EDICIÓN MENSUAL - AÑO XIX
Nº 221 –  NOVIEMBRE  2017
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EL ÁLAMO NEGRO (Populus nigra)

 

© José Ángel Rodríguez

 Hoja de álamo negro con su característica coloración otoñal.

El álamo negro, también conocido de modo genérico como chopo, es un árbol de ribera autóctono con distribución en Eurasia desde el Terciario, habiéndose encontrado restos fósiles del Plioceno y Pleistoceno en numerosos ríos, desde Francia y España hasta Rusia y Asia Occidental. Actualmente se extiende por las regiones centrales y meridionales de Europa y Asia, por donde llega hasta el occidente de China. También está presente de modo natural en distintas montañas del Norte de África como en Marruecos y Argelia. Aun cuando se considera a nivel europeo como “el árbol en mayor peligro de extinción de Europa” (Juan Andrés Oria de Rueda, 2000), es un árbol de ribera abundante en la Sierra de Baza en la que se localizan excepcionales ejemplares centenarios como los que integran el llamado Bosque de los Álamos Centenarios en las inmediaciones de la aldea de Los Mellizos.

El álamo negro es un árbol caducifolio, de aspecto robusto, particularmente cuando crece aislado, que fácilmente puede alcanzar los 25 a 30 metros de altura. Tiene un tronco erguido y grueso, que se oscurece y agrieta mucho con la edad, pudiendo superar fácilmente más de un metro de diámetro en la base. Las inflorescencias (amentos) son colgantes y unisexuales (son diferentes los árboles machos y hembras) aparecen al tiempo que las hojas, en los meses de febrero-marzo, dando lugar a un fruto en cápsula, que contiene numerosas semillas cada una de las cuales cuenta con un ligero penacho de pelos blancos para facilitar su dispersión natural por el viento. Esta borra ha sido utilizada para rellenar colchones y almohadas y también en la industria textil para confeccionar sombreros.

Sus ramas son erguidas y convergentes, lo que hace su copa muy estrecha. Su crecimiento es muy rápido, particularmente en climas templados y más lentos en la media montaña, donde podemos localizarlo formando parte de los sotos y riberas hasta los 1.800-1.900 metros de altitud.

El álamo negro tiene una madera de poco peso, ligera, blanda y de color blanco o blanco-rosáceo, aunque de textura fina y uniforme, por lo que desde la antigüedad se ha utilizado para construir tablones y particularmente vigas en los antiguos cortijos serranos. Más modernamente se ha utilizado para embalaje de cajas, particularmente de frutas, siendo objeto de previo desenrollo sus troncos. También se ha utilizado mucho su madera en la construcción de entarimados y para la obtención de celulosa con la que fabricar papel.

La corteza del álamo negro es muy rica en taninos, por lo que también se ha usado para curtir los cueros, y sus ramas y hojas como colorante para teñir de amarillo. Las yemas frescas, recolectadas en primavera, también se han utilizado para tratar las afecciones pulmonares en decocción durante 5 minutos a dosis de 50 gramos por litro de agua, considerándose que alivian aspirando sus vapores.

Desde tiempos remotos las sustancias resinosas y la esencia que embadurnan las yemas -añadidas sobre manteca de cerdo y otras sustancias- se emplean para calmar los dolores de hemorroides. Dioscórides cuenta admirables cualidades de esta planta para calmar el dolor de hemorroides, para ello relata cómo se usaba el conocido "ungüento populeo" que se preparaba a partir de yemas de álamo negro, junto con manteca de cerdo; una vez macerada esta mezcla, se añadían hojas frescas de beleño, amapola, siempreviva, mandrágora, lechuga y violeta, todas ellas machacadas previamente. Este ungüento, que requería de una paciente elaboración, servía para templar o calmar el dolor, sobre todo el de las molestas hemorroides.

El álamo negro es un árbol elegante y de buen porte, lo que unido a su crecimiento rápido, justifica su gran empleo en jardinería, en lindes, sotos y riberas, donde es también utilizado como cortavientos.