante esta planta, especialmente en presencia de menores.