EDICIÓN MENSUAL - AÑO XX
Nº 226 –  ABRIL 2018
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Detalle de los frutos maduros del espino de fuego. Fotografía tomada en el Área Recreativa de Bastidas

© José Ángel Rodríguez

 

Con el nombre popular de espino de fuego y arbusto ardiente, en alusión a las tonalidades que presentan sus ramas y espinas, que se asemejan a ascuas incandescentes, se conoce esta popular planta arbustiva, perennifolia (de hoja perenne), perteneciente a la familia de las rosáceas que no suele superar los 2 metros de altura, aun cuando puede alcanzar los 4 metros, cuan do se poda con forma arborea y no sufre el ramoneo de los herbívoros.

Las ramas del espino de fuego son de un característico color pardo rojizo, brillante, dotadas de largas espinas con las que se protege de los herbívoros y cuenta con  hojas lanceoladas alargadas o elípticas ovadas de 2-4 cm de largo, coriáceas con bordes finamente dentados, de color verde oscuro por la haz, e inicialmente pilosas y verde pálido por el envés. Sus flores (una rosácea) aparecen a final de primavera o a principios del verano, son muy atractivas, de color blanco, formando densas inflorescencias umbeliformes de 3-4 cm de diámetro. Las flores dan lugar a unas abundantes bayas en otoño, de 5 a 6 mm de diámetro, que se mantienen en el arbusto hasta el  invierno , con colores muy vivos y llamativos que van del rojo  al naranja pasando por las tonalidades amarillas, lo que es debido a los cultivos de jardinería a los que se ha sometido desde hace muchos años a esta planta, dadas sus óptimas condiciones para la jardinería, de modo que siendo una planta originaria de Europa meridional y Asia Menor, hoy en día está extendido por la mayor parte de los jardines templados, al tener una gran adaptabilidad a distintos suelos y climas, soportando muy bien las heladas, como se pone de manifiesto en las plantas que florecen y dan fruto de forma espectacular todos los años en el Parque Natural Sierra de Baza, alcanzado los 1.500 metros de altitud y tener en suma unas condiciones muy apreciadas en jardinería.

Algunos de estos cultivares destacados y que son más populares en jardinería, son las siguientes razas:

- Lalandlei, con frutos más grandes, de color naranja brillante.
- Morettii, de frutos grandes, rojo intenso.
- Solei d'Or, frutos amarillos.

En etnobotánica es muy utilizada esta parte en jardinería, dadas las condiciones naturales que tiene la misma, a las que venimos aludiendo, también para formar setos, dado que su hojas son perennes y se mantienen en el arbusto durante todo el año, soportando muy bien la poda, para lo que forma unos setos muy cerrados y perfectamente entramados. Los frutos se han utilizado también para la preparación de mermeladas y las semillas se emplearon a veces como sustituto del café.